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El estado y la familia (Parte I)

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 25 febrero 2008


  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

caribe_jazz-2006Todos saben lo que es el abuso de menores, el parricidio, el matricidio, el fratricidio o un crimen pasional: es la violencia que se reitera en los titulares de la prensa a diario. Lo inusitado de esos hechos y la concepción de la información como una mercancía, convierten esos relatos en un producto mediático preciado. Se trata de dos problemas y no de uno: el social y la actitud de los medios. Puerto Rico es un modelo de ello. Todos saben que la confianza colectiva en la transparencia del poder está en su punto más bajo. La idea del estado paternal y protector no es convincente.

A fines de la década del 1980 un debate sobre la recuperación de la transparencia, la “glasnost”, promovió la caída de un sistema autoritario. Es como si la transparencia y el poder fueran excluyentes. Puerto Rico es un modelo de ello. La violencia morbosa tiene un pasado. Sus estadísticas se lanzaron en los últimos 30 años del siglo 20. Algunos lo adjudicaron a la “deformación industrial”. La mala imagen del estado también tiene un pasado. Los escándalos de la era de Romero Barceló –la conspiración de Maravilla (1978)- y Hernández Colon –los costos excesivos de la Regata Colón  (1992)-, establecieron una pauta: el poder no era transparente.

COSMÉTICOS PARA LA IMAGEN

La necesidad de recuperar una imagen perdida –la del estado que vela por los “mejores intereses de sus componentes” y el bien común –ha estimulado tácticas inesperadas. La situación es absurda: un estado en el que no se confía aspira recuperar su condición de protector confiable. La actitud no es nueva. En 1980 Romero Barceló, ante una ola criminal, propuso limitar el derecho a la fianza. Desde el 2001 la Administración Bush no ha visto problema de derecho en intervenir en la vida privada de numerosos ciudadanos en medio de la llamada Guerra Contra el Terrorismo.

Las amenazas que se ciernen sobre la ciudadanía han sido interpretadas con una lógica atroz: se defienden los valores democráticos limitando valores democráticos. Esa es una actitud peligrosa detrás de la cual medra el prejuicio de que un pueblo inmaduro usa mal las libertades y se desboca en el libertinaje. Pero la única forma de garantizar las libertades ganadas es profundizando las mismas.

EL ESTADO Y LA FAMILIA

¿Cómo recupera el estado su imagen de padre protector? Han tomado el camino fácil. Esperan afirmar su percepción de la familia tradicional. Es como si en medio de la crisis de violencia morbosa y desconfianza en el estado una concepción como esa fuera a devolver al país a un estado de pureza perdida. Para que esa lógica sea funcional habría que aceptar varias presunciones.

Primero, la “familia tradicional” es un matrimonio entre un hombre y una mujer mediante un contrato legal o religioso con fines reproductivos y contributivos. Segundo, que es un “valor compartido” por la mayoría de los puertorriqueños Tercero, que cualquier “relación de hecho alternativa” atenta contra unos valores universales. Las tres presunciones son cuestionables. Aceptarlas implica discriminar contra un alto porcentaje de la población adulta que, sin cumplir con ellas, no muestra degradación moral ni social.

Las presunciones jurídicas y las religiosas se mezclan en un debate confuso. El asunto no es tan complejo. Los infractores de las primeras cometen un delito y son delincuentes. Los infractores de las segundas pecan y son pecadores. Tanto el delito como el pecado son acciones que atentan contra una autoridad. No son sinónimos. La actitud del estado ante el “affaire” William Elías y el “performance” de la Resolución 99 entran en el escenario. Que se levante el telón…

Una respuesta to “El estado y la familia (Parte I)”

  1. […] Original post by mrcancel […]

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