Puerto Rico: su transformación en el tiempo

Historia y sociedad

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Reconquista, conquista y viajes de exploración

Publicado por Mario R. Cancel en 4 octubre 2009

  • Mario R. Cancel
  • Escritor e historiador

La guerra de reconquista marcó la actitud de los hispano-europeos en el proceso del encuentro con América y El Caribe. En el caso concreto de Puerto Rico, los “cristianos” fueron propensos a denunciar al aruaco insular y al natural como un infiel y a insistir en que debía ser convertido a la fe verdadera. Negarse ello no era una opción real ni para cristianos ni para infieles. La resistencia de los naturales solo sirvió para justificar el uso de la fuerza. Los textos de la conquista demuestran que la fuerza se aplicó sin escrúpulos en numerosas esferas.

La base ética de aquella actitud era la creencia generalizada de que el aruaco insular –y luego  el africano- no eran humanos. De hecho, la  conversión era un modo de humanizarlos. La metáfora de que convertirlos significaba humanizarlos convertía al bautismo en un pasaporte para la integración del indio, como le denominaban, en el Pueblo de Dios. Convertirlos a la fe verdadera era un deber moral impostergable que salvaría sus almas.

Otro elemento dominante era la idea de que los descubrimientos eran obra de Dios y que representaban un premio a los sacrificios ejecutados por los cristianos durante la reconquista. La Providencia había puesto las Indias en manos de los cristianos para su beneficio por lo tanto, los cristianos no debían posponer el cumplimiento de su deber de ampliar el Pueblo de Dios a aquellas tierras antes desconocidas.

exploracionesEfectos de los viajes de exploración

El resultado neto de los descubrimientos y viajes de exploración fue que dieron a los cristianos una ventaja geo-estratégica extraordinaria ante el poder musulmán. Lo más valioso  fue una ruta comercial alternativa a los mercados de India y China. Como se sabe, la ruta mediterránea –que pasaba por el Medio Oriente y el Norte de África- estaba en manos de musulmanes.

Los descubrimientos abrieron la posibilidad de una ruta atlántica. La concreción de ese proyecto no fue inmediata. La búsqueda de un istmo, un canal natural o un paso del Atlántico al Pacífico fue ardua. Los viajes de bojeo y la  circunvalando Sur América por el cono sur solo fue posible después de mucho tiempo. La ruta terminó siendo una de mar y tierra que combinaba el uso de embarcaciones de carga grandes con carreras de mulas, acorde con la geografía americana.

En el ínterin, los hispano-europeos y cristianos se dedicaron a la explotación de las tierras descubiertas. El Nuevo Mundo fue integrado al mercado europeo y aislado del mercado musulmán. Las formas del colonialismo moderno se fortalecieron en aquel momento. El Nuevo Mundo sería un suplidor de lujos y materias primas preciadas para los europeos. Aquel orbe en crecimiento también sería un mercado de consumo cautivo para los productos excedentes europeos. El proteccionismo de la producción de los empresarios peninsulares y la prohibición de la competencia de los productores de las Indias, fue un mecanismo de control muy eficaz. Lo que luego se llamó mercado libre era interpretado como una amenaza. Para ello se necesitaba un estado fuerte por lo que la Monarquía Autoritaria se afirmó: Carlos V y Felipe II son los mejores emblemas de aquel momento. El Nuevo Mundo fue sometido al capital comercial europeo: el mercatilismo moderno había hecho su aparición. Los beneficiarios inmediatos del proceso fueron las Monarquías Autoritarias Cristianas Castilla y Portugal.

La nueva situación aumentó el volumen de oro y plata en manos europeas y alteró el patrón de precios a nivel continental. Europa se fue convirtiendo en una zona económica capaz de competir con los grandes mercados del Sur y del Sudeste Asiático, el mítico Oriente Lejano. A la larga, India, China y Japón, quedarían a expensas del poder europeo. Los musulmanes perdieron mucho de su poder en aquella región. El  Mundo Moderno sería uno controlado por Europa Occidental.

Por último, los viajes de exploración provocaron un debate intelectual muy intenso. Las nociones geográficas tradicionales –la idea de origen trinitario de los 3 continentes- fueron revisadas. El hallazgo de culturas con las características de las encontradas en el Nuevo Mundo, puso en duda la idea del progreso unitario de la humanidad. La necesidad de explicar aquellos descubrimientos y administrar bien aquel espacio, estimuló una unidad más íntima entre el Estado y la Iglesia. En Castilla se convirtió a la Iglesia en una dependencia del Estado. Ello coadyuvó a crear un tipo de Estado Fuerte alrededor de la figura del Monarca

Conclusiones

Los viajes fueron una aventura geopolítica y religiosa que ayuda a fundar las bases del Mundo Moderno. La nueva situación animó la actividad empresarial hispana. Ese procesó vinculó al Estado -la Monarquía- y la Iglesia Católica, al capitalismo comercial ascendente.El Estado las autorizaba y apoyaba materialmente; y la Iglesia las legitimaba y obtenía beneficios concretos para el Pueblo de Dios.

Siempre se trató de viajes regulados mediante un Contrato o Capitulación en el cual se establecían los beneficios de la Monarquía y del Descubridor, y los deberes de ambos con la Iglesia Católica. Convertir a los infieles era un deber contractual. La explotación económica de las tierras americanas se administró desde la ciudad de Sevilla, lugar en el que se desarrolló un poderoso  gremio o cartel comercial. Desde allí se establecieron las pautas económicas de  todo el proceso.

Los procesos de conquista y colonización establecieron un régimen de propiedad que duró hasta el siglo 18. Igual que el mercado libre, la propiedad privada de la tierra era una rareza. Las tierras descubiertas eran propiedad personal del Rey o Reina –realengas-.  Los únicos sectores con acceso a tierra titulada eran los conquistadores de primera generación. La administración de las tierras era responsabilidad del Conquistador. Los  beneficios de la tierra se distribuían entre el Conquistador y la Corona. La Corona y el Conquistador se comprometían a difundir la fe verdadera. Una economía social eficaz podía garantizar a la jerarquía eclesiástica y al cura común una vida holgada. Recuérdese que el cura vive de los derechos de estola y de los servicios que ofrece en la cura de almas. La utopía imperial se afirmaba sobre aquellos preceptos. La realidad era, sin embargo, muy distinta.

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Historiografía: socialismo ruso-soviético II

Publicado por Mario R. Cancel en 11 marzo 2008

El Socialismo Ruso y Soviético: Los paradigmas o meta-dogmas

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

URSS-CartelLa estabilidad del socialismo ruso-soviético se afirma en la presunción de la redención proletaria. Este paradigma sintetiza y supera aquello que para la tradición de 1789 significó la redención popular. Se trata de un concepto exclusivo que promueve un a mirada crítica sobre la concepción de lo popular.  La discursividad en torno a la redención proletaria adoptó un tono moralizador que universalizó el papel de la clase obrera y el proletariado.

En general, la redención proletaria implicaba la redención a toda la humanidad por medio de un proceso de pensamiento que tiende a identifican a la clase obrera con la humanidad verdadera no alienada. En la praxis ello implicaba la ejecución de una revolución y la edificación de la dictadura del proletariado. El periodo dictatorial se ejecutaba con el propósito de liquidar el capitalismo y a los capitalistas y sus aliados. El hecho de que la meta se consideraba inevitable la hacía también moralmente válida. 

La segunda presunción era el destino comunista. Se aceptaba que el fin del capitalismo era inevitable, que la destrucción de la propiedad suprimiría las diferencias de clase y la lucha entre ellas, lo cual dejaba el camino expedito hacia un mundo nuevo. Ese orbe permitiría la maduración de un hombre nuevo análogo en su pureza social al que dejó atrás el comunismo primitivo pero insuflado de racionalidad y de capacidad cósmica. El tipo de libertad de la que disfrutaría sería superior a la del comunismo primitivo y a la capitalismo avanzado. 

La tercera presunción es la que asegura la necesidad de una vanguardia pequeña y disciplinada capaz de aprender y promover esos procesos. El concepto fue teorizado en Lenin en el texto ¿Qué hacer? (1903). La idea de la organización elitista parte de la premisa de que la posesión de los bienes político-culturales en un orden social no es homogénea. La clase obrera muestra niveles desiguales de conciencia. La vanguardia tiene una conciencia plena del papel de la clase. La misma debe ser organizada en un partido que, por su condición, representa a la clase, agita y propicia la revolución. Esa representación es transparente (glasnost).

La cuarta presunción es la dictadura del proletariado, concepto que tiene sus antecedentes en la obra de Carlos Marx en la Crítica del Programa de Gotha (1875) y en sus estudios sobre la Comuna de París. La estructura estatal no es rechazada a la hora del socialismo ruso-soviético. Por el contrario, el mismo debe ser usado para beneficio de la clase obrera. la idea e es transformar el Estado del Capitalismo Avanzado, no destruirlo. La Dictadura del Proletariado, como praxis, fue creación rusa-soviética.

URSS-Escudo de ArmasLa primera fase de la dictadura del proletariado se veía forzada a conservar estructuras y rasgos del capitalismo. La mayor preocupación en ese nivel era la distribución igualitaria de la propiedad con el objeto de garantizar la igualdad formal de la comuna. Los socialistas ruso-soviéticos aceptan que el igualitarismo no equivale al comunismo. Durante esa etapa la clase obrera armada, por medio de su vanguardia, reprime a la clase burguesa. Una vez extinta la clase burguesa desaparece la explotación en la medida en que todos los comunitarios se transforman en trabajadores. La homogeneidad del sistema se garantiza dado que todos son empleados por un solo consorcio o patrono -el Estado-. La etapa fuerza a que se generalicen los medios de coerción, registro y control en la forma de una sociedad de la vigilancia. Para la clase obrera se trata de una dictadura indirecta por medio de la vanguardia organizada.

La segunda fase de la dictadura del proletariado es el espacio-tiempo en que se manifiesta la transición al comunismo. En el proceso desaparecen las diferencias entre trabajo manual y trabajo intelectual –entre el hacer de la vanguardia y el hacer de la clase-. La muerte de las diferencias de clase garantiza la igualdad de hecho. En ese contexto el hombre nuevo se hacía presente y los -los coerción, registro y control del estado pueden desaparecer. En ese punto se inicia la auto-administración de las cosas o el comunismo propiamente dicho al modo de una sociedad automatizada.

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Historiografía: socialismo ruso-soviético

Publicado por Mario R. Cancel en 9 marzo 2008

Krupskaya y LeninEl Socialismo Ruso y Soviético: las grandes figuras 

Un panorama del socialismo ruso deja al estudioso la impresión de un asunto mal comprendido. La tendencia ha sido reducir aquella tradición a la figura de Lenin y sus acólitos y a la fórmula simplificadora del marxismo y el leninismo que asocia dos interpretaciones que no son similares.Trotsky y Lenin 

Los promotores del activismo y la discusión socialista en el Imperio Ruso fueron Georgi Plejanov y Pavel Axelrod los cuales resultan invisibles a la interpretación una vez se generalizron las posturas leninistas. Las figuras más emblemáticas y respetadas por su capacidad son, sin duda, Vladimir Ulianov @ Lenin (1870-1924) y Lev Trotski (1879-1940). La discusión en torno a sus contradicciones, que fue uno de los pilares de la etapa inicial de la Era del Stalinismo, sugiere que se trata de una interpretación rusa heterodoxa –la de Lenin- ante una interpretación penetrada por los valores europeos y la ortodoxia marxista germana-la de Trotsky-. 

Los grandes especialistas marxistas, en general poco conocidos, fueron entre otros,  Anatoli Lunachraski (1875-1933) en el territorio de la interpretación cultural y la administración de las expresiones populares en el marco de la construcción del socialismo y el hombre nuevo; Alexandra Kollontai (1872-1952) por su discusión radical del asunto de la mujer y la familia sobre la base de los argumentos de Friedrich Engels; y Nadezhda Krupskaya (1869-1939)  por su aportación en el espinoso campo de la educación en el camino al socialismo.  Los vulgarizadores más notables Nicolai Bujarin (1888-1953), Josip Visarionovich @ Stalin @ Koba (1879-1953). Los choques entre ambos vinieron a cuento del llamado debate sobre la Revolución Permanente y Trotsky que hacia 1924 era el la manzana de la discordia en el Partido Comunista Ruso. 

La condición de Lenin como una figura de culto muy poderosa, ha limitado la explicación del marxismo ruso soviético más allá de sus escritos trivializando una tradición rica y diversa que merece ser revisitada.  Los marxistas rusos interpretaron a Karl Marx y el marxismo como la síntsis de e corrientes distintivas de la modernidad y el siglo 19: la dialéctica hegeliana, la economía política inglesa y el socialismo francés. la metáfora dialéctica clásica sostiene que la síntesis es una negación de la negación y supone una superación de lo negado. El marxismo, en consecuencia, niega las tradiciones de las que proviene y establece un sistema superior y a toda prueba por su racionalidad y cientificidad. 

El Socialismo Ruso y Soviético: Rasgos dominantes  

Por un lado, se encuentra el culto al método dialéctico marxista. La actitud se asienta sobre una serie de premisas. la primera de ellas es que el método traduce o refleja con fidelidad  la realidad objetiva material. Una consecuencia de ese aserto es que el método pone en las manos del marxista la dialéctica de la realidad objetiva, un conocimiento verdadero del mundo. Por medio del método se pueden conocer las leyes generales que rigen la naturaleza, la sociedad y el pensamiento. 

La lógica que domina es la de las ciencias naturales de la Era de Newton y las del materialismo científico del siglo que no conocen el relativismo de principios del siglo 20. La idea de que el conocimiento es un reflejo de la realidad es un signo de la modernidad y de la ciencia que el marxismo ruso-soviético afirma constantemente. La deriva natural o corolario es que el conocimiento sirve para transformar el mundo. De hecho, la legitimidad del conocimiento es que sirva para ese fin utilitario. Por esa vía la legitimidad del conocimiento es análoga al valor de uso de una mercancía: no basta con saber, hay que hacer porque la praxis o el hacer es el poder que juzga al pensar y el sujeto cognoscente. 

Por otro lado se afirma un culto autoritario a unos autores clásicos, del mismo modo que lo ejecutaba historiografía latina de la era de la república y el imperio. Por lo general los autores clásicos o canónicos se redujeron a Marx / Engels. La Revolución de Octubre de 1917 en Rusia añadió a Lenin a ese dueto selecto. Las reinterpretaciones a las que Lenin sometió a Marx y Engels se interpretan como una interpretación válida y una puesta al día a la luz del capitalismo cambiante de la Era del Imperialismo y la Gran guerra.  Lo cierto es que la Europa del capitalismo avanzado no era la Rusia Zarista del capitalismo desigual, concepto tan bien trabajado por Trotsky en su clásica historia de la revolución rusa.

El clásico se maneja como un modelo a imitar y completar. De ese modo, el texto se canoniza y es concebido concibe como la síntesis de verdades irrefutables pero a la vez limita su propia capacidad crítica y tiende a transformarse en un dogma fácil. Por último el socialismo ruso-soviético afirma unos paradigmas o meta-dogmas historiográficos medulares.

El primero es la concepción de la historia como un todo orgánico y racional que está sujeto a principios o leyes generales que son aprensibles por la razón y la ciencia. Nada más moderno que esos pilares de la ilustración.

El segundo es la concepción de una meta u objetivo definido el cual, mediante una la praxis social racional y científica, puede retrasarse o adelantarse. El tercero es la concepción de que la meta de la historia es la libertad y la igualdad y de que las mismas son forzosas e inevitables.  

La coincidencia con el liberalismo burgués se quiebra porque la libertad y la igualdad socialista se considera superior a la imaginada por aquellos: la niega y la supera dialécticamente como toda síntesis.

 

 

Mario R. Cancel

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