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Rusia Zarista-Unión Soviética: dos mundos

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 4 septiembre 2007


  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

reagan_gorvachev

Uno de los problemas teóricos más interesante para el intérprete de la historia es precisamente la cuestión de la continuidad y la discontinuidad entre la cuestión rusa y la cuestión soviética a partir de 1917. En la práctica los rusólogos y los soviétologos son dos tipos de especialistas distintos que aceptan que trabajan con objetos de estudio diferentes.  Una de las condiciones que estimula la afirmación de esa percepción, es el estudio de las relaciones internacionales de los rusos y los soviéticos antes y después de la Gran Guerra (1914-1918). Antes de la guerra la intelligentzia rusa reconocía que el Imperio se hallaba en una situación de desventaja respecto a los mayores centros de poder mundial.

En el ámbito político y militar el poder de las potencias Europeos en especial Inglaterra, Francia y Alemania era notable. En el ámbito económico y financiero impresionaba sobre todo la capacidad de Estados Unidos, Suiza y los Países Bajos. La admiración por el éxito del modelo americano y su eficacia era común incluso en el caso de ciertos revolucionarios rusos antimonárquicos. El caso de Lev Trotski durante su periodo de militancia en las filas del Partido Socialista Revolucionario (1905-1910), es el más notable.

A la larga la admiración se trastocó en oposición en especial después del 1918. En aquel momento las autoridades de Estados Unidos apoyaron a los ejércitos anti-bolcheviques, los blancos por oposición a los rojos, en una Guerra Civil (1917-1920) que compartió muchas de las características de una guerra de invasión imperialista. A la altura de 1920 Vladimir Lenin señalaba a los americanos como una estado dominado por el poder de los trust y las grandes corporaciones. El reconocimiento del estado soviético por parte de Estados Unidos no se consolidó sino hacia 1933 bajo el gobierno Franklin D. Roosevelt. La depresión, el discurso del Nuevo Trato y los avances del fascismo en Europa fueron cruciales en la decisión y los costos políticos que tuvo ello para la administración Roosevelt son bien conocidos.

Del mismo modo, antes de la guerra del 1914 la filiación de la Rusia Zarista con Francia era muy intensa. Los franceses no solo fueron un aliado poderoso de los Romanov sino que fueron un modelo cultural a imitar. Por el contrario, el mundo inglés y sajón siempre había sido uno distante y ajeno. Los entresijos del sistema de relaciones internacionales contencioso entre los inglese y los franceses se evidenciaban en aquel diseño.

Sin embargo, después de 1918 el balance general cambió. Las relaciones de la Rusia Soviética con Francia se agriaron. Francia fue la potencia europea que más respaldó a la resistencia blanca anti-bolcheviques durante el periodo de la Guerra Civil. Inglaterra, por el contrario, estuvo dispuesta a establecer relaciones económicas con Rusia Soviética hacia 1921. La diplomacia inglesa y la francesa estaban conciente de que Rusia Zarista y Rusia Soviética eran dos mundos distintos.   

La Gran Guerra (1914-1918) fue el contexto de una serie de cambios radicales hacia el interior del orbe ruso y, en cierto modo, aquellos cambios considerados revolucionarios por su radicalidad, justificaron la segregación de la Rusia Zarista y la Rusia Soviética.  La situación es más compleja. Entre los años 1905 y 1922 todo cambió en el oriente europeo. Los parámetros del giro se pueden sintetizar del siguiente modo. En 1905 una revolución presionó al poder de los Romanov a favor de la construcción de una monarquía limitada. Las metas políticas del proyecto se circunscribían a la constitución de un gobierno responsable a un parlamento electo. Lo único que consiguió fue la consolidación de una Dumadébil que hacia 1907 ya había sido desposeída de todos sus atributos. La presión popular fue espontánea pero los observadores afirman que la resistencia de las masas de la ciudad y del campo se caracterizó por su desconexión mutua. Ello abrió un intermedio revolucionario que duró hasta 1917.

Los procesos de febrero y marzo de 1917 representan el momento de la caída del Imperio Zarista en un momento en que todavía el culto al autócrata sagrado seguía siendo un poderoso argumento para el pueblo ruso. La caída del zarismo entre febrero y marzo fue interpretada como una revolución acorde con la tradición francesa. Los procesos de octubre y noviembre de 1917 profundizaron la experiencia de cambio. De hecho, iniciaron la historia de la Rusia Soviética se extendió desde 1917 hasta 1922. Ese año se inauguró la Unión Soviética cuya historia no terminó sino en 1991.

Obviamente, resulta más sencillo establecer una línea de continuidad entre la Rusia Soviética y la Unión Soviética que entre cualquiera de ellas y la Rusia Zarista. Después de todo, la revolución se debía interpretar como una afirmación de la discontinuidad o como una negación de la negación, si se usaba el lenguaje hegeliano. Esa ha sido la imagen que se ha querido imponer de Octubre de 1917: la de una ruptura radical con el pasado. Pero la experiencia interpretativa demuestra que ese tipo de ruptura totalizadora es una mera ficción ideológica. Una mirada cuidadosa de los procesos demostrará que ciertos elementos de continuidad marcaron el proceso que comunica entre Rusia Zarista y la Unión Soviética.

El primero y el más evidente es el hecho cultural del papel dominante de la Rusia Eslava antes y después de Octubre de 1917. Rusia es un estado de más de 6.5 millones de kilómetros cuadrados (1.8 veces el territorio de Estados Unidos). Su protagonismo político, económico y cultural de Rusia Zarista fue determinante. El territorio ruso fue cabeza del poder y, en consecuencia, el escenario de las Revoluciones de 1905 y de febrero y octubre 1917.

Hacia el año 1922, después de la consolidación de la Unión Soviética, Rusia conservó su papel dominante en aquel enorme mundo. Los únicos estados con los que compartió su protagonismo fueron Ucrania y Bielorrusia. El hecho de que ambos fueran predominantemente eslavos como Rusia, fue crucial en aquel proceso. Sin embargo la preponderancia de los eslavos rusos sobre los ucranianos y los bielorrusos fue evidente.

Del mismo modo, las relaciones con los estados de la periferia no eslavos – los bálticos, los fineses, y los khanatos musulmanes-, o con las minorías etno-nacionales -judías, alemanas, polacas- fueron de disparidad y sometimiento.  La disolución en 1991 cuando disolvió la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas no alteró los parámetros de la relación. Cuando se fundó la Comunidad de Estados Independientes (CEI), el mayor peso de las responsabilidades y poderes correspondió a los presidentes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia.

La unión fuerte defendida al parece hasta el último momento por la gestión de Mijail Gorbachov, dio paso a una unión débil en la que Rusia conservó sus posición dominante tradicional.  El 1991 resultó ser el final de un proyecto secular. La renuncia de Mijail Gorbachov implicó el final del sueño de recuperación del espíritu de 1917: la pureza original y primitiva del leninismo. La muerte del proyecto soviético reinauguró el asunto de cuáles han de ser los parámetros de la historiografía rusa. El estado ruso retornó a una posición de debilidad con respecto a Europa –que se encaminaba a la unión- y Estados Unidos- en franco proceso de recuperación tras una década de crisis.- En cierto modo se trató de un retorno la situación anterior a la guerra de 1914.

La Rusia Post Soviética ha vuelto a acercase a los países europeos en una reedición del sueño occidentalista que primó en buena parte de la intelligentzia del siglo 19. En esa dirección volvió a manifestar su aspiración a integrase a la Unión Europea. Mirando fuera de Europa desarrolló una relación de intensa cooperación con Estados Unidos. Los dos modelos más interesantes han sido la cooperación en la Operación Tormenta del Desierto (1997) y en la llamada Guerra Contra el Terrorismo (2002). Aquella relación con Estados Unidos solo se ha visto lacerada recién en el verano de 2007 pero todo parece indicar que el choque no desembocará en una crisis.

4 comentarios to “Rusia Zarista-Unión Soviética: dos mundos”

  1. mrcancel said

    María, me gustaría recibir algún otro comentario suyo sobre las columnas. Puede hacerlo en confianza.

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  2. Maria Fernanda Benitez Cañas said

    No que es algo muy interesante.

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  3. Ricardo González López said

    Es muy interesante la polémica que trae la historia en cuestiones asiáticas y europeas de la continuidad y la discontinuidad.
    El imperio ruso y el soviético parecen ser tan distintos como parecidos.
    Respecto al restante de los imperios del Mundo por ejemplo: Japón en 1905 fue reconocido entre los mayores imperios del oriente asiático compitiendo con Estados Unidos, tan es así que Rusia tuvo que retirarse derrotada ante Japón. Para los imperios, Rusia no era una amenaza.
    Después de que Japón se inicia entre las potencias, Rusia tendrá que empezar a evolucionar en medio de una nueva crisis y es aquí donde entra una polémica de continuidad o discontinuidad.
    Lo cierto es que la guerra civil dentro de lo que constituía el territorio del imperio de los Zares marcó un puente para la historia cuando los bolcheviques entraron en competencia con los demás grupos revolucionarios entre ellos la clase burguesa.
    Una de las formas de mirar el contexto histórico de principios del siglo XX es mirar con detenimiento y con amplitud el proceso de las relaciones de los Soviéticos, los Burgueses y el Zar con los extranjeros. Un ejemplo de discontinuidad es la ruptura entre Rusia y Francia durante la Guerra Civil y luego en la Guerra Mundial con otros países como Alemania. Un ejemplo de continuidad sería materia de investigación utilizando la teoría de los conflictos entre clases sociales que persistió.

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  4. Carlos E. Lugo Lorenzo said

    Me interesa la cuestión de la aparente descontinuidad del proceso histórico de Rusia. En el 1917 el cambio fue uno rotundo, aunque el poder de una pequeña elite tomó el poder como vanguardia del sector proletariado. El poder del Estado persistió, el cambio ocurrió, las relaciones son otras respecto a otros países y el mapa geopolitico es otro. Pero al parecer la tradición persiste y resiste los cambios. El sentir etnocentrista de los eslavofilistas está presente respecto a otras etnias vecinas. Esto me parece un poco la afirmación de la aparente descontinuidad. En qué se diferencia la Rusia Imperial de la Unión Soviética. Si lo vemos en los cambios que surgieron en la estructura hubo ciertamente una descontinuidad, que tal verlo en un plano de Rusia como distintivo de los otros, esto es aparte de los sentimientos antieslavofilistas que siempre han estado presente en el sector europeizado que afecta el sentir nacional eslavo. Tiene que ver mucho el área geografica, la historia de aislamiento, su religión y su dificuldad de tener accesos. En este aspecto hubo un emperador ruso que se encargó de conquistar para tener salidas al mar además de tener la encomienda de europeizar a los rusos y a Rusia. La cuestión de la continuidad se logra ver partiendo de la tradición rusa respecto a los demás, aunque no se si esto tenga algo de cierto, tengo dudas respecto a la cuestión.

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