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Archive for the ‘Historiografía y teoría’ Category

Anti-figuraciones: bocetos puertorriqueños, un ejercicio de historia social

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 5 octubre 2010


  • Dr. Juan E. Hernández Cruz
  • Sociólogo y Miembro de la Academia de la Historia

Hoy nos ocupa aquí, comentar el más reciente libro del profesor Mario Cancel, amigo por el cual tengo un gran respeto intelectual y un genuino afecto. Un libro interesante, denso, como Mario nos ha acostumbrado a esperar de él, de un tema novedoso que refleja vivencias y experiencias de un grupo de ilustres puertorriqueños, casi todos de este Puerto Rico, el de la isla. Fue Don Arturo Morales Carrión el primero que convincentemente nos llevo a intuir los dos Puerto Ricos: el “primero” la capital; el otro, “la isla”. Yo añadiría otra categoría hoy: el Puerto Rico de la diáspora, de los que van y vienen.

Cada uno de esos Puerto Ricos tiene su idiosincrasia, su historia y su voz. En este libro Mario nos revela minuciosamente, interesantísimos girones de uno de ellos, el de “la isla”. Y lo hace a contrapelo de la historiografía y crítica literaria dominantes. Por eso, al él revelarnos las biografías de algunos representantes de ese mundo, que comparten espacios en una literatura marginal, o vivencias históricas dispares, lo resultante es una trama que se urde mediante una ingeniosa y extensa investigación.

El título del libro de por sí ya nos revela su intención, se trata de anti-figuraciones, o etapas de una biografía, o un acto de desdoblamiento del biografiado, y porque no decirlo, también del autor, y es que Mario escribe también desde una literatura marginal. (Cuando decimos aquí marginal, queremos decir al margen de la literatura del otro Puerto Rico, el oficial, el de la capital, que ha estado orientado hacia las metrópolis y los ismos e ideologías en boga.)

A mí me consta que el profesor Cancel no escribió estas biografías, o bocetos, con la intención de darnos una muestra vigorosa de la literatura marginal, o de la historiografía no convencional, eso surgió después, como el mismo lo relata en el prólogo. Y me consta, porque yo fui uno de los que lo entusiasmé para que se uniera a mí en un proyecto sobre la literatura sangermeña y escribiera el prólogo de la novela Kalila de Francisco Mariano Quiñones. Proyecto éste originado por el Círculo de Recreo de San Germán.

Anti-figuraciones: bocetos puertorriqueñosEn esa ocasión yo veía la posibilidad del especialista en historia y en literatura (Mario domina ambas disciplinas) libre de ataduras dogmáticas, para que escribiera la biografía de Don Francisco Mariano Quiñones y ubicara su novela desde una perspectiva crítica. Sé que otros de los trabajos incluidos en este libro también fueron solicitados por las mismas razones y en reconocimiento de su dedicación y erudición.

El resultado de esos trabajos encomendados en diferentes ocasiones, por un periodo de varios años y por diferentes personas, constituyen el volumen que hoy se nos presenta con voz propia y con una nueva personalidad. Se trata de Anti-figuraciones: bocetos puertorriqueños que así es el título completo del libro.

En el caso del ensayo de Mariano Quiñones, titulado “De Kalila a la literatura nacional o el oprobio del cosmopolitanismo” que ya he comentado en otro contexto, se refiere a la complejidad de la novelística de ese autor, la cual ha sido construida, y cito a Mario, “sobre los cimientos de la literatura masónica y mágica” para luego añadir “tan extrañas en la tradición literaria nacional”. Razón por la cual ha sido clasificada como marginal, debido a que rompe con la mayor parte de los moldes de lo que la crítica puertorriqueña ha considerado clásicos, como expresiones del S.19. Mario Cancel nos recrea los discursos del romanticismo y el nacionalismo, que encontrarían su mejor vehículo de expresión en la novela de Occidente, y el criollismo y naturalismo, que serían lo propio en la novela puertorriqueña. Acotando que serían a su vez los que menos peligro representarían para la ideología del régimen español de la época.

Otra posible lectura de estos textos es desde el interaccionismo simbólico, una de las microteorías de la sociología. Partiendo de la tesis de Simmel, y su concepción del pensamiento dialéctico, que él describe como multicausal y multidireccional, integrando hechos y valores y rechazando la idea de que hay líneas divisorias tajantes entre los fenómenos sociales. Simmel pone énfasis en las relaciones sociales y el interés, además de reconocer la importancia del presente, en relación con el pasado y en la proyección del futuro. Siendo este último el aspecto que hace a la obra de Mario atinada y permite que hagamos esa lectura simmeliana.

Todos los bocetos, o relatos biográficos del libro, nos revelan unos personajes y unas contradicciones, que son importantes para descifrar ese pasado y para ayudarnos a un entendimiento de este presente. Como diría el propio Simmel “el mundo puede entenderse mejor en términos de conflicto y de contrastes entre categorías opuestas”.

La posición de Simmel establece que el mundo está compuesto de innumerables acontecimientos, acciones e interacciones. Para orientarse en el laberinto de la realidad (que él llama los “contenidos”) las personas la ordenan, mediante su reducción, a modelos y formas. De esta manera, el actor se enfrenta a un número limitado de formas, en lugar de a un conjunto de acontecimientos específicos. La tarea del sociólogo y valga la pena decir del historiador en este caso, de acuerdo a Simmel, consiste en hacer lo mismo que el lego; esto es, imponer un número limitado de formas a la realidad social, a la interacción en particular, para que de esta manera pueda analizarla mejor. Esta metodología permite por lo general obtener un extracto de las características comunes que se encuentran en un amplio frente de interacciones específicas. Un ejemplo de ello serían las formas interactivas de superordenación y subordinación que se basan en una vasta gama de relaciones, “tanto en el estado, como en la comunidad religiosa; tanto en una asociación económica, como en una escuela de arte o en la familia”.

Hay en estos trabajos un paralelismo con lo que Simmel nos propone, eso es fijarse en un fenómeno específico, finito, de entre los acontecimientos más amplios del mundo en general, el examen de la multiplicidad de elementos que lo pueden componer e indagar su causa, que le da coherencia y así descubrir su forma. Investigar entonces los orígenes de esas formas y explorar sus implicaciones estructurales.

Este enfoque tiene el riesgo de que el investigador imponga un orden donde no lo había y de producir una serie de estudios inconexos, que a la postre no se acerque al construido por los legos. Eso no ocurre en este trabajo, que resulta coherente y nos revela situaciones específicas, partiendo de esa realidad que yo he conceptualizado como “el otro Puerto Rico” ubicada en la comparación con el “primer Puerto Rico” y el más amplio, del mundo en general. En este caso, ese enfoque nos permite entender mejor a Lola Rodríguez de Tió (Imágenes de una poeta: un asomo a la bibliografía de Lola Rodríguez de Tió) y la necesidad expresada por don Emilio del Toro Cuebas de que se escribiera la biografía de Lola, “la de la patriota”. Necesidad que se repetirá, al decir de Cancel, por diferentes estudiosos, en diferentes momentos históricos hasta el presente. El profesor Cancel recurre entonces a hilvanar los pasos de Lola, señalando el exilio y las dificultades de reconstruir éste, terminando con una oración lapidaria: “Los peregrinos (exiliados) no dejan de ser figuras marginales de una versión de la historia que se ve precisada a citarlos pero no puede integrarlos cabalmente a sus grandes invenciones nacionales”.

La contradicción de la dama de alta sociedad, señalada por Cancel, que prestó su casa en La Habana para guardar “armas, municiones y explosivos” o la ruptura de ella con algunos de los moldes impuestos por un orden social dominado por los hombres puede que sea resuelto en el “futuro” a que hace alusión Simmel. Esa biografía de la patriota que reclamaba del Toro Cuebas posiblemente sea escrita en su otra “realidad social”, la cubana y en Puerto Rico siga siendo “la poeta refinada que pululó libremente entre Alejandro Tapia y Rivera y José Gautier Benítez”. Aunque sospecho que ese sea un reto que tomé el mismo Mario y nos sorprenda con una biografía de Lola que integre su polifacética vida.

El caso de Loida Figueroa (en el ensayo El discurso histórico de Loida Figueroa Mercado: apuntes iniciales) que a decir de Cancel se podría definir como una “historiadora tradicional” en el momento en que se originaban unos postulados de la “nueva historiografía”, este precisa, hablando en el lenguaje de Simmel; los “contenidos” de romanticismo, positivismo, y nacionalismo, para darle “forma” en el “compromiso con una causa”, lo que le dio personalidad al discurso histórico de Loida Figueroa, marcándola como “una figura única entre las mujeres que trabajaron la historia en el S.XX”.

En este ensayo Mario utiliza también un concepto del interaccionismo “el performance”, la actuación que también refleja la influencia de Erving Goffman sobre su trabajo. Quiero hacer un comentario final en mi rol de editor: este es un libro atractivo y bien hecho, con un excelente papel color marfil viejo y una letra legible, un libro atractivo y fácil de leer. Felicito a los editores de Isla Negra. A Mario, enhorabuena.

Comentario en torno al libro Anti-figuraciones: bocetos puertorriqueños de Mario R. Cancel (Isla Negra Editores, 2003) leído el 22 de abril de 2004 en la Biblioteca Juan Cancio Ortiz de la Universidad Interamericana de  San Germán.

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“We the People”. Comentarios introductorios

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 28 octubre 2009


  • Dr. José Anazagasty
  • Sociólogo

Jose_AnazagastyEl pasado 18 de octubre se proclamó públicamente el Día Conmemorativo del Cambio de Soberanía. Según se reportó en El Nuevo Día el documento establece que hace 111 años se izó por última vez la bandera española y se elevó por primera vez la estadounidense, como representación de la transferencia del control de la colonia por parte del gobierno español al estadounidense. Sobre ese cambio de soberanía el General Henry dijo en la ceremonia del “cambio de soberanía” el 18 de octubre de 1898:

Alcalde and citizens: To-day the flag of the United States floats as an emblem of undisputed authority over the island of Puerto Rico, giving promise of protection to life, of liberty, prosperity, and the right of worship God in accordance with the dictates of conscience. The forty-five States represented by the stars emblazoned on the blue field of that flag unite in vouchsafing to your prosperity and protection as citizens of the American Union.

Fueron muchos los puertorriqueños que celebraron aquel momento, precisamente porque para ellos la presencia de Estados Unidos representaba una garantía de democracia, progreso y modernización. Representaba además el establecimiento en Puerto Rico de un régimen laico, liberal e igualitario. Y es precisamente eso lo que celebra, según Kenneth McClintock, la proclama del Día Conmemorativo del Cambio de Soberanía. Para este, representante del gobernador en la graduación de 17 oficiales técnicos de la Guardia Nacional donde se hizo pública la proclama,

La llegada de esa bandera nos ha garantizado tantos derechos y privilegios en los pasados 111 años. Antes no había plena libertad de culto, no existía el derecho al ‘hábeas corpus’, no podías decirle hijo de lo que fuera a un gobernante ni te podías tirar a la calle a protestar.

Según McClintock es precisamente el régimen liberal inaugurado en Puerto Rico por los Estados Unidos el responsable de que ciudadanos como Residente de Calle 13 y la masa popular puedan protestar mediante paros o insultos las políticas del gobierno. Y que bueno que podamos hacerlo. Ciertamente, no podríamos ignorar los beneficios cívicos de ese régimen liberal. Pero las palabras de McClintock son interesantes no tanto por lo que emiten—la celebración de la inauguración de un alegado régimen liberal en Puerto Rico—sino mas bien por lo que omiten, por lo que excluyen.

Omiten que para muchos estadounidenses enarbolar la bandera ese octubre de 1898 era no solo afirmar la soberanía de su país sobre la isla sino además afirmar, desde una perspectiva patentemente etnocentrista, racista, e imperialista la alegada superioridad estadounidense sobre los puertorriqueños. Pero afirmar su superioridad era a su vez aseverar la inferioridad de los puertorriqueños. Y para ellos precisamente esa inferioridad—intelectual, física, cívica y moral—de los puertorriqueños era lo que demostraba que estos no estaban listos para el gobierno propio, para ese gobierno laico y liberal del que gozaban los estadounidenses.

Fue esa devaluación de los puertorriqueños —la que algunos asociamos a la alegoría maniquea—lo que caracteriza muchos de los libros sobre la isla escritos por varios estadounidenses poco después de la guerra hispanoamericana. Fue mi interés por esa alegoría lo que me llevó a unir fuerzas y recursos con Mario R. Cancel para realizar, con el auspicio de la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades y la Universidad de Puerto Rico,  el seminario para educadores: Los Americanos y sus “Textos Imaginarios”: La Economía de la Alegoría Maniqueista y la Representación Americana de los Puertorriqueños, 1898-1926.  Nos propusimos ofrecer un seminario sabatino de siete días a educadores con el fin de brindarles la necesaria base teórica y practica para enriquecer su enseñanza de la historia de Puerto Rico y los Estados Unidos  a través del uso de una serie de libros de valor histórico publicados originalmente entre el 1898 y 1926, textos reimpresos en el 2005 por la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades bajo el nombre We the People: Puerto Rican Series. Varios colegas, entre ellos Michael González, Aníbal J. Aponte, José E. Martínez, Camille Krawiec, Walter Díaz y Lanny Thompson, así como Mario Cancel y yo, ofrecimos varias charlas sobre el maniqueísmo de estos textos durante el seminario.

El libro que presentamos hoy, “We the People”: La Representación Americana de los Puertorriqueños, 1898-1926, recoge algunas de las ponencias ofrecidas por algunos de estos durante el seminario. Como lo resume la contraportada: “Este volumen recoge una serie de miradas alternativas a la invasión norteamericana del 1898. La interpretación de las textualidades generadas por los conquistadores, la construcción de una imagen de Puerto Rico sobre la base de una relación desigual y la utilización de esa imagen para justificar su presencia y articular la explotación del territorio conquistado, son el tema central de estos ensayos. Los textos de los invasores le dicen más al lector sobre ellos que sobre los puertorriqueños. Una reflexión necesaria después de un siglo de relaciones entre Puerto Rico y Estados Unidos. Y si algo pretendemos es que el libro nos ayude precisamente a reflexionar sobre la historia de las relaciones entre Estados Unidos y Puerto Rico.

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We the people y la bibliografía del 1898

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 24 octubre 2009


  • Mario R. Cancel
  • Catedrático Asociado de Historia

La invasión de 1898, inauguró el siglo 20 puertorriqueño y americano. La relación de la expansión ultramarina americana con el debilitamiento de la hegemonía europea es bien conocida. La imágenes del 1898 entre la intelectualidad puertorriqueña, sin embargo, variaron de modo notable durante el siglo 20.

La épica de la guerra en el escenario local, nunca sorprendió a nadie. En cierto modo, la guerra se peleó en Manila, Cavite, Santiago y La Habana. En San Juan, por el contrario, el cañoneo americano solo se dejó sentir en el Morro, el San Cristóbal, el Cuartel de Ballajá y la Iglesia de San José. La historiografía estadounidense, llegó a denominar el 1898 como la “Little Splendid War”, reduciéndola a una sacudida eléctrica poco memorable. Esa situación explica la metáfora del “1898 como picnic” de la legisladora Norma Burgos que provocó un tumulto en la UPR en 1997.

We_the_peopleLas tradiciones interpretativas del 1930 y el 1950, convinieron en la idea manida del 1898 como un trauma o como una ruptura histórica en el tránsito hegeliano de la nación hacia la libertad. Toda la historiografía nacionalista así lo afirmó. La discontinuidad producida por la guerra se consideraba un problema. El establishment anexionista no vaciló en ver la invasión como una superación de la España aristocrática, y una garantía de que el país se encaminaría hacia la modernidad. Los sociólogos del populismo, celosos del desarrollismo y la estadística, dulcificaron el 1898 como la entrada en escena de un hermano mayor porque no querían animar el contencioso cultural entre los americanos y los puertorriqueños.

Desde la década del 1970 a esta parte, la percepción de los procesos que condujeron al 1898, ha cambiado mucho. La nueva historiografía social, que estaba a la vanguardia entonces, revisó la invasión desde el lenguaje de la lucha de clases, recalcó el papel de las clases subalternas –artesanos y obreros-; y reconoció en el 1898 la clave para explicar el fin de la hegemonía de una clase, la señorial y hacendada, y la intrusión de núcleos de capitalistas y capital ausentistas en la formación de una economía dependiente que siempre fue muy impopular y marcadamente injusta.

Durante la década del 1990 tres tendencias se afirmaron en la mirada del 1898: una concepción geopolítica y macroscópica que profundizó en el papel del valor geoestratégico de Puerto Rico para Estados Unidos y su Marina de Guerra durante el siglo. La otra fue una mirada cultural y microscópica que, con un lenguaje antropológico, se fijó en el impacto de la invasión en los pueblos y las comunidades que vivieron aquel proceso. La literatura ficcional sobre el 1898 fue esencial para la consolidación de aquel proceso revisionista, en particular dos textos narrativos publicados en los primeros años de la década del 1980: La llegada de José Luis González y Seva de Luis López Nieves. La tercera fue la relectura de la invasión a la luz de la historiografía de las representaciones y cultural, mediante la confrontación de algunos textos de la época deconstruidos con los instrumentos del análisis del discurso.

Un elemento común a la mayor parte de aquellos juicios ha sido que el 1898 siempre ha sido visto como un paso, legítimo o ilegítimo, hacia la modernización. El nuevo orden colonial de 1900 y sus metamorfosis hasta el presente, se han convertido en parte integral de la investigación de aquel acontecimiento. ¿Por qué publicar otro volumen sobre el 1898? We the people: La Representación Americana de los Puertorriqueños, 1898-1926, es una aportación a la discusión por diversas razones.

En primer lugar, los textos han sido elaborados desde una diversidad de posiciones que inventan lenguajes originales para enfrentar un viejo problema. Aníbal J. Aponte, un especialista en teoría y desarrollo político; Michael González Cruz, especialista en el nacionalismo y la violencia política; Camille L. Krawiec, antropóloga cultural que se ocupa de la retórica ambiental y del impacto de los medios de comunicación en la era global; y José Eduardo Martínez, especialista en ecología política, articulan una propuesta renovadora sobre un problema intelectual inagotable.

En segundo lugar, la preocupación por la representación o la invención del otro sobre la base de la revisión de una serie de textos casi desconocidos, le da un tono nuevo. Lo que ocupa a los autores de este volumen es la representación, no la cosa y ello sin que la representación esté divorciada de la materialidad que la llena en parte. Me parece que re-visitar desde la postmodernidad un acontecimiento que ha sido considerado como el “fundador de un proyecto de modernidad” en Puerto Rico, siempre es valioso.

En tercer lugar, este libro demuestra que no todo ha sido dicho sobre el 1898. We the people es una manera de volver sobre una serie de fuentes primarias que fueron invisibilizadas durante mucho tiempo. El hecho de que las mismas no hubiesen sido reimpresas hasta el siglo 21, es relevante. El emborronamiento de aquellos textos  fue  usual a todas las estrategias interpretativas comentadas anteriormente.

Lo que plantea We the people: La Representación Americana de los Puertorriqueños, 1898-1926 es la posibilidad de una nueva lógica interpretativa en donde la historiografía cultural y de las representaciones, la ciencia política, la antropología y las teoría de las comunicaciones han sido convocadas. La palabra ahora corresponde a los lectores.

Nota: Comentario en la presentación del libro en la Sala Álvarez-Nazario de la Biblioteca general del RUM. Si desea obtener una copia del libro comuníquese con Mario R. Cancel mariocancel@gmail.com o con José Anazagasty janazagasty@msn.com

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