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José Celso Barbosa: un divertimento y un homenaje

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 24 julio 2013


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

José Celso Barbosa nació el 27 de julio de 1857 en Bayamón y falleció el 21 de septiembre de 1921 en la Capital. Negro, hijo de artesanos, luego médico egresado de la prestigiosa Universidad de Michigan, se constituyó en una de las figuras más influyentes de la cultura política puertorriqueña desde la histórica Asamblea de Ponce celebrada en el Teatro la Perla en 1887, hasta su muerte en 1921. Autonomista Radical y Republicano apasionado durante el siglo 19, estadoísta y republicano en el siglo 20,  imagino su desilusión ante los avatares que marcaron a Puerto Rico después de la esperanzadora invasión americana de 1898. Las leyes orgánicas de 1900 y 1917 no habían complacido por completo a ningún líder político que se respetara a sí mismo, independientemente de sus preferencias políticas.

José Celso Barbosa (1880)

José Celso Barbosa (1880)

Lo cierto es que para los separatistas independentistas y los separatistas anexionistas, el 1898 desembocó en un compás de espera que, a la altura de 2013, no ha terminado aún. Las autoridades estadounidenses, a pesar de su promesa de “libertad”, prefirieron siempre, indistintamente de que fuesen controladas por el Partido Republicano o por el Demócrata, los senderos políticos de la indecisión. En Puerto Rico, para bien o para mal, esos espacios siempre se han identificado con un mal definido centro y con la autonomía o el autogobierno colonial. Soy historiador y voy a conmemorar a Barbosa haciendo lo que no he visto a nadie hacer hace años: mirándolo en sus papeles. Voy a visitarlo por aquellos días de marzo y mayo de 1921 cuando, cerca de la muerte y con su conciencia como único censor, hablaba sobre su país.

Lo primero que llama mi atención es la excesiva preocupación de Barbosa  porque el partido de Gobierno, el Unión de Puerto Rico, y el país en general, están minados por la ideología independentista que él siempre identificó con el antiamericanismo. En un país en el cual no se había avanzado ni un ápice hacia la independencia política, la percepción de Barbosa sorprende y resulta exagerada. En una carta a Roberto H Todd del 5 de marzo de 1921, su juicio es tajante: “los unionistas están unidos todos por un solo ideal, por el odio al partido Republicano, odio a los americanos”. Para Barbosa los unionistas no eran sinceros con el país. No les interesaba realmente la independencia: estaban dominados por el “amor a los cheques” y los dividendos que la irresolución del estatus les garantizaban. Para Barbosa, el gobierno del Partido Unión, con Antonio R. Barceló a la cabeza, no era más que “un gobierno igual al gobierno español, en cuanto a que hay un cacique que en vez de llamarse Ubarri se llama Barceló”. Caciquismo y oposición al cambio minaban a aquel partido. El desprecio al pasado hispánico dominaba a Barbosa y a  los Estadoístas en 1920, precisamente cuando una intelectualidad nacionalista e hispanófila comenzaba a quedarse con el poder en el discurso cultural del país.

Lo segundo que llama mi atención es la capacidad que poseía el Partido Republicano Puertorriqueño para gobernar desde la oposición. Otra carta de Todd, firmada el  16 de marzo de 1921, ratificaba las conjuras que se organizaban cuando había un cambio en el puesto de Gobernador. El Presidente nombraba, es cierto, pero el proceso era mucho más complejo que ello. La salida de Arthur Yager (1913-1921) de la posición, abrió un intenso cabildeo en el cual los nombres del general Edwards, apoyado por Horace M. Towner, luego gobernador en 1923; y un tal Darling, “candidato de la gente de Massachussets” apoyado por Calvin Coolidge, se barajaban como opciones.

Barbosa despreciaba al gobernador Yager por unas razones muy particulares: su americanismo tenía ciertos límites. En la carta citada, se quejaba de que “está completamente entregado a los unionistas”, o sea, gobernaba con ellos y rechazaba a los republicanos. De acuerdo con Barbosa, por cuenta de la fragilidad de Yager, “los independentistas mandan en todas partes” y para demostrarlo, se quejaba de que “se presentó en el Ayuntamiento una resolución para que el retrato de De Diego se colocase en los salones del Ayuntamiento como apóstol  del ideal independentista” y el gobernador no se opuso.

Dos protagonistas de su tiempo, por Mario Brau

Dos protagonistas de su tiempo, por Mario Brau Zuzuarregui

Y en otra nota del 24 de mayo de 1921 al mismo Todd, celebraba su salida del puesto porque “a pesar  de ser Yager un mamao los tuvo [a los Unionistas] en jaque por algún tiempo, pero el día que se vio en lo de Domenech, desde ese día los convirtieron en un muñeco y muñeco ha sido hasta el momento de abandonar a Puerto Rico.” El manuscrito demuestra que Barbosa había comenzado a escribir la palabra “excéntrico”, la cual tachó antes de colocar la voz “mamao” que, en efecto, significaba mejor sus intenciones.

Aquella correspondencia también demuestra que puestos como el de Juez de la Corte Suprema, o las vacantes en las plazas federales en el país, eran de la competencia del Partido Republicano a pesar de que no era el partido de gobierno y la Estadidad no era una opción para Puerto Rico.En la carta de 21 de marzo, abierta una vacante Corte Suprema por el retiro de Conrado Hernández, se destacaba la  “gran importancia política” del puesto, a la vez que Barbosa sugería Todd “empezar a trabajar para que (Emilio del) Toro (Cuebas) sea nombrado Presidente, y se llene la vacante con un buen republicano”. En la misma nota, Todd endosaba  a un tal William Sopris para Comisionado de Inmigración de Puerto Rico porque “es un buen republicano, anti-independentista y capaz para ese puesto.” Barbosa rogaba que se nombrase a un buen republicano para la posición de Jefe de Correos y que a Lee Nixon, el saliente, se le diese un puesto de jerarquía en la Policía Insular. Lo cierto es que la capacidad para ocupar un puesto era menos importante que el republicanismo y el antiindependentismo siempre.

Tercero y último, Barbosa no ponía reparos mayores cuando de debilitar al independentismo se trataba. Para Barbosa, todo aquel que se opusiera a la Estadidad era un Independentista, visión bastante cuestionable tratándose de una persona con una inteligencia privilegiada. Lo cierto es que cuando Yager se fue, no nombraron ni a Edwards ni a Darling. Nombraron a Emett Montgomery Riley (1921-1923): o el cabildeo republicano no fue suficiente o simplemente no los escucharon, como era lo usual. Barbosa celebró al gobernador Riley por la sola razón de que  se manifestó abiertamente en favor de la Estadidad y ello sería de utilidad “para matar el empuje de la independencia…”

Recordemos a Barbosa, no hay problema, pero recordémoslo como el acto histórico que fue. El Barbosa que yo evoco es una persona de carne y hueso, invadida por las emociones y las angustias hasta el punto de la intransigencia. El Barbosa y el Albizu Campos de la ancianidad, no diferían mucho. La pasión por la ideología en la cual ambos habían invertido sus vidas desde polos opuestos se parecían mucho. Allí estaba los rencores y las desilusiones acumuladas por la invisibilidad de ambos ante las autoridades estadounidenses. Recordarlo así, inmerso en su humanidad, es algo que puedo hacer sin el menor reparo.

6 comentarios para “José Celso Barbosa: un divertimento y un homenaje”

  1. Este personaje puertorriqueño es interesante. Lo que se plantea aqui tambien. Seria interesante investigar la base social del Partido Republicano, y la mentalidad de su clase media, y la trabajadora respecto los unionistas.

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  2. Roberto Ramos-Perea said

    Hermano Mario, entonces debo colegir que el interés de Barbosa en la anexión con Estados Unidos tenia un carácter espiritual? Filosófico, moral o espiritual? Adjudicar únicamente a los unionistas intereses materiales en sus deseos de hegemonía, hace obvio el similar interés de Barbosa por igual. Ladrón juzgando ladrón. O acaso las turbas que el mismo Barbosa instigó eran movimientos de purificación hacia el ideal? No sé, hermano, habría que elaborar un poco más sobre estas contradicciones de Barbosa, como las de Muñoz y los unionistas antes y después de 1904. Estos dos tipos rajaron al país con una herida honda en la que no mediaba interés ninguno por el país sino por el poder local y el beneplácito gringo. ¿Cómo podría convencerme de la honestidad de Barbosa o de la de Muñoz? Dame luz.

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  3. José Javier Muñiz Quiñones said

    Saludos. El segundo apellido de Don Emilio Del Toro era Cuebas, con “B”. Lo sé porque era primo-hermano de mi bisabuela. Tengo información de genealogía que investigué en los archivos parroquiales de Cabo Rojo que lo confirma.

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  4. Herald D. Lorenzo-Troche said

    Dr. Cancel todos sus escritos son dignos de admiración.

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