Puerto Rico: su transformación en el tiempo

Historia y sociedad

  • Lo nuevo

  • Posts Más Vistos

  • Los mejores

  • Categorías

  • Historias y palabras

  • Visitantes

    • 941.444 hits
  • Comentarios de los lectores

    Imagen de Betances… en La americanización en Mayagüez…
    Imagen de Betances… en Betances y la epidemia del…
    Ismael Cancel en La Invasión de 1898: apuntes…
    yadiel en Transformaciones económicas y…
    Jose F. Bernal en Documento y comentario: Memori…
  • Archivos

  • Taller de trabajo

  • Escribe tu dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

    Únete a 4.184 seguidores más

Posts Tagged ‘Historia militar de Puerto Rico’

La invasión inglesa de 1797

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 7 febrero 2013


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

El Ciclo Revolucionario Atlántico implicó una revisión total de las relaciones internacionales y la política de alianza en Europa a fines del siglo 18. A la altura del año 1795, las relaciones entre el Reino de España, la República de Francia, controlada en aquel entonces por una Convención Nacional radical que atravesaba  por una crisis que anunciaba su disolución, y el Reino Unido de Inglaterra, se hicieron más tensas. Inglaterra confiaba en que la inestabilidad promovería rebeliones separatistas en el Imperio español de América. Las insurrecciones de los comuneros de la actual Colombia y Venezuela en el 1781 parecían anticipar aquella eventualidad. Los ingleses ya soñaban con una América soberana en que podrían establecer su hegemonía política y su dominio comercial.

Inglaterra parecía confiar en que España, en nombre de los ideales monárquicos, se aliaría con ella con el fin de frenar el empuje de las ideas republicanas dominantes en Francia. Sin embargo España, contrario al deseo inglés, pactó un acuerdo con la República de Francia en 1796. En su decisión mediaron dos consideraciones importantes: primero, el fuerte espíritu anti-inglés de los hispanos y, segundo, que las nuevas autoridades francesas organizadas en el llamado Directorio, no resultaban amenazantes por su carácter moderado. En 1796 Francia y España normalizaron sus relaciones políticas y económicas a pesar de la reticencia de la diplomacia inglesa.

1797La alianza franco-española y el Caribe

La situación condujo a los ingleses a aumentar la presión militar en las zonas periféricas de control hispano. Con ello en mente, agredieron el Cabo de San Vicente en Portugal, atacaron la ciudad portuaria de Cádiz que había sido el punto de origen de los descubrimientos y un importante lugar de intercambio comercial con Indias, y arremetieron contra Tenerife en Islas Canarias. En el Caribe Insular atacaron y tomaron la Isla de Trinidad en febrero de 1797 y en abril se dirigieron hacia Puerto Rico. Los ingleses confiaban en que San Juan caería con facilidad porque, una vez en la zona, reconocieron que  no había una escuadra española encargada de defenderla permanentemente.

Los ingleses no conocían, sin embargo, la situación defensiva y militar de Puerto Rico en aquel año. La colonia era gobernada por el Capitán General Ramón de Castro y Gutiérrez, contaba con cerca de 6,500 efectivos para su defensa, distribuidos entre soldados profesionales estacionados en la capital y todos aquellos que habían sido convocados del resto del territorio. Disponía además de un “Plan de Defensa” bien articulado y la alianza con Francia, había hecho posible la integración de unos 270 a 300 franceses a los cuerpos militares españoles gracias a las gestiones del cónsul de ese país en la capital, Augustin Paris. Las fortificaciones de la capital habían sido revisadas desde 1765, como se sabe y se encontraban modernizadas y apertrechadas. El escenario de 1797 era el de una ciudad bien defendida y artillada en la cual Francia y España medían fuerzas ante Reino Unido en el contexto de un conflicto internacional.

Escudo de la Capital

Puerto Rico no había sufrido una agresión directa de Reino Unido de Inglaterra desde la 1598, cuando una escuadra al mando de Sir George Clifford intentó  tomar el territorio. La agresión de 1797 reprodujo en parte la táctica militar del 1598: el objetivo inicial no serían las fuerzas del Morro y el San Cristóbal. Los ingleses desembarcarían por la zona de Santurce y avanzarían hacia la Isleta por tierra.

El General Ralph Abercromby (1734–1801), y el Almirante William Harvey, comandaron una impresionante escuadra de entre 60 y 68 buques y un ejército de cerca 14,100 hombres, de acuerdo con informes oficiales de la gobernación. La escuadra inglesa se divisó el 17 de abril y el 18 se escenificó un desembarco de por lo menos 1,200 invasores por la playa de Cangrejos. Los avances de primer momento justificaron un nuevo desembarco de sobre 3,000 efectivos. Aquella fuerza ocupó sin problemas el barrio de Santurce desde el Puente de San Antonio hasta el de Martín Peña, y estableció su centro de operaciones en la casa episcopal de Cangrejos, donde hoy se encuentra la Iglesia de San Mateo de Cangrejos.

El objetivo era  avanzar desde allí hacia la capital pero, para alcanzar ese fin, tenían que conseguir dos cosas. Primero, tomar las defensas de la isla de Miraflores, el Fortín de San Gerónimo en el Boquerón y el Puente de San Antonio con el fin de avanzar al noroeste hacia el San Juan Viejo. Segundo, evitar una agresión por la zona sur procedente de Hato Rey o Bayamón. Los choques más violentos fueron en la banda norte del territorio controlado por los ingleses por la urgencia que tenían de tomar la capital de inmediato y evitar una guerra larga. Su posición los ponía en riesgo de enfrentar ataques en dos frentes: al norte y al sur.

El 18 de abril, un día después del desembarco, los ingleses controlaban el territorio que iba del Puente de San Antonio hasta el de Martín Peña, pero reconocían su desventaja de fuerzas y lo peligroso de su situación si la guerra se prolongaba. Bajo aquellas condiciones se arriesgaron a pedir la rendición de la plaza de San Juan. El gobernador de Castro les dijo que los defensores estaban “dispuestos a vender caras sus vidas” y se negó a conceder la ciudad. De Castro conocía la ventaja táctica que poseía y confiaba en que los ingleses, si no avanzaban hacia la Isleta, se verían en la necesidad de retirarse.

Para el día 22 de abril los ingleses, atrincherados frente al San Gerónimo del Boquerón, mostraban desaliento por su situación y comenzaban a reconocer la escasez de víveres. El fuego más intenso se desarrollaba entre el San Gerónimo y el San Antonio, en manos españolas, y las trincheras y  una batería de artillería en el Olimpo, hoy Miramar, controlado por los ingleses. Con el fin de romper el impasse, el 28 de abril los ingleses desplazaron unos buques hacia la zona del Castillo de San Felipe del Morro. Los españoles respondieron con una avanzada militar por tierra  al sur de la zona de control inglesa y movilizaron una fuerza de 1,200 hombres en su mayoría criollos o puertorriqueños contra el Puente Martín Peña. Esa fue la batalla que más popularidad alcanzó de aquella confrontación y fue clave en la derrota de los británicos.

Las diferencias entre Abercromby y Harvey y lo incómodo de su posición, explican que el 30 de abril levantaran sus campamentos y comenzaran a reembarcar, dejando tras de sí armas, municiones y pólvora. El 2 de mayo ya no estaban en aguas de Puerto Rico. El 4 de mayo hubo desfile militar, misa de acción de gracias y fiesta en la capital, como era de esperarse.

Gob. Ramón de Castro y Gutiérrez por José Campeche (1801)

Gob. Ramón de Castro y Gutiérrez por José Campeche (1801)

 

Un juicio

Las razones para la derrota de los ingleses son varias:

1. La disparidad de  fuerzas entre los españoles y los ingleses a favor de los primeros fue clave. España siempre contó con tropas frescas a su disposición siempre. El flujo de refuerzos de Bayamón, Cataño o Guaynabo, fue muy eficiente.

2. Las fuerzas españolas nunca estuvieron en peligro de una escasez de suplementos militares y alimentos por lo que podían aguardar con comodidad el agotamiento de las fuerzas invasoras.

3. El apoyo de los criollos o puertorriqueños a las autoridades españolas fue total y sincero. Por entonces dominaba un poderoso espíritu anti-sajón en los insulares y las autoridades lo aprovecharon en su beneficio. Ello explica el contante flujo de voluntarios civiles a las fuerzas.

4. El Brigadier y Gobernador Militar Ramón de Castro, era un estratega extraordinario y tenía tropas que le eran fieles y estaban bien entrenadas. Todo ello, vinculado al hecho de que las defensas se hallaban en un estado óptimo, aseguraron la victoria española en 1797.

Por último, la interpretación de los hechos de 1797 ha sido contradictoria. Las autoridades españolas reconocieron el heroísmo de los defensores fuesen estos peninsulares o insulares, pero lo interpretaron como una reafirmación de su fidelidad a la bandera española. El 1799 una Real Orden impuso que el escudo de armas de San Juan incluyera una orla con la frase “Por su constancia, amor y fidelidad, es muy noble y muy Leal esta Ciudad”. La historiografía nacionalista ha destacado en aquellos eventos un signo digno de orgullo puertorriqueño por el hecho de que muchos de los héroes militares no eran españoles. Lo cierto es que después de aquellos combates Puerto Rico fue español hasta el 1898 cuando otro poder sajón, Estados Unidos, lo tomó sin dificultad de manos hispanas.

Posted in Ciclo Revolucionario Atlántico, Geopolítica, Henry Harvey, Historia de Puerto Rico, Historia militar de Puerto Rico, Invasión inglesa de 1797, José Campeche, Puerto Rico en el siglo 18, Ralph Abercromby, Ramón de Castro y Gutiérrez, Uncategorized | Etiquetado: , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en La invasión inglesa de 1797

Documento y comentario: Betances ante la invasión de 1898

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 12 julio 2010


Carta Núm.1 De Ramón E. Betances a  Julio Henna

Arcachón (Gironde), 16 abril ’98

Querido Julio:

La noche del día en que usted me escribió (primero de abril) estaba yo moribundo. Me dio un ataque de opresión (uremia) al llegar de París, que se repitió el 5. Después me quedé con congestión pulmonar doble y todavía no he salido, en este país donde el tiempo es primaveral, sino un par de veces a tres o cuatrocientos pasos del Hotel. Espero reponerme un poco para volver a París.

Sección de Puerto Rico (1896)

Contesto su carta: Veo que está usted siempre muy excitado contra Estrada y usted me perdonará hacerle algunas reflexiones que no tienen más objeto que el bien de la revolución en Puerto Rico. No se exaspere tanto. Lo más que necesitamos es unión. Es bueno ponerse en su lugar y yo me pregunto si cualquier otro cubano, en su lugar, no hubiera hecho otro tanto, y si teniendo a su disposición de armas para Puerto Rico, donde la sublevación era problemática, no hubiera echado manos de esas armas urgentemente pedidas por sus compatriotas próximos a ser degollados. Además, no hay que juzgar a todo un pueblo por uno de los suyos. Estrada no es Cuba, y allí tenemos gran número de simpatizantes, desde Masó, Gómez, Calixto, Mayía, Miró, Lacret y otros Generales, entre los cuales figuró Antonio Maceo, hasta nuestros capitanes y tenientes borinqueños.

Cálmese y obremos de acuerdo. Así estaremos seguros de alcanzar más pronto nuestro objeto. Porque hay que desengañarse: la América es una gran nación pero no le es simpática a todo el mundo. Es claro que, si no se puede obtener otra cosa, valdría más llegar a formar un estado en la Unión que seguir siendo españoles; pero ninguno de nosotros tiene el derecho, como los jefes africanos, de coger el país y entregarlo a un poder extranjero. Esa decisión no le pertenece sino a todo el pueblo portorriqueño. Yo doy mi nombre para la revolución; no para la conquista de mi tierra.

Ya usted ve que en esas condiciones no le puedo dar importancia a la «Revolución» de los clubes de Santo Domingo.

***

Hablemos ahora de mí. Yo que nunca he temido a nada en este mundo, tiemblo al pensar lo que habrá de ser mi situación cuando vuelva a París. En otra ocasión le escribí a usted que apenas me quedaba clientela alguna como médico. La que una vez fue suficientemente numerosa, la he descuidado para dedicarle todas mis actividades a la causa de Cuba. Hoy soy como un apestado con quien no quieren cuenta aquellos que quieren seguir bien con España; y los hay que cuando me ven llegar, me huyen, temerosos de que voy a pedirles para la causa de Cuba.

Naturalmente que hay excepciones en este último terreno, pues son muchos los que mensualmente contribuyen espontáneamente con cantidades generosas; pero esto es lo que tiene que ver con el Agente de Cuba. El doctor Betances, como tal doctor, no tiene clientela y ha tenido, para vivir, que ir vendiendo todo aquello que tenía precio y podía venderse fácilmente. Sólo me queda un objeto de arte, y precisamente por serlo, nadie quiere comprarlo. Me refiero al célebre retrato que me hizo el pintor español Domingo, que figuró en la Exposición de París, y que fue tan admirado. Nadie compra un retrato del doctor Betances, aunque lo haya pintado el celebrado pintor Domingo. Veremos.

Betances

Carta Núm. 2: De Ramón E. Betances a Eugenio María de Hostos

París, 7 de junio de 1898

Querido Hostos:

Ya debe usted haber llegado a esta fecha al centro de operaciones. ¡Cuánto me alegro!

Por desgracia yo estoy también muy lejos y por mil razones no puedo hacer como usted. Conviene mucho que usted esté ahí y que, como yo, haga presión todo lo posible sobre Henna, para que se mueva hasta obtener para Puerto Rico las mismas concesiones, siquiera, que se le hacen a Cuba.

Ya usted sabrá las exigencias de los americanos.

1. ° Puerto Rico entregado a los Estados Unidos, definitivamente, como indemnización de guerra.

2. ° Cuba entregada temporalmente hasta que los cubanos hayan organizado un gobierno.

Y tenemos que los puertorriqueños, bajo la influencia española, pretenden resistir a la invasión americana. Los jíbaros no sueltan su escarapela sangre y oro del sombrero, y se arman con decisión. Esta situación puede traer a la isla inmensas desgracias.

New York Times (1898)

He perdido mi tiempo queriendo abrir los ojos a los políticos españoles, para que tratásemos directamente sobre la base de nuestra independencia lo que hubiera impedido la intervención yankee y habría sido aceptado por el pueblo. No ha sido posible hacerles comprender esta necesidad, que les habría conservado nuestras simpatías y ventajas comerciales, además de una indemnización.

Por otro lado me parece que Henna no se preocupa sino de arrancar la isla de manos de los españoles, aunque caiga luego en la de los americanos como territorio.

Le he escrito que deben dos o tres formarse en comisión, ponerse a la voz con el gobierno yankee y hablar claro; esto es, decir la verdad: Puerto Rico no quiere pertenecer a la Unión. Está resuelto a resistir. Esto puede producir desastres irreparables. América debe ser generosa. No puede pedir que nos sometamos a una conquista, cuando casi todo nuestro comercio y nuestras industrias hemos de tenerlo con ella. La independencia para nosotros es nuestra salvación y para los americanos una fuente más considerable de riquezas.

Un pueblo pequeño en un país muy poblado no puede hacer más que trabajar, para ser feliz, etc., etc.

Yo estoy preparando aquí el terreno para ver si se puede ejercer alguna influencia sobre los hombres de Madrid y sobre los de Washington.

Escríbanle a Henna en el mismo sentido. Yo lo he hecho ya y seguiré haciéndolo. Henna desgraciadamente es muy yankee, pero va equivocado, y le he escrito que sería un crimen de parte de nosotros, exponer el pueblo puertorriqueño a las desgracias que puede traer una resistencia ciega.

La independencia absoluta es lo que puede salvarnos. Yo creo que estaremos; para ella, en mejores condiciones todavía que los cubanos.

Yo le hubiera ya escrito a Máximo Gómez y a Calixto García, haciéndoles estas reflexiones; pero creo que mis cartas no llegarán a sus manos. Vea si de ahí usted puede hacerlo directamente.

Esta situación me llena de inquietud.

***

Entiéndanse también en ésa con Guzmán Rodríguez (de Añasco), que está en Macorís expulso. Le escribo que se vea con usted.

***

En este día se ha corrido la noticia que hay revolución en Santo Domingo.

Trabajemos en bien de nuestra pobre «islilla», que puede hacer la felicidad de su millón de habitantes, si tenemos la fortuna de ver nuestro sueño realizado.

Con un abrazo cordial.

Betances

Tomadas de Ramón Emeterio Betances, Las Antillas para los antillanos. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1975. págs. 239-241 y 258-261. Prólogo de Carlos M. Rama.

Comentario:

La carta a Henna fue escrita desde Arcachon, cerca de Burdeos, donde convalecía de insuficiencia renal. Su situación de salud de Betances ya no mejoró  Betances, además, había sufrido el rechazo de un sector de la migración cubana en París y no se encontraba en una buena situación económica. Por otro lado, la guerra se cernía sobre la inmigración y el exilio, hecho que reclamaba revisar las tácticas para poder enfrentar el proceso y sacar ventajas del mismo. El 15 de febrero había ocurrido el hundimiento del Maine. El 28 de marzo, una Comisión Investigativa americana determinó que la causa del incidente era una mina, conclusión que negó una Comisión española. El 25 de abril Estados Unidos declaró la guerra a España. Pocos días después del 25, Betances tuvo una reunión con el influyente Embajador de Estados Unidos en Francia, Gen. Horace Porter, como parte de las indagaciones del diplomático en torno a la frágil situación financiera de la monarquía española.

Gen. Horace Porter

La carta a Hostos, escrita desde París se redacta tras el bombardeo de San Juan el 12 de mayo y poco después de la movilización de la Marina estadounidense hacia las costas de Cuba. En ella Betances ha definido una táctica que espera acelere la consecución de la Independencia de Puerto Rico en el marco de la Guerra Hispanoamericana por Cuba y Filipinas. Los documentos reflejan, pues, la tensión de Betances ante los hechos que se aceleran sin control.

La propuesta de Betances es simple. Primero, hay que evitar los choques entre cubanos y puertorriqueños hasta donde sea posible y mantener la unidad. A Henna le recomienda que tolere las actitudes de Estrada Palma en nombre de los fines estratégicos del proyecto revolucionario. La expresión “América es una gran nación” demuestra que todavía se confiaba en que la invasión de Estados Unidos abriría una puerta para la independencia de las islas. Betances debía afirmar ese hecho en particular ante Henna quien defendía públicamente la anexión. Todavía anexionistas e independentistas podían trabajar por una causa común. La voluntad francamente modernizadora y progresista de Betances, le lleva a afirmar que “valdría más llegar a formar un estado en la Unión que seguir siendo españoles”. Eso no lo convertía en un anexionista como han alegado algunos comentaristas: le afirmaba como antiespañol y le ponía en posición de convencer a Henna de que debían y podían aunar esfuerzos “contra España” por encima de su divergencias estratégicas.

Segundo, insiste en aprovechar que el destino de Puerto Rico dependía del destino de Cuba. Betances recomienda que se evite resistir a los invasores porque ello “puede traer a la isla inmensas desgracias”; y que se cree una Comisión que informe a los americanos que “Puerto Rico no quiere pertenecer a la Unión” para, de ese modo, impedir pacíficamente la anexión. Entonces se estará en posición de negociar un acuerdo y convencer a Estados Unidos de que un Puerto Rico soberano sería “una fuente más considerable de riquezas” que uno anexado. La nota a Hostos demuestra que, en ese momento, confía más en la capacidad del mayagüezano para enfrentar el conflicto que en la de Henna. El camino de la Independencia lo abrirá la diplomacia inteligente. No contaba Betances con que Hostos no favorecía esa táctica sino el plebiscito racional, como articuló luego en la Liga de Patriotas.

  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador y escritor

Posted in Colonialismo, Documento de historia de Puerto Rico, Educación en historia, Eugenio María de Hostos, Geopolítica, Historia de Puerto Rico, Historia militar de Puerto Rico, Horace Porter, Invasión de 1898, Liga de Patriotas, Puerto Rico en el siglo 19, Ramón Emeterio Betances, Sección de Puerto Rico, Violencia política | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , | 2 Comments »

“We the People”: Una mirada sobre la mirada

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 4 mayo 2010


  • Margarita Iguina
  • Escritora Puertorriqueña

“We the People”. La representación americana de los puertorriqueños por José Anazagasty Rodríguez  y Mario R. Cancel, editores

Este libro, producto de un seminario llevado a cabo en el 2005, recoge cuatro ensayos presentados por especialistas contemporáneos: Camilla Krawiec, Michael  González-Cruz, Aníbal J. Aponte y José Eduardo Martínez, con una preparación académica versada en teoría y desarrollo político, nacionalismo y violencia política, antropología cultural y ecología política. Los artículos se ocupan de interpretar otros textos escritos por  un grupo de norteamericanos, acerca de su visión sobre el país y los habitantes, encontrados o “descubiertos” en el Caribe: Puerto Rico, luego de la invasión  en el 1898.

El primer y el cuarto ensayo se relacionan, principalmente, con las miradas de Frederick Ober, 1899, Puerto Rico and Its Resources, de Albert Robinson, 1899, The Porto Rico of To-day: Pen Pictures of the People and the Country y de William Dwindle, 1899, Puerto Rico: Its Conditions and Posibilities. Ober al igual que Robinson presentan una geografía imaginada similar a la descrita por otros escritores de siglos antes como Humboldt, al idealizar el paisaje tropical. Robinson por su parte interpreta las características negativas como resultado de las diferencias de raza y  la situación geográfica. Dwindle confía en las posibilidades de desarrollo de la Isla luego de que las condiciones se modernicen.

Ante esas miradas se presenta el Destino Manifiesto en acción: una responsabilidad de parte de EUA para imponer su forma de vida a comunidades atrasadas bajo el yugo español. Un imperialismo, idealizado por ellos que sirviera de ejemplo y vitrina para el resto del mundo.

El segundo y tercer ensayo son trabajados alrededor del trabajo de Edward S.Wilson, 1905, Political Development of the People and the Country. El señor Wilson fue uno de los alguaciles federales nombrado  por el presidente McKinley en el 1900 y luego por Roosevelt en el 1904.Su mirada es la del ser superior ante un grupo, sin hacer distinciones, conmiserativa pero con esperanza de asimilar el país adquirido  por la actitud pasiva de los habitantes y la conformidad con su forma de vida, lo que según él facilitaba el americanizar y modernizar mediante sus cánones una tierra virgen para ser explotada por ellos.

Es interesante la forma y manera que estos escritores han interpretado los trabajos de principios del siglo XX al utilizar discursos de filósofos y expertos en el comportamiento político, social y económico de épocas antes  y después de la invasión. Entre ellos podemos mencionar los trabajos del Barón de  Montesquieu, Humboldt, Bajtin, Todorov y Foucault.

Es obvio que la actitud de los emisarios coloniales es similar a las asumidas por otros conquistadores ante las tierras invadidas. Siempre la visión del vencedor prevalece, tanto al contar la historia como en la forma de percibir el paisaje y la gente del pueblo ocupado.

La visión del otro no es homogénea: depende de quien mire. En este trabajo podemos encontrar varios niveles  de miradas:

  • Las visiones de los emisarios coloniales ante el pueblo sometido al que no se le ha preguntado su parecer.
  • La interpretación de los escritores contemporáneos a esos textos  a más de cien años de estar escritos con sus conocimientos modernos  sobre la filosofía y las ciencias sociales, políticas, económicas, etc.
  • La visión de cada lector sobre el libro con los conocimientos que se tengan o como decía el profesor Cancel, con la enciclopedia particular que cada uno carga.

Como lectora tuve la necesidad de recurrir a varios textos para ampliar la información discutida en los ensayos con nuevas fuentes. La mayoría de ellos confirman las posiciones de los ensayistas.

  • Crónica de la Guerra Hispano Americana en Puerto Rico, 1921, Ángel Rivero. Con mucho candor el escritor mantiene la tesis que esgrimió hace unos años una legisladora de nuestro país: los norteamericanos llegaron por invitación expresa del Dr. Henna y Todd. Es posible que ellos hayan tratado de utilizar su influencia para estar con el grupo inicial en posición de poder. Pero varios textos dan fe del interés de EU en apoderarse de las Islas del Caribe  desde que empezó a emanciparse de Inglaterra. En los textos Desde Lares de Carlos Gallisá y Las penas de la colonia más antigua del mundo de José Trías Monge, 1999, se encuentran datos sobre el interés de la metrópolis por invadir, apropiar y asimilar a la Isla mucho antes de la Guerra Hispanoamericana. Es la posición adoptada por los ensayistas.
  • Mi Escuelita, Educación y arquitectura en Puerto Rico, 2005, Ángela López Borrero. La investigación de la escritora descubre los comienzos de la educación en la Isla con el concepto de casa-escuela, bien organizada, con metas y sistemas establecidos. Aunque no comparan con las escuelas modernas luego de la invasión, no se puede descartar ese primer intento de enseñanza masiva, defendido por los ensayistas, contrario a lo que expresaron los emisarios coloniales.
  • El Hilo en el Laberinto. Claves de la lucha política en PR (sigloXIX) 1990, Astrid Cubano Iguina. En este libro la autora presenta los problemas económicos de la Isla por la crisis mundial en la economía con la caída del precio  primero del café y luego del azúcar de caña. Comienzan a formarse los partidos políticos con la misma tendencia actual. A pesar de la debacle económica, comerciantes y terratenientes mantienen sus tierras y posición social bajo la monarquía española, y luego abrazados al republicanismo americano. Los propietarios dieron la bienvenida a los invasores en espera de que la contracción económica se recuperara.

La mirada hacia a ese otro no la hicieron los emisarios coloniales. Sólo vieron lo que querían ver.  Y si se percataron de esa otra realidad, prefirieron no comentarlo. El propósito inicial de la invasión debía mantenerse: usurpar un espacio, modernizarlo para su propio beneficio y americanizar a sus habitantes. La misma mentalidad de los europeos cuando se apropiaron de las tierras más allá de las Columnas de Hércules.  La opinión de los nacionales no contaba, como si fuera un grupo homogéneo que había que educar para hacerlo a su imagen y semejanza.

Por la preparación académica de los ensayistas se libera el texto de la técnica de la manipulación. La interpretación hecha no tiene condicionada los hallazgos. Sólo tenemos que mirar a nuestro alrededor. El grado de asimilación a la que ha llegado el país es concluyente de que todavía ese otro que somos sigue manipulado por el poder colonial, con el aval del pueblo.

Creo que uno de los logros de este libro, además de dar a conocer la interpretación de unos  textos escritos con una perspectiva sobre Puerto Rico y sus habitantes como si se tratara de un experimento de laboratorio, es tratar de comprender la situación actual del país sujeto a un  estado de desigualdad durante los últimos 112 años.

A través de las épocas, desde los tiempos de España, los logros alcanzados por la Isla son el resultado de crisis. Como resultado llegan las dádivas para bajar las tensiones. (Situado Mexicano, Constitución de Cádiz, Carta Autonómica, New Deal, ELA, 936, PAN, etc.).El condicionamiento pavloviano al que  ha estado  sometido Puerto Rico durante siglos lo ha sumergido en una dependencia crónica; siempre con la mano extendida.

A la metrópolis no le interesa que el país se mueva a la derecha o a la izquierda. Mantendrán a la Isla “en Babia”igual que el lugar de reposo de los reyes de León o  como la novela de José I. de Diego y Padró. Siempre para reforzar la idea de una vitrina estática en el Caribe que demuestre las bienandanzas del conquistador. Hace rato que el cristal de la vitrina se ha quebrado.

Luego de tantos años bajo la sombra de otra bandera, sólo se nos ocurre echarles la culpa a los invasores por nuestra inercia. No existe un propósito integral para desarrollar el país y que así pueda limitar la dependencia. El único plan al que se aspira es a recibir más fondos federales. Ojalá y mi mirada estuviera equivocada.

La autora es de Arecibo, posee una Maestría en Creación Literaria y es autora de los libros de cuentos Hijas de Hércules (2008) y Anarquía, conflagración… transgresiones (2009)

Posted in Colonialismo, Historia militar de Puerto Rico, Invasión de 1898, José Anazagasty Rodríguez, Margarita Iguina, Mario R. Cancel, Puerto Rico en el siglo 19, We the people | Etiquetado: , , , , , , , | Comentarios desactivados en “We the People”: Una mirada sobre la mirada

 
A %d blogueros les gusta esto: