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Segundo Ruiz Belvis: política y modernidad

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 4 junio 2009


  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

“ ¿Eres esclavo? En tal caso, no puedes ser amigo. ¿Eres tirano? En tal caso, nadie puede ser amigo suyo.”

Friedrich Nietzsche

a_ruiz_quinonescA la altura de 1857, a los veintiocho años,cuando recibe el título deLicenciado en Derecho y Letras con calificación “sobresaliente”, Ruiz Belvis era ya un intelectual maduro, con una visión cultural inquietante y dispuesto al servicio de su país como se observará de inmediato. Visto en perspectiva resulta increíble que a aquel muchacho apenas le quedasen diez años de vida intensa y tortuosa y que el servicio quequería darle a la patria ¿a Puerto Rico y las Antillas? fuese confundido con la subversión y le llevase al destierro y al sacrificio personal. Radicado en Mayagüez, comenzó la verdadera apoteosis del patricio.

Las circunstancias son interesantes. La historia también está construida sobre la base de coincidencias y azares. Desde 1854, José Francisco Basora ejercía como Médico Titular en la Villa de Mayagüez; y ya en 1855, Betances actuaba como Cirujano de Sanidad Interino en la misma localidad. Desde 1857 los apellidos de Ruiz Belvis, Basora y Betances estarán imbricados en la vida cívica de la ciudad constituyéndose en tres de las claves ideológicas y políticas de la década de 1860 a 1869. No sólo eso. Su laborantismo salió de las fronteras regionales para encender la llama que a la larga condujo al esfuerzo revolucionario más complejo, significativo y elaborado de todo el siglo 19 puertorriqueño: el Grito de Lares del 23 de septiembre de 1868.

Yo me imagino, y aquí tengo que dar vuelo a la fantasía, el esfuerzo de aquellas voluntades que desde un principio estuvieron de acuerdo en la necesidad de la separación definitiva de Puerto Rico y Cuba del debilitado Imperio Español; el valor especial que tuvieron que tener para, desde la posición social que disfrutaban, renunciar a ciertos privilegios de clase -porque el heroísmo es una forma de la renuncia siempre- en pos de causas tan malquistas como la de la abolición de la esclavitud y, en el caso específico de Ruiz Belvis y Betances, la causa antillana de la Confederación y de la república democrática. Hay que recordar el miedo que todo esto levantaba en el común de la gente gracias a los fantasmas redivivos de un Haití soberano y negro, o unas repúblicas hispanoamericanas inestables que España se ocupó de soliviantar.

La voluntad política española gustó mucho de desmerecer a los adversarios y cuando ello no demostró ser eficiente, recurrió a la represión indiscriminada de los enemigos en el interior. Pero también hay que recordar toda la complejidad que el movimiento separatista tenía a la altura de 1860 cuando anexionistas a Estados Unidos y hasta especialistas-autonomistas, vieron en aquel movimiento ideológico una sombrilla protectora.

En aquel contexto Ruiz Belvis acabó electo a la posición de Síndico Primero del Ayuntamiento de Mayagüez. El Caballero Síndico tenía el deber de velar por el buen uso de los fondos públicos municipales y fiscalizarlas actividades del Cabildo de la ciudad. Cada proyecto aprobado en el cabildo tenía que pasar por sus manos antes de ser puesto en práctica. Cada emisión de fondos para cualquier fin social también. Hay que decir que, en aquel momento,  Ruiz Belvis se hallaba tan vinculado al ambiente y al espacio mayagüezanos que se distanció de los asuntos de la hacienda y los intereses de la familia en Hormigueros y San Germán.

Es en Mayagüez donde, en colaboración con Betances y Basora, fundó hacia 1857 o 1858, la “Sociedad abolicionista secreta”, tan cargada de leyendas y tan difícil de documentar de manera seria. Yo no podría asegurar, después de revisar la documentación y las actas bautismales de varios pueblos de la costa oeste de Puerto Rico posteriores al 1858, en especial Hormigueros donde vivía la mayor parte de los esclavos de los Ruiz, que el activismo y la manumisión de esclavos fuese una meta principal del separatismo rebelde en aquel momento.La lista de libertos en circunstancias que pueden presumirse ligadas a la tradición de la “Sociedad abolicionista secreta” es mínima.

Lo que sí parece evidente es que los fines políticos de aquel activismo joven estaban llegando a su cenit entre 1864 y 1866. En el plano internacional, España se había fraguado una imagen política desastrosa con su intervención en los asuntos internos de la República Dominicana y su campaña por restaurar la soberanía hispana en aquella isla. La situación empeoró aún más cuando el débil imperio intentó poner en jaque a la República de Chile en su puerto de Valparaíso reclamando compensaciones por una guerra de independencia que estaba consumada hacía años. En todo aquel proceso lo único que consiguió concretamente España fue soliviantar el ánimo americano y crearse un bloque de adversarios que a la larga, podían ser aliados potenciales o sostén de un levantamiento armado en Cuba y Puerto Rico. Ruiz Belvis y Betances sabían esto e iban a aprovechar de una manera coherente la errática política internacional de la monarquía española.

Una de las fuentes más confiables de la década del 1860 en Puerto Rico, los periodistas e historiadores conservadores José Pérez Moris y Luis Cueto quienes fueron testigos de primera fila de aquel momento de la historia nacional puertorriqueña, estaban de acuerdo en que después de 1864 la zona oeste, en particular Mayagüez,  se había convertido en un hervidero de conspiraciones. Sociedades secretas y masónicas, alegaban,hacían su trabajo para debilitar el poder español. Ruiz Belvis mismo, junto a Betances y el patriota autonomista sangermeño Francisco Mariano Quiñones, se habían iniciado en la logia “Unión Germana” de San Germán. Un complejo y poco investigado mundo clandestino maduró entre 1864 y 1867 y en todo ese proceso Ruiz Belvis fue una de las figuras claves.

f_m_quinonescLa historia puertorriqueña ha salvado la figura de Ruiz Belvis por su compromiso con la abolición inmediata de la esclavitud africana en Puerto Rico con indemnización o sin indemnización para los futuros ex-amos. Su labor, junto a José Julián Acosta y Francisco Mariano Quiñones, en la redacción del Proyecto para la abolición de la esclavitud presentado en Madrid en la Junta Informativa de Reformas en 1867 en un momento en que el problema llegaba a su clímax y todavía era anatema discutir el mismo en el seno del poder español, lo inmortalizó dentro de la historia de la jurisprudencia y el derecho americanos. Valga aclarar que numerosos historiadores y testigos de la época coinciden en indicar que el referido documento es en lo fundamental producto de la pluma de Ruiz Belvis. Yo, por mi parte, he llegado a creer en la necesidad de la gloria compartida en este caso como en otros. El compromiso de Acosta y Quiñones con la causa de la abolición era tan incuestionable como el de Ruiz Belvis y el de Betances.

Después de 1867 la vida de Ruiz Belvis dio otro giro radical que lo iba a lanzar en brazos de la muerte. En julio de 1867, corrían los primeros días del mes, Ruiz Belvis y Betances se vieron precisados a tomar una decisión que alteraría de manera definitiva el resto sus vidas. Estaban ante la disyuntiva de someterse ante una autoridad que no respetaban; o decidirse a abrir una vía franca hacia la revolución tomando el camino del exilio, el destierro y el clandestinaje. Las citaciones para presentarse ante el gobernador con que se recibió a los delegados de Puerto Rico ante la Junta Informativa de Reformas forzaron la decisiónde romper en definitiva con una España que no podía dar lo que no tenía, según lo aseguraba Betances.

Aquí Hormigueros es, según la tradición oral, otra vez refugio del patriota. El relato en general es muy oscuro y confuso. Lo cierto es que acompañados por el párroco de Hormigueros Antonio González y Alonso, consiguieron evadirse vía Cabo Rojo-tal vez apoyados por uno de los hermanos Cabassa, dueños de las haciendas “Acacia” y “Belvedere”- hasta algún punto de la bahía de Guánica desde donde partieron –en ruta a Saint Thomas oRepública Dominicana- hacia la ciudad de Nueva York, refugio de los rebeldes de las Antillas en aquel momento. La revolución de las Antillas estaba en marcha. Nueva York era punto común de encuentro de exiliados esperanzados y de emigrantes ansiosos de una vida mejor que nunca conseguían.

De Nueva York ambos volvieron  a Saint Thomas  y en esta isla de las Antillas Menores se separarían para no verse más. Ruiz Belvis partió a cumplir una importante “misión política” ante las autoridades chilenas, y Betances se detuvo en el Caribe a fin de continuar agitando la cuestión de Puerto Rico y Cuba. Su tarea era más complicada. Debía hacer acopio de armas para un futuro levantamiento  en Puerto Rico. Se sabe que en la larga travesía al sur, Ruiz Belvis pisó suelo colombiano y peruano antes de arribar a Valparaíso, Chile. Se presume que en los distintos puertos de arribo estableció contactos con aliados del proyecto libertario de las Antillas por medio de supuestas logias masónicas comprometidas con la causa. Yo tampoco podría asegurarlo, pero la historia de lo secreto plantea muchas dificultades algunas insalvables.

Con ello Ruiz Belvis se convirtió en el primero de los “peregrinos de la libertad” que buscó en la América Hispana un sostén para un proyecto que se entendía clave para la seguridad de la América soberana: la Confederación de las Antillas. Más tarde, Eugenio María de Hostos y Pedro Albizu Campos iniciarían esfuerzos similares bajo condiciones disímiles.

Todo parece indicar que a Valparaíso, ciudad donde se le recibió como a un dignatario político de la resistencia antillana y presidente del Comité Revolucionario de Puerto Rico, llegó enfermo de gravedad y a los pocos días,el 3 de noviembre de 1867, falleció de complicaciones con un mal de estrechez en la uretra. En el Hotel Aubry, donde se hospedaba, recibió los cuidados de ciertas personas con toda probabilidad ligadas al proyecto que allí trataba de completar. El héroe había caído sin ver cumplida la meta que se había propuesto. Con ello la esperanza del apoyo internacional para la causa de las islas se tronchaba. Las Antillas, como Italia en su momento, tendrían que hacerlo por sí solas.

Segundo Ruiz Belvis es la proyección más universal de este microcosmos que llamamos Hormigueros. No me cabe la menor duda de que, de haber sobrevivido aquel trauma, el prócer hubiese retornado a la cabeza de un ejército de invasión para culminar la tarea que Lares comenzó y no pudo consolidar. Ese era el temple del soldado y ese fue el papel que le encargaron sus hermanos en la revolución. A sus treinta y ocho años, nadie podía cuestionar la hombría de bien del caballero y la militancia del rebelde. El “olvidado”, como le bautizó Hostos en 1873 cuando visitó su tumba que todavía estaba en pie en el cementerio de Valparaíso, vive de algún en la memoria de los puertorriqueños que sienten nostalgia por el sueño de la libertad.

Una respuesta to “Segundo Ruiz Belvis: política y modernidad”

  1. Reblogueó esto en Horomicos: microhistorias.

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