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La discusión cultural y la educación en Puerto Rico

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 31 mayo 2007


  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

La producción cultural de última generación ha dado unos enormes pasos de avance en la superación de esa herencia que frena las posibilidades de enfrentar el cambio hoy. La producción cultural desde los años 1980 ha mostrado un interesante giro ideológico. La discusión de la historia como una carga pesada y la del presente como un entorno angustiante, ha dado paso una percepción más tolerante y comprensiva del presente e, incluso, a la celebración de algunos aspectos de la postmodernidad.

La producción cultural del presente se ha interesado en una diversidad de aspectos inusuales que estimulan la definición de la nacionalidad desde una perspectiva más abierta. Con ello se anima el desmantelamiento de ciertos valores de la modernidad que hoy son motivo de conflicto y de pugnas. El lenguaje de la producción cultural reciente puede abonar a la comprensión sosegada del giro característico de la era global y el siglo 21.

Pero lo cierto es que el lenguaje de la discusión cultural y el de los sistemas educativos no están todavía en total sintonía por una multiplicidad de razones.  En ese sentido, la labor de los sistemas educativos del estado tiene que ser revisada y puesta al día para que cumpla con una parte importante de su responsabilidad social. La crisis del sistema de educación pública pre-universitaria está relacionada con los altos costos del proyecto y con la ineficacia del producto educativo a la hora de subyugar a un estudiantado cambiante. El hecho de que la calidad del producto educativo sea determinada acorde con los criterios de Estados Unidos profundiza la situación. Es claro que esa condición tiene que ser aceptada si se pretenden garantizar las transferencias federales de educación que tanto necesita un sistema por demás costoso.

Pero el problema de sistema de la educación pública pre-universitaria no es simplemente uno de costo-efectividad. Se trata de un dilema filosófico y pedagógico que está relacionado con el lenguaje de la educación y los procedimientos educativos. No es posible ganarse a los jóvenes de los tiempos de la revolución informática y el hiperconsumo con señuelos educativos de un pasado que les resulta totalmente ajeno. Muchos de los contenidos del paquete educativo del sistema de educación son insólitos para la niñez del presente y ese extrañamiento del contenido de la educación está generando resistencia y distancia.

No se trata de cambiar peregrinamente los contenidos y olvidar el pasado de un todo. Se trata de revisar el lenguaje y los procedimientos de transmitirlo de modo que se pueda reformular la representación de esos contenidos y hacerlos comprensibles en la era de la revolución informática y el hiperconsumo.  El sistema de educación pública universitaria, si bien avanza en ese proceso de renovación, no parece haber cambiado lo suficiente. La distancia entre ambas esferas se profundizará en los próximos años en la medida en que los sistemas hablen lenguajes distintos.

La necesidad de reformular la educación pública de una manera integral —en el plano pre-universitario y en el universitario—es perentoria. Desde esas esferas se puede suplir la necesidad de orientación e información fidedigna que el liderato público y el establishment político de poder han sido incapaces de ofrecer. En el proceso, la universidad y los universitarios tendrán que abandonar la timidez que ha caracterizado a la institución desde los grandes conflictos de 1981. Las voces autorizadas del sistema universitario tienen que hacerse oir en la comunidad como universitarios.

El otro dilema clave en este proceso tiene que ver con los costos que acarrea ese esfuerzo. Los costos de la de educación pública pre-universitaria y de la educación pública universitaria son cada vez más altos. La tendencia del sistema ha sido descargar la responsabilidad de cubrir esos aumentos en el estudiante-consumidor de la era global. El fenómeno de los altos costos de la formación educativa tiene que ver con muchos índices: desde los costos de matrícula, servicios médicos y cuotas de tecnología hasta el de la mercancía cultural del libro y otros materiales de estudio.

El síndrome puede trasformar el acceso a la educación pública, uno de los más preciados valores de la modernidad, en un mito. Las diferencias entre los sistemas públicos de educación —con su énfasis en la responsabilidad pública— y los privados —con su énfasis en la costo efectividad—son cada vez menos notables y el proceso parece que inevitablemente se profundizará en los próximos años.

El papel de la discusión cultural y de los sistemas educativos pre-universitariosuniversitarios en este momento de transición es simple. Sus esfuerzos tienen que convenir en preparar a Puerto Rico para comprender la era de la revolución tecnológica e informática que se vive y sus efectos en la cultura cotidiana de todos. De más esta decir que las desventajas de los países caribeños y latinoamericanos en el territorio de la tecnología y la informática, reproducen las disparidades que ya tenían respecto al mundo capitalista avanzado antes del giro de fines del siglo 20.

Para el estado la inversión sistemática y cuidada en las áreas claves de investigación y desarrollo (ID) tiene que multiplicarse a fin de que pueda intervenir con ventaja en un proceso que resulta imposible eludir. Esa será la única garantía de que el país pueda ser funcional y competitivo en el siglo 21. La resistencia al cambio deberá ser comprendida de una manera amplia. La tolerancia a los patrones de resistencia será crucial. Tenemos que tener claro que lo que se experimenta es un cambio notable en los modelos de producción a nivel global que impactan la vida social y cultural de la nación mucho más allá del mero acceso a las tecnologías de consumo que es el segmento más visible de este proceso.

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