Puerto Rico: su transformación en el tiempo

Historia y sociedad

  • Lo nuevo

  • Posts Más Vistos

  • Los mejores

  • Categorías

  • Historias y palabras

  • Visitantes

    • 944.614 hits
  • Comentarios de los lectores

    Imagen de Betances… en La americanización en Mayagüez…
    Imagen de Betances… en Betances y la epidemia del…
    Ismael Cancel en La Invasión de 1898: apuntes…
    yadiel en Transformaciones económicas y…
    Jose F. Bernal en Documento y comentario: Memori…
  • Archivos

  • Taller de trabajo

  • Escribe tu dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

    Únete a 4.184 seguidores más

Archive for the ‘Gobierno de Puerto Rico’ Category

La Carta Autonómica y la Guerra del 1898

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 15 abril 2011


  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

Práxedes Mateo Sagasta (1825-1903) cumplió su compromiso con los autonomistas puertorriqueños  cuando llegó a la posición de Primer Ministro. A partir del 25 de noviembre de  1897 dictó 3 decretos con el fin de articular la Autonomía Moderada y Colonial en Puerto Rico y mediar en el conflicto cubano. El hecho de que el Partido Autonomista Puertorriqueño estuviese minado por el divisionismo desde la negociación del Pacto con Sagasta, no frenó un proceso que se formuló, esencialmente, pensando en los beneficios que  España España obtendría del mismo.

El primero de los decretos fue el que autorizó la aplicación del Título I de la Constitución Española de 1876, con lo que se reconocían los derechos civiles básicos, condición jurídica necesaria para legitimar el proceso de cambio. El segundo fue el que hizo extensiva a la isla la Ley Electoral española de 1890, la cual autorizaba el voto universal masculino a los ciudadanos mayores de 25 años. El tercero fue la prometida Carta Autonómica colonial y moderada, un documento que regulaba la administración de la colonia y que difícilmente equivalía a una constitución formal.

Práxedes Mateo Sagasta

Las reacciones de las elites políticas en las Antillas fueron las esperadas. En Cuba, en armas desde 1895, la oferta se recibió con frialdad. El ejército y el gobierno de Cuba en Armas, confiaba en que una intervención de Estados Unidos, evento que la autonomía esperaba evitar, favorecería la separación. En Puerto Rico, donde no había una guerra en el horizonte y la colaboración entre autonomistas y separatistas era poca, la recibieron con gusto. Aquella elite autonomista, vio en el gesto de emergencia de España, el cumplimiento de la promesa de Leyes Especiales de 1837 y 1876.

Vistos desde esa perspectiva, el propósito estratégico de la Carta Autonómica no se cumplió. Por un lado, no  frenó el Separatismo en Cuba y, a la larga, tampoco evitó que Estados Unidos interviniera militarmente en las Antillas. Las razones para el fracaso geopolítico de la Carta Autonómica deben buscarse en el hecho de que la reforma llegó políticamente tarde. Si en el 1887 se hubiese respondido a la fundación del Partido Autonomista Puertorriqueño en lugar de con los Compontes, con una oferta de Autonomía, la historia hubiese sido distinta. El otro elemento estuvo fuera del control de España. En febrero de 1898, el hundimiento accidental del acorazado Maine en La Habana mientras estaba estacionado en medio de una extraña visita de buena voluntad en medio del conflicto, justificó la declaración de guerra en Estados Unidos.

Se trata, en cierto modo, de un tradicional 11 de septiembre en pequeña escala. Los americanos responsabilizaron, sin prueba alguna, a los españoles de lanzar un torpedo desde un submarino de prueba contra la nave. Se difundió la patraña de que los rebeldes mambises ejecutaron el acto de terror con el fin de acelerar la intervención americana. Se sospechó que se trataba de un trabajo desde el interior con el fin de justificar la declaración de guerra. Lo más moderados sospecharon que se trataba de un accidente provocado por un descuido y solicitaron la intervención de un cuerpo investigativo imparcial, hecho que no se concretó en aquel momento. Para Estados Unidos era más importante la legitimación de la agresión que la aclaración juiciosa de la situación. En abril de 1898, el Presidente de Estados Unidos William McKinley (1843-1901) declaró la guerra a España.

La Carta Autonómica: una evaluación crítica

La Carta Autonómica fue un documento defectuoso, hecho con prisa, pensado con el fin de resolver los problemas geopolíticos de España. Interpretarla como una reforma graciosa de la hispanidad para la siempre fiel isla de Puerto Rico, o como un logro extraordinario del Partido Autonomista Puertorriqueño mutilado por la ruptura o trauma del 1898, tal y como lo hizo la Historiografía Liberal,   ya no resulta convincente. La ruta hacia la consolidación de la Autonomía Moderada y Colonial estuvo plagada de defectos procesales. De hecho, no fue discutida ni aprobada legalmente por el Parlamento Español, y tampoco se consultó a los puertorriqueños y los cubanos sobre su contenido y su alcance.

William McKinley

También contenía defectos de derecho  que la hacían antidemocrática. La más notable es que no abolió la relación colonial. Lo cierto es que los derechos individuales se pueden garantizar incluso en una colonia. El Puerto Rico del Estado Libre Asociado es una demostración de ello. Pero eso no hace que la relación colonial, cimentada en el principio de la disparidad, la asimetría y la ausencia de soberanía, pueda confundirse con una relación democrática. La relación de 1897 garantizó el control de España sobre las relaciones diplomáticas, las fuerzas armadas y la defensa del territorio. Los parecidos con la relación de 1952 son notables. El Rey continuó siendo la autoridad suprema en el país y nombraba al Gobernador, y el país seguía pagando los gastos inherentes a la Corona de su Tesoro, restringiendo las posibilidades de reinvertir el mismo en obras públicas racionales.

La Carta Autonómica ofreció pocas cosas nuevas. Lo más duradero fue la Cámara de Representantes electiva sobre bases  restrictivas. Estableció además que se consultara a los colonos por medio de sus representantes sobre acuerdos económicos y diplomáticos  internacionales que involucraran los intereses del país. Pero ello, distinto a lo que concluyeron los Juristas Nacionalistas de la Generación del 1930, no hacía a Puerto Rico un país soberano. A pesar de esas limitaciones, el arreglo garantizó la fidelidad de los autonomistas a España y los distanció de los separatistas anexionistas e independentistas de una manera permanente.

Por último, la Carta Autonómica nunca entró plenamente en funciones. En cuanto la guerra se cernió sobre las colonias, los derechos civiles concedidos por el Título I fueron derogados y se dio paso a un gobierno autoritario de tiempos de guerra. En la coyuntura, la Cámara de Representantes suspendió  sus reuniones. El 25 de julio de 1898 la invasión liquidó régimen. La Carta Autonómica o las Leyes Especiales, nunca pudieron demostrar su eficacia.

Posted in Autonomismo puertorriqueño, Carta Autonómica, Gobierno de Puerto Rico, Invasión de 1898, Leyes Especiales, Práxedes Mateo Sagasta, Puerto Rico en el siglo 19, Separatismo puertorriqueño, William McKinley | Etiquetado: , , , , , , , , | 2 Comments »

Gobierno de Puerto Rico durante el siglo 16

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 10 noviembre 2009


  • Mario R. Cancel-Sepúlveda
  • Historiador y escritor

El traspaso de los derechos sobre las posesiones de la familia Colón a la Corona en 1537, reintegró jurídicamente un Imperio dividido. Carlos I y sus asesores se dieron a la tarea de diseñar un sistema de gobierno para la inestable colonia de San Juan Bautista. Aunque, en principio, la Casa de Contratación y el Consejo de Indias siguieron controlando la economía y la política local, la búsqueda de un sistema de gobierno local eficiente fue esencial.

fortaleza_1933Los Alcaldes Gobernadores u Ordinarios

Bajo el sistema de los Alcaldes Gobernadores o Alcaldes Ordinarios (1537-1545), cada uno de los Cabildos instituidos en 1511 y en 1513, elegiría dos Alcaldes. Los Alcaldes de Caparra y San Germán serían supervisados por la Audiencia de Santo Domingo. Los Alcaldes Ordinarios actuarían como Jueces de Primera Instancia en lo Civil y lo Criminal, y a la vez coordinarían la administración local con los Regidores de cada Cabildo. En la práctica, el poder ejecutivo y judicial, como en todo sistema autoritario, estaba concentrado en los alcaldes, y San Juan Bautista era una dependencia jurídica de Santo Domingo, donde se apelaban los pleitos no resueltos localmente. San Juan Bautista era una Provincia Autónoma de La Española con dos Partidos también autónomos y cuatro alcaldes que actuaban como gobernadores. Es importante señalar que el sentido de la autonomía indicado era distinto al moderno: La Española supervisa, pero no gobierna.

La crisis del sistema   se produjo, de acuerdo al juicio de la época, porque dado que la población de la colonia era poca y la gente con capacidad para gobernar también, siempre gobernaba la misma gente. El sistema fue condenado como “un gobierno de compadres” en el cual los Alcaldes Ordinarios aprovechaban su posición para beneficiar a sus asociados. Las disputas locales se consideraban una manifestación de la incapacidad de los colonos para el gobierno y como un impedimento al crecimiento de la colonia. Dada la situación, Carlos I resolvió reformar el gobierno

Los Jueces o Gobernadores Letrados (1545-1564)

Como alternativa se decidió nombrar a Jueces, Letrados o Abogados fieles a Carlos I para la administración local. Se trataba de juristas educados en la disciplina del derecho presuntamente capacitados para resolver los problemas de una colonia en formación. Sin embargo, la desconfianza de la Corona seguía siendo notable. El temor a la reiteración de “un gobierno de compadres” justificó la prohibición expresa a que Gobernadores Letrados   confraternizaran con los vecinos o cabezas de familia influyentes de San Juan Bautista. Los reglamentos incluso les prohibían casarse en el área de servicio. La finalidad era legítima: se trataba de evitar la influencia de la elite colonial en el Gobierno. Los Gobernadores y el Gobierno representaban los intereses de la Corona, no los de la Colonia.

El poder de la elite colonial dependía de diversas condiciones. Primera, se trataba de que eran descendientes de los conquistadores y que por ello, poseían tierras con título obtenidos por sus antepasados durante la conquista y garantizados por el derecho hereditario. Una de las familias más influyentes entonces era la Ponce de León. Los miembros de aquella elite colonial dominaban los puestos de Regidor en los Cabildos y penetraron posiciones de poder en la Jerarquía Católica y en su gobierno por medio del Cabildo Eclesiástico. El Juez o Gobernador Letrado, que gobernaba en nombre de la Corona, podría ser visto como un agente exógeno a su arribo al territorio. El sector de la elite colonial que lo sedujera, controlaría indirectamente la vida colonial.

El sistema fue revisado por que los Jueces o Gobernadores Letrados, violando sus instrucciones, se involucraron con las familias locales y perdieron la confianza del Rey. Con ello se ratificó la incapacidad de los gobiernos civiles para estabilizar la colonia. La violencia de la región antillano-caribeña y las amenazas cada vez más notables de una agresión extranjera, justificaron el nombramiento de militares para el gobierno local.

 

fortaleza_1899

Los Gobernadores Militares y el Presidio Militar (1564-1625)

La respuesta al fracaso de los Gobiernos Civiles fue la militarización de San Juan Bautista. El fracaso del civilismo autoritario estuvo relacionado con  la corrupción administrativa y el nepotismo y favoritismo de los funcionarios. Pero también tuvo que ver con la poca  participación de los colonos no peninsulares en la toma de decisiones. Sin embargo, el fracaso administrativo no fue la única razón para el giro más importante en la administración colonial hasta el siglo 18. El cambio fue también una respuesta a las agresiones militares comunes durante el siglo 16. Aquel fue un siglo de violencia.

Durante el periodo aludido los taínos y caribes atacaron San Germán en Las Lomas en 1573. Los  franceses tuvieron como base de operaciones la Isla Amona o Mona y, desde allí, desarrollaron ataques de asalto contra el Partido de San Germán entre 1528 y 1576. Adjunto con ello, elaboraron redes de contrabando con los lugareños que alteraban las fidelidades de los comarcanos y debilitaba su fidelidad a la Corona Española. Los  ingleses también aparecieron desde el Caribe Oriental y, si bien intentaron negociar un permiso de comercio con España, en el momento en que se les negó adoptaron una política agresiva. Las presiones desde la ilegalidad para forzar el comercio atlántico culminaron en las agresiones de 1595 y 1598.

Lo cierto es que la Corona Española era muy celosa de sus privilegios de comercio, tanto o más que los musulmanes con las rutas afro-asiáticas hacia la India. La filosofía económica de la Monarquía se oponía al mercado libre y al tráfico internacional competitivo. Sus políticas monopolísticas y proteccionistas, de acuerdo con muchos especialistas, no les permitieron aprovechar las ventajas materiales de poseer un Imperio como aquel. De ese modo, la historia de Las Antillas y el Gran Caribe se llenó de violencia. El impacto de las decisiones económicas egoístas de los españoles, redundó en numerosas tensiones políticas con otros países europeos que, a la larga, superaron y subsumieron el poder español.

Posted in Educación en historia, Gobierno de Puerto Rico, Historia de Puerto Rico, Historia militar de Puerto Rico, Puerto Rico en el siglo 16 | Etiquetado: , , , , | Comentarios desactivados en Gobierno de Puerto Rico durante el siglo 16

 
A %d blogueros les gusta esto: