Puerto Rico: su transformación en el tiempo

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Posts Tagged ‘Liberalismo’

Documento y comentario: André-Pierre Ledrú (1797)

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 3 julio 2009


André Pierre Ledrú. Viaje a la isla de Puerto Rico (Fragmento) (Río Piedras: Instituto de Literatura Puertorriqueña, 1957, pp. 117-120). Se publicó por primera vez en 1810. El viaje de la expedición de Ledrú al país se realizó desde los primeros meses de 1797.

[Deterioro del progreso en Puerto Rico]

Hay aún otras causas que han detenido hasta hoy el progreso de la Colonia a pesar de los esfuerzos del gobierno.

  1. El trabajo personal, merced a una absurda preocupación, está envilecido a los ojos de la generalidad: la agricultura, la primera y más honrosa de las artes, está entregada a manos de los esclavos como una ocupación envilecida y deshonrosa (I), de modo que 17,500 hombres son los únicos encargados de satisfacer las necesidades de 136,000 habitantes.
  2. La falta de caminos, puentes y esclusas. Si tuvieran salida las aguas estancadas, si se atravesase la Isla de grandes carreteras que al par que facilitasen el transporte de sus frutos permitieran la libre circulación del aire, Puerto Rico sería indudablemente una de las Colonias más fértiles del Nuevo Mundo, y no tardaría mucho tiempo en ser una de las más ricas y saludables.
  3. La prohibición que existe de vender al extranjero los frutos del país.
  4. El ningún uso que se hace del arado que pudiera emplearse con grandes ventajas en el cultivo del arroz, maíz y patatas.

Comercio

Hasta el año 1778 el comercio de Puerto Rico con España y las otras posesiones de esta nación fue de poca importancia. Los correos o paquebotes exportaban de la isla una pequeña cantidad de café, malagueta y algunos cueros que hacían en total un valor anual de 100,000 francos. Estas exportaciones han aumentado mucho.

Además de los objetos mencionados, España exportaba de la Isla azúcar, jengibre, algodón en bruto e hilado, guayacán, naranjas y otras frutas, e introduce en cambio algún vino, aceite y granos, que llegan exclusivamente á la Capital, mientras que los extranjeros comercian con los demás puertos de la Isla.

La mayoría de los habitantes, y en particular los del interior de la Isla, no consumen otros artículos que los que produce el país, pero los que viven en las costas compran a los extranjeros harina, vino, aceite, aguardiente y salazones, así como telas de hilo y algodón, armas, quincallería, alhajas y los vestidos que usan. La preferencia que se da a las mercancías extranjeras sobre las españolas nace de que estas, siendo inferiores en su clase, son al mismo tiempo más caras que las francesas e inglesas que vienen á ofrecérseles en sus mismas costas, tomando en pago productos coloniales. Este tráfico ofrece a los colonos un beneficio de 25 a 30 % que tendrían que perder si fuesen a proveerse a la Capital, que es el único puerto habilitado para hacer el comercio.

En efecto, la distancia que media entre la Capital y las principales poblaciones de la Isla, el mal estado de los caminos, la falta de puentes y barcas para atravesar los ríos, dificultan el transporte de los frutos, y los costos duplican su valor. Un simple ejemplo bastaría para probar esta verdad. El trabajo de un hombre vale en la Isla cuatro reales diarios, y el de un caballo ocho. Estos animales no pueden cargar regularmente sino dos fanegas de café o sean ocho arrobas, que a doce reales cada una hacen un total de noventiséis reales o sea doce pesos. Supongamos que un colono que reside a veinte leguas de la Capital quisiese enviar allí un saco de café. El viaje duraría por lo menos dos días para la ida y dos para la vuelta, y teniendo doce reales de gastos cada día, tendría de costo el saco de café seis pesos, de modo que el colono perdería en solo la conducción la mitad del valor el café, teniendo además en cuenta que en la Capital pagaría los derechos establecidos. Por eso, pues, prefiere venderles a los extranjeros que llegan constantemente a todos los puntos accesibles de la costa y los que en cambio le ofrecen mercancías mejores y más baratas que las españolas.

Santo Domingo, Jamaica, Santa Cruz, Santomás son las islas que más ventajas sacan del comercio clandestino, y las dos últimas exportan por este medio la mayor parte de su ganado, caballos y cueros. El extranjero que conoce la situación del colono impone a éste la ley, y él mismo es el que fija el precio de lo que vende y lo que compra, quedando aquel, sin embargo, muy contento del negocio y dispuesto siempre a tratar con el primer navegante que quiera acercarse a sus costas.

El contrabando se hace más frecuentemente con los puertos de Fajardo, Humacao, Guayama, Coamo, Ponce, Yauco, Cabo Rojo, Mayagüez, Añasco, Aguadilla, Isabela y Arecibo.

Una considerable parte de los víveres que se consumen en el país se importan del extranjero. Los Estados Unidos lo abastecen de harinas. La Habana da cera y azúcar blanca; la Margarita sal y pescado salado; Santo Domingo tabaco y cerdos y Costa Firme arroz. El numerario del país se emplea casi todo en proporcionarse esas subsistencias, que sin embargo, le cuestan menos que si se las procurase en la misma Isla.

Esos abusos tan nocivos á los intereses de la Isla como á los del fisco, subsistirán tanto tiempo cuanto existan esas leyes represivas que prohíben al colono las comunicaciones por mar con la Capital, adonde podrían llevar sus frutos, so pretexto que los buques empleados en ese tráfico pueden ocuparse en el negocio de contrabando.

Desde que España está en paz con la Francia, y ambas naciones en guerra con la Inglaterra, nuestros intrépidos corsarios han conducido a los distintos puertos de la Isla más de doscientas presas hechas a su común enemigo. La venta de esos buques ha surtido al país de toda clase de mercancías y puesto en circulación gran cantidad de dinero. Esta riqueza accidental morirá con la paz, a menos que el Gobierno no rompa las trabas que mantienen estacionaria la prosperidad real de la Colonia. Si la Corte de Madrid decretase la liberad de comerciar con los puertos de la Isla, aunque solo fuese por treinta años, Puerto Rico veria triplicar bien pronto sus productos, los navegantes que imponen hoy sus leyes al colono se convertirían en tributarios suyos, y los ganados, las maderas y todos los frutos del país contarían con un mercado seguro.

Comentario:

Se trata de la imagen de la colonia a través de los ojos de otro extranjero: André-Pierre Ledru,  naturalista francés  nacido en Chatenai, cerca de Le Mans. La idea de explicar el “deterioro” del progreso de Puerto Rico sobre bases racionales, sugiere que el autor cree en la posibilidad de devolver el dinamismo a la economía de la localidad. Las causas son cuatro, a saber: el desprecio del español al trabajo manual, la poca inversión en infraestructura vial, el atraso tecnológico de la agricultura y la  escasa libertad de comercio que limita el mercado. Si a ello se añade la crítica de la esclavitud negra, Ledrú hace un diagnóstico “moderno” de un sistema colonial “retrógrado” que merece y necesita ser revisado  la luz de las concepciones de la burguesía progresista que representa. La concepción de que el libre mercado es la panacea o solución universal a todos los males visibles que aquejan a la isla, se hace patente.

El autor destaca el aislamiento al que España ha sometido a la colonia como una explicación de su pobreza. Las dificultades del comercio legal estimulan el contrabando. Los espacios más fructíferos del trato ilegal son enumerados en detalle. El documento enaltece además la alianza franco-española ante el enemigo común de ambas, Inglaterra, y solicita la libertad de comercio para el país.

  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador y escritor

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Segundo Ruiz Belvis: política y modernidad

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 4 junio 2009


  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

“ ¿Eres esclavo? En tal caso, no puedes ser amigo. ¿Eres tirano? En tal caso, nadie puede ser amigo suyo.”

Friedrich Nietzsche

a_ruiz_quinonescA la altura de 1857, a los veintiocho años,cuando recibe el título deLicenciado en Derecho y Letras con calificación “sobresaliente”, Ruiz Belvis era ya un intelectual maduro, con una visión cultural inquietante y dispuesto al servicio de su país como se observará de inmediato. Visto en perspectiva resulta increíble que a aquel muchacho apenas le quedasen diez años de vida intensa y tortuosa y que el servicio quequería darle a la patria ¿a Puerto Rico y las Antillas? fuese confundido con la subversión y le llevase al destierro y al sacrificio personal. Radicado en Mayagüez, comenzó la verdadera apoteosis del patricio.

Las circunstancias son interesantes. La historia también está construida sobre la base de coincidencias y azares. Desde 1854, José Francisco Basora ejercía como Médico Titular en la Villa de Mayagüez; y ya en 1855, Betances actuaba como Cirujano de Sanidad Interino en la misma localidad. Desde 1857 los apellidos de Ruiz Belvis, Basora y Betances estarán imbricados en la vida cívica de la ciudad constituyéndose en tres de las claves ideológicas y políticas de la década de 1860 a 1869. No sólo eso. Su laborantismo salió de las fronteras regionales para encender la llama que a la larga condujo al esfuerzo revolucionario más complejo, significativo y elaborado de todo el siglo 19 puertorriqueño: el Grito de Lares del 23 de septiembre de 1868.

Yo me imagino, y aquí tengo que dar vuelo a la fantasía, el esfuerzo de aquellas voluntades que desde un principio estuvieron de acuerdo en la necesidad de la separación definitiva de Puerto Rico y Cuba del debilitado Imperio Español; el valor especial que tuvieron que tener para, desde la posición social que disfrutaban, renunciar a ciertos privilegios de clase -porque el heroísmo es una forma de la renuncia siempre- en pos de causas tan malquistas como la de la abolición de la esclavitud y, en el caso específico de Ruiz Belvis y Betances, la causa antillana de la Confederación y de la república democrática. Hay que recordar el miedo que todo esto levantaba en el común de la gente gracias a los fantasmas redivivos de un Haití soberano y negro, o unas repúblicas hispanoamericanas inestables que España se ocupó de soliviantar.

La voluntad política española gustó mucho de desmerecer a los adversarios y cuando ello no demostró ser eficiente, recurrió a la represión indiscriminada de los enemigos en el interior. Pero también hay que recordar toda la complejidad que el movimiento separatista tenía a la altura de 1860 cuando anexionistas a Estados Unidos y hasta especialistas-autonomistas, vieron en aquel movimiento ideológico una sombrilla protectora.

En aquel contexto Ruiz Belvis acabó electo a la posición de Síndico Primero del Ayuntamiento de Mayagüez. El Caballero Síndico tenía el deber de velar por el buen uso de los fondos públicos municipales y fiscalizarlas actividades del Cabildo de la ciudad. Cada proyecto aprobado en el cabildo tenía que pasar por sus manos antes de ser puesto en práctica. Cada emisión de fondos para cualquier fin social también. Hay que decir que, en aquel momento,  Ruiz Belvis se hallaba tan vinculado al ambiente y al espacio mayagüezanos que se distanció de los asuntos de la hacienda y los intereses de la familia en Hormigueros y San Germán.

Es en Mayagüez donde, en colaboración con Betances y Basora, fundó hacia 1857 o 1858, la “Sociedad abolicionista secreta”, tan cargada de leyendas y tan difícil de documentar de manera seria. Yo no podría asegurar, después de revisar la documentación y las actas bautismales de varios pueblos de la costa oeste de Puerto Rico posteriores al 1858, en especial Hormigueros donde vivía la mayor parte de los esclavos de los Ruiz, que el activismo y la manumisión de esclavos fuese una meta principal del separatismo rebelde en aquel momento.La lista de libertos en circunstancias que pueden presumirse ligadas a la tradición de la “Sociedad abolicionista secreta” es mínima.

Lo que sí parece evidente es que los fines políticos de aquel activismo joven estaban llegando a su cenit entre 1864 y 1866. En el plano internacional, España se había fraguado una imagen política desastrosa con su intervención en los asuntos internos de la República Dominicana y su campaña por restaurar la soberanía hispana en aquella isla. La situación empeoró aún más cuando el débil imperio intentó poner en jaque a la República de Chile en su puerto de Valparaíso reclamando compensaciones por una guerra de independencia que estaba consumada hacía años. En todo aquel proceso lo único que consiguió concretamente España fue soliviantar el ánimo americano y crearse un bloque de adversarios que a la larga, podían ser aliados potenciales o sostén de un levantamiento armado en Cuba y Puerto Rico. Ruiz Belvis y Betances sabían esto e iban a aprovechar de una manera coherente la errática política internacional de la monarquía española.

Una de las fuentes más confiables de la década del 1860 en Puerto Rico, los periodistas e historiadores conservadores José Pérez Moris y Luis Cueto quienes fueron testigos de primera fila de aquel momento de la historia nacional puertorriqueña, estaban de acuerdo en que después de 1864 la zona oeste, en particular Mayagüez,  se había convertido en un hervidero de conspiraciones. Sociedades secretas y masónicas, alegaban,hacían su trabajo para debilitar el poder español. Ruiz Belvis mismo, junto a Betances y el patriota autonomista sangermeño Francisco Mariano Quiñones, se habían iniciado en la logia “Unión Germana” de San Germán. Un complejo y poco investigado mundo clandestino maduró entre 1864 y 1867 y en todo ese proceso Ruiz Belvis fue una de las figuras claves.

f_m_quinonescLa historia puertorriqueña ha salvado la figura de Ruiz Belvis por su compromiso con la abolición inmediata de la esclavitud africana en Puerto Rico con indemnización o sin indemnización para los futuros ex-amos. Su labor, junto a José Julián Acosta y Francisco Mariano Quiñones, en la redacción del Proyecto para la abolición de la esclavitud presentado en Madrid en la Junta Informativa de Reformas en 1867 en un momento en que el problema llegaba a su clímax y todavía era anatema discutir el mismo en el seno del poder español, lo inmortalizó dentro de la historia de la jurisprudencia y el derecho americanos. Valga aclarar que numerosos historiadores y testigos de la época coinciden en indicar que el referido documento es en lo fundamental producto de la pluma de Ruiz Belvis. Yo, por mi parte, he llegado a creer en la necesidad de la gloria compartida en este caso como en otros. El compromiso de Acosta y Quiñones con la causa de la abolición era tan incuestionable como el de Ruiz Belvis y el de Betances.

Después de 1867 la vida de Ruiz Belvis dio otro giro radical que lo iba a lanzar en brazos de la muerte. En julio de 1867, corrían los primeros días del mes, Ruiz Belvis y Betances se vieron precisados a tomar una decisión que alteraría de manera definitiva el resto sus vidas. Estaban ante la disyuntiva de someterse ante una autoridad que no respetaban; o decidirse a abrir una vía franca hacia la revolución tomando el camino del exilio, el destierro y el clandestinaje. Las citaciones para presentarse ante el gobernador con que se recibió a los delegados de Puerto Rico ante la Junta Informativa de Reformas forzaron la decisiónde romper en definitiva con una España que no podía dar lo que no tenía, según lo aseguraba Betances.

Aquí Hormigueros es, según la tradición oral, otra vez refugio del patriota. El relato en general es muy oscuro y confuso. Lo cierto es que acompañados por el párroco de Hormigueros Antonio González y Alonso, consiguieron evadirse vía Cabo Rojo-tal vez apoyados por uno de los hermanos Cabassa, dueños de las haciendas “Acacia” y “Belvedere”- hasta algún punto de la bahía de Guánica desde donde partieron –en ruta a Saint Thomas oRepública Dominicana- hacia la ciudad de Nueva York, refugio de los rebeldes de las Antillas en aquel momento. La revolución de las Antillas estaba en marcha. Nueva York era punto común de encuentro de exiliados esperanzados y de emigrantes ansiosos de una vida mejor que nunca conseguían.

De Nueva York ambos volvieron  a Saint Thomas  y en esta isla de las Antillas Menores se separarían para no verse más. Ruiz Belvis partió a cumplir una importante “misión política” ante las autoridades chilenas, y Betances se detuvo en el Caribe a fin de continuar agitando la cuestión de Puerto Rico y Cuba. Su tarea era más complicada. Debía hacer acopio de armas para un futuro levantamiento  en Puerto Rico. Se sabe que en la larga travesía al sur, Ruiz Belvis pisó suelo colombiano y peruano antes de arribar a Valparaíso, Chile. Se presume que en los distintos puertos de arribo estableció contactos con aliados del proyecto libertario de las Antillas por medio de supuestas logias masónicas comprometidas con la causa. Yo tampoco podría asegurarlo, pero la historia de lo secreto plantea muchas dificultades algunas insalvables.

Con ello Ruiz Belvis se convirtió en el primero de los “peregrinos de la libertad” que buscó en la América Hispana un sostén para un proyecto que se entendía clave para la seguridad de la América soberana: la Confederación de las Antillas. Más tarde, Eugenio María de Hostos y Pedro Albizu Campos iniciarían esfuerzos similares bajo condiciones disímiles.

Todo parece indicar que a Valparaíso, ciudad donde se le recibió como a un dignatario político de la resistencia antillana y presidente del Comité Revolucionario de Puerto Rico, llegó enfermo de gravedad y a los pocos días,el 3 de noviembre de 1867, falleció de complicaciones con un mal de estrechez en la uretra. En el Hotel Aubry, donde se hospedaba, recibió los cuidados de ciertas personas con toda probabilidad ligadas al proyecto que allí trataba de completar. El héroe había caído sin ver cumplida la meta que se había propuesto. Con ello la esperanza del apoyo internacional para la causa de las islas se tronchaba. Las Antillas, como Italia en su momento, tendrían que hacerlo por sí solas.

Segundo Ruiz Belvis es la proyección más universal de este microcosmos que llamamos Hormigueros. No me cabe la menor duda de que, de haber sobrevivido aquel trauma, el prócer hubiese retornado a la cabeza de un ejército de invasión para culminar la tarea que Lares comenzó y no pudo consolidar. Ese era el temple del soldado y ese fue el papel que le encargaron sus hermanos en la revolución. A sus treinta y ocho años, nadie podía cuestionar la hombría de bien del caballero y la militancia del rebelde. El “olvidado”, como le bautizó Hostos en 1873 cuando visitó su tumba que todavía estaba en pie en el cementerio de Valparaíso, vive de algún en la memoria de los puertorriqueños que sienten nostalgia por el sueño de la libertad.

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La vida política en el país: el liberalismo después de 1868

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 3 febrero 2009


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

 

La derrota de la Insurrección de Lares, estimuló el crecimiento del liberalismo. La base social del liberalismo y el separatismo, no eran muy distintas. Detrás de aquellas ideologías había hacendados, comerciantes, intelectuales y profesionales De diverso origen nacional. La gran diferencia entre ambos proyectos fue que el liberalismo era un movimiento no violento que aspiraba a un cambio negociado en la relación de Puerto Rico y España mientras que el separatismo era más proclive a la violencia armada y las tácticas conspirativas.

 

Aspiraciones políticas de los liberales

 

Los liberales se opusieron a la separación de Puerto Rico de España, ya fuese con fines independentistas o anexionistas a cualquier otro país. Su meta última era que el territorio dejara de ser tratado como una colonia y tuviese una relación digna en derecho con la Península. Las alternativas anticoloniales eran simples.

 

Algunos aspiraban que Puerto Rico fuese reconocido como una Provincia Española en paridad con otras regiones de la península. La paridad se conseguiría mediante la aplicación de la Constitución de 1836 o la de 1869, según fuese el caso. Colocar al país al amparo de la Ley Fundamental del Reino, equiparaba jurídicamente a los insulares con los peninsulares, es decir los asimilaba. Por ello a los defensores de aquella propuesta se les denominó liberales asimilistas.

 

Otros liberales querían que Puerto Rico fuese reconocido como una región Autónoma. Ese sector favoreció en 1836 ante el Estatuto Real, y en 1867 en la Junta Informativa de Reformas, la redacción de unas “Leyes Especiales” que se ajustaran al espíritu y la cultura política local o regional. En el lenguaje de la época,  se les llamó liberales especialistas y, luego, autonomistas. Su imagen de liberales radicales se justificaba ante las autoridades coloniales por el énfasis que ponían en afirmar las diferencias entre peninsulares e insulares.

 

Los liberales asimilistas y especialistas se oponían a la anexión a Estados Unidos, lo mismo que a la independencia y la Confederación Antillana. Sus posturas políticas los transformaron en un movimiento que impactó a las masas. Su discurso resultaba atractivo por su carácter modernizador: los liberales reclamaron el reconocimiento de derechos civiles y la ciudadanía española, y resistieron el autoritarismo de los Capitanes Generales.

 

Sus posturas no eran distintas de las de los anexionistas y los independentistas, pero las posibilidades de colaboración con aquellos grupos siempre fueron pocas. Por ello el Gobierno Español los trató como radicales peligrosos e insistió en acusarlos de actuar como aliados ocultos de los separatistas de todas las tendencias. Si bien es cierto que algunos liberales lo fueron, también hay que indicar que otros liberales llegaron a ser informantes del Gobierno Español cuando lo consideraron necesario.

 

Las aspiraciones socio-económicas de los liberales, los anexionistas y los independentistas también coincidían. Oponerse a España implicaba atacar una forma de hacer la economía que se consideraba retrógrada: el monopolio colonial y el poder del estado sobre el hacer y las decisiones económicas. La reestructuración del mercado local en el marco del mercado libre y la integración de Puerto Rico al mercado internacional, fue un sueño común de todos aquellos grupos. La meta de que se simplificara el sistema impositivo de aduanas y el sistema impositivo sobre la producción y la tierra, también era un punto de convergencia entre aquellos. La idea de que un cambio en esa dirección animaría el consumo y la reinversión, estaba presente detrás de ello.

 

 

El conservadurismo

 

El conservadurismo fue un grupo amorfo que favoreció la presencia española en el territorio insular independientemente de la forma jurídica que adoptase. En términos generales,  los conservadores preferían la Monarquía  Absoluta por su capacidad para reprimir la anarquía y la oposición política. Pero estuvieron dispuestos a favorecer la Monarquía Limitada en 1869, e incluso la República Española en 1873.

 

El conservadurismo se define por oposición al liberalismo. Es un movimiento que aspira defender la nacionalidad española ante todos sus adversarios y, con ello, los valores legítimos de ella: el catolicismo y la tradición. Fue un feroz opositor del separatismo ya fuese anexionista o independentista y siempre manifestó un fuerte discurso anti-venezolano primero, y anti-americano después. Por eso se oponen al reconocimiento de libertades civiles y la educación de las masas: en ambos procesos veían un estímulo a la anarquía y a la oposición.

 

En términos económicos, favorecían el progreso material de la colonia como una garantía para la permanencia poder español en la isla. Pero desconfían del mercado libre y favorecen políticas económicas proteccionistas en que el Gobierno intervenga en el quehacer económico. Lo que temen es la ingerencia en la economía local de poderes amenazantes como Inglaterra o Estados Unidos por medio de su capital o sus créditos.

 

Su base social fueron los grandes intereses comerciales, la Iglesia Católica, la numerosa burocracia gubernativa y algunos sectores poderosos del Ejército. En realidad se trataba de una minoría poderosa hermanada por la el origen común español. Pero numerosos puertorriqueños de todas las clases y residentes extranjeros con intereses creados en la colonia, favorecieron sus posturas por miedo al cambio.

 

Conclusiones

 

La decisión de España de autorizar la organización de partidos políticos legales en 1870, cumplió varias funciones.

 

1. Organiza y controla la opinión pública sobre bases simples

2. Estimula la polarización de la discusión entre liberales y conservadores, mientras deja fuera a las “ideas peligrosas” asegurando su silenciamiento.

3. Limita la discusión pública a un lenguaje tolerable y poco amenazante con el cual el Gobierno Español puede trabajar

 

Allí estuvieron las bases de la domesticidad política típica de la modernidad que dominará el panorama insular hasta bien entrado el siglo 20.

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