Puerto Rico: su transformación en el tiempo

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Documento y comentario: La Liga de Patriotas: propósito político

Publicado por Mario R. Cancel en 9 junio 2010

  • Eugenio María de Hostos (1839-1903)

Hasta anoche no había llegado a mis manos el número de la Nueva Era que contiene el artículo en que el señor P. J. B. comenta el manifiesto que da a conocer el objeto de la Liga de Patriotas puertorriqueños.

Debo a mi cortés compatriota las gracias que le doy por haberme ofrecido la ocasión de exponer los fundamentos del propósito político de la Liga. Pero, antes, dos rectificaciones. Por muy partidario que sea yo de la absoluta independencia de mi patria, y no puedo serlo más; y por muy partidarios que sean de la anexión algunos de los que me acompañaron en la fundación de la Liga en Nueva York ni los anexionistas ni los independientes de la Liga de los Patriotas, subordinábamos a las opiniones nuestras el porvenir de nuestra Isla. Queríamos, como queremos, que se respetara como entidad viviente, consciente y responsable a la sociedad viva, afectiva y positiva de que formamos parte; queríamos, como queremos, que fuese respetada en ella la libre voluntad, que nadie puede, en la Unión Americana, violentar sin mengua de los antecedentes históricos, de las tradiciones políticas, de las doctrinas de gobierno y de las bases mismas de constitución en que descansa la única sociedad humana en que el hombre es hombre, porque es la única que, desde Jefferson, en la augusta Declaración de Independencia, ha tomado como base de organización la vida de los hombres, la libertad de los hombres y el derecho de los hombres a procurar por sí mismos la obtención de su felicidad.

Eugenio María de Hostos

Devotos de las doctrinas que constituyen el, por contraposición a las doctrinas europeas, llamado sistema americano de gobierno, los fundadores de la Liga desentendíamos de nuestras aspiraciones personales para fundar en las del pueblo americano la única política posible hoy a los amigos de su patria; la política que tiende a rescatar nuestra personalidad, que nosotros tenemos el urgente deber de rescatar y que nadie tiene el derecho de conculcar.

Poseídos de la evidencia y de la eficacia de ese derecho, y atendiendo a salvarlo, con los recursos que el derecho escrito nos proporciona, lo que pediremos al Congreso de los Estados Unidos, será, no que nos ponga en aptitud de federarnos o de independizarnos, sino de hacer constar en el plebiscito, y por medio del plebiscito, la personalidad de nuestra patria: “Los recursos que el derecho escrito nos da para salir del gobierno militar y entrar en el civil; para pedir al Congreso de los Estados Unidos que reconozca nuestra capacidad de ser un Estado de la Unión o que nos ponga en aptitud de servir gloriosamente al porvenir de América, sin necesidad de someternos servilmente a las consecuencias brutales de una guerra que nosotros no hemos hecho ni se hizo contra nosotros, son recursos tan poderosos cuanto en la urdidumbre de la federación son poderosas la iniciativas de cada cual para su propio bien; la de todos para el bien común”.

Esas, que son las palabras del manifiesto a que se apela para atribuirme el propósito de pedir al Congreso de la Unión “la absoluta independencia o la anexión a la Gran República del Norte”, son palabras bien pesadas y bien pensadas que fundan nuestro derecho al plebiscito en la costumbre misma de la organización federal de la sociedad norteamericana.

La segunda rectificación que deseo hacer, antes de exponer el propósito político de la Liga de Patriotas, la piden estas palabras del señor P. J. B.

“No se nos ha impuesto, no, la vergüenza de una anexión llevada a cabo por la fuerza de las armas”.

La prueba de que la fuerza ha mediado en la anexión la da el mismo estimable compatriota, a quien tengo mucho gusto en contestar, puesto que el mismo dice:

“¿Hubieran los puertorriqueños, queriendo su independencia, victoreado y aclamado a los americanos, cuando estos sólo venían a ofrecerles la anexión?”

Norabuena: venían sólo a ofrecernos la anexión; pero ¿venían armados?

Mas no está en eso la rectificación, sino en el texto del manifiesto. Este no dice que se nos haya impuesto bélica o pacíficamente la anexión. Dice textualmente:

“En los Estados Unidos no hay autoridad, ni fuerza, ni poder, ni voluntad que sea capaz de imponer a un pueblo la vergüenza de una anexión llevada a cabo por la violencia de las armas, ni que urda contra la civilización más completa que hay actualmente entre los hombres, la ignominia de emplear la conquista para dominar las almas.”

Decir eso equivale a decir que si las instituciones de la Federación americana ponen a salvo nuestro derecho de pedir que la anexión sea voluntad nuestra, y no brutalidad de la fuerza, la civilización americana, que yo tengo por la más completa que hoy existe, no consentirá que se le imponga la ignominia de reducirla a civilización rudimentaria. Civilizaciones rudimentarias son las que apelan a la fuerza para la conquista, y a la conquista para la posesión.

Ahora voy a exponer el propósito político de la Liga de Patriotas Puertorriqueños.

Comentario:

Ante la invasión de Estados Unidos, los representantes de las fuerzas Anexionistas e Independentistas adoptaron la actitud de posponer sus reclamos radicales. Hostos aseguró en este texto que los que pretendían hacer era que los estadounidenses respetaran “la libre voluntad” puertorriqueña, fuese la misma en una dirección o la otra. Hostos usó un lenguaje análogo al que dominó la discusión del coloniaje durante la Gran Guerra: en la práctica proponía el derecho a la “libre determinación de los pueblos”.

Pero igual que los Anexionistas y los Independentistas aceptaban que no estaban dispuestos a subordinar el “porvenir de nuestra isla” a sus opiniones particulares, tampoco se lo consentían a la “Unión Americana”. La doctrina de la “Soberanía de los Pueblos” dominaba la interpretación hostosiana. Cuánto reflejaba esa postura teórica la praxis de los partisanos y los políticos profesionales, es difícil de determinar. Pero la actitud reflejaba la inseguridad de ambos extremos respecto a cuál sería la opción favorecida por el Pueblo de Puerto Rico en caso de ser consultado al respecto. Hostos estaba en la situación de aceptar cualquiera de las dos si se trataba de una decisión informada de conocimiento y un acto libre de la conciencia. Pero reconocía que la Masa tenía que constituirse en Pueblo para que la decisión fuese legítima.

La apelación a los valores del “sistema americano de gobierno” desplaza la responsabilidad de respetar esos principios democráticos a los invasores. La esperanza de que el 1898 representase un camino abierto hacia la modernización se expresaba con mucha cautela: Hostos no confiaba en la pureza y la inocencia del Otro. El autor no estaba pidiendo ni el derecho a entrar a la Federación, ni el derecho a la Independencia: exigía el “derecho al plebiscito” y a “ser consultados”.

El otro alegato, fundamental para el Nacionalismo y Pedro Albizu Campos en 1930, es la afirmación de que la “fuerza ha mediado en la anexión”. La apropiación de Puerto Rico fue producto de un acto bélico y del “derecho de conquista”, condición que dejó a Puerto Rico bajo el amparo del Departamento de Guerra federal hasta 1934. Lo que Hostos cuestionaba era la legitimidad del uso de la fuerza y las armas para imponer a un pueblo en formación un destino. Aquí se inserta la segunda coincidencia con el Nacionalismo de Albizu Campos: Hostos define la nuestra como “la civilización más completa que hay actualmente entre los hombres”. La percepción del Otro -el sajón-,  como bárbaro -“civilización rudimentaria”, es evidente. Albizu Campos solo esgrimió un argumento hostosiano con un lenguaje más acrimonioso.

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

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La Gran Depresión de 1929: violencia y política

Publicado por Mario R. Cancel en 12 abril 2009

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

pedro_albizuPor lo regular, se asocia la década del 1930 a la reflexión teórica sobre qué significa ser puertorriqueño y cuál debe ser el destino final de la nación. Se trata de una época de crisis y, como lo vemos a la altura del 2009, las crisis siempre ponen en un primer plano las preguntas sobre el “destino colectivo”.

El otro elemento al que se asocian los treinta es la violencia nacionalista y los métodos exigentes que aquel movimiento utilizó para enfrentar el problema del estatus. La situación colonial había sido convertida por el Partido Nacionalista (en adelante PN de PR) en el problema central de la nacionalidad. Nunca el país ha sido testigo de confrontaciones similares entre el estado y la oposición radical en toda su historia.

La percepción de que la Generación Intelectual del 1930 y la derrota del Nacionalismo Radical fueron la antesala natural del Populismo es una metáfora común en el relato de la historia del país. Lo cierto es que en la década del 1930 la incertidumbre y la inseguridad, convivieron con la esperanza y la fe en el cambio.

El nacionalismo cultural y el nacionalismo político fueron modos alternos de enfrentar la desconfianza en el progreso que fue la nota dominante en la década del 1930. Si el Populismo conseguía devolver la fe en el principio moderno del progreso, su victoria estaba asegurada. En cierto modo, eso fue lo que sucedió después de 1938.

Por otro lado, una mirada cuidadosa de la época también deja claro que la violencia no fue un recurso exclusivo de nacionalistas. De un modo u otro, la violación de una visión de mundo que ya no era funcional, fue un proyecto colectivo compartido por todos los puertorriqueños.

Violencia y política

Hacia el año 1934 el PN de PR era una organización radical que combinaba con eficacia la propaganda independentista nacional e internacional. La meta era demostrar que el problema colonial de Puerto Rico era de la competencia del mundo y demostrar que Estados Unidos era una potencia imperialista clásica. El principio de que había que crearle una crisis al interior del país para forzarlos a reconocer la independencia de Puerto Rico, dominaba. El PN de PR utilizó lo mismo el espacio legal y jurídico, y el espacio ilegal o clandestino para generar esa crisis. La violencia de todo tipo fue una de los ingredientes de aquel proceso.

En cierto modo, la violencia política era una novedad hacia la década de 1930. El independentismo, tal vez como un modo de tomar distancia del separatismo independentista del siglo 19, o como una expresión de confianza en el liberalismo americano, había rechazado los métodos violentos de lucha desde 1904. Pedro Albizu Campos rompió con aquella convención en la medida en que alegaba que la violencia era un medio y no un fin en sí misma. La forma en que Albizu Campos enfrentó el asunto de la violencia recuerda su pasado de militar activo en el Ejército de Estados Unidos. Cuando ese país intervino en la Gran Guerra, su diplomacia adujo un argumento similar. La idea de la “guerra justa” y de la “violencia con autorización moral” estaba detrás de las actitudes de Woodrow Wilson, Vladimir Lenin y el líder puertorriqueño. La esperanza del cambio y la libertad, justificaba su uso.

También parece evidente que Albizu Campos quería evitar a toda costa que se interpretara su ofensiva violenta como vulgar terrorismo, concepto que ya se había generalizado en el lenguaje del poder lo mismo en la Unión Soviética de José Stalin, que en los Estados Unidos del “read fear” de la primera posguerra. A pesar de sus esfuerzos, el Estado criminalizó con éxito la violencia nacionalista calificándola como terrorismo suicida.

La actitud del PN de PR atrajo numerosos militantes tales como socialistas rojos, comunistas e independentistas y a numerosos intelectuales y universitarios asociados a la incertidumbre de la Generación del 1930. A pesar de las notables diferencias entre aquellos sectores, todos convergían en el reconocimiento de la injusta relación entre Estados Unidos y Puerto Rico y en la necesidad de un reparto justo de la riqueza social por medio de un nuevo contrato social todavía no especificado.

Es justo aclarar que la interpretación de Albizu Campos también le produjo numerosos opositores. Independentistas no violentos que renunciaron a la causa y, como era de esperarse, produjo el encono entre la Insular Police y las autoridades federales. La oposición más peligrosa fue la de la burguesía azucarera estadounidense y puertorriqueña que veía amenazados sus intereses de clase. Se trataba de un sector social que prefería la afiliación republicana, la estadidad y era fiel defensor del Mercado Libre.

La propaganda nacionalista tenía un fuerte contenido ético. Las tesis centrales era que la lucha como un deber y la independencia, una meta alcanzable e inevitable. La interpretación progresista de la historia en Albizu Campos era consustancial con su fe. Dentro de ese marco ético el PN de PR se opuso al “mantengo” y a las “transferencias federales”, porque las veían como un acto de mendicidad e indigno.

De hecho, en un poco discutido documento de 1933 Albizu Campos criticaba el “Nuevo Trato”, tildaba Franklyn D. Roosevelt de “dictador”, acusación en la que coincidía con los derechistas Republicanos y los defensores del Mercado Libre. Albizu Campos aseguraba que las políticas del Nuevo Trato eran un “gas bag” que no resolverá la crisis económica de ninguna manera.

La eficacia del discurso nacionalista revolucionario dependió de numerosos elementos subjetivos. La presencia de un líder carismático, autoritario y paternalista combinada con un lenguaje que sacralizó la lucha nacionalista y la proyectó como una guerra santa fue crucial. La convergencia con la imagen mística de Luis Muñoz Marín y/o los Hermanos Cheo, no debe ser pasada por alto. Para Albizu Campos, como buen católico, la conciencia de la injusticia autorizaba incluso el tiranicidio que, junto con la guerra justa son fundamentales a su idea de la violencia.

El PN de PR desarrolló un proyecto social que adoptó la voz de las víctimas de la depresión: los trabajadores rurales y urbanos, los intereses cafetaleros y tabaqueros puertorriqueños, y los sin tierra.

Publicado en Crisis económica, Historia de Puerto Rico, Pedro Albizu Campos, Violencia política | Etiquetado: , , , , | 1 comentario

 
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