
- Mario R. Cancel
- Historiador y escritor
La contaminación ambiental es la alteración del balance ecológico por medio de agentes biológicos o químicos. Una variedad de actividades domésticas, agrarias e industriales producen contaminantes. Los especialistas están de acuerdo en que la contaminación ambiental es más intensa en sociedades con economías más complejas y desarrolladas que en aquellas que poseen economía simples y naturales. Los procesos de industrialización intensiva, a pesar del valor social que representan, han sido señalados como generadores de efectos nocivos al ambiente. Sin embargo, el problema es más complejo de que parece.
Tipos de contaminación ambiental
La contaminación doméstica está relacionada con la generación de desperdicios sólidos y como se dispone de ellos en actividades de la vida diaria. Una estadística del año 2000 indicaba que, en promedio, cada puertorriqueño producía 5 libras de basura por día. Las prácticas de consumo conspicuo del puertorriqueño común explican en gran medida esta característica. Durante mucho tiempo, esos desperdicios fueron depositados en vertederos convencionales. En 1990 el país tenía 64 vertederos activos, pero en 1994 las autoridades federales ordenaron el cierre de 32 de ellos. La vida útil de los vertederos que aún siguen abiertos se hace cada vez más corta. La conciencia del problema de cómo disponer de nuestros desperdicios sólidos se desarrolla a partir de aquel acontecimiento.
La alternativa viable que se estableció en aquella época fue el reciclaje. Reciclar significa estimular la reutilización del plástico, vidrio, aluminio, papel y cartón, hormigón, acero residuos de jardinería y madera, entre otros, con el fin de evitar que los mismos terminen en la ambiente y afecten su balance natural. Las campañas de reciclaje proyectaron el mismo como un deber ciudadano, pero también dejaron abiertas las puertas para que se le viera como una empresa productiva con potencial de crecimiento. En 1993 se fundó el grupo Industria y Comercio Pro-Reciclaje (ICPRO) con el fin de capitalizar el reciclaje y promoverlo como una empresa lucrativa en la era global. La relación entre el discurso del reciclaje y el cierre de los vertederos es evidente.
Sin embargo, a pesar de que la ley ordenaba el reciclaje de 35 % de los desperdicios, las tasas de reciclaje en el 2006 ascendieron a solo el 15.31%. En 2007 la tasa ascendió a un 18.75% ambas muy por debajo del por ciento establecido por ley. Ante el fracaso parcial del desvío y reciclaje, el estado ha vuelto a considerar la posibilidad de reconvertir la basura en energía eléctrica mediante su incineración a pesar del carácter contaminante de las mismas. En cierto modo la actitud confirma la derrota de un proyecto de vanguardia y el retorno a técnicas que muchos pensaban eran ya parte del pasado.
La contaminación agraria está relacionada con el uso intensivo de pesticidas, plaguicidas y abonos químicos en los procesos agrarios. Esos procesos no solo contaminan los suelos sino que invaden los productos alimentarios. El uso indiscriminado de preservativos y aditivos, tan comunes tanto en la industria del trash food como en productos de uso doméstico corrientes, y la creación de alimentos genéticamente modificados, representan nuevas fronteras de las cuáles apenas se empieza a tomar conciencia. Uno de los mayores problemas para enfrentar el fenómeno de la contaminación alimentaria tiene que ver con que, dado que la producción de alimentos en Puerto Rico está muy por debajo de las necesidades, el mercado estimula la experimentación como una garantía futura de nuevos ingresos para la industria. En cierto modo, las necesidades del mercado no estimulan el desarrollo de una agricultura y una industria alimentaria amigable con el ambiente. El consumo de ese tipo de contaminantes puede generar defectos en los fetos, afectando su sistema inmunológico y neurológico, del mismo modo que otros son tiene efectos potencialmente carcinógenos.
La contaminación industrial es, por demás, la más conocida y la más obvia. En el caso de Puerto Rico, ha estado asociada a las refinerías de crudo y a las farmacéuticas. Se trata del impacto que los disolventes, aceites usados, pinturas y partículas de metales pueden tener en los suelos y los acuíferos. Las secuelas sobre la agricultura y sobre los costos del agua que consumimos son bien conocidas.
La contaminación urbana está relacionada con una diversidad de factores propios de la vida moderna: la ciudad es el paraíso de la contaminación. Las razones para ello son numerosas. La generación de desperdicios en la urbe es inmensa y los desperdicios biológicos humanos y sus sistemas de disposición son un foco de bacterias. Aparte de ello, la contaminación del aire producto de los vehículos de motor eleva los niveles de calor. Otras formas de la contaminación de las cuáles todavía no se tiene mucha conciencia son la de ruido, la luz artificial, las ondas de comunicación o, incluso, la que genera los billboards o pantallas electrónicas.
El paisaje urbano es un palimpsesto anárquico y atrayente por su condición de centros de trabajo y capital. Pero ello también las convierte en un foco de tensión nerviosa y afecciones físicas que no garantizan una vida sana ni genuina. El problema central de la conciencia de la contaminación urbana consiste en que muchos de los elementos contaminantes, son también iconos sociales muy valorados en sociedades acostumbrados al publicity y al consumo. Ese el caso, por ejemplo de los automóviles que usan combustibles fósiles, los billboards de promoción intensiva o de los teléfonos móviles en tiempo de comunicación salvaje. Dado que para la gente en el mercado poscapitalista, el consumo es un medio de construcción de la identidad, es difícil convencerlos de que lo consumido puede representar un problema para su salud.
El caso del automóvil es emblemático. Hacia el año 2000 en el país había 51 carros por cada 100 habitantes para un total de 2, 150,000 autos. La recesión que se afirma desde 2005 y los aumentos en los costos del combustible contrajeron el mercado automotriz pero no desembocaron en un uso más intenso del transporte colectivo. Lo único que la gente hizo fue comprar vehículos que gastaban menos gasolina o adquirir híbridos. La tendencia a considerar el auto una necesidad y un componente de la identidad en el mercado, sigue allí.
La contaminación nuclear es un fenómeno de la Guerra Fría (1947-1991). En ello jugó un papel crucial el valor geopolítico y militar de Puerto Rico para estados Unidos. La relación sumisión a ese país invisibilizó el problema en muchos casos. Entre 1963 y 1968, un reactor nuclear fue establecido en Rincón sin que las protestas de ciertos sectores pudiesen impedirlo. En 1965 se usó un predio de “El verde” en El Yunque para experimentar con cesio radioactivo. Los daños al ambiente fueron enormes y el mismo no se recuperó hasta 1989. Culebra (1902-1975) y Vieques (1947-2003) estuvieron en manos de la Marina de Guerra para sus prácticas de combate. El manejo de materiales radioactivos en los predios de ambas isla fue enorme sin que nunca se hayan podido fijar responsabilidades en este escabroso asunto.
Conclusiones
En síntesis, una diversidad de factores económicos y políticos explica la contaminación ambiental en el país. A pesar de que las luchas comunales y civiles más notables hoy apropian el discurso ambiental, la conciencia ambiental de la ciudadanía es cuestionable. El fracaso de los proyectos políticos verdes o ambientalistas, y el hecho de que las izquierdas hayan adoptado un discurso verde solo después del fracaso del socialismo real, demuestran que el ambientalismo sigue siendo una propuesta subdesarrollada en el país.