Puerto Rico: su transformación en el tiempo

Historia y sociedad

Archivo de 3 febrero 2009

La vida política en el país: el liberalismo después de 1868

Publicado por Mario R. Cancel en 3 febrero 2009

Mario R. Cancel

 

La derrota de la Insurrección de Lares, estimuló el crecimiento del liberalismo. La base social del liberalismo y el separatismo, no eran muy distintas. Detrás de aquellas ideologías había hacendados, comerciantes, intelectuales y profesionales. La gran diferencia entre ambos proyectos fue que el liberalismo era un movimiento no violento que aspiraba a un cambio negociado en la relación de Puerto Rico y España.

 

Aspiraciones políticas de los liberales

 

Los liberales se opusieron a la separación de Puerto Rico de España, ya fuese con fines independentistas o anexionistas. Su meta última era que el país dejara de ser tratado como una colonia y tuviese una relación digna con la Península. Las alternativas anticoloniales eran simples.

 

Algunos aspiraban que Puerto Rico fuese reconocido como una Provincia Española en paridad con otras regiones de la península. La paridad se conseguiría mediante la aplicación de la Constitución de 1836 o la de 1869, según fuese el caso. Colocar al país al amparo de la Ley Fundamental del Reino, equiparaba jurídicamente a los insulares con los peninsulares, es decir los asimilaba. Por ello se les denominó liberales asimilistas.

 

Otros liberales querían que Puerto Rico fuese reconocido como una Autonomía Española. Es sector favoreció en 1836 y en 1867 en la Junta Informativa de Reformas, la redacción de “Leyes Especiales” que se ajustaran al espíritu local o regional. En el lenguaje de la época se les llamó liberales especialistas y, luego, autonomistas. Su imagen de liberales radicales tenía que ver con el énfasis que ponían en las diferencias entre peninsulares e insulares.

 

Los liberales asimilistas y especialistas se oponían a la anexión a Estados Unidos, lo mismo que a la independencia y la Confederación Antillana. Sus posturas políticas los transformaron en un movimiento que impactó a las masas. Su discurso resultaba atractivo por su carácter modernizador: los liberales reclamaron el reconocimiento de derechos civiles y la ciudadanía española, y resistieron el autoritarismo de los Capitanes Generales.

 

Sus posturas no eran distintas de las de los anexionistas y los independentistas, pero las posibilidades de colaboración con aquellos grupos siempre fueron pocas. Por ello el Gobierno Español los trató como radicales peligrosos e insistió en acusarlos de actuar como aliados de los separatistas de todas las tendencias. Si bien es cierto que algunos liberales lo fueron, también hay que indicar que otros liberales llegaron a ser informantes del Gobierno cuando lo consideraron necesario.

 

Las aspiraciones socio-económicas de los liberales, los anexionistas y los independentistas también coincidían. Oponerse a España implicaba atacar una forma de hacer la economía que se consideraba retrógrada: el monopolio colonial y el poder del estado sobre el hacer económico. La reestructuración del mercado local en el marco del mercado libre y la integración de Puerto Rico al mercado internacional, fue un sueño común de todos aquellos grupos. La meta de que se simplificara el sistema impositivo de aduanas y el sistema impositivo sobre la producción y la tierra, eran metas comunes. La idea de que ello animaría el consumo y la reinversión, estaba presente detrás de ello.

 

 

El conservadurismo

 

El conservadurismo fue un grupo amorfo que favoreció la presencia española en cualquiera de sus formas. En términos generales los conservadores preferían la monarquía autoritaria por su capacidad para reprimir la anarquía y la oposición política. Pero estuvieron dispuestos a favorecer la Monarquía Limitada en 1869, e incluso la República Española en 1873.

 

El conservadurismo se define por oposición al liberalismo. Es un movimiento que aspira defender la nacionalidad española ante todos sus adversarios y, con ello, los valores legítimos de ella: el catolicismo y la tradición. Fue un feroz opositor del separatismo ya fuese anexionista o independentista y siempre manifestó un fuerte discurso anti-venezolano primero, y anti-americano después. Por eso se oponen al reconocimiento de libertades civiles y la educación de las masas: en ambos procesos veían un estímulo a la anarquía y a la oposición.

 

En términos económicos, favorecen el progreso material de la colonia como una garantía para la permanencia poder español en la isla. Pero desconfían del mercado libre y favorecen políticas económicas proteccionistas en que el Gobierno intervenga en el quehacer económico. Lo que temen es la ingerencia en la economía local de poderes amenazantes como Inglaterra o Estados Unidos por medio de su capital o sus créditos.

 

Su base social fueron los grandes intereses comerciales, la Iglesia Católica, la numerosa burocracia gubernativa y algunos sectores poderosos del Ejército. En realidad se trataba de una minoría poderosa hermanada por la el origen común español. Pero numerosos puertorriqueños de todas las clases y residentes extranjeros con intereses creados en la colonia, favorecieron sus posturas por miedo al cambio.

 

Conclusiones

 

La decisión de España de autorizar la organización de partidos políticos legales en 1870, cumplió varias funciones.

 

1. Organiza y controla la opinión pública sobre bases simples

2. Estimula la polarización de la discusión entre liberales y conservadores, mientras deja fuera a las “ideas peligrosas” asegurando su silenciamiento.

3. Limita la discusión pública a un lenguaje tolerable y poco amenazante con el cual el Gobierno Español puede trabajar

 

Allí estuvieron las bases de la domesticidad política típica de la modernidad que dominará el panorama insular hasta bien entrado el siglo 20.

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La Insurrección de Lares (Parte II)

Publicado por Mario R. Cancel en 1 febrero 2009

 

 


  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

Se puede comprender la derrota del intento revolucionario desde una diversidad de puntos de vista que siempre serán parciales. No hay una explicación definitiva para ningún asunto que depende tanto del azar y de la subjetividad de los involucrados en el mismo. Lo que hago es, por lo tanto, una mera propuesta para la discusión.

Dr. Ramón E. BetancesLa derrota de la insurrección: cuestiones tácticas y militares

La eficacia de la seguridad española, su sistema de espionaje y su red de informantes, unidas a la eventualidad del descubrimiento casual que realizó el miliciano de Camuy, fue determinante. Una vez reconocida la amenaza, el efecto sorpresa se perdió. La insurrección tuvo que cambiar de fecha y de escenario. Las reglas del drama cambiaron por completo desde ese momento. La situación de ofensiva se perdió, dejando a los militantes a la defensiva y debilitados.

Las descripciones de la confrontación y los documentos de los procesos demuestran la limitada capacidad de fuego de los rebeldes. La ausencia de armas modernas y pólvora, sustituidas por herramientas y armas caseras, combinado con el hecho de que un cargamento destinado a la revuelta fuese incautado en Santo Domingo, fue decisiva. Si a ello se añade que no se realizó un desembarco o invasión de apoyo a la causa, se reconocerá que la insurrección se redujo a un acto localizado y aislado sin proyección.

A esto habría que sumar el hecho de que no hubo alzamientos en otros pueblos. Esto se puede explicar de una diversidad de modos. Los Comités Revolucionarios estaban inmovilizados ante el nuevo escenario; hacer una revolución a la defensiva no debe ser muy cómodo, por lo que muchos de los comprometidos pudieron abandonar el proyecto con anticipación a su estallido. Debo recordar que aquí no se trató de revolucionarios profesionales con entrenamiento castrense, sino de civiles comprometidos con un cambio pero con poca disciplina militar. La cuestión de la disciplina sirve no solo para explicar el fracaso de la batalla de San Sebastián de El Pepino, sino el fracaso del proyecto completo. Un ejército de esa naturaleza no podía ser presionado en exceso porque la línea de mando podía quebrarse, como en efecto sucedió.

También es probable que el liderato local no se hubiese podido poner de acuerdo sobre cuál era la finalidad de la insurrección. Ese fue el caso de un Comité Revolucionario de Mayagüez en que los anexionistas y los independentistas debatieron y se distanciaron desde mayo de 1868. Pero esta vertiente no ha sido investigada por la historiografía nacionalista por todo lo que implica en términos de la revisión de la finalidad ideológica de los hechos de Lares.

La derrota de la insurrección: cuestiones sociales y políticas

Uno de los comentarios de Betances posterior a la Insurrección afirma la teoría de que los sectores acomodados y de poder -los grandes propietarios o hacendados- no los respaldaron en el proyecto. La moderación política de esa clase debió ser una reacción a las propuestas populares y radicales de los insurrectos. Abolir la esclavitud y abolir la libreta, no fueron asuntos fáciles de aceptar por los sectores ligados a la tierra. Betances reconocía que las finanzas de la revolución eran precarias y que un proyecto de aquella naturaleza necesitaba dinero. Betances no era el iluso romántico e idealista que cierto nacionalismo ha querido inventar con su vida.

El hecho de que la actividad militar no fuese exitosa y que la República de Puerto Rico sobreviviese sólo 48 horas, explica porqué países como Venezuela y Estados Unidos no se expresaron ante el levantamiento. El aislamiento no fue solo local sino internacional. Sin “guerra” no es posible el reconocimiento de una “beligerancia”. Y la “guerra” en la diplomacia moderna, no se identificaba con la resistencia de un puñado de personas. Por eso fue tan fácil desviar la opinión pública y dar la impresión de que Lares había sido una “algarada” o un tumulto, como lo apuntó el historiador Salvador Brau Asencio en su libro general de historia de Puerto Rico (1903).

 

Por último, es notable el distanciamiento entre el discurso del liderato en el exilio, el liderato de la insurrección y la base de la revolución. El liderato en el exilio estaba luchando para construir una nación-estado moderna sobre la base de un nacionalismo militante de fuerte contenido romántico: la República y la Democracia eran sus metas. El liderato lareño de la insurrección y su base en Puerto Rico, peleaban contra problemas concretos: la esclavitud, la libreta de jornaleros, las deudas con los comerciantes, el acceso a la tierra. Pero las reivindicaciones sociales concretas, no equivalen o no generan una conciencia nacional de manera automática.

Lares integró dos proyectos modernizadores. Un ejemplo de ello es que, si bien Betances proponía la abolición inmediata de la esclavitud, la revolución puso como requisito a los esclavos integrarse al ejército para ser considerados iguales. Se trataba de exigir al esclavo la condición de ser “patriota” para entonces se considerado un “par”. En la praxis Betances, Rojas y Ramírez, no hablaban el mismo lenguaje político.

Después de Lares

Entre los años 1868 y 1872 se intentó revivir la violencia política en Puerto Rico sin éxito. Todas las conspiraciones fueron disueltas. Los “Comités de pólvora” activos después de 1868 nunca fueron tan eficaces como las “Sociedades secretas” que se formaron antes de Lares. En ese sentido, los separatistas perdieron una gran oportunidad. En octubre de1868, el Grito de Yara en Cuba, un combate comparable al de El Pepino, abrió a la Guerra de 10 Años (1868-1878). Desde entonces, el proyecto de una Insurrección en Puerto Rico se asoció a Cuba.

Tras los hechos de Lares, el independentismo se debilitó. Lo mismo puede decirse del anexionismo. El Estado se ocupó de desprestigiarlos mediante una propaganda intensa. La revolución de 1868 en España, la “Septembrista”, también colaboró en ese proceso. En 1869 el Gobierno Revolucionario Español liberó a todos los presos de Lares mediante una Amnistía General. El acto fue bien recibido en el país. En 1870 permitió la organización de partidos políticos en la colonia. Y entre 1872 y 1873, abolió la esclavitud de una manera gradual y autorizó una compensación económica a los esclavistas por las pérdidas en el proceso. La vida política en el país ya no sería la misma desde aquel momento.

 

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La Insurrección de Lares (Parte I)

Publicado por Mario R. Cancel en 1 febrero 2009

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

Los rebeldes que se alzaron el 23 de septiembre de 1868, tenían un programa concreto para Puerto Rico. En su sentido más general, aquella fue una propuesta política antimonárquica y republicana. La tradición revolucionaria francesa, tanto la de 1791 como la de 1848, estaba presente en sus ideólogos. La Insurrección aspiraba a establecer un gobierno civil que reconociera los derechos ciudadanos; protestó, en nombre de los hacendados y los jíbaros, contra el poder de los comerciantes españoles y su control del crédito agrario. Pero también dejó clara su oposición a la libreta de jornaleros y a la esclavitud negra, dos estructuras laborales que impedían la modernización del mercado del trabajo. El carácter antiespañol de su discurso era evidente.

La Insurrección de Lares

En el plano cultural, la Insurrección ayudó a crear un lenguaje simbólico lleno de contenido. El componente de una bandera, la que hoy significa a la municipalidad, una bandera roja y una bandera blanca, entre otras, fue muy significativo. El hecho de que la revuelta se asociara a un himno y a numerosas canciones populares que celebraban la revolución también. Se trataba de los signos de una nación-estado moderna en gestación.

La conspiración es descubierta

El levantamiento había sido señalado para el 29 de septiembre. En el Santoral Católico, ese es el día de Miguel, Rafael y Gabriel, Arcángeles que destierran a Lucifer del Cielo al Infierno. La selección de la fecha debió estar relacionada con esa tradición, sin duda.  Sin embargo, una vez descubierta la conjura, la misma fue adelantada para el 23 de septiembre, día del Equinoccio de Otoño que, en todo calendario mágico, sugiere la voluntad igualadora de la Naturaleza. El hecho de que buena parte del liderato rebelde estuviese ligado a la Masonería, podría explicar la elección de la nueva fecha.

lares2En el descubrimiento de la conspiración se conjugaron varios factores. Por un lado, un miliciano que escuchó la conversación casual de dos conspiradores en Camuy informó el asunto. Por otro lado, un espía informó desde San Tomás sobre actividades sospechosas que se relacionaban con la isla. Por último, el liberal Calixto Romero Togores informó al gobierno los acercamientos tendenciosos de algunos delegados revolucionarios quienes le solicitaron dinero para el proyecto. La pregunta de por qué se adelanto en lugar de posponerse todavía no ha sido respondida con propiedad.

La revuelta

La jefatura militar de la revuelta quedó en manos del hacendado cafetalero venezolano-puertorriqueño Manuel Rojas, quien tuvo a su disposición un ejército compuesto por civiles armados. La tropa se organizó en su Hacienda La Esperanza, avanzó hasta la zona urbana de Lares y, tras tomarla sin mucha oposición, proclamó la República por medio de un decreto sencillo. En esto consiste el “Grito” o declaración formal de la República. La elección de Francisco Ramírez como Presidente, y la sacralización del acto mediante una misa de agradecimiento o Te Deum, completó el ritual. Los rituales del Grito y la misa servían para dar legitimidad a la acción y asegurar el compromiso de la gente común.

La primera decisión militar de Rojas fue dirigirse a San Sebastián del Pepino. La meta era la toma de la Plaza Pública, el escenario del pueblo y, a la vez, el centro en donde convergía tanto el poder civil con el religioso. La comunidad y los cuerpos de milicianos de El Pepino los estaban esperando. El hecho de que fracasaran dos veces en tomar el objetivo, unido al temor de que llegaran los refuerzos de la Tropa Veterana de Aguadilla, un cuerpo profesional del ejército español, hizo que se retiraran. En cierto modo, la línea de mando fue rota por un acto de indisciplina. Rojas recomendó la ejecución de una tercera avanzadilla, pero su gente insistió en la negativa y, en cierto modo, se insubordinó. La actitud parece propia de un ejército de civiles con poco entrenamiento y mal armado.

A su regreso a Lares, la tropas se reunieron en la hacienda de Rojas a esperar noticias de otros actos rebeldes, o del desembarco de Ramón E. Betances con el barco “El Telégrafo” que había sido armado en la Antillas Menores y esperaban arribara desde Santo Domingo.  En ausencia de los mismos, se dispersaron por los montes de las Lomas de Lares en guerrillas pequeñas. Todo parece indicar que su capacidad de resistencia fue poca.

Una ola de arrestos de sospechosos caracterizó los meses de septiembre a diciembre de 1868. De acuerdo con el historiador Germán delgado Pasapera, 545 personas de todas las clases, profesiones y razas fueron puestas bajo arresto. Los convictos eran liberales, independentistas y anexionistas. Todo parece indicar que las autoridades utilizaron la insurrección como una excusa para “limpiar la casa.” Lo mismo sucedió con la ola de arrestos de 1887 y conocido como los “Compontes”; y con la confección de “Listas de subversivos” a la manera macartysta auspiciada por el populismo desde 1948.

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