Puerto Rico: su transformación en el tiempo

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Espiritismo y modernidad en Rosendo Matienzo Cintrón (1855-1913)

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 21 abril 2013


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

Fragmento del ensayo “Espiritismo y modernidad: magia e historia en Puerto Rico a principios del siglo 20” en Historias marginales: otros rostros de Jano (Mayagüez, 2007)

Rosendo Matienzo Cintrón nacido el 22 de abril de 1855 fue, sin lugar a dudas, una de las figuras claves del Puerto Rico de la primera década del siglo 20. Su personalidad contradictoria dificulta al historiador de las resistencias políticas y sociales en Puerto Rico eslabonarlo con la tradición rebelde del Puerto Rico del siglo 19, asociada con demasiada facilidad a la figura de Ramón E. Betances, a la tradición de Cuba en armas y a la utopía antillanista. De hecho, el republicanismo radical que siempre caracterizó las posturas políticas de Matienzo Cintrón, no le condujo a converger con el separatismo confederacionista ni con el anexionista. Aquella postura fue un aliciente para tomar distancia del autonomista posibilista muñocista y para acercarse a un sector republicano que se había hecho fuerte dentro de aquella organización. El distanciamiento del muñocismo lo descartó del panorama canónico y la historiografía liberal autonomista lo relegó a un oscuro segundo plano dentro de una tradición política con la cual no encajaba

(…)

La filiación republicana de Matienzo Cintrón se manifestó tras la solución del conflicto militar del 1898. Desde aquel momento en adelante el concepto republicanismo adoptó unos contenidos distintos de los heredados por aquella tradición radical enraizada en el 1791 francés. La revisión domesticó el republicanismo hasta transformarlo en un sinónimo de la política profesional dominante en Estados Unidos. El fenómeno de la fusión, tan criticado por los autonomistas republicanos, los ortodoxos, a la altura de 1897 se reiteraba bajo la soberanía nueva. En los primeros dos bienios del siglo 20, periodo que se caracterizó por el control del Partido Republicano Puertorriqueño encabezado por José Celso Barbosa, el fenómeno se complicó aún más. El nuevo gobierno colonial y sus aliados fueron permisivos en extremo y el republicanismo exigente y la violencia política, entiéndase las turbas,  se transformaron en un dueto ingénito que el espiritista y humanista que había en Matienzo Cintrón no iba a tolerar.

rosendo_matienzo_cintronA pesar de lo que pueda imaginarse el analista, ello no fue suficiente para que el abogado perdiera la fe en la fórmula que identificaba la americanización y la modernización de la sociedad insular. De ese modo traducían algunos ideólogos liberales post bellum los proyectos regeneracionistas que tomarían auge en España después de 1898 marcando a la generación del cambio de siglo. En ambos casos, tanto la intelectualidad insular como la peninsular interpretó que la guerra había implicado la pérdida de una pasado, de una continuidad histórica y responsabilizó a los intelectuales de formular una explicación racional de las causas de aquella escisión. Detrás del regeneracionismo se ocultaba el afán romántico de la recuperación de algo perdido. Lo que se perdía era la presunta continuidad orgánica de la historia. Una historia escindida o discontinua no cabía en las mentes de aquellos intelectuales formados en la tradición ilustrada y positivista que partía de la premisa de la regularidad de los sistemas históricos.

Para el caso de Puerto Rico la situación resultaba más anómala. Garantizar esa continuidad perdida implicaba aceptar las bondades de la americanización material. La regeneración soñada dependía, en última instancia, de la presencia de Estados Unidos en la isla y de la integración de la parte al todo. La percepción de la anexión o la estadidad como una meta histórica valorable se afirmó en aquel sector ideológico. El impacto de la situación en Matienzo Cintrón es incierto, pero durante los años 1902 y 1903, se involucró en dos campañas pública disímiles solo en apariencia que vale la pena comentar brevemente: la de la unión y la del espiritismo. No se trata, debo aclarar, de un simple proceso de radicalización político social. En aquel contexto las ideas de Matienzo Cintrón resultaban lo suficientemente novedosas como para calificarlo como un revolucionario sin haber pisado aún la frontera de independentismo o de la izquierda. Se trata de un encuentro de corrientes paralelas de sistemas ideológicos que por alguna razón, comenzaron a caminar juntos en busca de un mismo propósito.

La primera de las campañas la inició probablemente hacia 1902,  cuando comenzaban sus disgustos con el Partido Republicano, y fue dirigida a crear la “Unión de Puerto Rico”, frente o asociación no electoral que, de hecho, se haría llamar en 1904 “agrupación de patriotas” a la vez que afirmaba que no tendría el carácter de “partido combatiente”.  La idea de la unión no era una novedad en el ámbito puertorriqueño. La Liga de Patriotas ideada por Eugenio María de Hostos es un antecedente interesante de la misma. En el documento “A los puertorriqueños” firmado en Nueva York el 10 de septiembre de 1898 el mayagüezano sintetizaba los fines de la organización. Por un lado, poner “a nuestra madre isla en condiciones de derecho” y “educar a un pueblo en la práctica de las libertades.”  La meta de Hostos era simple: “salir del pasado ibérico y entrar en el porvenir americano.”  El principio del borrón y la historia nueva era la actitud dominante. La Liga reclamaba con extremo candor la subordinación de las ideas políticas personales al “porvenir de nuestra isla”  voluntad que implicaba la subordinación de la política partidista al poder social.

El artefacto político propuesto por Hostos para enfrentar la situación de derecho era el plebiscito para “llegar a un convenio de gobierno temporal de los Estados Unidos en la isla”  y determinar al cabo si los puertorriqueños querían o no ser ciudadanos americanos. El corolario del proyecto consistía en “ayudar a los puertorriqueños a entrar con entero dominio de sí mismos en la verdadera y efectiva nueva era” y “ayudar a los americanos a americanizar la vida toda del país.”  Americanización y modernización se comprendían como sinónimos y como parte de un proceso inevitable que se debía auspiciar y celebrar. El modelo de aquel convenio colectivo del poder social se sustraía de la percepción que Hostos tenía de la sociedad estadounidense como un orden racional que los capacitaba para articular sanas “políticas de compromiso.”

Del mismo modo, en abril de 1899 José J. Henna propuso a Luis Muñoz Rivera, con el visto bueno del Comisionado en Washington del Partido Republicano el novelista Manuel Zeno Gandía, la consolidación de una unión puertorriqueña para hacer ciertas reclamaciones al gobierno de Estados Unidos. El proyecto pretendía comprometer a los tres líderes con el propósito de “facilitar el olvido de las pasadas luchas políticas, excluyendo el nombre de los ya disueltos partidos.”  De lo que se trataba era de afianzar una precaria solidaridad sobre la base del olvido del pasado hispánico, en la medida en que se ponía coto al afianzamiento de cualquier poder unipersonal. La meta última era, igual que la del proyecto de la Liga de Patriotas, promover un proceso plebiscitario que autorizara el ingreso de Puerto Rico a la unión americana.

El acuerdo de abril de 1899 no prosperó. De acuerdo con la documentación Muñoz Rivera alegó “que no podía haber acuerdo porque él representaba el Partido Liberal; Henna al Revolucionario; pero Zeno aunque Comisionado a Washington no era Jefe de Partido ni representaba a nadie. Los partidos Revolucionario y Liberal se habían evaporado con la guerra.”  La percepción de que un tramo de la historia había terminado con las eventualidades de 1898 era utilizada ahora para sabotear las posibilidades del proyecto político unitario ante Estados Unidos. El hecho de que la oposición hubiese venido de Muñoz Rivera no tiene que sorprender a nadie dada la actitud caudillista que siempre caracterizó al conflictivo político de Barranquitas. El cabecilla no parecía muy dispuesto a olvidar el pasado histórico. Para Muñoz Rivera el orden de los partidos políticos modernos estaba muy por encima del utópico poder social presentado por Hostos.

La “Unión puertorriqueña-americana” que propuso Matienzo Cintrón desde julio de 1902 estaba intrínsecamente vinculada a aquellos esfuerzos fallidos. Las circunstancias eran un tanto distintas. Desde el 1ro. de mayo de 1900 Puerto Rico había estrenado un régimen colonial civil mediante el estatuto Joe Benson Foraker. Las discusiones para la aprobación del estatuto habían hecho pública toda la desconfianza que tenían los congresistas de Estados Unidos en cuanto a la capacidad de los puertorriqueños para el gobierno propio o los merecimientos que poseían para gozar el privilegio de la ciudadanía americana.

Matienzo Cintrón consideraba fundamental que la organización fuese capaz de unir las voluntades de los puertorriqueños en un reclamo para la solución definitiva del problema estatutario del país a la vez que se desarrollaba una política más atrevida para confrontar los problemas económicos del país. La sintonía de este proyecto con la propuesta teórica hostosiana es notable: los dos debían mucho al positivismo y al pensamiento crítico del siglo 19. Del mismo modo, existe una distancia notable entre aquella concepción y la tosca traducción que Luis Muñoz Rivera hizo del concepto a partir de 1904. El Partido Unión de Puerto Rico, aunque les aseguró el poder hasta 1928, mucho les costó en términos del anquilosamiento ideológico y la confusión en que redundó. La “Unión de Puerto Rico” se imaginó como una gran fraternidad, utópica ciertamente, capaz de traducir la voz de todos los puertorriqueños ante una realidad que se consideraba opresiva. Cuestionar la supremacía la capacidad de los partidos políticos para resolver un dilema de aquella índole era problemático por el hecho de que aquel tipo de organizaciones representaban uno de los mayores logros del orden burgués y la democracia liberal representativa o delegativa. La experiencia de los partidos políticos en Puerto Rico apenas había iniciado, con muchas limitaciones, en 1871. Decir a la altura de 1899 o 1903 que aquellos artefactos que tanto había costado perfeccionar no representaban una alternativa viable resultaba difícil de comprender para la clase de los políticos profesionales.

(…)

La “Unión”  propuesta por Matienzo Cintrón, transformada por la fuerza de los hechos en Partido Unión de Puerto Rico, tan sólo usó el mito de la fraternidad sostenida por el frágil andamiaje que significaba “Base quinta”  para  tratar de comprometer a las mayorías puertorriqueñas para fines electorales y garantizar su control del presupuesto. El unionismo no era más que una fachada y un arreglo de lenguaje. El poder hegemónico del muñocismo dentro de la organización era evidente.

(…)

Parece obvio además el hecho de que el independentismo colectivamente visto nunca interpretó a José de Diego como un traductor fiel de lo que aquella propuesta ideológica contenida en la Base Quinta defendía. Ese fue el caso de Luis Lloréns Torres y Nemesio R. Canales quienes hicieron de de Diego el centro de sus más acerbas críticas de manera reiterada en la medida en que la Unión de Puerto Rico se convertía en una organización política colaboradora del establishment colonial.  Todo ello sirvió de cimiento para que en 1912 se consolidara una asociación independentista, denominada con el mismo lenguaje que se había designado a la Unión, llamada Partido de la Independencia de Puerto Rico al margen del independentismo dieguista.

La meteórica presencia de aquel independentismo en la segunda década del siglo 20 puertorriqueño, es uno de los fenómenos más interesantes de toda la historia puertorriqueña. Lo curioso es que la propuesta atrajera a un segmento significativo de los unionistas de 1903 que se disgustaron con el proyecto político partidista de unión de Muñoz Rivera. El partido o asociación no fue interpretado como una alternativa viable en su tiempo.

(…)

La segunda de las campañas de Matienzo Cintrón estuvo dirigida a consolidar la Federación de Espiritistas de Puerto Rico bajo la nueva soberanía en Mayagüez a partir del año 1903. Matienzo Cintrón fue uno de los oradores invitados a la asamblea fundacional que escogió a Francisco Vincenty como primer presidente.  Aquella organización se convirtió, por lo menos hasta 1913, en un influyente órgano patriótico y creador de opinión dentro del país. No se trataba sólo del compromiso humanitario que siempre fue una de las claves del espiritismo organizado desde el último tercio del siglo 19.  La Federación de Espiritistas se interpretó a sí misma como un cuerpo cívico –no sólo religioso o ético- centrado, igual que la “Unión de Puerto Rico”, en aquel concepto de la fraternidad que se había convertido en un lugar común entre buena parte de las elites intelectuales más significativos de aquel periodo. De hecho, todavía en 1913 cuando se consolidó el órgano literario modernista por antonomasia la Revista de las Antillas, pieza clave de la bibliografía de afirmación nacional del siglo 20, Nemesio R. Canales y Luis Lloréns Torres hacían voz común en el texto “Vendimia literaria” para asegurar que las metas del proyecto literario eran el “progreso” y la “fraternidad”,  los mismos objetivos de la referida Federación de Espiritistas. Había un consenso tácito que percibía que la modernidad se encontraba en una situación de crisis que había que enfrentar de algún modo. La espiritualidad y la estética fueron dos mecanismos primados en la confrontación de aquel proceso.

Si en términos de la búsqueda de la fraternidad Matienzo Cintrón caminaba al lado de su generación, en otros ámbitos representaba un contrapunto que es meritorio recordar. Su espiritismo kardeciano militante penetraba, por decirlo así, las ideologías que defendía. Su visión de mundo era, primero, la de un espiritista. Era a través de ese crisol que interpretaba los otros ámbitos de su ideología.

4 comentarios to “Espiritismo y modernidad en Rosendo Matienzo Cintrón (1855-1913)”

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  2. En mi comentario anterior cometí el error de escribir “cinco décadas bajo el sistema español” cuando debió decir cinco siglos. Gracias.

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  3. Quiero añadir algo muy cerca de un servidor que ayudó a moldear mi carácter y percepción de la vida. A la llegada de las tropas estadounidenses, mi padre, don José Ramón Quiñones, era un adolescente viviendo en San Germán. Nos contaba el entusiasmo y bienvenida al nuevo gobierno de parte de la población común sin importar los ideales. Recordaba lo sufrido bajo el gobierno español y el ciudadano de la época presentía un futuro mas halagador A los años, tuve la oportunidad de conocer y hablar con personas nacidas bajo el régimen español y todos coincidían con los argumentos de mi padre. Hoy dia podemos ver el progreso del puertorriqueño obtenido en 115 años bajo el sistema estadounidense en comparación con cinco décadas bajo el sistema español.. .

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