Puerto Rico: su transformación en el tiempo

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Archivos de la categoría ‘Puerto Rico en el siglo 16’

Gobierno de Puerto Rico durante el siglo 16

Publicado por Mario R. Cancel-Sepúlveda en 10 noviembre 2009


  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

El traspaso de los derechos sobre las posesiones de la familia Colón a la Corona en 1537, reintegró jurídicamente un Imperio dividido. Carlos I y sus asesores se dieron a la tarea de diseñar un sistema de gobierno para la inestable colonia de San Juan Bautista. Aunque, en principio, la Casa de Contratación y el Consejo de Indias siguieron controlando la economía y la política local, la búsqueda de un sistema de gobierno local eficiente fue esencial.

fortaleza_1933Los Alcaldes Gobernadores u Ordinarios

Bajo el sistema de los Alcaldes Gobernadores o Alcaldes Ordinarios (1537-1545), cada unos de los Cabildos instituidos en 1511 y en 1513, elegiría dos Alcaldes. Los Alcaldes de Caparra y San Germán serían supervisados por la Audiencia de Santo Domingo. Los Alcaldes Ordinarios actuarían como Jueces de Primera Instancia en lo Civil y lo Criminal, y a la vez coordinarían la administración local con los Regidores de cada Cabildo. En la práctica, el poder ejecutivo y judicial, como en todo sistema autoritario, estaba concentrado en los alcaldes, y San Juan Bautista era una dependencia jurídica de Santo Domingo, donde se apelaban los pleitos no resueltos localmente. San Juan Bautista era una Provincia Autónoma de La Española con dos Partidos también autónomos y cuatro alcaldes que actuaban como gobernadores. Es importante señalar que el sentido de la autonomía indicado era distinto al moderno: La Española supervisa, pero no gobierna.

La crisis del sistema   se produjo, de acuerdo al juicio de la época, porque dado que la población de la colonia era poca y la gente con capacidad para gobernar también, siempre gobernaba la misma gente. El sistema fue condenado como “un gobierno de compadres” en el cual los Alcaldes Ordinarios aprovechaban su posición para beneficiar a sus asociados. Las disputas locales se consideraban una manifestación de la incapacidad de los colonos para el gobierno y como un impedimento al crecimiento de la colonia. Dada la situación, Carlos I resolvió reformar el gobierno

Los Jueces o Gobernadores Letrados (1545-1564)

Como alternativa se decidió nombrar a Jueces, Letrados o Abogados fieles a Carlos I para la administración local. Se trataba de juristas educados en la disciplina del derecho presuntamente capacitados para resolver los problemas de una colonia en formación. Sin embargo, la desconfianza de la Corona seguía siendo notable. El temor a la reiteración de “un gobierno de compadres” justificó la prohibición expresa a que Gobernadores Letrados   confraternizaran con los vecinos o cabezas de familia influyentes de San Juan Bautista. Los reglamentos incluso les prohibían casarse en el área de servicio. La finalidad era legítima: se trataba de evitar la influencia de la elite colonial en el Gobierno. Los Gobernadores y el Gobierno representaban los intereses de la Corona, no los de la Colonia.

El poder de la elite colonial dependía de diversas condiciones. Primera, se trataba de que eran descendientes de los conquistadores y que por ello, poseían tierras con título obtenidos durante por sus antepasados durante la conquista y garantizados por el derecho hereditario. Una de las familias más influyentes entonces era la Ponce de León. Los miembros de aquella elite colonial dominaban los puestos de Regidor en los Cabildos y penetraron posiciones de poder en la Jerarquía Católica y en su gobierno por medio del Cabildo Eclesiástico. El Juez o Gobernador Letrado, que gobernaba en nombre de la Corona, podría ser visto como un agente exógeno a su arribo al territorio. El sector de la elite colonial que lo sedujera, controlaría indirectamente la vida colonial.

El sistema fue revisado por que los Jueces o Gobernadores Letrados, violando sus instrucciones, se involucraron con las familias locales y perdieron la confianza del Rey. Con ello se ratificó la incapacidad de los gobiernos civiles para estabilizar la colonia. La violencia de la región antillano-caribeña y las amenazas cada vez más notables de una agresión extranjera, justificaron el nombramiento de militares para el gobierno local.

 

fortaleza_1899

Los Gobernadores Militares y el Presidio Militar (1564-1625)

La respuesta al fracaso de los Gobiernos Civiles fue la militarización de San Juan Bautista. El fracaso del civilismo autoritario estuvo relacionado con  la corrupción administrativa y el nepotismo y favoritismo de los funcionarios. Pero también tuvo que ver con la poca  participación de los colonos no peninsulares en la toma de decisiones. Sin embargo, el fracaso administrativo no fue la única razón para el giro más importante en la administración colonial hasta el siglo 18. El cambio fue también una respuesta a las agresiones militares comunes durante el siglo 16. Aquel fue un siglo de violencia.

Durante el periodo aludido los taínos y caribes atacaron San Germán en Las Lomas en 1573. Los  franceses tuvieron como base de operaciones la Isla Amona o Mona y, desde allí, desarrollaron ataques de asalto contra el Partido de San Germán entre 1528 y 1576. Adjunto con ello, elaboraron redes de contrabando con los lugareños que alteraban las fidelidades de los comarcanos y debilitaba su fidelidad a la Corona Española. Los  ingleses también aparecieron desde el Caribe Oriental y, si bien intentaron negociar un permiso de comercio con España, en el momento en que se les negó adoptaron una política agresiva. Las presiones desde la ilegalidad para forzar el comercio atlántico culminaron en las agresiones de 1595 y 1598.

Lo cierto es que la Corona Española era muy celosa de sus privilegios de comercio, tanto o más que los musulmanes con las rutas afro-asiáticas hacia la India. La filosofía económica de la Monarquía se oponía al mercado libre y al tráfico internacional competitivo. Sus políticas monopolísticas y proteccionistas, de acuerdo con muchos especialistas, no les permitieron aprovechar las ventajas materiales de poseer un Imperio como aquel. De ese modo, la historia de Las Antillas y el Gran Caribe se llenó de violencia, como se verá más adelante. El impacto de las decisiones económicas egoístas de los españoles, redundó en numerosas tensiones políticas con otros países europeos que, a la larga, superaron y subsumieron el poder español.

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La esclavitud: aspectos generales

Publicado por Mario R. Cancel-Sepúlveda en 11 octubre 2009


  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

Esclavitud_Uruguay

La esclavitud es el sometimiento de un ser humano a la voluntad de otro para fines laborales o de otro tipo. La esclavitud, tal y como se conoció en el mundo caribeño y americano, no reconocía la condición humana del esclavo. Visto desde un punto de vista amplio, la esclavitud deshumanizaba y cosifica al esclavo, en la medida en que lo trataba como una mercancía que en el mercado denominaban con el concepto pieza.

A lo largo de los siglos tanto el derecho civil,  el mercantil y el eclesiástico, legitimaron la institución. En la práctica, al igual que cualquier otra propiedad, el esclavo podía ser transferido o cambiado en el mercado, el producto de su reproducción era propiedad del amo o dueño, y el esclavo podía servir de garantía para obtener adelantos de dinero para la reinversión, es decir, podía ser hipotecado o empeñado.

El esclavo fue utilizado en lo fundamental para fines laborales. El sistema mercantilista reconocía su capacidad productiva y su habilidad para aprender una diversidad de destrezas, incluso especializadas, como era el caso de la labor de químico o maestro azucarero de los ingenios y fábricas de azúcar. El trabajo esclavo era compensado con el sustento y, en la medida en que el sistema se desarrolló, con un jornal reducido en especia o en metálico.

La imagen que el amo desarrollaba de sí mismo ante el esclavo era la de una figura paternal que actuaba con los mismas facultades de un pater que, desde su superioridad, premiaba y castigaba acorde con las circunstancias. Su responsabilidad, bien cumplida o no, de sostener, alimentar, educar y cristianizar al esclavo, afirmaban esa posición de control que caracterizó a los esclavistas durante siglos. Las armas con las que contaba el amo para ejecutar el castigo y el correctivo eran muchas. El castigo físico fue solamente una manifestación de aquel poder que reproducía el autoritarismo del Estado y de la relación con Dios, en el marco del mundo laboral. El Estado y la Iglesia convirtieron esa praxis en códigos precisos que legitimaban aquella relación desigual.

El problema histórico de la esclavitud

Antiguamente se advenía a la condición esclava por diversas razones. Como producto de un acto de bélico o como consecuencia de una guerra de despojo. A veces incluso con el fin específico de cobrar deudas no pagadas. También se esclavizaba por motivaciones religiosas, como era el caso del Catolicismo que la justificó como un correctivo moral en aras de la salvación del alma. O por motivaciones culturales que, de un modo u otro, se imbricaban y legitimaban con argumentos raciales. La diferencia, la incapacidad de apropiar al otro desde una perspectiva plural, ha sido el caldo de cultivo de la esclavitud.

Las premisas básicas de la esclavitud son difíciles de comprender desde el presente.  En primer lugar, el esclavista, al margen de su fe o de sus concepciones de derecho, acepta que los seres humanos no son iguales ni en Estado Natural, ni ante Dios ni ante la Ley. Por eso se  le hizo tan cuesta arriba a la Iglesia Católica condenar formalmente la institución. Por eso incluso potencias caracterizadas por su liberalismo y democracia como Estados Unidos, sostuvieron la legitimidad el esclavismo hasta el siglo 19.

En segundo lugar, el esclavista presume que los seres humanos pueden ser igualados simbólicamente por medios rituales. Un medio válido de igualarlos era integrándolos al Pueblo de Dios o la Cristiandad mediante la conversión a la fe verdadera. Como se habrá visto, en las situaciones aludidas, ni la raza ni la cultura resultaban esenciales para la esclavitud. El  papel de la raza y la cultura como signo de esclavitud solo se fueron afirmando después de 1400.

EsclavosLos conflictos del siglo 15 pusieron en contacto pueblos etno-culturalmente distintos y desiguales. Los cristianos y los musulmanes, dos comunidades monoteístas radicales, tuvieron en el Norte de África un teatro principal de confrontación. Desde al África Mediterránea, los contactos con el África Negra se afianzaron. Los cristianos y los musulmanes vieron en el africano negro un ser susceptible de ser esclavizado. En cierto modo, su esclavización se reconfiguró como un deber moral que no se podía eludir en nombre de una presumida fe verdadera.

Al momento de las exploraciones iniciadas en 1492, la esclavitud del africano se había generalizado y con ello se echaron las bases de la idea de la esclavitud negra característica de los siglos 16 al 19 en América y El Caribe. No creo que sea exagerado indicar que el esclavismo musulmán y cristiano manifiesto en la experiencia portuguesa e inglesa, racializaron la esclavitud de manera radical. Los viajes de exploración y colonización, facilitaron la llegada de negros al Nuevo Mundo en la medida en que crearon un mercado laboral hambriento de brazos durante los siglos 16 y 17 especialmente en las colonias en que el Indio comenzó a escasear.

Los negros esclavos en América

Tan temprano como en el 1502, se autorizó la introducción de esclavos negros a La Española. Todo parece indicar que  la Corona desconfiaba de la institución, dado que  elaboró un estricto sistema de permisos que aspiraba a documentar la entrada de todo esclavo con el fin de controlarlos mejor. La pasión por la pureza racial propia de los hispano-europeos, debió ser un factor crucial en el diseño de aquella política.

Los primeros esclavos negros eran definidos en el mercado de acuerdo con el nivel de su relación con el mundo que los esclavizaba. Se trata de una clasificación etnocentrista simple que distinguía entre los aculturados y cristianizados –llamados ladinos o latinos-; y los  sin aculturar ni cristianizar provenientes directamente de África –conocidos como bozales-. En términos culturales, el ladino hablaba castellano y el bozal no. En términos semánticos, el concepto ladino sugería  un carácter astuto y pendenciero, y el bozal sugería la figura del tonto y el discapacitado. En la época aludida, un bozal se transformaba en ladino al cabo de más o menos un año de relaciones con los cristianos. Aprender la lengua, facilitaba el proceso de esclavización. El carácter despreciativo de los apelativos aplicados a los esclavos negros, reflejaba el carácter asimétrico de la relación entre las razas.

Para la cultura mercantil esclavista de la época, el ladino era una pieza entrenada y educada que se suponía más pasiva. El bozal, por el contrario representaba un costo extra dado que debía ser sometido y educado in situ. La idea de que los bozales eran rebeldes potenciales fue común. Pero las quejas documentadas de la época apuntaban que tanto los  ladinos como los  bozales se resistían al trabajo. El entrenamiento y la educación no hacían mucha diferencia. La necesidad de que los negros esclavos fuesen sumisos fue una utopía común durante 400 años.

En los primeros años del Imperio de Castilla, el esclavo era traficado por medio de suplidores portugueses. En 1518 Carlos I, autorizó la introducción en masa a las Antillas a razón de 4,000 al año y la institución se generalizó. La afirmación del poder hispano en tierras continentales –México- fue crucial en la decisión. Entre los años  1518 y 1886, más o menos 15 y 20 millones de negros fueron depositados en América en condición de esclavos. El porcentaje de muertos en los procesos de captura, en  la travesía y en los barracones era muy alto. Algunos especialistas sugieren que ello representó por lo menos 100 millones de negros africanos desarraigados por el mercado.

La esclavitud negra fue una de las bases de acumulación más importante en el camino hacia el capitalismo moderno. Del mismo modo, la pobreza endémica del África Negra se comprende mejor cuando se conoce este dato. Si los reinos africanos hubiesen estado en la posición de esclavizar a los blancos, la historia hubiese sido otra.

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Reconquista, conquista y viajes de exploración

Publicado por Mario R. Cancel-Sepúlveda en 4 octubre 2009


  • Mario R. Cancel
  • Escritor e historiador

La guerra de reconquista marcó la actitud de los hispano-europeos en el proceso del encuentro con América y El Caribe. En el caso concreto de Puerto Rico, los “cristianos” fueron propensos a denunciar al aruaco insular y al natural como un infiel y a insistir en que debía ser convertido a la fe verdadera. Negarse ello no era una opción real ni para cristianos ni para infieles. La resistencia de los naturales solo sirvió para justificar el uso de la fuerza. Los textos de la conquista demuestran que la fuerza se aplicó sin escrúpulos en numerosas esferas.

La base ética de aquella actitud era la creencia generalizada de que el aruaco insular –y luego  el africano- no eran humanos. De hecho, la  conversión era un modo de humanizarlos. La metáfora de que convertirlos significaba humanizarlos convertía al bautismo en un pasaporte para la integración del indio, como le denominaban, en el Pueblo de Dios. Convertirlos a la fe verdadera era un deber moral impostergable que salvaría sus almas.

Otro elemento dominante era la idea de que los descubrimientos eran obra de Dios y que representaban un premio a los sacrificios ejecutados por los cristianos durante la reconquista. La Providencia había puesto las Indias en manos de los cristianos para su beneficio por lo tanto, los cristianos no debían posponer el cumplimiento de su deber de ampliar el Pueblo de Dios a aquellas tierras antes desconocidas.

exploracionesEfectos de los viajes de exploración

El resultado neto de los descubrimientos y viajes de exploración fue que dieron a los cristianos una ventaja geo-estratégica extraordinaria ante el poder musulmán. Lo más valioso  fue una ruta comercial alternativa a los mercados de India y China. Como se sabe, la ruta mediterránea –que pasaba por el Medio Oriente y el Norte de África- estaba en manos de musulmanes.

Los descubrimientos abrieron la posibilidad de una ruta atlántica. La concreción de ese proyecto no fue inmediata. La búsqueda de un istmo, un canal natural o un paso del Atlántico al Pacífico fue ardua. Los viajes de bojeo y la  circunvalando Sur América por el cono sur solo fue posible después de mucho tiempo. La ruta terminó siendo una de mar y tierra que combinaba el uso de embarcaciones de carga grandes con carreras de mulas, acorde con la geografía americana.

En el ínterin, los hispano-europeos y cristianos se dedicaron a la explotación de las tierras descubiertas. El Nuevo Mundo fue integrado al mercado europeo y aislado del mercado musulmán. Las formas del colonialismo moderno se fortalecieron en aquel momento. El Nuevo Mundo sería un suplidor de lujos y materias primas preciadas para los europeos. Aquel orbe en crecimiento también sería un mercado de consumo cautivo para los productos excedentes europeos. El proteccionismo de la producción de los empresarios peninsulares y la prohibición de la competencia de los productores de las Indias, fue un mecanismo de control muy eficaz. Lo que luego se llamó mercado libre era interpretado como una amenaza. Para ello se necesitaba un estado fuerte por lo que la Monarquía Autoritaria se afirmó: Carlos V y Felipe II son los mejores emblemas de aquel momento. El Nuevo Mundo fue sometido al capital comercial europeo: el mercatilismo moderno había hecho su aparición. Los beneficiarios inmediatos del proceso fueron las Monarquías Autoritarias Cristianas Castilla y Portugal.

La nueva situación aumentó el volumen de oro y plata en manos europeas y alteró el patrón de precios a nivel continental. Europa se fue convirtiendo en una zona económica capaz de competir con los grandes mercados del Sur y del Sudeste Asiático, el mítico Oriente Lejano. A la larga, India, China y Japón, quedarían a expensas del poder europeo. Los musulmanes perdieron mucho de su poder en aquella región. El  Mundo Moderno sería uno controlado por Europa Occidental.

Por último, los viajes de exploración provocaron un debate intelectual muy intenso. Las nociones geográficas tradicionales –la idea de origen trinitario de los 3 continentes- fueron revisadas. El hallazgo de culturas con las características de las encontradas en el Nuevo Mundo, puso en duda la idea del progreso unitario de la humanidad. La necesidad de explicar aquellos descubrimientos y administrar bien aquel espacio, estimuló una unidad más íntima entre el Estado y la Iglesia. En Castilla se convirtió a la Iglesia en una dependencia del Estado. Ello coadyuvó a crear un tipo de Estado Fuerte alrededor de la figura del Monarca

Conclusiones

Los viajes fueron una aventura geopolítica y religiosa que ayuda a fundar las bases del Mundo Moderno. La nueva situación animó la actividad empresarial hispana. Ese procesó vinculó al Estado -la Monarquía- y la Iglesia Católica, al capitalismo comercial ascendente.El Estado las autorizaba y apoyaba materialmente; y la Iglesia las legitimaba y obtenía beneficios concretos para el Pueblo de Dios.

Siempre se trató de viajes regulados mediante un Contrato o Capitulación en el cual se establecían los beneficios de la Monarquía y del Descubridor, y los deberes de ambos con la Iglesia Católica. Convertir a los infieles era un deber contractual. La explotación económica de las tierras americanas se administró desde la ciudad de Sevilla, lugar en el que se desarrolló un poderoso  gremio o cartel comercial. Desde allí se establecieron las pautas económicas de  todo el proceso.

Los procesos de conquista y colonización establecieron un régimen de propiedad que duró hasta el siglo 18. Igual que el mercado libre, la propiedad privada de la tierra era una rareza. Las tierras descubiertas eran propiedad personal del Rey o Reina –realengas-.  Los únicos sectores con acceso a tierra titulada eran los conquistadores de primera generación. La administración de las tierras era responsabilidad del Conquistador. Los  beneficios de la tierra se distribuían entre el Conquistador y la Corona. La Corona y el Conquistador se comprometían a difundir la fe verdadera. Una economía social eficaz podía garantizar a la jerarquía eclesiástica y al cura común una vida holgada. Recuérdese que el cura vive de los derechos de estola y de los servicios que ofrece en la cura de almas. La utopía imperial se afirmaba sobre aquellos preceptos. La realidad era, sin embargo, muy distinta.

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