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De paso y repaso: Bienvenida sea la mediocracia

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 11 noviembre 2008



Mario R. Cancel

El 4 de noviembre se elegirá a quienes administrarán al país durante cuatro años. El electorado tendrá allí una responsabilidad mayor. Será otra vez el protagonista de uno de los procesos que más pasiones despierta en el país. El martes las esperanzas de muchos se verán recompensadas a costa de la derrota de otros. En pocos días los ardores cesarán a la voz de “show is over.” La vida continúa.

Muchos suponen que el sufragio es el instrumento idóneo para garantizar la participación popular en el diseño de su gobierno. El arma por la cual se luchó para cuestionar el dominio de la autoritaria España, o para retar el control del capital americano ausentista en tiempos de Muñoz Marín, ha dejado de ser lo que era. El desgano con el voto debería ser más notorio.

Un ejemplo de ese desgano es la absurda campaña “vota, o quédate callao.” La misma convierte al sufragio en un boleto de entrada para el debate público o en un pre-requisito para la libertad de expresión. Votar es sólo una de las muchas maneras en que se puede expresar la opinión en una democracia y, quizá, la más anodina de todas.

La idea de que el ejercicio electoral sintetiza una reflexión profunda en torno a la situación del país es un mito. El “voto inteligente” es una ficción. El sufragio es el acto irracional emblemático de los tiempos de la política espectáculo. Las elecciones sólo miden la eficiencia de la publicidad y el impacto de los medios masivos de comunicación en la gente. Bienvenida sea la “mediocracia”.

Cuando una buena campaña de cotilleo y chisme que conmueva las pasiones del electorado sustituye el discurso público, es necesario reflexionar. Cuando las propuestas legítimas o ilegítimas duermen el sueño de los justos en los programas partisanos, la democracia ha dejado de ser.

El 27 de octubre, Aníbal Acevedo Vilá apeló a su condición de ciudadano de clase media y a la misericordia popular en un mensaje televisado de varios minutos. Luis Fortuño capea una campaña contra su esposa Luce Vela con los argumentos de quien defiende el honor agredido. Edwin Irizarry Mora, en la última fase de su cruzada, acude a los signos de una nacionalidad en crisis y al independentismo mediático y universitario para afirmar su popularidad. Rogelio Figueroa, ha sido la excepción. Después de la crisis que brotó con las candidaturas de San Juan, ha logrado afirmarse como una figura alternativa.

Pero lo cierto es que la discursividad preelectoral no supera la burda promoción de un producto que se ha de consumir mediante la inserción de una papeleta marcada en la ranura de una urna de cartón. Bienvenida sea la “mediocracia”.

¿Qué pasará el martes? El panorama no ha cambiado. Acevedo Vilá no ha superado la desventaja que representa ser un acusado federal. El rumor de que algunos de los cargos iban a ser desestimados no cumplió su cometido. Fortuño no ha vencido su imagen de fragilidad ante las figuras del rossellismo. Pero el rossellismo write-in tampoco es hoy un movimiento capaz de derrotar al PNP desde el interior de sus filas.

Todo parece indicar que Acevedo Vilá no revalidará el martes próximo. La situación de incertidumbre económica dominante lo confirma. Fortuño vencerá. Pero no alcanzará la ventaja aplastante que soñaban sus asociados tras la primaria que le condujo a la candidatura.

Pero ¿vencerá Fortuño? Vencerá la eficacia de la publicidad como en toda guerra de imágenes. Este es el paraíso de la manipulación emocional: el votante debe sentir, prohibido pensar o soñar. Bienvenida sea la “mediocracia.”

Publicado en Expresión. Año V, Núm.49 (Noviembre 3, 2008): 8

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