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Las primarias y el ajedrez del poder

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 16 marzo 2008


Mario_R_Cancel_Expresion

Mario R. Cancel , Historiador y escritor

Unos antecedentes 

La campaña primarista en los partidos principales no sorprendió a nadie. Tanto en el caso del PPD como del PNP se caracterizó por un lenguaje acorde con estos tiempos de crisis. En una situación tan incierta—la recesión ya no está en el horizonte sino que es parte de la cotidianidad— Periódico Expresiónno quedó más remedio que echar mano de una discursividad tan fantástica y ofensiva como los medios pudieron tolerar.    Ello explica la insistencia en eliminación de la tasa estatal del IVU y la promesa de aumentar el salario de los maestros a $ 3,000; o la oferta de prescindir de las planillas de contribución sobre ingresos y la esperanza de conseguir una estadidad por petición. Es como si los programas nada importaran ante la imagen y el voto se interpretase como una acción instintiva de mercado. El liderato político de los partidos principales está tocando fondo. Mediante el difuso de lo inaudito se pretende capturar las ficciones del elector-consumidor. Los medios de comunicación convencionales se empeñaron en difundir la “información que vende.” Por eso la contienda Fortuño-Roselló ocupó la mayor parte de los titulares. La gente se enteró de todo pero no comprendió mucho. Pocos reconocieron que también en lugares como Ponce, Juana Díaz o Ceiba se jugaba una parte del destino de la unidad PPD. 

La revolución informática, al penetrar la campaña, ha abierto unos espacios nuevos para la confusión. Desde el hipotético anonimato o camuflaje cibernético, todo puede ser dicho. Los efectos de ello sobre las decisiones de los usuarios están por verse. Pero ese tipo de agresividad virtual ha llegado para quedarse. Habrá que pensar hasta donde conduce. 

Los dilemas del PNP   

El triunfo de la candidatura de Fortuño a la gobernación del PNP no pudo ser más emblemático. El hipotético poder de la imagen de Roselló se desinfló ante su empuje. El alegato de que aquel sería derrotado por alienígenas populares no se cumplió. Pero todo parece indicar que el papel protagónico de la juventud en el cambio tampoco fue determinante. A Roselló lo derrotó la militancia madura del PNP y una campaña bien articulada.    

La ventaja holgada del Comisionado Residente en Washington apunta al fin de una era y a la transformación de Roselló en un mito político del anexionismo en la postmodernidad. Su impacto en la historia de la praxis política contemporánea ha sido tan impresionante como el que tuvo el polémico Romero Barceló en la difícil transición de los años 1980.   

El hecho de que Roselló aceptara su derrota apenas 3 horas de cerrados colegios fue, en general, saludable para su organización. Fue un atajo contra el ilusionismo desesperante que estimula la violencia entre los partisanos y dio tiempo suficiente para crear el performance de la unidad de causa que dominó el resto de la noche. Su manifestación pública estuvo precedida por el silencio sepulcral de su acólitos y la falsa confianza manifiesta por su hijo Ricky y el representante Aponte ante las cámaras de televisión.    

Cualquier observador político entrenado iba a traducir aquel escenario en la embocadura de una tragedia. En efecto, los informes de los corredores rosellistas eran frustrantes. La lentitud del flujo de información del Comisionado Electoral del PNP, un rosellista convencido, a la Comisión Estatal de Elecciones completó el cuadro de desconfianza.    El llamado a la unidad penepé-puertorriqueña –unidad electoral y antipopulista – que penetró el inocuo mensaje de triunfo de Pierluisi, y el tradicional discurso de Fortuño, demuestran que el PNP sabe lo que arriesga si no va unido a la contienda de noviembre. La recuperación retro de los jingles de la Era de Luis Ferré, el Padre Fundador del anexionismo tardomoderno, es un indicador de que entre el discurso del cambio para el 2008 y el de la Nueva Vida de 1968 se pretende establecer una  vinculación simbólica. Se trata de una invitación al corazón del rollo para que mire hacia la nueva cara del anexionismo.    Fortuño va a ser proyectado como un nuevo Ferré para la Era Global. La percepción de que las heridas no sanan tan rápido es clara y la tirria larvada sobrevivirá en quienes no se ajusten del todo al dictum del nuevo presidente de la organización. Desde mi punto de vista la desaparición política de Roselló no terminará con el rosellismo. Si no se limpia la cara a la casa su influencia seguirá presente de numerosos modos.   

La invitación de Roselló a la capitulación, pasiva y cuidadosa, explica la discursividad contemporizadora de fanáticos como José Garriga Picó y Norma Burgos. Su presencia en la celebración de Fortuño, si bien será interpretada como madurez política, no desdice la inmadurez de la campaña de oposición al opositor que llevaron a cabo. La situación reafirma que tanto fortuñistas como rosellistas saben cuánto arriesgan si no se ajustan al giro.    

No creo que deba recordar que el PNP fue el fenómeno político de crecimiento más impresionante entre los años 1967 y 1980. Su emergencia en el panorama político nacional forzó la revisión programática del populismo en el momento de Hernández Colón. Pero lo cierto es que los procesos de crecimiento también tienen sus límites. La idea de que la figura de Roselló podía quebrar esos límites de crecimiento tras sus administraciones de 1992 a 1999 fue frenada.   

De cara a las elecciones de noviembre de 2008 falta mucho por hacer. A pesar de la debilidad de la imagen de Acevedo Vilá y el PPD, la victoria de Fortuño no es segura. Es plausible, pero el PNP tiene que trabajarla mucho. Resolver el desbarajuste presupuestario de la no-campaña rosellista es el menor de los dilemas. 

Dilemas del PPD 

Acevedo Vilá ha tratado de pescar en río revuelto a la hora trágica de Roselló. Su invitación al debate público constante con Fortuño se plantea como un reconocimiento a la presumible racionalidad de este oponente nuevo. Si los debates se dan, será un gran negocio para los medios. Pero estoy seguro que favorecerá más la débil imagen pública de Acevedo Vilá.    

Pero el hecho de que el Gobernador haya impuesto incluso el primer tema de la agenda –la eliminación parcial del IVU- demuestra que piensa más en sus propias posturas que en la posibilidad de racionalizar y civilizar la política electoral puertorriqueña. Fortuño no debería aceptar una agenda pre-escrita de esa naturaleza.   

Lo cierto es que el PPD no sale bien parado de estas primarias. Si el corazón del partido se encuentra en Ponce, la impresión que queda es que la voz de Acevedo Vilá no tuvo el efecto esperado en ese espacio. El fenómeno de El Negro en Cabo Rojo siempre es un fantasma amenazante. Lo cerrado y problemático del choque Jirau-Zayas, demuestra que todavía existen voces míticas del pasado que pueden retar la del Gobernador entre el electorado popular. Me temo que la autoridad de Acevedo Vilá en el PPD y la de Fortuño en el PNP pasarán por numerosas pruebas.    

Dilemas de los otros   

La otra ventaja que esto representa tiene que ver con lo que pueden esperar el PIP y el PPR en noviembre. Si su esperanza está en atraer el voto flotante y preservar sus militancia para mantener LA inscripción, Fortuño es un resuelve. Menos pipiolos se sentirán tentados  a oponerse al PNP en ausencia de Roselló, a menos que Fortuño aceleré la campaña por la estadidad ahora.  Pero las posibilidades de ello con una administración demócrata en EU son pocas, sea Obama o Clinton quienes accedan al poder.    

Lo cierto es que todos los que truenan contra la Era de Roselló desde el PNP o el PPD reconocen en aquel periodo un sustrato valioso para sus discursividades. A fin de cuentas están luchando por la misma causa: inventar el Puerto Rico apropiado para la Globalización y el Neoliberalismo. ¿Se puede predecir cuándo iniciará el posrosellato? Habrá que esperar la instauración del reino del Leteo, habrá que esperar…  

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