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La Insurrección de Lares (Parte I)

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 1 febrero 2009


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

Los rebeldes que se alzaron el 23 de septiembre de 1868, tenían un programa concreto para Puerto Rico. En su sentido más general, aquella fue una propuesta política antimonárquica y republicana. La tradición revolucionaria francesa, tanto la de 1791 como la de 1848, estaba presente en sus ideólogos.

Las causas o motivaciones del Grito o Insurrección de Lares fueron las siguientes. En lo político expresó el disgusto con la monarquía y el autoritarismo del gobierno militar español manifiesto en el poco respeto que mostraban los Gobernadores y Capitanes Generales nombrados por las autoridades esoañolas a las libertades y derechos civiles más elementales. La censura del pensamiento liberal justificó la persecución de sus proponentes mdiante el recurso a las multas, la cárcel o el destierro. La historiografía política tradicional explicaba la situación que se vivía en 1868 como muy tensa. Para los sectore liberales puertorriqueños, españa había incumplido una promesa hecha en 1837: la de reformar su relación pol;itica con lacolonia en el marco de unas “leyes especiales” liberales que nunca se concedieron.

En lo económico la situación era igual de compleja. Los rebeldes protestaban contra el poder excesivo de los comerciantes españoles y su control del crédito agrario, comercial e industrial sobre la base de altos intereses pero también por el hecho de que el autoriratismo del gobierno militar y los altos costos para su mantenimiento eran usado para imponer tasas contributivas -sobre la propiedad y la ganancia) y arancelarias (sobre el coemrcio interior y exterior) muy altas a fin de pagar los gastos del  Estado. Para asgurar la fidelidad de los peninsulares y sus acceso a la maquinaria del poder, el Estado le reconocía privilegios que negaba a los puertorriqueños. La queja económica fundamental era ante el subdesarrollo material de Puerto Rico.

En lo social lo que más preocupaba a los rebeldes era el régimen de la esclavitud negra y el oredenamiento de l a libreta de jornaleros por lo que críticaban su carácter deshumanizador y la forma en que esos sistemas devaluaban el trabajo productivo al convertirlo en una actividad obligatoria. Ante ello reclamamaba la institución del trabajo libre mediante la abolición de ambos regímenes. A aquellas condiciones achacaban la  pobreza de los trabajadores rurales y urbanos en general, la difícil situación de los pequeños propietarios, campesinos o jíbaros, y depositaban buena parte de las esperanzas de su proyecto revolucionario en el respaldo de aquellos sectores. Otra queja esencial giraba alrededor de la poca inversión que hacía el gobierno español en la educación de los puertorriqueños y en las obras públicas, renglones de los cuales dependía el progreso de la economía del país.

En lo cultural los ideólogos más articulados de la insurrección, resentían el desprecio que expresaban  los españoles hacia  los puertorriqueños a quienes veían como personas inferiores por su origen insular y el racismo institucional español que devaluaba a la gente que no fuese blanca y española

En 1867 las contradicciones y problemas señalados habían llegado al extremo. La  persecución que desató el Estado en 1867 por cuenta de un motín laboral en el cuartel de los artilleros de la capital y que se utilizó para justificar la citación y el destierro del  lideratoliberal más visible incluyendo a algunos de los conspiradores de Lares, colmó la copa. En términos generales la insurrección aspiraba a establecer un gobierno civil que reconociera los derechos ciudadanos. El carácter antiespañol de su discurso era evidente.

La Insurrección de Lares

En el plano cultural, la Insurrección ayudó a crear un lenguaje simbólico lleno de contenido. El componente de una bandera, la que hoy significa a la municipalidad, una bandera roja y una bandera blanca, entre otras, fue muy significativo. El hecho de que la revuelta se asociara a un himno y a numerosas canciones populares que celebraban la revolución también. Se trataba de los signos de una nación-estado moderna en gestación.

El levantamiento había sido señalado para el 29 de septiembre. En el Santoral Católico, ese es el día de Miguel, Rafael y Gabriel, Arcángeles que destierran a Lucifer del Cielo al Infierno. La selección de la fecha debió estar relacionada con esa tradición, sin duda.  Sin embargo, una vez descubierta la conjura, la misma fue adelantada para el 23 de septiembre, día del Equinoccio de Otoño que, en todo calendario mágico, sugiere la voluntad igualadora de la Naturaleza. El hecho de que buena parte del liderato rebelde estuviese ligado a la Masonería, podría explicar la elección de la nueva fecha.

lares2En el descubrimiento de la conspiración se conjugaron varios factores. Por un lado, un miliciano que escuchó la conversación casual de dos conspiradores en Camuy informó el asunto. Por otro lado, un espía informó desde San Tomás sobre actividades sospechosas que se relacionaban con la isla. Por último, el liberal Calixto Romero Togores informó al gobierno los acercamientos tendenciosos de algunos delegados revolucionarios quienes le solicitaron dinero para el proyecto. La pregunta de por qué se adelanto en lugar de posponerse todavía no ha sido respondida con propiedad.

La revuelta

La jefatura militar de la revuelta quedó en manos del hacendado cafetalero venezolano-puertorriqueño Manuel Rojas, quien tuvo a su disposición un ejército compuesto por civiles armados. La tropa se organizó en su Hacienda La Esperanza, avanzó hasta la zona urbana de Lares y, tras tomarla sin mucha oposición, proclamó la República por medio de un decreto sencillo. En esto consiste el “Grito” o declaración formal de la República. La elección de Francisco Ramírez como Presidente, y la sacralización del acto mediante una misa de agradecimiento o Te Deum, completó el ritual. Los rituales del Grito y la misa servían para dar legitimidad a la acción y asegurar el compromiso de la gente común.

La primera decisión militar de Rojas fue dirigirse a San Sebastián del Pepino. La meta era la toma de la Plaza Pública, el escenario del pueblo y, a la vez, el centro en donde convergía tanto el poder civil con el religioso. La comunidad y los cuerpos de milicianos de El Pepino los estaban esperando. El hecho de que fracasaran dos veces en tomar el objetivo, unido al temor de que llegaran los refuerzos de la Tropa Veterana de Aguadilla, un cuerpo profesional del ejército español, hizo que se retiraran. En cierto modo, la línea de mando fue rota por un acto de indisciplina. Rojas recomendó la ejecución de una tercera avanzadilla, pero su gente insistió en la negativa y, en cierto modo, se insubordinó. La actitud parece propia de un ejército de civiles con poco entrenamiento y mal armado.

A su regreso a Lares, la tropas se reunieron en la hacienda de Rojas a esperar noticias de otros actos rebeldes, o del desembarco de Ramón E. Betances con el barco “El Telégrafo” que había sido armado en la Antillas Menores y esperaban arribara desde Santo Domingo.  En ausencia de los mismos, se dispersaron por los montes de las Lomas de Lares en guerrillas pequeñas. Todo parece indicar que su capacidad de resistencia fue poca.

Una ola de arrestos de sospechosos caracterizó los meses de septiembre a diciembre de 1868. De acuerdo con el historiador Germán delgado Pasapera, 545 personas de todas las clases, profesiones y razas fueron puestas bajo arresto. Los convictos eran liberales, independentistas y anexionistas. Todo parece indicar que las autoridades utilizaron la insurrección como una excusa para “limpiar la casa.” Lo mismo sucedió con la ola de arrestos de 1887 y conocido como los “Compontes”; y con la confección de “Listas de subversivos” a la manera macartysta auspiciada por el populismo desde 1948.

Una respuesta to “La Insurrección de Lares (Parte I)”

  1. […] más complejo, más significativo y más elaborado de todo el siglo 19 puertorriqueño: el Grito de Lares del 23 de septiembre de […]

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