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Posts Tagged ‘Carta Autonómica’

La Carta Autonómica y la Guerra del 1898

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 15 abril 2011


  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

Práxedes Mateo Sagasta (1825-1903) cumplió su compromiso con los autonomistas puertorriqueños  cuando llegó a la posición de Primer Ministro. A partir del 25 de noviembre de  1897 dictó 3 decretos con el fin de articular la Autonomía Moderada y Colonial en Puerto Rico y mediar en el conflicto cubano. El hecho de que el Partido Autonomista Puertorriqueño estuviese minado por el divisionismo desde la negociación del Pacto con Sagasta, no frenó un proceso que se formuló, esencialmente, pensando en los beneficios que  España España obtendría del mismo.

El primero de los decretos fue el que autorizó la aplicación del Título I de la Constitución Española de 1876, con lo que se reconocían los derechos civiles básicos, condición jurídica necesaria para legitimar el proceso de cambio. El segundo fue el que hizo extensiva a la isla la Ley Electoral española de 1890, la cual autorizaba el voto universal masculino a los ciudadanos mayores de 25 años. El tercero fue la prometida Carta Autonómica colonial y moderada, un documento que regulaba la administración de la colonia y que difícilmente equivalía a una constitución formal.

Práxedes Mateo Sagasta

Las reacciones de las elites políticas en las Antillas fueron las esperadas. En Cuba, en armas desde 1895, la oferta se recibió con frialdad. El ejército y el gobierno de Cuba en Armas, confiaba en que una intervención de Estados Unidos, evento que la autonomía esperaba evitar, favorecería la separación. En Puerto Rico, donde no había una guerra en el horizonte y la colaboración entre autonomistas y separatistas era poca, la recibieron con gusto. Aquella elite autonomista, vio en el gesto de emergencia de España, el cumplimiento de la promesa de Leyes Especiales de 1837 y 1876.

Vistos desde esa perspectiva, el propósito estratégico de la Carta Autonómica no se cumplió. Por un lado, no  frenó el Separatismo en Cuba y, a la larga, tampoco evitó que Estados Unidos interviniera militarmente en las Antillas. Las razones para el fracaso geopolítico de la Carta Autonómica deben buscarse en el hecho de que la reforma llegó políticamente tarde. Si en el 1887 se hubiese respondido a la fundación del Partido Autonomista Puertorriqueño en lugar de con los Compontes, con una oferta de Autonomía, la historia hubiese sido distinta. El otro elemento estuvo fuera del control de España. En febrero de 1898, el hundimiento accidental del acorazado Maine en La Habana mientras estaba estacionado en medio de una extraña visita de buena voluntad en medio del conflicto, justificó la declaración de guerra en Estados Unidos.

Se trata, en cierto modo, de un tradicional 11 de septiembre en pequeña escala. Los americanos responsabilizaron, sin prueba alguna, a los españoles de lanzar un torpedo desde un submarino de prueba contra la nave. Se difundió la patraña de que los rebeldes mambises ejecutaron el acto de terror con el fin de acelerar la intervención americana. Se sospechó que se trataba de un trabajo desde el interior con el fin de justificar la declaración de guerra. Lo más moderados sospecharon que se trataba de un accidente provocado por un descuido y solicitaron la intervención de un cuerpo investigativo imparcial, hecho que no se concretó en aquel momento. Para Estados Unidos era más importante la legitimación de la agresión que la aclaración juiciosa de la situación. En abril de 1898, el Presidente de Estados Unidos William McKinley (1843-1901) declaró la guerra a España.

La Carta Autonómica: una evaluación crítica

La Carta Autonómica fue un documento defectuoso, hecho con prisa, pensado con el fin de resolver los problemas geopolíticos de España. Interpretarla como una reforma graciosa de la hispanidad para la siempre fiel isla de Puerto Rico, o como un logro extraordinario del Partido Autonomista Puertorriqueño mutilado por la ruptura o trauma del 1898, tal y como lo hizo la Historiografía Liberal,   ya no resulta convincente. La ruta hacia la consolidación de la Autonomía Moderada y Colonial estuvo plagada de defectos procesales. De hecho, no fue discutida ni aprobada legalmente por el Parlamento Español, y tampoco se consultó a los puertorriqueños y los cubanos sobre su contenido y su alcance.

William McKinley

También contenía defectos de derecho  que la hacían antidemocrática. La más notable es que no abolió la relación colonial. Lo cierto es que los derechos individuales se pueden garantizar incluso en una colonia. El Puerto Rico del Estado Libre Asociado es una demostración de ello. Pero eso no hace que la relación colonial, cimentada en el principio de la disparidad, la asimetría y la ausencia de soberanía, pueda confundirse con una relación democrática. La relación de 1897 garantizó el control de España sobre las relaciones diplomáticas, las fuerzas armadas y la defensa del territorio. Los parecidos con la relación de 1952 son notables. El Rey continuó siendo la autoridad suprema en el país y nombraba al Gobernador, y el país seguía pagando los gastos inherentes a la Corona de su Tesoro, restringiendo las posibilidades de reinvertir el mismo en obras públicas racionales.

La Carta Autonómica ofreció pocas cosas nuevas. Lo más duradero fue la Cámara de Representantes electiva sobre bases  restrictivas. Estableció además que se consultara a los colonos por medio de sus representantes sobre acuerdos económicos y diplomáticos  internacionales que involucraran los intereses del país. Pero ello, distinto a lo que concluyeron los Juristas Nacionalistas de la Generación del 1930, no hacía a Puerto Rico un país soberano. A pesar de esas limitaciones, el arreglo garantizó la fidelidad de los autonomistas a España y los distanció de los separatistas anexionistas e independentistas de una manera permanente.

Por último, la Carta Autonómica nunca entró plenamente en funciones. En cuanto la guerra se cernió sobre las colonias, los derechos civiles concedidos por el Título I fueron derogados y se dio paso a un gobierno autoritario de tiempos de guerra. En la coyuntura, la Cámara de Representantes suspendió  sus reuniones. El 25 de julio de 1898 la invasión liquidó régimen. La Carta Autonómica o las Leyes Especiales, nunca pudieron demostrar su eficacia.

Posted in Autonomismo puertorriqueño, Carta Autonómica, Gobierno de Puerto Rico, Invasión de 1898, Leyes Especiales, Práxedes Mateo Sagasta, Puerto Rico en el siglo 19, Separatismo puertorriqueño, William McKinley | Etiquetado: , , , , , , , , | 2 Comments »

 
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