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De paso y repaso: De nuevo el tema de la brutalidad policial

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 26 septiembre 2007


  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

Mario_R_Cancel_ExpresionEs una historia que se repite. Cuando mi abuelo centenario me hablaba de la vida en la ruralía hacia el 1890, era muy parco. Entonces la policía se llamaba Guardia Civil. Según él, cuando cogían a alguien en pifia lo ataban a la cola de un caballo y lo arrastraban por los caminos de piedra. Cuando me hice historiador supe que esa era una forma de tortura que la Guardia Civil aplicaba a los opositores políticos y sociales en tiempos de los compontes.

La llegada de los americanos no alteró nada. En 1899 Guy V. Henry disolvió la Guardia Civil y fundó la Insular Police bajo su autoridad directa. A la gendarmería hispana armada de foete sucedió la americana con sus macanas. Los obreros eran golpeados cuando hacían sus huelgas por un salario mejor como si cometieran un delito. La prensa estuvo plagada de relatos atroces de ese cariz. Hacia 1905 la fuerza tenía 650 miembros que ganaban $30.00 al mes. Ese año se recomendó un aumento salarial de $5.00 y la contratación de otros 250 oficiales. Con todo, una de las quejas más comunes era que un policía ganaba más que un maestro.

La Guardia Civil y la Insular Police eran fuerzas para la coerción que existían para minar la resistencia popular. La muerte de civiles en intervenciones policíacas era considerada un daño colateral tolerable. Pero entonces se trataba de una sociedad civil con una conciencia poco clara de sus derechos y era capaz de aceptar aquella versión.

En 1933 se usó la Insular Police y la Guardia Nacional, creada en 1917, contra los trabajadores en huelga. Un encontronazo en Mayagüez dejó el saldo de una mujer y una niña de 3 años muertos. En 1937 la Insular Police masacró a 19 nacionalistas en la Plaza de las Delicias en Ponce por desobedecer la orden de detenerse. En 1978 dos jóvenes instigados por agentes policíacos fueron torturados y acribillados en Cerro Maravilla. Los gobernadores Gore, Winship y Romero Barceló, respectivamente, calificaron a los policías como héroes.

La moderna Policía de Puerto Rico, hija de la era del populismo no está muy lejos de aquel panorama. La policía no ha sido, no es hoy y no será nunca un modelo de humanismo, inteligencia y comedimiento. La policía es brutal porque esa es una condición inseparable de su función de cuerpo coercitivo al cual se le exige restituir el orden perdido mediante la violencia autorizada por el estado. Todo parece indicar que la fuerza es el único remedio en condiciones de crisis.

Una de las particularidades de la brutalidad policíaca hoy es que los issues se han desviado en unas direcciones inéditas. Ya no se trata de los adversarios políticos y sociales del pasado. Ahora un policía asesina en la calle a un ciudadano común que le cuestionó una llamada al orden. O un sargento asesina a un teniente en pleno cuartel debido a antiguas rencillas personales. Los compañeros del acusado celebran en el tribunal la muerte como un hecho heroico. La discusión de la violencia doméstica en los hogares de algunos policías ha pasado de moda pero sigue fresca en la mente de algunos de nosotros.

La actitud de ciertos policías recuerda algunos escenarios del cine postmoderno en que la bondad y la maldad conviven larvadas en las figuras de Harry el Sucio o en los policías personificados por Charles Bronson o Steven Segal. Si se trata de una enfermedad social o un comportamiento aprendido, es poco lo que se puede decir.  Lo interesante de todo esto es que quien pierde credibilidad es el estado y el cuerpo. Ya nos responderán con una nueva campaña publicitaria del policía es tu amigo, no tienes que huir de él…siempre que no sea necesario.

Publicado en Expresión. Año V – Vol 38 /Septiembre-octubre de 2007: pág. 8.

Una respuesta to “De paso y repaso: De nuevo el tema de la brutalidad policial”

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