Puerto Rico: su transformación en el tiempo

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Posts Tagged ‘Estatus político’

Reflexiones en torno al separatismo en el siglo 19

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 22 marzo 2013


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

 

El separatismo fue una de las propuestas ideológicas más importantes del siglo 19. A pesar de que nunca consiguió las metas que se propuso, su impacto sobre la identidad puertorriqueña es incuestionable. Reducir el separatismo a una propuesta política, simplifica un discurso y una praxis que irradia en todas direcciones la cultura  puertorriqueña de los últimos dos siglos.

Una definición

El separatismo es un movimiento en esencia político e ideológicamente diverso que aparece mencionado por primera vez en documentos puertorriqueños del año 1795. En aquel el concepto sugería una aspiración amenazante que atemorizaba a las autoridades del Reino de España en la medida en que ponía en entredicho su soberanía sobre las colonias Hispanoamericanas y Caribeñas. La meta política inmediata del separatismo era separar o enajenar a Puerto Rico del Reino de España. La meta política futura, la cuestión de hacia donde conduciría la separación, era un asunto más complejo.

El separatismo no terminaba con la ruptura con el poder colonial hispano. Las posibilidades que quedaban abiertas después de la separación eran varias. Por un lado, se podía asociar a Puerto Rico separado a otro poder mayor en busca de seguridad política y económica. Por otro lado, se podía vincular a Puerto Rico separado a las otras Antillas en una Confederación en el modelo de la Confederación Germánica articulada por Napoleón Bonaparte, o la Confederación Americana emanada del 1776. Ocasionalmente ambas posibilidades se entremezclaban, elemento que complica el panorama ideológico del separatismo decimonónico.

En diversas instancias, la Confederación que se aspiraba constituir podía terminar como parte de un poder internacional confiable que después de 1808, podía ser lo mismo la Gran Colombia o Estados Unidos. A pesar de que es probable que muchos separatistas soñaran constituir el Puerto Rico separado en un país independiente y soberano, no parece que aquella haya sido la tendencia dominante en aquel momento. El separatismo parece haber sido un programa de minorías que seguía el modelo del Ciclo Revolucionario Atlántico en América. Por aquel entonces no se confiaba en la capacidad de los territorios pequeños o insulares para la soberanía y la independencia. En síntesis, el separatismo fue la base del movimiento independentista en sus diversas manifestaciones pero también de todo movimiento anexionista.

Cirilo Villaverde

Cirilo Villaverde

El Separatismo Anexionista

Su meta política era, como sugiere su nombre,  separar a Puerto Rico del Reino de España para anexarlo a otro país. Su tradición puede documentarse con varios modelos más o menos conocidos por los investigadores. El primero es la conjura de 1815 organizada por el diputado a Cortes de origen hispano-cubano, militar y mercenario  José Álvarez de Toledo y Dubois (1779-1858). Álvarez de Toledo aspiraba separar las tres Antillas Mayores del Reino de España con el fin de fundar una Confederación de las Antillas que, una vez constituida, solicitaría su integración a la Confederación de Estados Unidos como un territorio más. La conjura fue promovida por intereses económicos de aquel país pero no gozó del respaldo de su gobierno y el conspirador cayó en manos de las autoridades hispanas.

El segundo es la conspiración de 1821 cuyo cerebro organizativo fue el General Antonio Valero de Bernabé (1760-1863). El militar nacido en Fajardo redactó un “Plan de Invasión a Puerto Rico” que proponía separar a Puerto Rico del Reino de España pero con la finalidad de convertirlo en el Estado de Borinquen de la Gran Colombia. Por último, se encuentra otra conjura esta vez del año 1822, preparada por el militar y mercenario alemán General Luis Guillermo Doucoudray Holstein (1772-1839). Aquella tuvo como centro de operaciones la isla holandesa de Curaçao y se sabe que poseía contactos en la ciudad de Filadelfia, Pennsylvania. El conspirador aspiraba a convertir a Puerto Rico en el estado de Boricua de Estados Unidos y planeaba invadir y administrar su proyecto desde la costa oeste del territorio probablemente Mayagüez o Aguadilla. El Separatismo Anexionista estuvo muy activo en la década de 1850 en particular en Cuba y hacia el 1868, cuando estalló el Grito de Lares y el de Yara y era, sin duda, era una de las fuerzas políticas más pujantes dentro de los sectores separatistas. En Puerto Rico, el médico José F. Basora y el empresario Juan Chavarri, ambos de Mayagüez y cercanos de Ramón E. Betances Alacán y Segundo Ruiz Belvis, fueron dos figuras centrales.

El Separatismo Independentista

Su meta política era separar a Puerto Rico del Reino de España para convertirlo en un país soberano y, desde la soberanía, promover la constitución de una Federación o Confederación de las Antillas con Cuba y Santo Domingo.  Como ya se ha señalado, los documentos registran su presencia desde  1795 cuando se investigó a supuestos separatistas en el contexto del temor producido en la oficialidad colonial por motivo de la Revolución Francesa. Aquel año se aprobó la Constitución del Año III de la Revolución tras la desaparición del  violento Club de los Jacobinos, como antesala del golpe militar del 18 Brumario de Napoleón Bonaparte. El movimiento separatista independentista alcanzó plena madurez política entre los años 1837 y 1865.

Los historiadores tradicionales vinculan el desarrollo del Separatismo Independentista al hecho de que se excluyera a Puerto Rico del amparo de la Constitución de 1836 y a la promesa de Leyes Espaciales para su gobierno promesa que, como se sabe, las autoridades hispanas nunca cumplieron. Sus organizadores favorecieron el establecimiento de alianzas con los Separatistas Anexionistas y con los Liberales Reformistas más exigentes, en especial aquellos que defendían la Autonomía colonial. Su manifestación política más conocida fue la Insurrección de Lares de 23 de septiembre de 1868 y todas las conjuras que le sucedieron por lo menos hasta los Comités de Pólvora animado por el Dr. Betances Alacán y que todavía seguían activos en 1874.

Andres_VizcarrondoNo se trataba de un movimiento homogéneo. Las tendencias dominantes parecen haber estado determinadas por la naturaleza del liderato y sus preferencias tácticas. Mis investigaciones me permiten de momento distinguir entre una facción eminentemente militarista y otra civilista. El Separatismo Independentista Militarista  era políticamente antimonárquico y de tendencias republicanas. Su liderato estaba constituido por militares profesionales que provenían del Estado Mayor del Ejército Español en Puerto Rico y su centro de acción se encontraba en la capital, San Juan. Su activismo puede documentarse en actos  conspirativas desde 1848 hasta 1865 y se sabe que negociaban el apoyo político y económico de los gobiernos de la República de Venezuela y de Gran Bretaña para su causa. Hacia el 1863 se organizaron en el poco conocido Gran Club de Borinquen cuyos encargados eran los militares Andrés y Juan Eugenio Vizcarrondo. La táctica que los define es la necesidad que muestran por articular un golpe militar eficaz con el más amplio apoyo popular con el fin de proclamar la independencia. La confianza en que la gente seguiría a su liderato era completa. Los gastos de la guerra de independencia se pagarían con un préstamo a los británicos, pagadero después de la independencia.

El Separatismo Independentista Civilista era también antimonárquico y republicano.  Fue una facción liderada por civiles e intelectuales activos en Puerto Rico y atrajo a los pequeños grupos de exiliados políticos que habían hallado refugio en el Caribe y Estados Unidos. Hacia el año 1857, sus dirigentes más notables eran los citados Betances Alacán y  Ruiz Belvis quienes negociaban el apoyo de Estados Unidos y de las Repúblicas de Perú y Chile para su causa política. Desde 1865, se aliaron con la Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico en Nueva York, organización encabezada por Cirilo Villaverde (1812-1894), cubano, y el citado Basora, ambos anexionistas. La mancomunidad de intereses entre los Separatistas Independentistas Civilistas y los Anexionistas es evidente. Su táctica consistía en  organizar una invasión a Cuba y Puerto Rico desde Estados Unidos y con apoyo de algunos países de Hispanoamérica, a la vez que se estimulaba un levantamiento o insurrección popular en ambas islas. Todo parece indicar que estaban dispuestos a contratar militares profesionales para coordinar la invasión y la guerra pero que el protagonismo del proceso recaería en los civiles, la gente o el pueblo común.

Ambas tendencias Separatistas Independentistas y Anexionistas apoyaban las ideas políticas y económicas liberales como el libre mercado, la libre competencia, y simpatizan con la construcción de un sistema democrático que se apoyara en la gente común o el pueblo siguiendo el modelo de la Revolución Francesa. Los grados en cuanto al énfasis que ponían en una cosa o la otra no están del todo claros. Lo cierto es que aquellos grupos representan lo mejor de la revolución burguesa que la isla no vivió durante el siglo 19.

 

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Documento y comentario: Betances ante la invasión de 1898

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 12 julio 2010


Carta Núm.1 De Ramón E. Betances a  Julio Henna

Arcachón (Gironde), 16 abril ’98

Querido Julio:

La noche del día en que usted me escribió (primero de abril) estaba yo moribundo. Me dio un ataque de opresión (uremia) al llegar de París, que se repitió el 5. Después me quedé con congestión pulmonar doble y todavía no he salido, en este país donde el tiempo es primaveral, sino un par de veces a tres o cuatrocientos pasos del Hotel. Espero reponerme un poco para volver a París.

Sección de Puerto Rico (1896)

Contesto su carta: Veo que está usted siempre muy excitado contra Estrada y usted me perdonará hacerle algunas reflexiones que no tienen más objeto que el bien de la revolución en Puerto Rico. No se exaspere tanto. Lo más que necesitamos es unión. Es bueno ponerse en su lugar y yo me pregunto si cualquier otro cubano, en su lugar, no hubiera hecho otro tanto, y si teniendo a su disposición de armas para Puerto Rico, donde la sublevación era problemática, no hubiera echado manos de esas armas urgentemente pedidas por sus compatriotas próximos a ser degollados. Además, no hay que juzgar a todo un pueblo por uno de los suyos. Estrada no es Cuba, y allí tenemos gran número de simpatizantes, desde Masó, Gómez, Calixto, Mayía, Miró, Lacret y otros Generales, entre los cuales figuró Antonio Maceo, hasta nuestros capitanes y tenientes borinqueños.

Cálmese y obremos de acuerdo. Así estaremos seguros de alcanzar más pronto nuestro objeto. Porque hay que desengañarse: la América es una gran nación pero no le es simpática a todo el mundo. Es claro que, si no se puede obtener otra cosa, valdría más llegar a formar un estado en la Unión que seguir siendo españoles; pero ninguno de nosotros tiene el derecho, como los jefes africanos, de coger el país y entregarlo a un poder extranjero. Esa decisión no le pertenece sino a todo el pueblo portorriqueño. Yo doy mi nombre para la revolución; no para la conquista de mi tierra.

Ya usted ve que en esas condiciones no le puedo dar importancia a la «Revolución» de los clubes de Santo Domingo.

***

Hablemos ahora de mí. Yo que nunca he temido a nada en este mundo, tiemblo al pensar lo que habrá de ser mi situación cuando vuelva a París. En otra ocasión le escribí a usted que apenas me quedaba clientela alguna como médico. La que una vez fue suficientemente numerosa, la he descuidado para dedicarle todas mis actividades a la causa de Cuba. Hoy soy como un apestado con quien no quieren cuenta aquellos que quieren seguir bien con España; y los hay que cuando me ven llegar, me huyen, temerosos de que voy a pedirles para la causa de Cuba.

Naturalmente que hay excepciones en este último terreno, pues son muchos los que mensualmente contribuyen espontáneamente con cantidades generosas; pero esto es lo que tiene que ver con el Agente de Cuba. El doctor Betances, como tal doctor, no tiene clientela y ha tenido, para vivir, que ir vendiendo todo aquello que tenía precio y podía venderse fácilmente. Sólo me queda un objeto de arte, y precisamente por serlo, nadie quiere comprarlo. Me refiero al célebre retrato que me hizo el pintor español Domingo, que figuró en la Exposición de París, y que fue tan admirado. Nadie compra un retrato del doctor Betances, aunque lo haya pintado el celebrado pintor Domingo. Veremos.

Betances

Carta Núm. 2: De Ramón E. Betances a Eugenio María de Hostos

París, 7 de junio de 1898

Querido Hostos:

Ya debe usted haber llegado a esta fecha al centro de operaciones. ¡Cuánto me alegro!

Por desgracia yo estoy también muy lejos y por mil razones no puedo hacer como usted. Conviene mucho que usted esté ahí y que, como yo, haga presión todo lo posible sobre Henna, para que se mueva hasta obtener para Puerto Rico las mismas concesiones, siquiera, que se le hacen a Cuba.

Ya usted sabrá las exigencias de los americanos.

1. ° Puerto Rico entregado a los Estados Unidos, definitivamente, como indemnización de guerra.

2. ° Cuba entregada temporalmente hasta que los cubanos hayan organizado un gobierno.

Y tenemos que los puertorriqueños, bajo la influencia española, pretenden resistir a la invasión americana. Los jíbaros no sueltan su escarapela sangre y oro del sombrero, y se arman con decisión. Esta situación puede traer a la isla inmensas desgracias.

New York Times (1898)

He perdido mi tiempo queriendo abrir los ojos a los políticos españoles, para que tratásemos directamente sobre la base de nuestra independencia lo que hubiera impedido la intervención yankee y habría sido aceptado por el pueblo. No ha sido posible hacerles comprender esta necesidad, que les habría conservado nuestras simpatías y ventajas comerciales, además de una indemnización.

Por otro lado me parece que Henna no se preocupa sino de arrancar la isla de manos de los españoles, aunque caiga luego en la de los americanos como territorio.

Le he escrito que deben dos o tres formarse en comisión, ponerse a la voz con el gobierno yankee y hablar claro; esto es, decir la verdad: Puerto Rico no quiere pertenecer a la Unión. Está resuelto a resistir. Esto puede producir desastres irreparables. América debe ser generosa. No puede pedir que nos sometamos a una conquista, cuando casi todo nuestro comercio y nuestras industrias hemos de tenerlo con ella. La independencia para nosotros es nuestra salvación y para los americanos una fuente más considerable de riquezas.

Un pueblo pequeño en un país muy poblado no puede hacer más que trabajar, para ser feliz, etc., etc.

Yo estoy preparando aquí el terreno para ver si se puede ejercer alguna influencia sobre los hombres de Madrid y sobre los de Washington.

Escríbanle a Henna en el mismo sentido. Yo lo he hecho ya y seguiré haciéndolo. Henna desgraciadamente es muy yankee, pero va equivocado, y le he escrito que sería un crimen de parte de nosotros, exponer el pueblo puertorriqueño a las desgracias que puede traer una resistencia ciega.

La independencia absoluta es lo que puede salvarnos. Yo creo que estaremos; para ella, en mejores condiciones todavía que los cubanos.

Yo le hubiera ya escrito a Máximo Gómez y a Calixto García, haciéndoles estas reflexiones; pero creo que mis cartas no llegarán a sus manos. Vea si de ahí usted puede hacerlo directamente.

Esta situación me llena de inquietud.

***

Entiéndanse también en ésa con Guzmán Rodríguez (de Añasco), que está en Macorís expulso. Le escribo que se vea con usted.

***

En este día se ha corrido la noticia que hay revolución en Santo Domingo.

Trabajemos en bien de nuestra pobre «islilla», que puede hacer la felicidad de su millón de habitantes, si tenemos la fortuna de ver nuestro sueño realizado.

Con un abrazo cordial.

Betances

Tomadas de Ramón Emeterio Betances, Las Antillas para los antillanos. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1975. págs. 239-241 y 258-261. Prólogo de Carlos M. Rama.

Comentario:

La carta a Henna fue escrita desde Arcachon, cerca de Burdeos, donde convalecía de insuficiencia renal. Su situación de salud de Betances ya no mejoró  Betances, además, había sufrido el rechazo de un sector de la migración cubana en París y no se encontraba en una buena situación económica. Por otro lado, la guerra se cernía sobre la inmigración y el exilio, hecho que reclamaba revisar las tácticas para poder enfrentar el proceso y sacar ventajas del mismo. El 15 de febrero había ocurrido el hundimiento del Maine. El 28 de marzo, una Comisión Investigativa americana determinó que la causa del incidente era una mina, conclusión que negó una Comisión española. El 25 de abril Estados Unidos declaró la guerra a España. Pocos días después del 25, Betances tuvo una reunión con el influyente Embajador de Estados Unidos en Francia, Gen. Horace Porter, como parte de las indagaciones del diplomático en torno a la frágil situación financiera de la monarquía española.

Gen. Horace Porter

La carta a Hostos, escrita desde París se redacta tras el bombardeo de San Juan el 12 de mayo y poco después de la movilización de la Marina estadounidense hacia las costas de Cuba. En ella Betances ha definido una táctica que espera acelere la consecución de la Independencia de Puerto Rico en el marco de la Guerra Hispanoamericana por Cuba y Filipinas. Los documentos reflejan, pues, la tensión de Betances ante los hechos que se aceleran sin control.

La propuesta de Betances es simple. Primero, hay que evitar los choques entre cubanos y puertorriqueños hasta donde sea posible y mantener la unidad. A Henna le recomienda que tolere las actitudes de Estrada Palma en nombre de los fines estratégicos del proyecto revolucionario. La expresión “América es una gran nación” demuestra que todavía se confiaba en que la invasión de Estados Unidos abriría una puerta para la independencia de las islas. Betances debía afirmar ese hecho en particular ante Henna quien defendía públicamente la anexión. Todavía anexionistas e independentistas podían trabajar por una causa común. La voluntad francamente modernizadora y progresista de Betances, le lleva a afirmar que “valdría más llegar a formar un estado en la Unión que seguir siendo españoles”. Eso no lo convertía en un anexionista como han alegado algunos comentaristas: le afirmaba como antiespañol y le ponía en posición de convencer a Henna de que debían y podían aunar esfuerzos “contra España” por encima de su divergencias estratégicas.

Segundo, insiste en aprovechar que el destino de Puerto Rico dependía del destino de Cuba. Betances recomienda que se evite resistir a los invasores porque ello “puede traer a la isla inmensas desgracias”; y que se cree una Comisión que informe a los americanos que “Puerto Rico no quiere pertenecer a la Unión” para, de ese modo, impedir pacíficamente la anexión. Entonces se estará en posición de negociar un acuerdo y convencer a Estados Unidos de que un Puerto Rico soberano sería “una fuente más considerable de riquezas” que uno anexado. La nota a Hostos demuestra que, en ese momento, confía más en la capacidad del mayagüezano para enfrentar el conflicto que en la de Henna. El camino de la Independencia lo abrirá la diplomacia inteligente. No contaba Betances con que Hostos no favorecía esa táctica sino el plebiscito racional, como articuló luego en la Liga de Patriotas.

  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador y escritor

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Documento y comentario: La Liga de Patriotas: propósito político

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 9 junio 2010


  • Eugenio María de Hostos (1839-1903)

Hasta anoche no había llegado a mis manos el número de la Nueva Era que contiene el artículo en que el señor P. J. B. comenta el manifiesto que da a conocer el objeto de la Liga de Patriotas puertorriqueños.

Debo a mi cortés compatriota las gracias que le doy por haberme ofrecido la ocasión de exponer los fundamentos del propósito político de la Liga. Pero, antes, dos rectificaciones. Por muy partidario que sea yo de la absoluta independencia de mi patria, y no puedo serlo más; y por muy partidarios que sean de la anexión algunos de los que me acompañaron en la fundación de la Liga en Nueva York ni los anexionistas ni los independientes de la Liga de los Patriotas, subordinábamos a las opiniones nuestras el porvenir de nuestra Isla. Queríamos, como queremos, que se respetara como entidad viviente, consciente y responsable a la sociedad viva, afectiva y positiva de que formamos parte; queríamos, como queremos, que fuese respetada en ella la libre voluntad, que nadie puede, en la Unión Americana, violentar sin mengua de los antecedentes históricos, de las tradiciones políticas, de las doctrinas de gobierno y de las bases mismas de constitución en que descansa la única sociedad humana en que el hombre es hombre, porque es la única que, desde Jefferson, en la augusta Declaración de Independencia, ha tomado como base de organización la vida de los hombres, la libertad de los hombres y el derecho de los hombres a procurar por sí mismos la obtención de su felicidad.

Eugenio María de Hostos

Devotos de las doctrinas que constituyen el, por contraposición a las doctrinas europeas, llamado sistema americano de gobierno, los fundadores de la Liga desentendíamos de nuestras aspiraciones personales para fundar en las del pueblo americano la única política posible hoy a los amigos de su patria; la política que tiende a rescatar nuestra personalidad, que nosotros tenemos el urgente deber de rescatar y que nadie tiene el derecho de conculcar.

Poseídos de la evidencia y de la eficacia de ese derecho, y atendiendo a salvarlo, con los recursos que el derecho escrito nos proporciona, lo que pediremos al Congreso de los Estados Unidos, será, no que nos ponga en aptitud de federarnos o de independizarnos, sino de hacer constar en el plebiscito, y por medio del plebiscito, la personalidad de nuestra patria: “Los recursos que el derecho escrito nos da para salir del gobierno militar y entrar en el civil; para pedir al Congreso de los Estados Unidos que reconozca nuestra capacidad de ser un Estado de la Unión o que nos ponga en aptitud de servir gloriosamente al porvenir de América, sin necesidad de someternos servilmente a las consecuencias brutales de una guerra que nosotros no hemos hecho ni se hizo contra nosotros, son recursos tan poderosos cuanto en la urdidumbre de la federación son poderosas la iniciativas de cada cual para su propio bien; la de todos para el bien común”.

Esas, que son las palabras del manifiesto a que se apela para atribuirme el propósito de pedir al Congreso de la Unión “la absoluta independencia o la anexión a la Gran República del Norte”, son palabras bien pesadas y bien pensadas que fundan nuestro derecho al plebiscito en la costumbre misma de la organización federal de la sociedad norteamericana.

La segunda rectificación que deseo hacer, antes de exponer el propósito político de la Liga de Patriotas, la piden estas palabras del señor P. J. B.

“No se nos ha impuesto, no, la vergüenza de una anexión llevada a cabo por la fuerza de las armas”.

La prueba de que la fuerza ha mediado en la anexión la da el mismo estimable compatriota, a quien tengo mucho gusto en contestar, puesto que el mismo dice:

“¿Hubieran los puertorriqueños, queriendo su independencia, victoreado y aclamado a los americanos, cuando estos sólo venían a ofrecerles la anexión?”

Norabuena: venían sólo a ofrecernos la anexión; pero ¿venían armados?

Mas no está en eso la rectificación, sino en el texto del manifiesto. Este no dice que se nos haya impuesto bélica o pacíficamente la anexión. Dice textualmente:

“En los Estados Unidos no hay autoridad, ni fuerza, ni poder, ni voluntad que sea capaz de imponer a un pueblo la vergüenza de una anexión llevada a cabo por la violencia de las armas, ni que urda contra la civilización más completa que hay actualmente entre los hombres, la ignominia de emplear la conquista para dominar las almas.”

Decir eso equivale a decir que si las instituciones de la Federación americana ponen a salvo nuestro derecho de pedir que la anexión sea voluntad nuestra, y no brutalidad de la fuerza, la civilización americana, que yo tengo por la más completa que hoy existe, no consentirá que se le imponga la ignominia de reducirla a civilización rudimentaria. Civilizaciones rudimentarias son las que apelan a la fuerza para la conquista, y a la conquista para la posesión.

Ahora voy a exponer el propósito político de la Liga de Patriotas Puertorriqueños.

Comentario:

Ante la invasión de Estados Unidos, los representantes de las fuerzas Anexionistas e Independentistas adoptaron la actitud de posponer sus reclamos radicales. Hostos aseguró en este texto que los que pretendían hacer era que los estadounidenses respetaran “la libre voluntad” puertorriqueña, fuese la misma en una dirección o la otra. Hostos usó un lenguaje análogo al que dominó la discusión del coloniaje durante la Gran Guerra: en la práctica proponía el derecho a la “libre determinación de los pueblos”.

Pero igual que los Anexionistas y los Independentistas aceptaban que no estaban dispuestos a subordinar el “porvenir de nuestra isla” a sus opiniones particulares, tampoco se lo consentían a la “Unión Americana”. La doctrina de la “Soberanía de los Pueblos” dominaba la interpretación hostosiana. Cuánto reflejaba esa postura teórica la praxis de los partisanos y los políticos profesionales, es difícil de determinar. Pero la actitud reflejaba la inseguridad de ambos extremos respecto a cuál sería la opción favorecida por el Pueblo de Puerto Rico en caso de ser consultado al respecto. Hostos estaba en la situación de aceptar cualquiera de las dos si se trataba de una decisión informada de conocimiento y un acto libre de la conciencia. Pero reconocía que la Masa tenía que constituirse en Pueblo para que la decisión fuese legítima.

La apelación a los valores del “sistema americano de gobierno” desplaza la responsabilidad de respetar esos principios democráticos a los invasores. La esperanza de que el 1898 representase un camino abierto hacia la modernización se expresaba con mucha cautela: Hostos no confiaba en la pureza y la inocencia del Otro. El autor no estaba pidiendo ni el derecho a entrar a la Federación, ni el derecho a la Independencia: exigía el “derecho al plebiscito” y a “ser consultados”.

El otro alegato, fundamental para el Nacionalismo y Pedro Albizu Campos en 1930, es la afirmación de que la “fuerza ha mediado en la anexión”. La apropiación de Puerto Rico fue producto de un acto bélico y del “derecho de conquista”, condición que dejó a Puerto Rico bajo el amparo del Departamento de Guerra federal hasta 1934. Lo que Hostos cuestionaba era la legitimidad del uso de la fuerza y las armas para imponer a un pueblo en formación un destino. Aquí se inserta la segunda coincidencia con el Nacionalismo de Albizu Campos: Hostos define la nuestra como “la civilización más completa que hay actualmente entre los hombres”. La percepción del Otro -el sajón-,  como bárbaro -“civilización rudimentaria”, es evidente. Albizu Campos solo esgrimió un argumento hostosiano con un lenguaje más acrimonioso.

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

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