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La Gran Depresión de 1929: violencia y política

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 12 abril 2009


  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

pedro_albizuPor lo regular, se asocia la década del 1930 a la reflexión teórica sobre qué significa ser puertorriqueño y cuál debe ser el destino final de la nación. Se trata de una época de crisis y, como lo vemos a la altura del 2009, las crisis siempre ponen en un primer plano las preguntas sobre el “destino colectivo”.

El otro elemento al que se asocian los treinta es la violencia nacionalista y los métodos exigentes que aquel movimiento utilizó para enfrentar el problema del estatus. La situación colonial había sido convertida por el Partido Nacionalista (en adelante PN de PR) en el problema central de la nacionalidad. Nunca el país ha sido testigo de confrontaciones similares entre el estado y la oposición radical en toda su historia.

La percepción de que la Generación Intelectual del 1930 y la derrota del Nacionalismo Radical fueron la antesala natural del Populismo es una metáfora común en el relato de la historia del país. Lo cierto es que en la década del 1930 la incertidumbre y la inseguridad, convivieron con la esperanza y la fe en el cambio.

El nacionalismo cultural y el nacionalismo político fueron modos alternos de enfrentar la desconfianza en el progreso que fue la nota dominante en la década del 1930. Si el Populismo conseguía devolver la fe en el principio moderno del progreso, su victoria estaba asegurada. En cierto modo, eso fue lo que sucedió después de 1938.

Por otro lado, una mirada cuidadosa de la época también deja claro que la violencia no fue un recurso exclusivo de nacionalistas. De un modo u otro, la violación de una visión de mundo que ya no era funcional, fue un proyecto colectivo compartido por todos los puertorriqueños.

Violencia y política

Hacia el año 1934 el PN de PR era una organización radical que combinaba con eficacia la propaganda independentista nacional e internacional. La meta era demostrar que el problema colonial de Puerto Rico era de la competencia del mundo y demostrar que Estados Unidos era una potencia imperialista clásica. El principio de que había que crearle una crisis al interior del país para forzarlos a reconocer la independencia de Puerto Rico, dominaba. El PN de PR utilizó lo mismo el espacio legal y jurídico, y el espacio ilegal o clandestino para generar esa crisis. La violencia de todo tipo fue una de los ingredientes de aquel proceso.

En cierto modo, la violencia política era una novedad hacia la década de 1930. El independentismo, tal vez como un modo de tomar distancia del separatismo independentista del siglo 19, o como una expresión de confianza en el liberalismo americano, había rechazado los métodos violentos de lucha desde 1904. Pedro Albizu Campos rompió con aquella convención en la medida en que alegaba que la violencia era un medio y no un fin en sí misma. La forma en que Albizu Campos enfrentó el asunto de la violencia recuerda su pasado de militar activo en el Ejército de Estados Unidos. Cuando ese país intervino en la Gran Guerra, su diplomacia adujo un argumento similar. La idea de la “guerra justa” y de la “violencia con autorización moral” estaba detrás de las actitudes de Woodrow Wilson, Vladimir Lenin y el líder puertorriqueño. La esperanza del cambio y la libertad, justificaba su uso.

También parece evidente que Albizu Campos quería evitar a toda costa que se interpretara su ofensiva violenta como vulgar terrorismo, concepto que ya se había generalizado en el lenguaje del poder lo mismo en la Unión Soviética de José Stalin, que en los Estados Unidos del “read fear” de la primera posguerra. A pesar de sus esfuerzos, el Estado criminalizó con éxito la violencia nacionalista calificándola como terrorismo suicida.

La actitud del PN de PR atrajo numerosos militantes tales como socialistas rojos, comunistas e independentistas y a numerosos intelectuales y universitarios asociados a la incertidumbre de la Generación del 1930. A pesar de las notables diferencias entre aquellos sectores, todos convergían en el reconocimiento de la injusta relación entre Estados Unidos y Puerto Rico y en la necesidad de un reparto justo de la riqueza social por medio de un nuevo contrato social todavía no especificado.

Es justo aclarar que la interpretación de Albizu Campos también le produjo numerosos opositores. Independentistas no violentos que renunciaron a la causa y, como era de esperarse, produjo el encono entre la Insular Police y las autoridades federales. La oposición más peligrosa fue la de la burguesía azucarera estadounidense y puertorriqueña que veía amenazados sus intereses de clase. Se trataba de un sector social que prefería la afiliación republicana, la estadidad y era fiel defensor del Mercado Libre.

La propaganda nacionalista tenía un fuerte contenido ético. Las tesis centrales era que la lucha como un deber y la independencia, una meta alcanzable e inevitable. La interpretación progresista de la historia en Albizu Campos era consustancial con su fe. Dentro de ese marco ético el PN de PR se opuso al “mantengo” y a las “transferencias federales”, porque las veían como un acto de mendicidad e indigno.

De hecho, en un poco discutido documento de 1933 Albizu Campos criticaba el “Nuevo Trato”, tildaba Franklyn D. Roosevelt de “dictador”, acusación en la que coincidía con los derechistas Republicanos y los defensores del Mercado Libre. Albizu Campos aseguraba que las políticas del Nuevo Trato eran un “gas bag” que no resolverá la crisis económica de ninguna manera.

La eficacia del discurso nacionalista revolucionario dependió de numerosos elementos subjetivos. La presencia de un líder carismático, autoritario y paternalista combinada con un lenguaje que sacralizó la lucha nacionalista y la proyectó como una guerra santa fue crucial. La convergencia con la imagen mística de Luis Muñoz Marín y/o los Hermanos Cheo, no debe ser pasada por alto. Para Albizu Campos, como buen católico, la conciencia de la injusticia autorizaba incluso el tiranicidio que, junto con la guerra justa son fundamentales a su idea de la violencia.

El PN de PR desarrolló un proyecto social que adoptó la voz de las víctimas de la depresión: los trabajadores rurales y urbanos, los intereses cafetaleros y tabaqueros puertorriqueños, y los sin tierra.

4 comentarios to “La Gran Depresión de 1929: violencia y política”

  1. Gradissa said

    Se hace mención de la incapacidad del discurso nacionalista para ganar adeptos en esta década del 30, aseveración dudosa ante la confirmación histórica de la creciente participación de miembros del Partido Nacionalista en huelgas y luchas de los trabajadores. Lo que no debemos obviar, en honor a la verdad, es que el Nacionalismo sufrió represión, de la dura y directa, como lo ejemplifican la “Masacre de Río Piedras” en 1935 y la “Masacre de Ponce” 1937.

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  2. […] Mario R. Cancel- Violencia y política: Por lo regular, se asocia la década del 1930 a la reflexión teórica sobre qué significa ser puertorriqueño y cuál debe ser el destino final de la nación. Se trata de una época de crisis y, como lo vemos a la altura del 2009, las crisis siempre ponen en un primer plano las preguntas sobre el “destino colectivo”. […]

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  3. La década de los años treinta del siglo XX fue una de frustración y a la vez de esperanza para el puertorriqueño. Por una parte, los líderes políticos continuaban con sus arcaicos programas que no llegaban al corazón del pueblo y por consecuencia la ciudadanía seguía ignorante sobre el futuro del país. Por otra parte, se miraba hacia el norte en busca del aquél apoyo ofrecido por el General Miles, apoyo que Puerto Rico necesitaba en ese momento frente al fantasma de la “Gran Depresión”. Los ideales podían esperar. Fueron muchas las familias que vieron luz al final del túnel cuando jóvenes y padres de familias aprovecharon las oportunidades que ofrecían las agencias creadas por el presidente Franklyn D. Roosevelt y su “Nuevo Trato” que llegaron a la isla. Como en todas las generaciones, siempre se encuentran personas irresponsables que abusan del sistema y aquella época no era la excepción. Sin embargo, podemos decir sin equivocarnos, que la década de los años ’30 fue la bujía del despertar del puertorriqueño que vieron un futuro mas halagador.

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  4. […] La Gran Depresión de 1929: violencia y política […]

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