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Archive for the ‘Puerto Rico en el siglo 19’ Category

La Economía de Hacienda Azucarera

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 5 marzo 2011


  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

 

Las Haciendas Azucareras fueron un tipo peculiar de empresa. Eran complejos de producción que controlaban la fase agraria y la fase industrial de la generación de un bien social. Su ingerencia en el mercado terminaba al momento de colocar el producto en el mercado internacional, momento en el que cedían el poder a los agentes de negocios y a los comerciantes. La fase agraria incluía la siembra, cultivo, cosecha y corte de la caña de azúcar. La fase industrial envolvía la molienda, procesamiento y empaque del producto. Los productos generados incluían azúcar y sus derivados, tales como miel de purga, alimento para animales, ron y abono. Se trataba de una empresa compleja que convirtió a los Hacendados en un signo interesante de poder social. En términos muy generales estaban estructurados como los Ingenios del siglo 16 y 17 en la medida en que integraban una finca de gran extensión y una fábrica.

Casa Grande de Hacienda la Esperanza en Manatí (1977)

Una característica de las Haciendas Azucareras usaban tecnologías baratas y simples por lo que  producían azúcar moscabada o morena. Muchas no tenían  capacidad para producir azúcar refinado o blanco por lo que su capacidad para competir en un Mercado que ya producía azúcar de remolacha o de resina de arce, era poca. Durante la época de oro de la Economía de Hacienda Azucarera en Puerto Rico, la superproducción del azúcar abarató el producto limitando los márgenes de ganancia de los empresarios.

Otra característica determinante fue que dependían de la mano de obra esclava importaba del extranjero o reproducida localmente. El Estado y la Iglesia apoyaban la reproducción del sistema esclavista. El primero toleraba el tráfico negrero a pesar de la campaña internacional contra el mismo y de los tratados que había firmado el reino de España para abolirlo. Por otro lado, el Derecho Civil y Eclesiástico actuaban en connubio y aceptaba la validez de lo que denomino la Doctrina del Vientre Esclavo: el hijo de una mujer esclava crecería como esclavo independientemente de la condición jurídica del padre. El encarecimiento de los esclavos, favoreció la integración de mano de obra libre o jornaleros en las tareas de las haciendas. Se trataba de un mercado laboral mixto.

Debo llamar la atención sobre el hecho de que las Reformas Económicas en la colonia  dependieron de la subsistencia de la esclavitud para funcionar e incluso, ratificaron su valor social. En 1834 había 41,814 esclavos activos. En  1846 había 51,256 suma que representa el  tope en la estadística. Desde aquel momento en adelante, su presencia física comenzó a disminuir.

La geografía de la Economía de Haciendas Azucareras ofrece pistas sobre el desarrollo urbano de Puerto Rico en la primera mitad del siglo 19. Como se sabe, proliferó en la zona costanera: Mayagüez, Ponce y Guayama fueron tres de los más significativos grandes centros del dulce. Hacia 1850 había 789 Haciendas Azucareras registradas en el país. El territorio llegó a producir  el 5% del azúcar del mundo, y a ser el segundo proveedor de azúcar a Estados Unidos, detrás de Cuba. Ello explica que cerca del 60 % de la producción local se destinara a aquel mercado y es un factor que hay que tomar en cuenta a la hora de evaluar el 1898.

 

Las debilidades de la Economía de Haciendas Azucareras

Aquel espacio de producción fue un foco de intensas contradicciones de clase. Los choques entre amos y esclavos, patronos y jornaleros, esclavos y jornaleros, unidos a las competencias entre hacendados extranjeros, españoles y puertorriqueños, y entre la clase de los hacendados  y los comerciantes-prestamistas, fueron a su vez el  fermento de importantes luchas políticas.  Una de las más relevantes fue el debate sobre la necesidad y la moralidad de poseer esclavos. Los jornales de hambre que recibían los trabajadores  por una tarea de sol a sol, las malas condiciones de vida de los esclavos y los jornaleros, las mismas ventajas fiscales que por mucho tiempo disfrutaron los inversionistas españoles y los extranjeros fueron cuestionados. Eran debates que se podían politizar con facilidad. El  Estado y la Iglesia la censuraron por el peligro que representaba ponerla sobre la mesa categorizándolas como inconvenientes o subversivas.

Mercedita en Ponce hacia 1908

Otra fragilidad fue, como se ha sugerido, la ausencia de un sistema crediticio moderno en la colonia no había una banca comercial activa. El crédito agrario se obtenía de los comerciantes mediante el Sistema de Refacción en el cual los Hacendados sin dinero debían hipotecar la producción y las propiedades inmobiliarias para garantizar el pago de sus gastos a un comerciante-prestamista. El comerciante prestamista  pagaba los gastos de la cosecha por adelantado, pero facturaba entre un 12 y un 36 % de intereses, además de una comisión por vender el producto en el mercado internacional. Los comerciantes-prestamistas eran vistos por los hacendados como un adversario. Todo parece indicar que el sector estaba dominado por  españoles y extranjeros. La ausencia de crédito comercial fue un problema de largo alcance en el siglo 19. El primer banco comercial apareció en 1877: la Sociedad Anónima de Crédito Mercantil cuando ya la industria estaba en problemas.

La otra debilidad era que los precios del producto no se fijaban en Puerto Rico y dependían  de un mercado incontrolable y de los precios que se establecieran en la Bolsa de Londres. Puerto Rico fue un socio menor en la economía mundial. La combinación de todos esos factores fue la base de la crisis de la Economía de Haciendas Azucareras.

 

La esclavitud negra en la Economía de Haciendas Azucareras

Entre 1815 y 1850 la Trata Negrera y la Esclavitud fueron condenadas por la comunidad internacional, pero el crecimiento económico de Puerto Rico, dependía de la esclavitud. En 1817 España e Inglaterra acordaron abolir la Trata Negrera hacia 1820. Dado que no se podían sustraer esclavos del  África al norte de la línea del Ecuador, los consumidores de la isla los compraban al sur de la línea ecuatorial y en Estados Unidos. En 1835 se firmó un nuevo tratado entre España e Inglaterra el cual creó un sistema de registro bilateral y se dispusieron buques de guerra para la vigilancia del tránsito marítimo sospechoso. El acuerdo facultó la creación de tribunales hispano-ingleses que juzgaran a los violadores y estableció que las sentencias eran inapelables.

En noviembre de 1839, la Iglesia Católica Romana se expresó sobre el asunto. El Papa Gregorio 16 emitió Bula condenando la Trata Negrera y condenó a excomunión a los traficantes. Se trataba de una expresión moderada y simbólica: la Bula no condenó la esclavitud.  Por fin en 1845,  se firmó un nuevo tratado de abolición de la Trata Negrera extensivo a Puerto Rico. A partir de ese momento, la propuesta de Abolir la Esclavitud, tomó fuerza. El efecto de todo ello había sido que los precios de los esclavos subieron dramáticamente. La Economía de Haciendas Azucareras se encontraba en una incómoda situación. El reto era que había que modernizar la industria, comenzar a producir azúcar refinada y a la vez revisar los métodos de producción a la luz del cambio en el mercado laboral. Se hizo imperiosa la necesidad de maquinaria moderna y de instituir el trabajo libre. Cuando en 1848, en medio de la rebelión social en Europa, los precios internacionales del azúcar moscabado cayeron, la crisis económica azotó a la industria.

En  aquel ambiente maduraron otras ideologías políticas y sociales amenazantes. El pensamiento abolicionista, junto a las propuestas identificadas con el liberalismo, el constitucionalismo, el anexionismo y el separatismo polarizaron el debate público. La reacción de Estado fue afirmar el autoritarismo y el control sobre las clases subalternas y estrechar la vigilancia sobre los ciudadanos considerados subversivos.

 

Posted in Cédula de Gracias de 1815, Crisis económica, Esclavitud negra, Historia de Puerto Rico, Industria azucarera, Jornaleros, Puerto Rico en el siglo 19, Tráfico negrero | Etiquetado: , , , , , , , | 4 Comments »

Anti-figuraciones: bocetos puertorriqueños, un ejercicio de historia social

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 5 octubre 2010


  • Dr. Juan E. Hernández Cruz
  • Sociólogo y Miembro de la Academia de la Historia

Hoy nos ocupa aquí, comentar el más reciente libro del profesor Mario Cancel, amigo por el cual tengo un gran respeto intelectual y un genuino afecto. Un libro interesante, denso, como Mario nos ha acostumbrado a esperar de él, de un tema novedoso que refleja vivencias y experiencias de un grupo de ilustres puertorriqueños, casi todos de este Puerto Rico, el de la isla. Fue Don Arturo Morales Carrión el primero que convincentemente nos llevo a intuir los dos Puerto Ricos: el “primero” la capital; el otro, “la isla”. Yo añadiría otra categoría hoy: el Puerto Rico de la diáspora, de los que van y vienen.

Cada uno de esos Puerto Ricos tiene su idiosincrasia, su historia y su voz. En este libro Mario nos revela minuciosamente, interesantísimos girones de uno de ellos, el de “la isla”. Y lo hace a contrapelo de la historiografía y crítica literaria dominantes. Por eso, al él revelarnos las biografías de algunos representantes de ese mundo, que comparten espacios en una literatura marginal, o vivencias históricas dispares, lo resultante es una trama que se urde mediante una ingeniosa y extensa investigación.

El título del libro de por sí ya nos revela su intención, se trata de anti-figuraciones, o etapas de una biografía, o un acto de desdoblamiento del biografiado, y porque no decirlo, también del autor, y es que Mario escribe también desde una literatura marginal. (Cuando decimos aquí marginal, queremos decir al margen de la literatura del otro Puerto Rico, el oficial, el de la capital, que ha estado orientado hacia las metrópolis y los ismos e ideologías en boga.)

A mí me consta que el profesor Cancel no escribió estas biografías, o bocetos, con la intención de darnos una muestra vigorosa de la literatura marginal, o de la historiografía no convencional, eso surgió después, como el mismo lo relata en el prólogo. Y me consta, porque yo fui uno de los que lo entusiasmé para que se uniera a mí en un proyecto sobre la literatura sangermeña y escribiera el prólogo de la novela Kalila de Francisco Mariano Quiñones. Proyecto éste originado por el Círculo de Recreo de San Germán.

Anti-figuraciones: bocetos puertorriqueñosEn esa ocasión yo veía la posibilidad del especialista en historia y en literatura (Mario domina ambas disciplinas) libre de ataduras dogmáticas, para que escribiera la biografía de Don Francisco Mariano Quiñones y ubicara su novela desde una perspectiva crítica. Sé que otros de los trabajos incluidos en este libro también fueron solicitados por las mismas razones y en reconocimiento de su dedicación y erudición.

El resultado de esos trabajos encomendados en diferentes ocasiones, por un periodo de varios años y por diferentes personas, constituyen el volumen que hoy se nos presenta con voz propia y con una nueva personalidad. Se trata de Anti-figuraciones: bocetos puertorriqueños que así es el título completo del libro.

En el caso del ensayo de Mariano Quiñones, titulado “De Kalila a la literatura nacional o el oprobio del cosmopolitanismo” que ya he comentado en otro contexto, se refiere a la complejidad de la novelística de ese autor, la cual ha sido construida, y cito a Mario, “sobre los cimientos de la literatura masónica y mágica” para luego añadir “tan extrañas en la tradición literaria nacional”. Razón por la cual ha sido clasificada como marginal, debido a que rompe con la mayor parte de los moldes de lo que la crítica puertorriqueña ha considerado clásicos, como expresiones del S.19. Mario Cancel nos recrea los discursos del romanticismo y el nacionalismo, que encontrarían su mejor vehículo de expresión en la novela de Occidente, y el criollismo y naturalismo, que serían lo propio en la novela puertorriqueña. Acotando que serían a su vez los que menos peligro representarían para la ideología del régimen español de la época.

Otra posible lectura de estos textos es desde el interaccionismo simbólico, una de las microteorías de la sociología. Partiendo de la tesis de Simmel, y su concepción del pensamiento dialéctico, que él describe como multicausal y multidireccional, integrando hechos y valores y rechazando la idea de que hay líneas divisorias tajantes entre los fenómenos sociales. Simmel pone énfasis en las relaciones sociales y el interés, además de reconocer la importancia del presente, en relación con el pasado y en la proyección del futuro. Siendo este último el aspecto que hace a la obra de Mario atinada y permite que hagamos esa lectura simmeliana.

Todos los bocetos, o relatos biográficos del libro, nos revelan unos personajes y unas contradicciones, que son importantes para descifrar ese pasado y para ayudarnos a un entendimiento de este presente. Como diría el propio Simmel “el mundo puede entenderse mejor en términos de conflicto y de contrastes entre categorías opuestas”.

La posición de Simmel establece que el mundo está compuesto de innumerables acontecimientos, acciones e interacciones. Para orientarse en el laberinto de la realidad (que él llama los “contenidos”) las personas la ordenan, mediante su reducción, a modelos y formas. De esta manera, el actor se enfrenta a un número limitado de formas, en lugar de a un conjunto de acontecimientos específicos. La tarea del sociólogo y valga la pena decir del historiador en este caso, de acuerdo a Simmel, consiste en hacer lo mismo que el lego; esto es, imponer un número limitado de formas a la realidad social, a la interacción en particular, para que de esta manera pueda analizarla mejor. Esta metodología permite por lo general obtener un extracto de las características comunes que se encuentran en un amplio frente de interacciones específicas. Un ejemplo de ello serían las formas interactivas de superordenación y subordinación que se basan en una vasta gama de relaciones, “tanto en el estado, como en la comunidad religiosa; tanto en una asociación económica, como en una escuela de arte o en la familia”.

Hay en estos trabajos un paralelismo con lo que Simmel nos propone, eso es fijarse en un fenómeno específico, finito, de entre los acontecimientos más amplios del mundo en general, el examen de la multiplicidad de elementos que lo pueden componer e indagar su causa, que le da coherencia y así descubrir su forma. Investigar entonces los orígenes de esas formas y explorar sus implicaciones estructurales.

Este enfoque tiene el riesgo de que el investigador imponga un orden donde no lo había y de producir una serie de estudios inconexos, que a la postre no se acerque al construido por los legos. Eso no ocurre en este trabajo, que resulta coherente y nos revela situaciones específicas, partiendo de esa realidad que yo he conceptualizado como “el otro Puerto Rico” ubicada en la comparación con el “primer Puerto Rico” y el más amplio, del mundo en general. En este caso, ese enfoque nos permite entender mejor a Lola Rodríguez de Tió (Imágenes de una poeta: un asomo a la bibliografía de Lola Rodríguez de Tió) y la necesidad expresada por don Emilio del Toro Cuebas de que se escribiera la biografía de Lola, “la de la patriota”. Necesidad que se repetirá, al decir de Cancel, por diferentes estudiosos, en diferentes momentos históricos hasta el presente. El profesor Cancel recurre entonces a hilvanar los pasos de Lola, señalando el exilio y las dificultades de reconstruir éste, terminando con una oración lapidaria: “Los peregrinos (exiliados) no dejan de ser figuras marginales de una versión de la historia que se ve precisada a citarlos pero no puede integrarlos cabalmente a sus grandes invenciones nacionales”.

La contradicción de la dama de alta sociedad, señalada por Cancel, que prestó su casa en La Habana para guardar “armas, municiones y explosivos” o la ruptura de ella con algunos de los moldes impuestos por un orden social dominado por los hombres puede que sea resuelto en el “futuro” a que hace alusión Simmel. Esa biografía de la patriota que reclamaba del Toro Cuebas posiblemente sea escrita en su otra “realidad social”, la cubana y en Puerto Rico siga siendo “la poeta refinada que pululó libremente entre Alejandro Tapia y Rivera y José Gautier Benítez”. Aunque sospecho que ese sea un reto que tomé el mismo Mario y nos sorprenda con una biografía de Lola que integre su polifacética vida.

El caso de Loida Figueroa (en el ensayo El discurso histórico de Loida Figueroa Mercado: apuntes iniciales) que a decir de Cancel se podría definir como una “historiadora tradicional” en el momento en que se originaban unos postulados de la “nueva historiografía”, este precisa, hablando en el lenguaje de Simmel; los “contenidos” de romanticismo, positivismo, y nacionalismo, para darle “forma” en el “compromiso con una causa”, lo que le dio personalidad al discurso histórico de Loida Figueroa, marcándola como “una figura única entre las mujeres que trabajaron la historia en el S.XX”.

En este ensayo Mario utiliza también un concepto del interaccionismo “el performance”, la actuación que también refleja la influencia de Erving Goffman sobre su trabajo. Quiero hacer un comentario final en mi rol de editor: este es un libro atractivo y bien hecho, con un excelente papel color marfil viejo y una letra legible, un libro atractivo y fácil de leer. Felicito a los editores de Isla Negra. A Mario, enhorabuena.

Comentario en torno al libro Anti-figuraciones: bocetos puertorriqueños de Mario R. Cancel (Isla Negra Editores, 2003) leído el 22 de abril de 2004 en la Biblioteca Juan Cancio Ortiz de la Universidad Interamericana de  San Germán.

Posted in Anti-figuraciones: bocetos puertorriqueños, Erving Goffman, George Simmel, Historia de Puerto Rico, Historiografía y teoría, Juan E. Hernández Cruz, Mario R. Cancel, Nacionalismo cultural, Puerto Rico en el siglo 19, Puerto Rico en el siglo 20 | Etiquetado: , , , , , , | Leave a Comment »

Documento y comentario: Betances ante la invasión de 1898

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 12 julio 2010


Carta Núm.1 De Ramón E. Betances a  Julio Henna

Arcachón (Gironde), 16 abril ’98

Querido Julio:

La noche del día en que usted me escribió (primero de abril) estaba yo moribundo. Me dio un ataque de opresión (uremia) al llegar de París, que se repitió el 5. Después me quedé con congestión pulmonar doble y todavía no he salido, en este país donde el tiempo es primaveral, sino un par de veces a tres o cuatrocientos pasos del Hotel. Espero reponerme un poco para volver a París.

Sección de Puerto Rico (1896)

Contesto su carta: Veo que está usted siempre muy excitado contra Estrada y usted me perdonará hacerle algunas reflexiones que no tienen más objeto que el bien de la revolución en Puerto Rico. No se exaspere tanto. Lo más que necesitamos es unión. Es bueno ponerse en su lugar y yo me pregunto si cualquier otro cubano, en su lugar, no hubiera hecho otro tanto, y si teniendo a su disposición de armas para Puerto Rico, donde la sublevación era problemática, no hubiera echado manos de esas armas urgentemente pedidas por sus compatriotas próximos a ser degollados. Además, no hay que juzgar a todo un pueblo por uno de los suyos. Estrada no es Cuba, y allí tenemos gran número de simpatizantes, desde Masó, Gómez, Calixto, Mayía, Miró, Lacret y otros Generales, entre los cuales figuró Antonio Maceo, hasta nuestros capitanes y tenientes borinqueños.

Cálmese y obremos de acuerdo. Así estaremos seguros de alcanzar más pronto nuestro objeto. Porque hay que desengañarse: la América es una gran nación pero no le es simpática a todo el mundo. Es claro que, si no se puede obtener otra cosa, valdría más llegar a formar un estado en la Unión que seguir siendo españoles; pero ninguno de nosotros tiene el derecho, como los jefes africanos, de coger el país y entregarlo a un poder extranjero. Esa decisión no le pertenece sino a todo el pueblo portorriqueño. Yo doy mi nombre para la revolución; no para la conquista de mi tierra.

Ya usted ve que en esas condiciones no le puedo dar importancia a la «Revolución» de los clubes de Santo Domingo.

***

Hablemos ahora de mí. Yo que nunca he temido a nada en este mundo, tiemblo al pensar lo que habrá de ser mi situación cuando vuelva a París. En otra ocasión le escribí a usted que apenas me quedaba clientela alguna como médico. La que una vez fue suficientemente numerosa, la he descuidado para dedicarle todas mis actividades a la causa de Cuba. Hoy soy como un apestado con quien no quieren cuenta aquellos que quieren seguir bien con España; y los hay que cuando me ven llegar, me huyen, temerosos de que voy a pedirles para la causa de Cuba.

Naturalmente que hay excepciones en este último terreno, pues son muchos los que mensualmente contribuyen espontáneamente con cantidades generosas; pero esto es lo que tiene que ver con el Agente de Cuba. El doctor Betances, como tal doctor, no tiene clientela y ha tenido, para vivir, que ir vendiendo todo aquello que tenía precio y podía venderse fácilmente. Sólo me queda un objeto de arte, y precisamente por serlo, nadie quiere comprarlo. Me refiero al célebre retrato que me hizo el pintor español Domingo, que figuró en la Exposición de París, y que fue tan admirado. Nadie compra un retrato del doctor Betances, aunque lo haya pintado el celebrado pintor Domingo. Veremos.

Betances

Carta Núm. 2: De Ramón E. Betances a Eugenio María de Hostos

París, 7 de junio de 1898

Querido Hostos:

Ya debe usted haber llegado a esta fecha al centro de operaciones. ¡Cuánto me alegro!

Por desgracia yo estoy también muy lejos y por mil razones no puedo hacer como usted. Conviene mucho que usted esté ahí y que, como yo, haga presión todo lo posible sobre Henna, para que se mueva hasta obtener para Puerto Rico las mismas concesiones, siquiera, que se le hacen a Cuba.

Ya usted sabrá las exigencias de los americanos.

1. ° Puerto Rico entregado a los Estados Unidos, definitivamente, como indemnización de guerra.

2. ° Cuba entregada temporalmente hasta que los cubanos hayan organizado un gobierno.

Y tenemos que los puertorriqueños, bajo la influencia española, pretenden resistir a la invasión americana. Los jíbaros no sueltan su escarapela sangre y oro del sombrero, y se arman con decisión. Esta situación puede traer a la isla inmensas desgracias.

New York Times (1898)

He perdido mi tiempo queriendo abrir los ojos a los políticos españoles, para que tratásemos directamente sobre la base de nuestra independencia lo que hubiera impedido la intervención yankee y habría sido aceptado por el pueblo. No ha sido posible hacerles comprender esta necesidad, que les habría conservado nuestras simpatías y ventajas comerciales, además de una indemnización.

Por otro lado me parece que Henna no se preocupa sino de arrancar la isla de manos de los españoles, aunque caiga luego en la de los americanos como territorio.

Le he escrito que deben dos o tres formarse en comisión, ponerse a la voz con el gobierno yankee y hablar claro; esto es, decir la verdad: Puerto Rico no quiere pertenecer a la Unión. Está resuelto a resistir. Esto puede producir desastres irreparables. América debe ser generosa. No puede pedir que nos sometamos a una conquista, cuando casi todo nuestro comercio y nuestras industrias hemos de tenerlo con ella. La independencia para nosotros es nuestra salvación y para los americanos una fuente más considerable de riquezas.

Un pueblo pequeño en un país muy poblado no puede hacer más que trabajar, para ser feliz, etc., etc.

Yo estoy preparando aquí el terreno para ver si se puede ejercer alguna influencia sobre los hombres de Madrid y sobre los de Washington.

Escríbanle a Henna en el mismo sentido. Yo lo he hecho ya y seguiré haciéndolo. Henna desgraciadamente es muy yankee, pero va equivocado, y le he escrito que sería un crimen de parte de nosotros, exponer el pueblo puertorriqueño a las desgracias que puede traer una resistencia ciega.

La independencia absoluta es lo que puede salvarnos. Yo creo que estaremos; para ella, en mejores condiciones todavía que los cubanos.

Yo le hubiera ya escrito a Máximo Gómez y a Calixto García, haciéndoles estas reflexiones; pero creo que mis cartas no llegarán a sus manos. Vea si de ahí usted puede hacerlo directamente.

Esta situación me llena de inquietud.

***

Entiéndanse también en ésa con Guzmán Rodríguez (de Añasco), que está en Macorís expulso. Le escribo que se vea con usted.

***

En este día se ha corrido la noticia que hay revolución en Santo Domingo.

Trabajemos en bien de nuestra pobre «islilla», que puede hacer la felicidad de su millón de habitantes, si tenemos la fortuna de ver nuestro sueño realizado.

Con un abrazo cordial.

Betances

Tomadas de Ramón Emeterio Betances, Las Antillas para los antillanos. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1975. págs. 239-241 y 258-261. Prólogo de Carlos M. Rama.

Comentario:

La carta a Henna, escrita desde Arcachon, cerca de Burdeos, donde convalecía de insuficiencia renal. Su situación de salud ya no mejoró del todo. Betances, además, había sufrido el rechazo de un sector de la migración cubana en París y no se encontraba en una buena situación económica. Por otro lado, la guerra se cernía sobre la inmigración y el exilio, hecho que reclamaba revisar las tácticas para poder enfrentar el proceso y sacar ventajas del mismo. El 15 de febrero había ocurrido el hundimiento del Maine. El 28 de marzo, una Comisión investigativa americana determinó que la causa del incidente era una mina, conclusión que negó una Comisión española. El 25 de abril Estados Unidos declaró la guerra a España. Pocos días después del 25, Betances tuvo una reunión con el influyente Embajador de Estados Unidos en Francia, Gen. Horace Porter, como parte de las indagaciones del diplomático en torno a la frágil situación financiera de la monarquía española.

Gen. Horace Porter

La carta a Hostos, escrita desde París se redacta tras el bombardeo de San Juan el 12 de mayo y poco después de la movilización de la Marina hacia las costas de Cuba. En ella Betances ha definido una táctica que espera acelere la consecución de la Independencia de Puerto rico en el marco de la Guerra Hispanoamericana. Los documentos reflejan, pues, la tensión de Betances ante los hechos que se aceleran sin control.

La propuesta de Betances es simple. Primero, hay que evitar las tensiones entre cubanos y puertorriqueños hasta donde sea posible y mantener la unidad. Henna deberá tolerar las actitudes de Estrada Palma en nombre de los fines estratégicos del proyecto revolucionario. La expresión “América es una gran nación” demuestra que todavía se confiaba en que la invasión de Estados Unidos abriera una puerta para la independencia. Betances debía afirmar ese hecho en particular ante Henna quien defendía públicamente la anexión. Todavía anexionistas e independentistas podían trabajar por una causa común. La voluntad francamente modernizadora y progresista de Betances, le lleva a afirmar que “valdría más llegar a formar un estado en la Unión que seguir siendo españoles”. Eso no lo convertía en un anexionista como han alegado algunos comentaristas: le afirmaba como antiespañol y le ponía en posición de convencer a Henna de que debían y podían aunar esfuerzos “contra España” por encima de su divergencias estratégicas.

Segundo, aprovechar que el destino de Puerto Rico dependía del destino de Cuba. Betnaces recomienda que se evite resistir a los invasores porque ello “puede traer a la isla inmensas desgracias”. Que se cree una Comisión que informe a los americanos que “Puerto Rico no quiere pertenecer a la Unión” y de ese modo impedir pacíficamente la anexión. Negociar un acuerdo y convencer a estados Unido de que un Puerto Rico soberano será “una fuente más considerable de riquezas” que uno anexado. La nota a Hostos demuestra que, en ese momento, confía más en su capacidad para enfrentar en conflicto que en la de Henna. El camino de la Independencia lo abrirá la diplomacia inteligente. No contaba Betances con que Hostos no favorecía esa táctica sino el plebiscito racional, como articuló luego en la Liga de Patriotas.

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

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