Puerto Rico: su transformación en el tiempo

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Archive for the ‘Violencia política’ Category

Documento y comentario: Betances ante la invasión de 1898

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 12 julio 2010


Carta Núm.1 De Ramón E. Betances a  Julio Henna

Arcachón (Gironde), 16 abril ’98

Querido Julio:

La noche del día en que usted me escribió (primero de abril) estaba yo moribundo. Me dio un ataque de opresión (uremia) al llegar de París, que se repitió el 5. Después me quedé con congestión pulmonar doble y todavía no he salido, en este país donde el tiempo es primaveral, sino un par de veces a tres o cuatrocientos pasos del Hotel. Espero reponerme un poco para volver a París.

Sección de Puerto Rico (1896)

Contesto su carta: Veo que está usted siempre muy excitado contra Estrada y usted me perdonará hacerle algunas reflexiones que no tienen más objeto que el bien de la revolución en Puerto Rico. No se exaspere tanto. Lo más que necesitamos es unión. Es bueno ponerse en su lugar y yo me pregunto si cualquier otro cubano, en su lugar, no hubiera hecho otro tanto, y si teniendo a su disposición de armas para Puerto Rico, donde la sublevación era problemática, no hubiera echado manos de esas armas urgentemente pedidas por sus compatriotas próximos a ser degollados. Además, no hay que juzgar a todo un pueblo por uno de los suyos. Estrada no es Cuba, y allí tenemos gran número de simpatizantes, desde Masó, Gómez, Calixto, Mayía, Miró, Lacret y otros Generales, entre los cuales figuró Antonio Maceo, hasta nuestros capitanes y tenientes borinqueños.

Cálmese y obremos de acuerdo. Así estaremos seguros de alcanzar más pronto nuestro objeto. Porque hay que desengañarse: la América es una gran nación pero no le es simpática a todo el mundo. Es claro que, si no se puede obtener otra cosa, valdría más llegar a formar un estado en la Unión que seguir siendo españoles; pero ninguno de nosotros tiene el derecho, como los jefes africanos, de coger el país y entregarlo a un poder extranjero. Esa decisión no le pertenece sino a todo el pueblo portorriqueño. Yo doy mi nombre para la revolución; no para la conquista de mi tierra.

Ya usted ve que en esas condiciones no le puedo dar importancia a la «Revolución» de los clubes de Santo Domingo.

***

Hablemos ahora de mí. Yo que nunca he temido a nada en este mundo, tiemblo al pensar lo que habrá de ser mi situación cuando vuelva a París. En otra ocasión le escribí a usted que apenas me quedaba clientela alguna como médico. La que una vez fue suficientemente numerosa, la he descuidado para dedicarle todas mis actividades a la causa de Cuba. Hoy soy como un apestado con quien no quieren cuenta aquellos que quieren seguir bien con España; y los hay que cuando me ven llegar, me huyen, temerosos de que voy a pedirles para la causa de Cuba.

Naturalmente que hay excepciones en este último terreno, pues son muchos los que mensualmente contribuyen espontáneamente con cantidades generosas; pero esto es lo que tiene que ver con el Agente de Cuba. El doctor Betances, como tal doctor, no tiene clientela y ha tenido, para vivir, que ir vendiendo todo aquello que tenía precio y podía venderse fácilmente. Sólo me queda un objeto de arte, y precisamente por serlo, nadie quiere comprarlo. Me refiero al célebre retrato que me hizo el pintor español Domingo, que figuró en la Exposición de París, y que fue tan admirado. Nadie compra un retrato del doctor Betances, aunque lo haya pintado el celebrado pintor Domingo. Veremos.

Betances

Carta Núm. 2: De Ramón E. Betances a Eugenio María de Hostos

París, 7 de junio de 1898

Querido Hostos:

Ya debe usted haber llegado a esta fecha al centro de operaciones. ¡Cuánto me alegro!

Por desgracia yo estoy también muy lejos y por mil razones no puedo hacer como usted. Conviene mucho que usted esté ahí y que, como yo, haga presión todo lo posible sobre Henna, para que se mueva hasta obtener para Puerto Rico las mismas concesiones, siquiera, que se le hacen a Cuba.

Ya usted sabrá las exigencias de los americanos.

1. ° Puerto Rico entregado a los Estados Unidos, definitivamente, como indemnización de guerra.

2. ° Cuba entregada temporalmente hasta que los cubanos hayan organizado un gobierno.

Y tenemos que los puertorriqueños, bajo la influencia española, pretenden resistir a la invasión americana. Los jíbaros no sueltan su escarapela sangre y oro del sombrero, y se arman con decisión. Esta situación puede traer a la isla inmensas desgracias.

New York Times (1898)

He perdido mi tiempo queriendo abrir los ojos a los políticos españoles, para que tratásemos directamente sobre la base de nuestra independencia lo que hubiera impedido la intervención yankee y habría sido aceptado por el pueblo. No ha sido posible hacerles comprender esta necesidad, que les habría conservado nuestras simpatías y ventajas comerciales, además de una indemnización.

Por otro lado me parece que Henna no se preocupa sino de arrancar la isla de manos de los españoles, aunque caiga luego en la de los americanos como territorio.

Le he escrito que deben dos o tres formarse en comisión, ponerse a la voz con el gobierno yankee y hablar claro; esto es, decir la verdad: Puerto Rico no quiere pertenecer a la Unión. Está resuelto a resistir. Esto puede producir desastres irreparables. América debe ser generosa. No puede pedir que nos sometamos a una conquista, cuando casi todo nuestro comercio y nuestras industrias hemos de tenerlo con ella. La independencia para nosotros es nuestra salvación y para los americanos una fuente más considerable de riquezas.

Un pueblo pequeño en un país muy poblado no puede hacer más que trabajar, para ser feliz, etc., etc.

Yo estoy preparando aquí el terreno para ver si se puede ejercer alguna influencia sobre los hombres de Madrid y sobre los de Washington.

Escríbanle a Henna en el mismo sentido. Yo lo he hecho ya y seguiré haciéndolo. Henna desgraciadamente es muy yankee, pero va equivocado, y le he escrito que sería un crimen de parte de nosotros, exponer el pueblo puertorriqueño a las desgracias que puede traer una resistencia ciega.

La independencia absoluta es lo que puede salvarnos. Yo creo que estaremos; para ella, en mejores condiciones todavía que los cubanos.

Yo le hubiera ya escrito a Máximo Gómez y a Calixto García, haciéndoles estas reflexiones; pero creo que mis cartas no llegarán a sus manos. Vea si de ahí usted puede hacerlo directamente.

Esta situación me llena de inquietud.

***

Entiéndanse también en ésa con Guzmán Rodríguez (de Añasco), que está en Macorís expulso. Le escribo que se vea con usted.

***

En este día se ha corrido la noticia que hay revolución en Santo Domingo.

Trabajemos en bien de nuestra pobre «islilla», que puede hacer la felicidad de su millón de habitantes, si tenemos la fortuna de ver nuestro sueño realizado.

Con un abrazo cordial.

Betances

Tomadas de Ramón Emeterio Betances, Las Antillas para los antillanos. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1975. págs. 239-241 y 258-261. Prólogo de Carlos M. Rama.

Comentario:

La carta a Henna fue escrita desde Arcachon, cerca de Burdeos, donde convalecía de insuficiencia renal. Su situación de salud de Betances ya no mejoró  Betances, además, había sufrido el rechazo de un sector de la migración cubana en París y no se encontraba en una buena situación económica. Por otro lado, la guerra se cernía sobre la inmigración y el exilio, hecho que reclamaba revisar las tácticas para poder enfrentar el proceso y sacar ventajas del mismo. El 15 de febrero había ocurrido el hundimiento del Maine. El 28 de marzo, una Comisión Investigativa americana determinó que la causa del incidente era una mina, conclusión que negó una Comisión española. El 25 de abril Estados Unidos declaró la guerra a España. Pocos días después del 25, Betances tuvo una reunión con el influyente Embajador de Estados Unidos en Francia, Gen. Horace Porter, como parte de las indagaciones del diplomático en torno a la frágil situación financiera de la monarquía española.

Gen. Horace Porter

La carta a Hostos, escrita desde París se redacta tras el bombardeo de San Juan el 12 de mayo y poco después de la movilización de la Marina estadounidense hacia las costas de Cuba. En ella Betances ha definido una táctica que espera acelere la consecución de la Independencia de Puerto Rico en el marco de la Guerra Hispanoamericana por Cuba y Filipinas. Los documentos reflejan, pues, la tensión de Betances ante los hechos que se aceleran sin control.

La propuesta de Betances es simple. Primero, hay que evitar los choques entre cubanos y puertorriqueños hasta donde sea posible y mantener la unidad. A Henna le recomienda que tolere las actitudes de Estrada Palma en nombre de los fines estratégicos del proyecto revolucionario. La expresión “América es una gran nación” demuestra que todavía se confiaba en que la invasión de Estados Unidos abriría una puerta para la independencia de las islas. Betances debía afirmar ese hecho en particular ante Henna quien defendía públicamente la anexión. Todavía anexionistas e independentistas podían trabajar por una causa común. La voluntad francamente modernizadora y progresista de Betances, le lleva a afirmar que “valdría más llegar a formar un estado en la Unión que seguir siendo españoles”. Eso no lo convertía en un anexionista como han alegado algunos comentaristas: le afirmaba como antiespañol y le ponía en posición de convencer a Henna de que debían y podían aunar esfuerzos “contra España” por encima de su divergencias estratégicas.

Segundo, insiste en aprovechar que el destino de Puerto Rico dependía del destino de Cuba. Betances recomienda que se evite resistir a los invasores porque ello “puede traer a la isla inmensas desgracias”; y que se cree una Comisión que informe a los americanos que “Puerto Rico no quiere pertenecer a la Unión” para, de ese modo, impedir pacíficamente la anexión. Entonces se estará en posición de negociar un acuerdo y convencer a Estados Unidos de que un Puerto Rico soberano sería “una fuente más considerable de riquezas” que uno anexado. La nota a Hostos demuestra que, en ese momento, confía más en la capacidad del mayagüezano para enfrentar el conflicto que en la de Henna. El camino de la Independencia lo abrirá la diplomacia inteligente. No contaba Betances con que Hostos no favorecía esa táctica sino el plebiscito racional, como articuló luego en la Liga de Patriotas.

  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador y escritor

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Documento y comentario: Insurrección de Lares, Sociedades Secretas

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 13 marzo 2010


I

Sabido es por los documentos publicados en Nueva York por los rebeldes, que la insurrección de Yara se incubó en las escuelas, se atizó con proclamas incendiarias y calumniosas contra España, se le dio cohesión con la propaganda de El Siglo y que otras varias circunstancias concurrieron a extraviar la opinión pública en las Antillas. Pero lo que no se sabe sino de un modo imperfecto es que las escuelas, los papeles subversivos, la prensa pseudo-reformista, la literatura indiófila y los demás manantiales de aguas laborantes no fueron más que arroyos que confluían a un punto céntrico oculto, donde estaba la gran manufactura del separatismo. Todos los signos exteriores de la, al parecer, latente conspiración no eran más que las arterias de un cuerpo cuyo cerebro era invisible. La gran manufactura, el cerebro del laborantismo que precedió a los acontecimientos de Lares y de Yara, estaba en las sociedades secretas, sociedades que a la hora en que estas líneas trazamos existen reorganizadas en Puerto Rico.

(…)

Si al siguiente día de ocurridas las escandalosas escenas de la noche del día 23 de setiembre en Lares, se hubiese constituido allí el alcalde mayor Navascués, celoso servidor de España e inteligente criminalista, muchos secretos habría descubierto en sus indagatorias, porque a aquel íntegro juez no se le ocultó desde las primeras diligencias que hizo en Ponce que la insurrección se había organizado en las sociedades secretas, y su mayor deseo ha sido perennemente recoger cuantos detalles pudo sobre estos centros de la traición. Pero los rebeldes habían tenido tiempo de destruir sus papeles, pues hasta el día 6 de octubre no se constituyó el juzgado en Lares, es decir, trece días después de los acontecimientos del 23 de setiembre cuando las personas más importantes habían sido imperfectamente indagadas por el alcalde Mediavilla y por su sucesor San Antonio, sin sacar nada en claro, inmediatamente después de desalojados los insurrectos, sobre cómo se había tramado la rebelión,  y a no ser por una gran casualidad, que fue causa, como en otro lugar referiremos, de que el coronel Iturriaga, comandante militar de Arecibo, prendiese el 21 a don Manuel María González, presidente de la sociedad secreta de Camuy, situada en el barrio del Palomar y denominada Comité Lanzador del Norte número 1, de seguro que ignoraríamos del todo la organización general de estas numerosas asociaciones. La prisión de este prominente cabecilla ha sido el motivo principal de que abortase el movimiento general que se tenía acordado hacer el 29 simultáneamente en toda la Isla, y dio ocasión a que cayera en manos de la autoridad el borrador del Reglamento formado por nosotros los fundadores de la Asociación para la libertad e independencia de la Isla de Puerto Rico.

(…)

II

He aquí las bases generales de las mencionadas asociaciones. Sus miembros eran de tres clases: maestres, priores y hermanos. En cada pueblo de la Isla debía de haber un maestre, y en la capital, en Mayagüez o en otro punto residía el maestre director o sea el jefe general de todas las sociedades.

Para ingresar en la última escala, en la categoría de hermano, era preciso tener buenas costumbres; no ser el afiliado, por ejemplo, dado a la bebida para que no pudiera involuntariamente revelar los secretos o la existencia del club: los maestres y priores eran los que autorizaban o rehusaban la entrada de un hermano. Antes de iniciárseles se les leía un manifiesto antiespañol que suponemos sea una de las proclamas que insertamos en el Apéndice. No se permitía el ingreso, sin haber hecho muchos y especiales méritos laborantes, a ningún peninsular o español, ni a personas que ejercieran cargos públicos, cualquiera que fuese su profesión, ni a los jueces, abogados, procuradores, alcaldes, jueces de paz ni a los secretarios de estos últimos; ni tampoco, añade textualmente el reglamento, «a los que estén en contacto con estas clases, recibiendo de ellas beneficios directos o lucrando indirectamente en sus negocios y manejos». Acerca de la admisión de hermanos había especial encargo de proceder con toda prudencia consultando siempre entre sí los priores y el maestre.

Acordada la admisión de un hermano, el prior le leía el manifiesto y todo el reglamento de las asociaciones. En seguida con la mayor solemnidad y en presencia de cuatro testigos escogidos de entre los asociados, o mayor número si los había a mano, el prior le hacía prestar sobre los Santos Evangelios juramento de cumplir las obligaciones contenidas en una fórmula que empezaba así: «Juro por Dios y por mi honor ser fiel a esta sociedad, obedecer cumplidamente todos sus preceptos, así como también guardar toda reserva respecto de la existencia de la sociedad; contribuir con mi persona y bienes al sostenimiento de la misma, estando dispuesto a poner la mano donde se me mande o la suerte decida, etc.» El hermano, al ser admitido, quedaba obligado según el reglamento:

1.° a cumplir todos y cada uno de sus artículos;

2.a a profesar y practicar los principios contenidos en el manifiesto de una fecha que no se cita y que hemos dicho suponemos sea una de las proclamas que van al fin de esta obra;

3.° a propagar las doctrinas antiespañolas en todas partes y hacer toda clase de esfuerzos privados para conseguir el mayor número posible de miembros para la asociación;

4.° a trabajar con la mayor diligencia por la causa de la libertad y de la independencia no esquivando fatigas ni sacrificios de ninguna especie;

5.° a prestar absoluta obediencia a las órdenes de su prior o jefe inmediato sin replicar ni pedir explicaciones;

6.° a no poner jamás óbice ni excusa alguna cuando se tratase de prestar algún servicio extraordinario, ya fuera de carácter personal, pecuniario o ya afectase a sus bienes;

7.° a concurrir en el momento y al puesto que se le designase a la hora del conflicto, sin que sirviese de excusa el estado de la familia ni motivo alguno particular, marchando a la orden de su jefe abandonándolo todo.

Para que el neófito no se asustase ante la magnitud del compromiso, se le prometía cuidar por la asociación de su familia proveyendo a su manutención, seguridad y demás necesidades con parte de los fondos que se recaudaban para material de guerra. Por último, el socio que cometiese alguna infracción de los estatutos de la sociedad, se obligaba a recibir resignada y humildemente la pena que acordasen los priores con el maestre, aunque esta pena fuera la de muerte.

(…)

Las reuniones eran semanales y no tenían lugar siempre a la misma hora y hasta a veces variaban de local, a cuyo efecto para cada uno de estos meetings se avisaba de antemano a los socios por medio del hermano de guardia. El no asistir un miembro a estas reuniones sin causa legítima, se consideraba como una falta grave, suficiente para que el que en ella incurriese perdiese el aprecio y la confianza de la asociación.

Tomado de Pérez Moris, J., & Cueto y González Quijano, L. (1975). Historia de la insurrección de Lares, precedida de una reseña de los trabajos separatistas que se vienen haciendo en la Isla de Puerto Rico desde la emancipación de las demás posesiones hispano-ultramarinas y seguida de todos los documentos a ellas referentes. Clásicos Puertorriqueños Edil. Río Piedras: Editorial Edil. Págs. 75-80. Edición de Kenneth Lugo del Toro.

Comentario:

Pérez Moris responsabilizaba a la escuela, la propaganda clandestina y la prensa por “extraviar la opinión pública” y producir la Insurrección de Lares en 1868, pero reconocía el protagonismo que habían tenido las “Sociedades Secretas” en convertir la conjura en una realidad. Los fragmentos incluidos describen el funcionamiento de las mismas. Toda la información que se tenía de las mismas provenía del “Reglamento…” incautado el 21 de septiembre a Manuel María González, jefe del comité “Lanzador del Norte Número 1”, grupo activo en el Barrio Palomar de Camuy. Las “Sociedades Secretas”son calificadas como el “cerebro…invisible” de la rebelión y como “centros de la traición” a la hispanidad.

El “Reglamento…” dividía jerárquicamente a los miembros en maestres, priores y hermanos, a la manera de los gremios artesanales o las logias secretas tradicionales. Los maestres y priores eran responsables de atraer a los nuevos hermanos o aprendices y un Maestre Director regía toda la organización desde San Juan o Mayagüez.  El maestre es un título militar asociado al gobierno económico de una empresa; y el prior es un título religioso que significa el primero o superior en una orden. Es probable que la titularidad implicara una separación entre las funciones militares y civiles entre los asociados. La exclusión de los peninsulares o españoles y la afirmación de la pulcritud moral y las buenas costumbres de los hermanos o aprendices, son elementos comunes en organizaciones nacionalistas y que aspiran a una disciplina militar.

La iniciación comprometía el honor del laborante. Consistía en la lectura ante cuatro testigos de un “Manifiesto” antiespañol y del “Reglamento”, y en el juramento de fidelidad sobre los “Santos Evangelios”, ritual que contradice el carácter anticatólico del liderato rebeldes , pero a la vez sugiere que la Insurrección fue organizada por un grupo bastante plural que toleraba la diferencias. La ceremonía requería “buenas costumbres” y una fidelidad y obediencia a toda prueba,  hermano con el fin de conseguir la “independencia” y la “libertad”. También aclara que ningún español o funcionario público debía ser aceptado en la organización.

De acuerdo con Pérez Moris, se trataba de una organización bien articulada que celebraba reuniones semanales en locales rotativos y se consideraba una “falta grave”ausentarse a las mismas. El lenguaje de los documentos citados por Pérez Moris  no deja duda de que en su redacción no participaron los anexionistas y demuestra el carácter nacionalista de la Insurrección.

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

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Historia del siglo 16: Conquista y resistencia

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 22 junio 2009


  • Mario R. Cancel-Sepulveda
  • Historiador y escritor

La conquista y colonización de San Juan Bautista se retrasó hasta 1508. La prioridad de la Corona fue, hasta entonces, garantizar una colonia estable en Santo Domingo. Los viajes de exploración y descubrimiento habían desembocado en una serie de problemas inesperados. La lucha por el control del poder desarrollada por los Reyes ante los reclamos de la Familia Colón, ocupó tiempo y recursos valiosos para el proceso de expansión.

La contratación en 1508 de Juan Ponce de León para explorar a San Juan Bautista fue una decisión bien pensada. Ponce de León era un empresario con experiencia que había participado en la conquista de Española. En dicha colonia poseía explotaciones agrarias y mineras, y tenía un pasado militar destacado en la represión de rebeliones aruaco-taínas. También había sido fundador de la aldea de Salvaleón de Higüey, al este de Española.

tainos_oro_riberaPostulaba un tipo de política colonial precisa: prefería conseguir la amistad de los caciques y nitaínos de las zonas ocupadas para, de acuerdo con ello, explotar a las comunidades naborias en beneficio de ambas partes. Sus capacidades de negociador eran muchas.

Ponce de León atracó en Guánica, costeó el sur y el este de la isla y el norte de la Isla Grande hasta Manatí y visitó la amplia bahía de San Juan, entre agosto de 1508 y enero de 1509. Durante el recorrido estableció relaciones con los caciques de aruaco-taínos de la zona costanera exploró el país y fundó una Casa-Fuerte llamada Caparra entre Bayamón y Guaynabo. De regreso a Santo Domingo obtuvo autorización para colonizar y retornó a Caparra en el verano de 1509 con el Título de Teniente de Gobernación del Gobernador de Santo Domingo Nicolás de Ovando.

Ese año la jurisdicción de las islas estaba en entredicho en los tribunales españoles. Diego Colón, hijo de Cristóbal, había reclamado como suyas las islas descubiertas por su padre. Cuando el tribunal le dio la razón, Diego vino a Santo Domingo como Gobernador y sustituyó a Nicolás de Ovando. La conquista de San Juan Bautista inició en un momento altamente conflictivo debido a aquella polémica histórica.

taino_fumandoUna vez en el poder, Diego dejó a Ponce de León su título de Teniente de Gobernación, pero le impuso a Juan Cerón como Alcalde Mayor. Se trataba de un gobierno dividido entre dos lealtades. San Juan Bautista tenía un funcionario fiel al Rey, Ponce de León, y otro fiel a Colón, Juan Cerón. La situación traería conflictos que marcarían la cultura local para siempre.

Ponce de León se estableció en Caparra e inició la explotación agraria y la minera, según lo planificado. Fundó el Puerto Rico ubicado entre la desembocadura del Río Bayamón y el Cataño. Todo parece indicar que las relaciones con los aruaco-taínos de la zona fueron de colaboración. Los caciques del norte y el este se ajustaron a la vida colonial sin tropiezas conocidos. Los casos de Caguax, Majagua y Yuisa, comentados en las crónicas parecen confirmar la hipótesis.

Cerón, por su parte, ordenó a Cristóbal de Sotomayor fundar una aldea en el sur-oeste. Entre diciembre de 1509 y enero de 1510 se estableció lo que se llamó la Villa de Tavara, en la región de Guanía (Guánica), territorio de Agueybana. La vida de la aldea fue breve dada la proliferación de mosquitos y la escasez de oro en la zona. Por ello, a fines de 1510, ya se había fundado la Villa de Sotomayor en las cercanías del Río Calvache entre Rincón y Añasco.

Los observadores indican que, distinto a Ponce de León, Sotomayor hostilizó a los aruaco-taínos y utilizó a los naborias en tareas de trabajo no acordadas. Este argumento se esgrime con el fin de explicar por qué fue en esa zona donde se desarrolló una conspiración para matar a los blancos. Pero el argumento también sirve para crear una imagen de “conquistador justo” a Ponce de León cuando la explotación de los naborías fue un elemento común en ambos casos.

Los caciques y nitaínos Agueybana, Urayoán, Guarionex y Mabodamaca, entre otros, fueron los jefes de la conspiración. El escenario de la conjura fueron las lomas cársicas del noroeste de la isla y la zona montañosa central. La memoria geográfica las ha marcado con los sugestivos nombres de las Lomas de Jaicoa, de Guarionex, de Lares y de Urayoán. La decisión del levantamiento debió tomarse durante un areito o juego ritual de pelota en una plaza ceremonial no precisada de la región.

La conjura comenzó a fines de 1510 con el asesinato de Diego de Salcedo en el Río Añasco. El atentado adoptó la forma de un ahogamiento producido mediante engaño pero, dado el valor ritual del agua en estas comunidades, puede haber tenido un sustrato mágico muy poderoso. Posteriormente se procedió a la quema de la Villa de Sotomayor y a la ejecución de los colonos. En la práctica, aquella se manejó como una guerra étnica clásica.

Las crónicas alegan que un sobreviviente, Juan González, viajó clandestinamente a Caparra e informó la situación a Ponce de León. El conquistador movilizó un pequeño ejército al oeste y forzó a los aruaco-taínos a combatir en tierra llanas, en especial los Valles del Río Guaorabo o Añasco y del Coayuco o Yauco. Aquel espacio tácticamente ventajoso para los españoles fue el escenario de la derrota de los aruaco-taínos. De momento, la colonia estaba segura en manos españolas.

En el ejército español participaron negros libres como Juan Garrido y aruaco-taínos aliados a Ponce de León. Poco después de la rebelión, el gobierno de la colonia fue reestructurado. Diego Colón pidió a Ponce de León que abandonara la isla, y Juan Cerón se quedó con el poder en San Juan Bautista.

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