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La legitimidad de la dictadura del proletariado

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 14 septiembre 2007


  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

    obreros_sovieticosLa razón de ser de la dictadura del proletariado deriva de los paradigmas básicos del sistema ideológico. En primer lugar depende de la identificación de la clase obrera armada con el pueblo, con el estado y con la vanguardia. En segundo lugar se sostiene sobre la idea de que la vanguardia organizada en el partido representa de modo transparente las aspiraciones de la clase obrera armada y el pueblo.

    Todo ello conduce a aceptar que el estado en la dictadura del proletariado no coacciona al obrero sino que reprime al burgués. La idea del progreso inalienable de la humanidad en la dirección del comunismo a través del socialismo es crucial a la hora de aceptar la nueva situación. Lo que luego se ha llamado el socialismo real (1917-1991) fue la etapa de la dictadura del proletariado,  la fase inferior o primera de un proceso hacia el comunismo que no se consolidó.

    ¿Qué papel juegan los paradigmas antes comentados en la historiografía?  En lo esencial estructuran la discursividad histórica, la cargan de sentido y la legitiman. En ese sentido generan una visión oficial de la revolución y sugieren un programa para el futuro. La redención proletaria, el destino comunista, el partido y la dictadura del proletariado llenaron de contenido la vida social y la historiografía soviética en la medida en que generaron un discurso técnico confiable por sus presunciones de cientificidad y objetividad.

    Pero la estabilidad de un sistema explicativo de cualquier naturaleza depende de varias cosas. Obedece a la confianza del observador en los conceptos que maneja y al compromiso emocional y no racional con la causa que postula. Pero la confianza y el compromiso emocional conducen a que se trate a los paradigmas y meta-dogmas como si fuesen verdades dadas o esenciales y ese tipo de preceptos no se cuestionan. En la praxis funcionan como artículos de una fe acrítica.

    La discursividad historiográfica soviética toma dos direcciones básicas. Por un lado, la que proyectó a la Rusia Soviética como la vanguardia de los pueblos eslavos y no eslavos sujetos a su influencia. Por esa vía se justificó su influencia y su posición de liderato en Eurasia. El procedimiento condujo a articular el discurso desde una perspectiva etno-nacionalista.

    Por otro lado, proyectó a la Unión Soviética como la vanguardia de la clase obrera internacional. Por esa vía alterna justificó su influencia y su posición de liderato a nivel internacional y mundial. El procedimiento condujo a articular el discurso desde una perspectiva de clase e internacionalista.

    En efecto, se trata de dos perspectivas contradictorias y en teoría excluyentes. En algún momento la revolución internacional y la revolución nacionalista chocarían. El dilema de la revolución de octubre de 1917 era simple en apariencia: de qué modo podía sobrevivir una revolución con una ideología internacionalista en un mundo de naciones. La solución de Lenin y Stalin fue hacer concesiones al nacionalismo.

    El papel de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas fue equivalente al del Reino Unido en tiempos del imperialismo. Para los ingleses conquistar un imperio equivalía a cumplir con su responsabilidad civilizatoria. Sus ideólogos lo llamaron metafóricamente el White Man Burden. El Destino Manifiesto y el 1898 estadounidense se apropiaron de manera análoga.

    Todavía hoy ciertos ideólogos estadounidenses presumen una responsabilidad histórica con la democracia para legitimar su intervencionismo en tiempos de subjetividad rampante como fue el momento del 11 de septiembre. En ambos casos el signo social que ejecutó la responsabilidad estuvo representado por unos sectores en particular: el capitalista comercial, el capitalista financiero, el misionero.

    La URSS aspiró a difundir su modelo a la luz de la redención proletaria o el destino comunista. También en este caso se trató el proyecto como un deber civilizatorio. El signo social que ejecutó la responsabilidad era la clase obrera, su vanguardia y dependió del papel de los agentes internacionalistas que debían ejecutar aquella misión. En el fondo el mesianismo civilizatorio siguió funcionando de modo análogo.

    2 comentarios to “La legitimidad de la dictadura del proletariado”

    1. Carlos E. Lugo Lorenzo said

      hay un error en mi comentario anterior. No es la ausencia, sino la presencia de la conciencia moral communista. Disculpen.

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    2. Carlos Enrique Lugo Lorenzo said

      Estuve leyendo en algun momento el pensamiento del Che acerca del hombre nuevo, que es para el un hombre transparente, lleno de una gran sensibilidad humana, despojado de todo deseo de posesion y deseos de trepar por encima de otro ser humano. Uno de los puntos fuertes de este pensamiento era la importancia de la práctica, que en él se proyecta hasta su último aliento. Che hablaba del carácter revolucionario de los individuos, ese acto de solidaridad con el otro, de uno como individuo encargarse de sembrar la semilla para que todos juntos caminen por una sociedad mejor. Le daba enfasis al carácter moral del comunista, la presencia de la conciencia moral comunista era imprescindible en el proyecto que él deseaba y que en la práctica en Cuba, de acuerdo a la situacion en que estuvo como protagonista, podía ver posible. Es probable que durante el proyecto de la construccion del socialismo en Rusia este pensamiento estuviese presente en algunos hombres y mujeres de la época, uno humanizador e internacionalista.

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