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Archive for the ‘Pedro de Loizaga’ Category

El Ciclo Revolucionario y la Política en Puerto Rico (1814-1837) (Parte II)

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 27 noviembre 2008


  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

La Constitución de 1836 y Puerto Rico

La muerte de Fernando VII en 1833, cerró un periodo de la historia política de España. Por aquel entonces su única heredera Isabel, hija de María Cristina de Nápoles, tenía apenas 3 años. La monarquía quedó bajo la Regencia de la madre de la princesa, abriendo un nuevo periodo de inestabilidad. Carlos María Isidro de Borbón, hermano del fallecido Fernando VII, aspiraba al trono y cuestionó la decisión. Uno de sus argumentos era que una mujer no tenía derecho a fungir como Monarca acorde con la tradición de la Ley Sálica, una jurisprudencia franca, es decir francesa, que provenía del siglo VI. En aquel momento las fuerzas Liberales, apoyadas por Militares, volvieron a conspirar contra la Monarquía. La amenaza forzó a la Regente a establecer lo que se denominó el Estatuto Real en 1834. Se trataba de una argucia legal que aspiraba complacer a Liberales y a Conservadores, sin hacer grandes concesiones a ninguno de los dos bandos.

Los Liberales y lo Militares favorecían la eliminación del Estatuto Real y preferían la restitución de la Constitución de 1812. A lo que aspiraban era a la consolidación de una Monarquía Liberal y Racional en donde los cuerpos castrenses sirvieran de freno al poder del Rey o de la Reina, según fuera el caso. Se trataba de una Monarquía Limitada, pero las limitaciones al poder absoluto no serían responsabilidad directa del Pueblo por medio de una Cortes liberales. La conjura militar se extendió como reguero de pólvora a las colonias. En 1835, en San Juan, se descubrió un complot del Regimiento de Granada estacionado en la Capital, cuyo líder era el Capitán Pedro de Loizaga. Los objetivos de los militares locales eran los mismos que en España. Una vez delatada desde adentro de las fuerzas conspirativas, Loizaga terminó sus días en la cárcel de El Morro, como tantos otros rebeldes en el siglo 19. El Gobernador Miguel de la Torre adoptó una política inteligente en aquella ocasión: trasladó a los oficiales del Regimiento de Granada involucrados en la conjura a otras partes del país y a Cuba. Con ello lograba que, si había un núcleo de subversivos, el mismo fuera disuelto de inmediato sin recurrir a la violencia.

San Juan en el siglo 19

Las presiones políticas en la península y en las colonias, condujeron a la Regente a autorizar la redacción de una nueva Constitución en 1837. Pero las Cortes que la redactaron decidieron no hacer la misma extensiva a Puerto Rico como habían hecho en 1812 y en 1820. Para los insulares prometieron redactar Leyes Especiales para su gobierno en un futuro no precisado. La idea de gobernar a las colonias mediante Leyes Especiales establecía que los peninsulares no apreciaban como sus iguales a los insulares. Aquella lógica los condujo a pensar que las leyes los estatutos que rigieran la vida colonial debían ser distintas a las que regían en la península. Ese reconocimiento de la diferencia que sostenía al concepto de las Leyes Especiales, es la base de las tendencias autonomistas del siglo 19.

Es cierto que la reacción política a las Leyes especiales no fue uniforme en el país. Algunos sectores aceptaron la promesa de buena fe y fueron denominados especialistas. Se trataba de intelectuales y juristas liberales pero moderados. Otros rechazaron la oferta y pidieron la aplicación de la Constitución de 1837 a Puerto Rico. Eran militares liberales del Regimiento de Granada dispuestos a tomarse mayores riesgos por su causa. Pero algunos aprovecharon la confusión y trataron de separar a Puerto Rico de España en 1838 mediante un golpe militar bien ejecutado. Eran militares radicales que querían integrar el país a la Hispanoamérica independiente. Las tendencias políticas dominantes durante todo el siglo 19 estaban maduras.

España entre 1808-1837: conclusiones

El Ciclo Revolucionario tuvo en España unos efectos particulares. España no tuvo un 1789 radical como lo vivió Francia. La nobleza aristocrática sobrevivió el cambio y se convirtió en un freno poderoso para el cambio modernizador. Las posibilidades de que una parte de la nobleza aristocrática estableciera alianzas o acuerdos eficaces con las fuerzas de la burguesía que promovían el cambio, eran pocas. Debo recordar que esa fue la fórmula aliancista fue lo que garantizó que el Congreso de Viena de 1815 fuera exitoso. Las alianzas y las concesiones hechas de parte y parte en aquellas discusiones al final de la Guerras Napoleónicas, garantizaron la posibilidad de un nuevo orden duradero hasta la Primera Guerra Mundial. Los acuerdos, en cierto modo, pospusieron la lucha final entre la Nobleza y la Iglesia, de un lado, y la burguesía, de otro, para el futuro. La confrontación final nunca se dio. Era un sueño utópico pensar en la victoria final de la burguesía, tanto como luego lo fue imaginar la victoria final de la clase trabajadora ante la burguesía.

En la España Católica, la burguesía de los negocios, el ejército, los intelectuales liberales como los masones, fueron sectores que siempre fueron vistos con desconfianza por la Nobleza y la Iglesia. Los procesos hacia la modernización polarizaron la situación. Ello condujo al establecimiento de un precario balance de fuerzas entre los liberales y los conservadores y a los altibajos que ya hemos discutido antes. Esa incertidumbre se reflejó en la vida puertorriqueña de una manera palmaria. Pero la vida política moderna en las colonias inició como consecuencia de esos procesos.

Lo más interesante es que en ambos mundos los intelectuales y los militares liberales fueron una fuerza revolucionaria enorme. Aquellos sectores retaban a la Monarquía por dos frentes: el intelectual y el práctico. El papel de los intelectuales críticos en la modernidad se estrenó en aquellas circunstancias. Ciertamente, unas fuerzas armadas que cuestionaban el poder civil eran peligrosas. Para España el Ejército representaba una opción real para el cambio. Con posterioridad los intelectuales rompieron esa relación con el ejército pero esa situación se discutirá en otra ocasión.

 

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