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La Gran Depresión de 1929: la política, el “mantengo” y la gente

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 9 abril 2009


  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

Hacia el año 1929, Puerto Rico dependía de las decisiones del Congreso. Del mismo modo, la economía insular se comportaba al ritmo de la continental. En ese sentido, la integración de la vida puertorriqueña a la americana era un hecho. Por eso la Gran Depresión afectó de inmediato la vida diaria local.

La reacción política de los puertorriqueños y su liderato ante la crisis de 1929, fue inmediata pero contradictoria. En términos políticos, dominó la voluntad revisionista y un sector del independentismo se radicalizó, como ya había ocurrido en la coyunturas políticas del 1912 y el 1913. La tendencia en 1929 fue distinta: un segmento del independentismo se militarizó y tomó la decisión de plantear un reto y generar una crisis al sistema colonial americano. Esa fue la postura de la dirección del Partido Nacionalista de Puerto Rico tras la asamblea de 1930 y el ascenso de Pedro Albizu Campos.

De modo paralelo, las propuestas socialistas de corte pro-soviético tomaron forma en Partido Comunista Puertorriqueño fundado en 1934. Si bien es un lugar común reconocer que el PC fue incapaz de conectarse con las masas puertorriqueñas, su fundación es un fenómeno que no debe pasarse por alto. El prestigio del socialismo internacional en 1934 todavía era mucho. José Stalin no había sido demonizado todavía por el orden internacional.

Ambas organizaciones optaron por el activismo no electoral después de las elecciones 1932 que llevaron a la Coalición Puertorriqueña y su propuesta anexionista- estadista al poder. Su condición de organizaciones no electorales forzó al PN  y al PC, a establecer escenarios nuevos para la discusión del problema puertorriqueño mediante un activismo que los separó del puertorriqueño común que todavía celebraba, con razón, los métodos de la democracia liberal y electoral. E PN y el PC volvieron a hablarse de la “violencia” como un método legítimo para conseguir un “cambio”. Ya fuese en su versión nacionalista o de clase, aquellas organizaciones iniciaron una nueva época en la vida del país. El PN se reconectó con la tradición de la Sección de Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano adoptando su bandera y, con ello, afirmando su voluntad conspirativa. El PC, por medio de una idea de la “revolución proletaria” y las “repúblicas soviéticas” que recordaba al bolchevismo de 1917.

A pesar de que el PN y el PC estaban en los extremos opuestos del espectro filosófico-político, la condición colonial del país les forzó a percibirse como potenciales aliados de una lucha común: la independencia. Las fronteras del activismo entre estas organizaciones fueron muy laxas. El tránsito de militantes nacionalistas al comunismo fue un hecho común, tal y como lo demostraron el figuras como la de Juan Gallardo Santiago, Clemente Soto Vélez y Juan Antonio Corretjer, entre otros, después de 1937. Este fenómeno representaba una anomalía, dada la distancia que nacionalistas y comunistas pusieron entre ellos en otros contextos como el europeo y el norteamericano.

El triunfo electoral de la Coalición Puertorriqueña en 1932, dejó al Partido Liberal Puertorriqueño y al independentismo electoral maltrecho y no estimularon el crecimiento de las posturas anti-electorales. Las elites en el poder estaban dispuestas a presionar en el Congreso a favor de la estadidad por medio de su comisionado residente Santiago Iglesias Pantín como de hecho lo hicieron desde 1933. Pero también quedó claro que, en tiempos de crisis, el electorado puertorriqueño prefiere las garantías de una relación estrecha con Estados Unidos que la separación.

Las políticas de la Coalición se establecieron sobre la premisa de la defensa del Mercado Libre y la confianza idealista en su capacidad autorreguladora propia del republicanismo de derecha. Pero una vez iniciada la política del “Nuevo Trato” de Franklyn D. Roosevelt la situación no les fue favorable. Roosevelt resaltó la necesidad de la intervención reguladora del Estado sobre el Mercado Libre, siguiendo el modelo del economista inglés John M. Keynes. De ese modo, Washington tomó distancia de la Coalición y comenzaría a gobernar en Puerto Rico con la oposición liberal y, desde 1938, con los populistas en ascenso.

La situación era interesante: mientras el estado en Puerto Rico afirmaba políticas propias de la derecha, Washington, reconociendo las virtudes de la intervención estatal en la economía manifiestas en la economía soviética, giraba hacia la izquierda. Las acusaciones de comunismo a la administración Roosevelt fueron comunes. La integración de la vida puertorriqueña a la americana no era tanta como aparentaba.

Entre 1933 y 1938 la política local fue controlada por una Coalición Puertorriqueña del Partido Unión Republicana y el Socialista, cuya praxis reflejaba las ideas más tradicionales del republicanismo estadounidense, mientras en Washington lo demócratas cuestionaban los valores de aquel republicanismo con políticas originales y radicales. Los parecidos entre aquel momento y el presente que antepone el dueto Obama-Fortuño, son muchas.

Los efectos sobre la vida política puertorriqueña fueron enormes. Puerto Rico entró en un proceso por medio del cual se afianzaron sus lazos de dependencia con los Estados Unidos. Desde 1933 la Puerto Rico Emergency Relief Administration (P.R.E.R.A.), financió proyectos comunales y facilitó subsidios alimentarios a la población hasta el punto de que, en 1934, el 35% de la población dependía de ello. Los tiempos del “mantengo”, como se le conoció entonces, iniciaban. El control de los fondos federales se convirtió en un nuevo motivo de lucha entre los políticos del patio, terreno en el que la Coalición, por su vinculación con los intereses azucareros, no se veía favorecida.

La Puerto Rico Reconstruction Administration (P.R.R.A.), creada en 1934, inició un proceso de inversiones infraestructurales que estimularían la modernización material soñada pero que, a la larga, generarían nuevas contradicciones a los pensadores del treinta que se cuestionaron los efectos que esos cambios produciría en el espíritu puertorriqueño. Las inversiones en plantas hidroeléctricas, en la electrificación y las comunicaciones en el mundo rural, alteraron la imagen del campo puertorriqueño.

En 1934, la Puerto Rico Policy Commission (P.R.P.C.) formuló lo que se conocería como el Plan Carlos Chardón, uno de los documentos más relevantes del siglo.  En el mismo se señalaba al latifundio, el monocultivo y el ausentismo de las compañías azucareras como los tres grandes problemas de la economía puertorriqueña y se proponía un programa de industrialización para garantizar el futuro del país. El reclamo en favor del fortalecimiento de la clase se los pequeños terratenientes criollos –el jíbaro y el colono azucarero- era patente en el discurso de Chardón. Se trata de uno de los temas dominantes en el pensamiento social de la Generación de 1930.

El cuadro del fracaso del proyecto americano en el país estaba completo. Es curioso que los mayores opositores de la transferencia de fondos federales para el “mantengo” en el país, fueran los republicanos anexionistas y los nacionalistas. Los primeros porque interpretaban en ello una amenaza al mercado libre y al capitalismo, y los segundos por el argumento moral de que la práctica estimulaba la dependencia de Estados Unidos. Ninguno de los dos extremos se puso en la posición de la gente común que vivía la escasez y la necesidad. El crecimiento del populismo en aquel contexto era de esperarse.

8 comentarios to “La Gran Depresión de 1929: la política, el “mantengo” y la gente”

  1. Contribuyendo mi granito de arena sobre el Puerto Rico del pasado incluyendo la Gran Depresión, cabe mencionar que muchos jóvenes no se cruzaron de brazos y decidieron “embarcarse para el norte”, como era el dicho de la época. Algunos barcos de pasajeros y carga de esos años eran el “Coamo”, “Borinquen” y el “Angelina” (hundido por los submarinos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial frente a las costas de Sur América) Este último también recogía sacos de azúcar en el puerto de Arroyo manufacturada en la Central Lafayette. Por cierto, mi futuro suegro, que era un estibador, le puso el nombre de Angelina a una de sus hijas. La crianza de aquellos años se refleja en estos jóvenes que su meta era ayudar a sus familias económicamente desde el exterior. A la larga era notable el mejoramiento de estas familias de pocos recursos. Podemos hablar del “mantengo”, durante la Gran Depresión, pero no nos olvidemos del sacrificio hecho de estos hijos buscando el bienestar para su familia en un periodo de confusión e inestabilidad que abarcaba el Universo.

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    • Angel Cora said

      Saludos a mi compueblano Benjamín:

      Soy Angel Cora, Artista Plástico. Navegando en la web me topo con este interesante reportaje y pienso que no puede ser tanta casualidad. Una de las temáticas que mas me apasiona pintar, es acerca de la historia de nuestro pueblo. Precisamente en este 2015, en la conmemoración de su 160 aniversario, coordino con el municipio una exposición en la que se recogen eventos trascendentales de nuestra historia que tuvieron como escenario nuestro Pueblo de Arroyo.

      Seria un honor contar con la presencia de ustedes por lo que hago extensiva esta invitación al historiador Mario Cancel. Tan pronto tenga la fecha de inauguración del evento, les compartiré la información oficial. Incluyo mi información en la web y correo electrónico para mantenernos en comunicación.

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  2. Fueron muchos los abusos cometidos por el gobierno español en Puerto Rico. Mi padre, nacido en el tiempo de la opresión española, era un mozalbete cuando la entrada de las tropas estadounidenses a la isla y hacía sus comentarios sobre la situación de Puerto Rico de la época. Libró muchas batallas junto a don Santiago Iglesias Pantín por los derechos del trabajador, en special el de la caña para los años ’20 y ’30 del siglo pasado. Mientras otros políticos estaban enfocados en odiar o aceptar a los americanos, don Santiago Iglesias se concentraba en el bienestar del trabajador puertorriqueño. Una de sus metas era el conseguir las 40 horas de trabajo a la semana. En cuanto a mi padre, fue nombrado Juez de Paz de mi pueblo de Arroyo por el Gobernador Hon. Horace M. Towner en el 1928 continuando su lucha contra los abusos al trabajador.

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    • Benjamín, gracias por el testimonio: una historia viva. El estudio académico de la historia sigue necesitando de la memoria de su generación para darle contenido humano a lo que plantea. Saludos cordiales.

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  3. […] La Gran Depresión de 1929: la política, el “mantengo” y la gente Dejar un comentario […]

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  4. Camille Díaz Morales said

    Interesante. Yo por mi parte considero que aunque “el [la] PRRA aportó positivamente al desarrollo arquitectónico de la Isla” (como mencionó la compañera), por otra parte estas agencias ratificaron una relación paterno-filial de EEUU con nuestra isla. Con estas “ayudas” o fondos federales, como los usados para construir el edifcio Celis, lentamente se fue matando la idea de independencia para Puerto Rico.

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    • El ideal de la independencia o la estadidad era irrelevante frente al espectro de la Gran Depresión que afectaba a Puerto Rico. Había que buscar alternativas positivas y no ideales para encontrar parte de la solución a la situación de la isla. En el Nuevo Trato (The New Deal) del Presidente Franklyn D. Roosevelt incluyó a Puerto Rico en programas de ayuda que también favorecían a los estados continentales. Se usaron sobre $250 millones de dólares a través de distintas agencias, entre ellas la C.C.C. (Civilian Conservation Core) ofreciendo entrenamiento y educación al jíbaro, la W.P.A. (Works Progress Administration) con oportunidades de trabajo, P.R.E.R.A.(P.R. Emergency Relief Administration) distribuyendo alimentos y posibilidades de empleo, la P.R.R.A. (P.R. Reconstruction Administration) asignada a la construcción de edificios, hogares, parques y suplir la zona rural con electricidad. La mayoría de los puertorriqueños se acogieron a estos programas aliviando así la situación económica de la familia. Estos programas no eran para hacer una fortuna, simplemente, abrían una avenida para combatir el desempleo. No nos olvidemos que muchos puertorriqueños dejaron su terruño antes de la Gran Depresión para probar fortuna en Hawaii, Estados Unidos y otros países cansados del desacuerdo y las promesas de los políticos de entonces. Hoy dia existe una situación similar, pero el puertorriqueño de hoy está mejor preparado para enfrentarse al mundo que el de ayer.

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  5. Eleale Rivera-Carlo said

    Cabe señalar que el PRRA (Puerto Rico Reconstruction Administration) le dio espacio a la División de Edificios Públicos del Departamento de lo Interior. Esta agencia controlaba los diseños de los edificios públicos y civiles. Además, era la primera oficina formal de arquitectos puertorriqueños, aunque había talento norteamericano. Rafael Carmoega era el director y la mayor parte de los edificios que tenemos en la universidad -como el Decanato de Estudiantes (antigua Biblioteca del CAAM), así como el edificio Celis- fueron construidos con dichos fondos federales. Opino que el PRRA aportó positivamente al desarrollo arquitectónico de la Isla.

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