Puerto Rico: su transformación en el tiempo

Historia y sociedad

Archivo de 25 junio 2009

Documento y comentario: Relación de John Layfield en 1598

Publicado por Mario R. Cancel en 25 junio 2009

Relación del Viaje a Puerto Rico de la Expedición de Sir George Clifford, Tercer Conde de Cumberland, escrita por el Reverendo Doctor John Layfield, Capellán de la expedición. Año 1598. Tomado de: Eugenio Fernández Méndez. Crónicas de Puerto Rico. Río Piedras, Puerto Rico: Editorial Universitaria, 1969, pp. 143-148. (Fragmento)

Bosques de árboles desconocidos

Lo restante de esta pequeña isla (al menos media legua de largo) es bosque en su mayor parte. Es de lamentar su falta de cultivo y de industria. Todos los árboles son vigorosamente verdes y ninguno sin alguna fruta, pero tan extrañas que confundirían a los profesores de Botánica en Inglaterra. Entre esos boscajes los caballos y los bueyes se crían gordos y corpulentos, si se les da descanso. Hay también algunos sembrados, en cercados de lúpulos. En las colinas predominan los árboles frutales. Los limones, las limas y las naranjas, que hemos visto, se encuentran ordinariamente donde la mano del hombre no las ha sembrado. Dentro y alrededor de la población hay una gran cantidad de palmas de coco, las que además de su excelente fruto dan un aspecto poético y delicioso al paisaje. No hay en esta pequeña isla ningún río o manantial renombrado; pero detrás de la punta de la isla contigua hay una excelente fuente de agua muy fresca, elegantemente fabricada con piedra cuadrada. Las casas del pueblo tienen aljibe; en algunas hay dos. El agua nunca falta, porque llueve a menudo y abundamentemente en este país. Y si los hombres no se perdieran ellos mismos con tanta facilidad y riqueza no habría más cosas que desear. Los principales productos de esta isla son jengibre, azúcar y cueros. Además de las minas de oro ignoradas y descuidadas…

George Clifford

George Clifford

Los valles. El ganado crece salvaje

Los valles y prados de la isla principal están dotados con gran variedad de frutas, pues además de las grandes porciones de terrenos donde el ganado pace con tan ilimitada licencia que salvaje crece. La llanura que han escogido para hacer su estancia e ingenios está ricamente cubierta con jengibre y caña de azúcar. Los ingenios están comúnmente, cerca de algún río o de terreno pantanoso, pues en sitios de esta clase la caña de azúcar prospera más. Y además se usa mucho del agua para los molinos y otros trabajos, aunque comúnmente los molinos trabajan con la fuerza de hombres y caballos, a mi entender, como los de Inglaterra, y si yo mismo los hubiera visto podría ser más exacto y describirlos con más precisión. Los que los han visto pueden hablar de ellos con más exactitud y elogiarlos.

Estancias de jengibre

Las estancias están situadas más al interior y a conveniente distancia de algún río para el mejor transporte del jenjibre a Puerto Rico, de donde dan salida sus productos para otros países. Yo creo que una de las causas de que unos prefieran el cultivo del jengibre al de la caña de azúcar, es porque las fincas de jengibre no necesitan tanto escoger el terreno, de manera que los pobres pueden tenerlas fácilmente y no necesitan grandes recursos para principiar dicho cultivo. Aquí, en general, los principales productos son el azúcar y el jengibre.

Un hombre que tiene doce mil cabezas de ganado, que son mayores que los de Inglaterra

Un tercer producto de esta isla además del jengibre y del azúcar, son los cueros, de los que ya hice mención. De éstos, sin contradicción, hay mucha abundancia. Me informó un español, que el vecino Chereno, cuya finca está muy cerca de la Aguada, al lado opuesto a Cabo Rojo, se dice que tiene unas doce mil cabezas de ganado. De esto podemos deducir lo abundante que es en ganado esta isla, cuando en el oeste, en el último extremo, que se considera de los peores lugares para la cría, comparado con el este de la isla, hay tanta abundancia. Una vez, lo cuenta todo el mundo y se cree, que por causa de la mucha abundancia de ganado, era permitido conforme a la ley, el que un hombre matase cuantos necesitase para su uso, si era tan honrado que traía los cueros a los amos. Estas pieles producen enormes sumas de dinero, teniendo en cuenta que sus novillos son más grandes que los que se crían en Inglaterra.

 

Comentario:

El valor del documento radica en el hecho de que se trata de un extranjero que observa, interpreta observaciones de testigos y tasa la riqueza de la colonia. El escenario es la invasión inglesa de 1598, momento en que los sajones no imaginaban que pronto deberían partir de San Juan. La sorpresa del cronista con respecto al país es notable.

La primera sección elabora un balance de la riqueza local: los bosques vírgenes, el ganado caballar y vacuno silvestre, los árboles frutales y acuíferos en gran cuantía. Muchas de las bestias comparan en calidad con las de Inglaterra. La imagen que da del país es la de un Jáuja o u Piripao sin explotar. El juicio sobre el valor económico del jengibre, la caña de azúcar y el corambre o cuero de res, es preciso.

El comentario sobre los valles resalta la riqueza ganadera y azucarera, las técnicas utilizadas en  las explotaciones azucareras –cañamelares e ingenios- entre los cuáles predominan los llamados “de sangre” y su ublicación cerca de los ríos. El autor afirma que se trata del testimonio de otro y que él no los ha visto personalmente.

La estancias o granjas de jengibre, ubicadas más al interior de la isla, parecen ser las preferidas por los vecinos por la poca inversión que requieren en contraste con la fincas de azúcar. Por último, menciona un ganadero de la Aguada de apellido Chereno que poseía, de acuerdo con un informante español, 12,000 cabezas de ganado. El relato sirve para apuntar la otra riqueza de la colonia: el corambre o el cuero de res. Otra lectura sobre el tema puede consultarse  en Reverendo John Layfield: Testimonio de 1598.

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

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Documento y comentario: Cabildo de San Juan en 1585

Publicado por Mario R. Cancel en 25 junio 2009

Carta del 22 de febrero de 1585 del cabildo de San Juan al Rey de España Tomado de: Archivo General de Indias, Santo Domingo, Leg. 164 Carta del Cabildo de la ciudad de San Juan a S. M., Puerto Rico, 22 de febrero de 1585. Filmoteca Centro de Investigaciones Históricas. Universidad de Puerto Rico

felipe_iiEn todos los navíos que de aquí han partido habernos dado a vuestra majestad cuenta del estado de esta isla y lo mismo haremos en ésta. Significara vuestra majestad la pobreza y miseria de esta isla. Es imposible porque como los negros que había se han ido muriendo y por el poco comercio y fruto no vienen ningunos o casi y a esta causa se van despoblando los ingenios y cesando las labranzas ya cesado el sacar oro de tanta abundancia de minas que hay. De manera que se pasa necesidad increíble y tanta que certificamos a vuestra majestad que si con tiempo no se remedia. Habiéndonos vuestra majestad merced de mandar se de orden como se meta alguna cantidad de esclavos y que éstos se den a los vecinos fiados por algún tiempo como en otras habernos suplicado que es imposible conservarse la isla ni remediarse si este remedio tarda sin mucha dificultad y más costa y lo que importa conservarse por el puerto y disposición de la tierra -no lo encareceremos- que pues vuestra majestad estará de ello informado, del gobernador, y de otras personas.

La pobreza referida, a forzado al gobernador a que socorriese a este Consejo con algunos jornales de los negros de vuestra majestad prestados y alguna cal para aderezar puentes que para entrar en esta isla hay una calzada sobre un brazo de mar de quinientos pasos poco más o menos y otra de más de trescientos, en otro brazo de mar por las cuales entra el mantenimiento a esta ciudad y estaban tales que con mucho riesgo y dificultad entraba ni se pasaban y otras obras públicas muy necesarias que hecha la cuenta con los oficiales reales monta mil y ochocientos peones y treinta y cinco cahijes de cal. El capitán Juan de Céspedes siendo gobernador prestó casi la mitad de estos dichos peones y cal. El dicho gobernador Diego Menéndez de Valdés aprieta al consejo por esta paga y los pobres vecinos no tienen de qué pagarlo ni la ciudad un real de propios. Suplicamos a vuestra majestad haga merced de ello a este consejo a tener a lo referido. Esta isla aunque con la pobreza referida está quieta y puesta en defensa muy a punto de guerra con la buena prevención que para todo ello hace el gobernador Diego Menéndez de Valdés el cual nos gobierna cristianamente y con la templeza que la pobreza de la tierra a menester. Y con haber cesado los encuentros y decisiones entre alcaide y gobernador. Suplicamos a vuestra majestad se conserve por el orden y sin que estas dos plazas se dividan que sí conviene al servicio de vuestra majestad -bien y quietud y de defensa de esta isla-. Nuestro Señor la Católica Real Persona de Vuestra Majestad como puede aumente con mayores estados y en su servicio conserve como la cristianidad lo a menester.

De Puerto Rico 22 de febrero de 1585.

Católica Real Majestad

Besamos los pies de Vuestra Majestad sus más humildes criados Gonzalo de Nientes, Francisco Alegre, Juan de Vargas Zapata, Martín Acevedo de Estrada, Diego de Cuéllar Daca, Luis del Rincón, Fernando Hernández

Ante mí: Andrés González, Escribano público en este cabildo

Nota:

Se trata de una Carta del Cabildo de San Juan al Rey Felipe II. La misma es una queja por la acción de cobro que el Gobernador de turno, Diego Menéndez de Valdez, ha interpuesto contra la corporación por unos jornales de negros y una cal que les suplió el Gobernador Juan de Céspedes. Detrás de la petición del Cabildo se percibe una velada amenaza de inestabilidad que demuestra las tensiones políticas entre el Cabildo, representante de los pro-hombres locales, y el Gobernador, representante del poder real en la colonia. Las autonomía locales era un valor reverenciado en la época.

El párrafo inicia es una queja por la mala situación y la miseria de la vecindad. Los argumentos son los conocidos: pocos esclavos, poco comercio, poca agricultura y poco oro. El retrato de un proyecto mercantilista en crisis es evidente.

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

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Documento y comentario: Carta de Fray Damián López de Haro (1644)

Publicado por Mario R. Cancel en 24 junio 2009

Carta del Obispo de Puerto Rico Don Fray Damián López de Haro, a Juan Diez de la Calle, con una relación muy curiosa de su viaje y otras cosas. Año 1644. (Fragmento) Tomado de: Aída R. Caro Costas. Antología de lecturas de historia de Puerto Rico, pp. 313-318.

… La ciudad está muy pobre, la moneda que en ella se gasta es de pobres porque es de cobre treinta y cuatro cuartos más delgados la mitad que los de allá dan por un real, por el real de a ocho llevan uno o dos reales de premio, y en toda la Isla no se hallarán 8,000 ducados de cuartos y 20,000 de plata porque ha siete años falta el situado de S. M. y uno que traían ahora dos años de 60,000 pesos lo cogió el enemigo. Yo entendí hallar 3,000 ó 4,000 ducados de la vacante y no he visto en dinero más que, 1,000 reales de cuartos, de pesos de plata 200. Por cuenta de diezmos me dan cazabe cada semana para que coma la familia y los pobres, que es el pan de esta tierra que la necesidad les ha enseñado a comerlo, pero a mí no me entra de los dientes adentro aunque lo hacen de diferentes modos y ponen a la mesa uno que es el más florido jaujao…

Y lo peor que a mi ver tiene la ciudad es que no hay una tienda donde poder enviar por nada, si no es que unos a otros truecan o venden o prestan lo que tienen: aunque lo vale 10 maravedís, el pan de cazabe vale real y medio cada torta, que tendrá dos libras y media; el maíz aunque no lo gastan en pan lo siembran y cogen, y vale diez y ocho y veinte reales la fanega.

Allá la tierra adentro hay unas aves tan grandes como gallinas y en el sabor y la bondad como perdices, a mí me han presentado tres o cuatro; pero 12 leguas de aquí dicen que hay muchas bandadas y que las matan a palos, pero la gente es tan holgazana que no quieren ir por ellas para venderlas; y lo mismo pasa en los pescados que aunque hay muchos y muy buenos, y yo he probado, sobre venderlos muy caros no hay quien se aplique a la pesca.

Todo el trato de esta Isla y la cosecha es de jengibre y está tan de capa caída que nadie lo compra ni lo quiere llevar a España.

En el campo hay muchas estancias y siete ingenios de azúcar, a donde muchos vecinos con sus familias y esclavos asisten la mayor parte del año, como en los lugares de Toledo sus herederos.

El año 25, saqueó el enemigo esta ciudad y se llevó hasta las escrituras de la Iglesia, y porque no le ofrecieron mucho dinero, quemó muchas casas y entre ellas la de la dignidad; pero el mayor trabajo fue el de la tormenta y tempestad que sobrevino el año 42, por el mismo mes de Septiembre que sucedió la de Burgos cuando derribó el crucero, porque aquí derribó la Iglesia y muchas casas, y en el campo arrancó muchos árboles y bahías; e hizo tan grande estrago que dejó esterilizada la tierra hasta hoy que vá volviendo en sí, y es de modo que a todo cuanto falta se disculpa con la tormenta y viene a ser tormento para mí, porque en virtud de esto me faltan todos los diezmos (de que S. M., Dios le guarde) me ha hecho gracia. … Y en conclusión, lo mejor que tiene esta ciudad son las brisas y el aire con que todos quedamos con salud.

…El vino, el vinagre, el aceite, el pan, con todo lo que es necesario para vestirse, viene por el mar, de Castilla o de la Nueva España; y aquí estamos tan sitiados de enemigos, que no se atreven a salir a pescar en un barco porque los coge el holandés.

Aquí llegaron de la Isla España dos fragatas que llevaban socorro a la de San Martín, habiendo salido tres, porque la una iba cargada de azúcar para Cumaná y luego que se apartó la cogió el enemigo y echó la gente en el agua a 20 leguas de aquí. Cuando yo llegué estaba sitiada la dicha Isla de San Martín y por la buena diligencia del señor gobernador de esta isla, que les envió socorro a tiempo que estaban ya para entregarse, levantaron el cerco; pero la voz general que corre es, que dichos corsarios quieren sitiar a Santo Domingo, y acá estamos con cuidado de que hagan allá el tiro y acá la suerte.

Muy grande es la necesidad que tienen estas Islas, de barlovento de que faltara en ellas la armada y pudiera hacer algunas presas de importancia y para sustentarse; hacer S. M. que de la Isla de Santo Domingo poblaran ésta de ganado vacuno, que como he dicho, la tempestad del año 42 acabó casi con todo, pero es tan fértil que con muy poco que le auxiliaran se volvería luego a poblar.

Mas, dejando aparte esto que toca al Gobierno, la familia lo pasa alegremente porque lo que falta de el sustento se suple en abundancia con otros de este país, como son, plátanos, arroz, azúcar, pescado, naranjas dulces que hay grande abundancia, y algunas terneras que se matan, pero con la humedad y calor de la tierra no pasan a tercer día.

Luego que llegué traté de confirmar, habiendo primero consagrado los óleos, de que tenían mucha necesidad. Hice órdenes generales y particulares con el indulto de Su Santidad porque había gran falta de sacerdotes. He comenzado a predicar y trato de visitar y hacer sínodo, luego pasaremos a la Margarita y a Cumaná, si Dios fuere servido, y de allí me prometo que podremos hacer algún regalo de cacao y perlas, que en esta Isla no se que haya más que jengibre y alguna azúcar.

Comentario:

Damián López de haro (1581-1648) perteneció a la Orden de la Santísima Trinidad, fue consagrado Obispo en 1643 y en junio de 1644 estaba en San Juan Bautista de Puerto Rico. Organizó el Sínodo Diocesano de 1645 y falleció de peste en un viaje episcopal en la Isla de Margarita. El fragmento pertenece a un carta particular escrita a Juan Díez de la Calle, Oficial Segundo de la Secretaría de Nueva España en el Consejo de Indias. La vinculación de Díez de la Calle con Puerto Rico radicaba en que un hijo suyo fue alférez en la Guarnición del Castillo de San Felipe del Morro. En la misma comenta sus impresiones en torno al Puerto Rico de su tiempo en un tono entre quejoso, burlón y cínico. El rechazo del Obispo al ambiente provinciano es notable en el texto.  El documento afirma la pobreza de la colonia, caracterizada por la desmonetización y el mercado subdesarrollado que depende del trueque. Responsabiliza a los insulares por ello dado lo poco industriosos u holgazanes que son.

Hace algunas observaciones sobre la economía resaltando el valor del jengibre, las muchas estancias y los 7 ingenios que existen en los campos. Recuerda a su corresponsal las dos tragedias más relevantes del siglo: el ataque holandés de 1625 y el huracán de 1642 del cual la isla aún no se había recuperado. Por último insiste en que la isla depende de las importaciones para suplirse de numerosos productos de consumo pero que las aguas del caribe son peligrosas en extremo por la amenaza de la priratería y los corsarios extranjeros. A pesar de todo, la colonia tiene un potencial sin explotar en productos de la tierra, frutos y verduras que el clima hace muy perecederos. El balance del texto da la impresión de un hombre educado que no tolera el ambiente provinciano de la pobreza colonial.

 

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

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