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Posts Tagged ‘Sociedades agro-alfareras’

Taínos y Caribes: resistencias

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 27 noviembre 2011


  • Mario R. Cancel-Sepúlveda
  • Historiador y escritor

La derrota de los Taínos rebeldes durante la Rebelión de 1511, no disolvió por completo la resistencia de las comunidades Araucas Insulares a la presencia Hispano-Cristiana en San Juan Bautista. Por el contrario, todo parece indicar que aquellas comunidades en repliegue, reorganizaron la oposición de un modo original. Es probable que la percepción de la guerra como un “acto mágico”, noción que predominó durante los choques de fines de 1510 y principios de 1511, haya sido revisada o dejada atrás. Por otra parte, los Aruacos Insulares denominados Taínos, concertaron una alianza con los Caribes o Kalinagos, etnia que los comentaristas han identificado como sus opositores en el periodo pre-colonial. La situación debió ser inquietante para los colonos cristianos. Las agresiones de Taínos y Caribes, luego identificados genéricamente como Caribes, fueron comunes durante todo el siglo 16. El Mar de la Antillas se iría transformando en el Mar de los Caribes a lo largo de estos procesos.

Colgante Saladoide

Tan temprano como en el 1512, se registró un enfrentamiento entre españoles y varias canoas de guerreros Taínos y Caribes. La acción debió ser interpretada como un contraataque y una demostración de que la derrota de 1511 había sido una batalla en una larga guerra por venir. En  1513 un ejército de aproximadamente 350 combatientes atacó y quemó la Ciudad de Caparra, dejando a su paso 16 muertos. En el proceso, también agredieron Loíza y atacaron la estancia de Sancho Arango quien, según la leyenda, fue salvado por Becerrillo, su mastín de presa. La Hispanidad salvó aquella figura, tanto como al lengua Juan González y a Cristóbal de Sotomayor, como signos de nobleza emblemáticos de la bravura hispana.

Aquella no fue la peor de las experiencias. En 1520, cinco canoas con 150 Caribes (y Taínos), ejecutaron 20 días de ataques en la zona de Humacao, dejando a su paso 26 muertos. El patrón de las agresiones era simple, repetía la táctica de la Rebelión de 1511: atacar las estancias y poblados y quemarlos provocando todas las bajas posibles. En este caso se manifestó algo interesante. Los documentos sugieren que también hubo una matanza de indios y el secuestro de indios encomendados. Lo más probable es que las víctimas hayan apoyado en la confrontación a los cristianos europeos y por ello hayan sido considerados adversario por los atacantes.

En 1529, ocho canoas irrumpieron en la zona de la boca del río Bayamón, y secuestraron numerosos negros esclavos y procedieron a destruir las estancias de la zona. Era un ataque directo a la capital de la colonia que ya se había trasladado a la Isleta. Y en 1530 once canoas y 500 Caribes (y Taínos), irrumpieron en Río Daguao (Naguabo), quemaron las estancias que encontraron a su paso y robaron esclavos negros e indios. Si los secuestros eran parte de una labor de saqueo o rescates, es algo que no se puede precisar del todo. Hasta 1530, la resistencia de los Taínos, apoyados por los Caribes, no hizo sino aumentar. Se trataba de acometidas concentradas en la costa noreste y este de la Isla Grande, foco de poder hispano accesible desde la Isla de Barlovento, donde se presumían refugiados los atacantes.

En la última parte del siglo, lo más notable fue la invasión de 1567 al San Germán de Guadianilla, hecho que debió justificar el traslado en 1573 de San Germán, hasta las Lomas de Santa Marta. Todavía en  1576 hubo otro ataque a Humacao, ocasión en que se secuestró a una mujer blanca de nombre Luisa de Navarrete, la cual terminó siendo desposada por un rey o cacique Caribe en Dominica. La vida de Luisa es un modelo interesante dado que ella pudo escapar de Dominica alrededor del año 1580, momento en que fue encontrada sana y salva en Salinas.

Lo más relevante de este registro parcial son los patrones que dominan los mismos. Es curioso que la mayoría de los asaltos ocurriesen entre septiembre y octubre, temporada de huracanes. También llama la atención que los mismos fuesen nocturnos, dada la relación llena de tensiones que manifestaban los Taínos con respecto a la noche acorde con los mitos de Maquetaurie Guayaba y los opías, recuperados por Fray Ramón Pané. Lo otro es la táctica de la quema de estancias y poblados, adjunto al objetivo del secuestro de esclavos indios y negros.

Lo cierto es que, después de 1600, las agresiones se redujeron. La invasión de franceses, ingleses y daneses a las islas de Barlovento estabilizó la zona y llamó la atención de aquellas comunidades guerreras hacia un nuevo adversario más formidable que la cristiandad hispana de San Juan Bautista. La idea de Taíno como un Buen Salvaje colapsó ante la imagen de Caribe  como un Bárbaro. La pasividad de los taínos agricultores a que tanto se ha apelado hasta el punto de asumirla como un rasgo de la Identidad Nacional, también pierde su cohesión.

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Documento y comentario: Ramón Pané, los behíques

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 16 octubre 2009


Tomado de Fray Ramón Pané, Relación acerca de las antigüedades de los indios. Santo Domingo, 1494 (Fragmentos) según anotado por el Dr. Juan José Arrom.

CAPÍTULO XV : De las observaciones de estos indios behíques, y cómo profesan la medicina, y enseñan a las gentes, y en sus curas medicinales muchas veces se engañan

Todos, o la mayor parte de los de la isla Española, tienen muchos cemíes de diversas suertes. Unos contienen los huesos de su padre, y de su madre, y parientes, y de sus antepasados; los cuales están hechos de piedra o de madera. Y de ambas clases tienen muchos; algunos que hablan, y otros que hacen nacer las cosas que comen, y otros que hacen llover, y otros que hacen soplar los vientos. Las cuales cosas creen aquellos simples ignorantes que hacen aquellos ídolos, o por hablar más propiamente, aquellos demonios, no teniendo conocimiento de nuestra santa fe. Cuando alguno está enfermo, le llevan el behíque, que es el médico sobredicho. El médico está obligado a guardar dieta, lo mismo que el paciente, y a poner cara de enfermo. Lo cual se hace de este modo que ahora sabréis. Es preciso que también se purgue como el enfermo; y para purgarse toman cierto polvo, llamado cohoba, aspirándolo por la nariz, el cual les embriaga de tal modo que no saben lo que se hacen; y así dicen muchas cosas fuera de juicio, en las cuales afirman que hablan con los cemíes, y que éstos les dicen que de ellos les ha venido la enfermedad.

BehiqueCAPÍTULO XVI : De lo que hacen dichos behíques

Cuando van a visitar a algún enfermo, antes de salir de casa toman hollín de las ollas o carbón molido, y se ponen la cara toda negra, para hacer creer al enfermo lo que les parece acerca de su enfermedad; y luego cogen algunos huesecillos y un poco de carne. Y envolviendo todo esto en alguna cosa para que no se caigan, se lo meten en la boca, estando ya el enfermo purgado con el polvo que hemos dicho. Entrado el médico en casa del enfermo, se sienta, y callan todos; y si hay niños los mandan fuera, para que no impidan su oficio al behíque, ni queda en la casa sino uno o dos de los más principales. Y estando así solos, toman algunas hierbas del güeyo…anchas, y otra hierba, envuelta en una hoja de cebolla, media cuarta de larga; y una de los dichos güeyos es la que toman todos comúnmente, y trituradas con las manos las amasan; y luego se la ponen en la boca para vomitar lo que han comido a fin de que no les haga daño. Entonces comienzan a entonar el canto susodicho; y encendiendo una antorcha toman aquel jugo. Hecho esto primero, después de estar algún tiempo quieto, se levanta el behíque, y va hacia el enfermo que está sentado solo en medio de la casa, como se ha dicho, y da dos vueltas alrededor de él, como le parece; y luego se le pone delante, y lo toma por las piernas, palpándolo por los muslos y siguiendo hasta los pies; después tira de él fuertemente, como si quisiera arrancar alguna cosa. De ahí va a la salida de la casa y cierra la puerta, y le habla diciendo: “Vete a la montaña, o al mar, o adonde quieras”. Y con un soplo, como quien sopla una paja, se vuelve una vez más, junta las manos y cierra la boca; y le tiemblan las manos, como cuando se tiene mucho frío, y se sopla las manos, y aspira el aliento, como cuando se sorbe el tuétano de un hueso, y chupa al enfermo por el cuello, o por el estómago, o por la espalda, o por las mejillas, o por el pecho, o por el vientre o por muchas partes del cuerpo. Hecho esto, comienza a toser y a hacer feos visajes, como si hubiese comido alguna cosa amarga, y escupe en la mano y saca lo que ya hemos dicho que en su casa, o por el camino, se había metido en la boca, sea piedra, o hueso, o carne, como ya se ha dicho. Y si es cosa de comer, le dice al enfermo:”Has de saber que has comido una cosa que te ha producido el mal que padeces; mira cómo te lo he sacado del cuerpo, que tu cemí te lo había puesto en el cuerpo porque no le hiciste oración, o no le fabricaste algún templo, o no le diste alguna heredad”. Y si es piedra, le dice: “Guárdala muy bien”.Y algunas veces tienen por cierto que aquellas piedras son buenas, y ayudan a hacer parir a las mujeres, y las guardan con mucho cuidado, envueltas en algodón, metiéndolas en pequeñas cestas, y les dan de comer de lo que ellos comen; y lo mismo hacen con los cemíes que tienen en casa. Algún día solemne, en que llevan mucho de comer, pescado, carne, o pan, o cualquier otra cosa, ponen de todo en la casa del cemí, para que coma de aquello el dicho ídolo. Al día siguiente llevan todas estas viandas a sus casas, después que ha comido el cemí. Y así les ayuda Dios como el cemí come de aquello, ni de otra cosa, siendo el cemí cosa muerta, formada de piedra o hecha de madera.

Comentario:

El texto que antecede es un fragmento de un informe sobre los usos y costumbres de los  Indios de La Española preparado por Ramón Pané por instrucciones de Cristóbal Colón entre 1493 y 1494.  Pané, un fraile mendicante y escribiente de Colón,  fue testigo ocular de muchas de las experiencias que comentó en su libro. Aprendió la lengua de los naturales y conversó con ellos sobre sus costumbres religiosas con el fin de comprenderlos y convertirlos al cristianismo con más facilidad. El valor del texto consiste en que se trata de la única fuente de información directa respecto a los naturales de la isla. A pesar de las limitaciones del escritor, de sus sesgos o prejuicios culturales, y de que la información se recogió en la Española, la Relación… es una fuente invaluable para comprender a las comunidades que habitaban  Baneque-San Juan Bautista a la hora de la conquista.

Asa Ostionoide

El Capítulo XVI comenta la imagen del cemí, espíritus tutelares de diversos orígenes y significados a los cuales los taínos insulares rendían reverencia. Su actitud lo conduce a tildar de ignorantes a los taínos y a denominar despectivamente como ídolos a los referidos númenes. De inmediato introduce la figura del behíque o médico-brujo taíno. El tema central del fragmento es la religión de los naturales comentada por un monoteísta radical y un cristiano convencido. La forma en que el autor destaca la multiplicidad y diversidad de los cemíes, y las actividades del behíque cuando ejecuta sus ceremonias,  confirma el desprecio de Pané por la cultura del otro.

El Capítulo XVII detalla un ritual de curación ejecutado por el behíque con la finalidad de desenmascarar el engaño de la magia natural. Para ello entra en numerosos detalles que hoy sirven para comprender mejor las prácticas mágico-religiosas de aquellos habitantes del Caribe. El cronista indica el maquillaje que este adopta y señala el truco que utilizará con el fin de completar el ritual. Describe con lujo de detalles el rito de sanación, un acto privado entre el enfermo y el behíque que comienza con la purgación del primero. Comenta como el behíque y el enfermo ingieren ciertas yerbas para provocar un vómito que los limpia de impurezas física. Pané cuenta la forma en que el behíque canta y baila, y la manera en que usa el fuego para sellar su victoria mágica sobre el mal. El fuego siempre es un agente purificador en estos rituales. El acto de la curación incluye pases y masajes ejecutados  con las manos, y chupar ciertas partes del cuerpo del enfermo. El acto termina cuando el behíque escupe la enfermedad materializada en el objeto que tragó antes de iniciar el ritual el cual entrega al paciente como un amuleto. El ritual de magia simpática se ha completado.

Otros capítulos del texto pueden ser consultados en Arahuacos insulares: ginecogonía y muerte (1494) texto en el cual se explica el origen de la mujer y del mar, y las explicaciones de la muerte.

  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia  y escritor

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Documento y comentario: Jean Baptiste Labat, la yuca (1722)

Posted by Mario R. Cancel-Sepúlveda en 26 septiembre 2009


Padre Jean Baptiste Labat, Nuevo viaje a las Islas de la América. Volumen I. (Paris, 1772). Capítulo XVI (Fragmento)

De la mandioca

He dicho en algunos lugares más atrás que el casabe y la harina de mandioca sirven de pan a la mayor parte de los habitantes blancos, negros y rojos de las Islas, es decir, a los europeos, los negros y los salvajes. Y creo que es a propósito explicar aquí lo que es el casabe y la harina de mandioca después que haya descrito el árbol o arbolillo que la produce y la manera en que se le cultiva.

YucaLa mandioca es un arbolillo cuya corteza es gris, roja o violeta según las diferentes especies de albura que ella cubre. La corteza de todas las especies es muy delgada. Crece hasta una altura de siete u ocho pies. A esta altura el tronco es grueso como el brazo. El tronco y las ramas están llenas de nudos bastante cerca los unos de los otros, con pequeñas excrecencias que marcan los lugares donde estaban las hojas que han caído, pues a medida que el árbol crece, las hojas se desprenden de la parte inferior de las ramas, y no se las encuentra más que en las partes más altas. La madera es blanca y quebradiza; crece mejor de plantones que de semillas: al menos es seguro que no se tendrá sino poca raíz comestible si se siembra la semilla que produce. Su hoja es como un trébol alargado, o mejor como una hoja de vid mediana que se hubiese cortado a lo largo de sus nervaduras y a la que no se le hubiere dejado de cada lado más que medio dedo de ancho. Su raíz principal echa a su alrededor otras tres o cuatro y hasta seis o siete de diferente grueso y largo, según la edad del árbol y la bondad del terreno. Las he visto gruesas como la pierna, pero eso es extraordinario. Comúnmente son del tamaño de las más grandes remolachas. La corteza de las raíces es del color de la del árbol, es decir, gris cuando el árbol es gris, roja cuando el árbol es rojo, pero el interior es siempre blanco y de la consistencia de los nabos; hay raíces que están maduras en ocho meses. Se llama al árbol o mandioca que las produce, mandioca blanca o de bejuco. Las otras especies como la mandioca de hojas grandes, la mandioca roja y las demás especies necesitan catorce e incluso dieciocho meses para llegar a su pleno tamaño y madurez.

Se sabe ya que este arbolillo crece de plantones; todo lo que se necesita para plantarlo es hacer un hoyo de alrededor de un pie y medio de largo y de cinco a seis pulgadas de profundidad, en el cual se acuestan dos trozos de esta planta de quince a dieciséis pulgadas de largo, uno de cuyos extremos se deja un poco fuera de tierra, después de lo cual se los cubre con la tierra que se ha sacado del agujero donde se los ha puesto. Se alejan los hoyos unos de los otros de acuerdo a la bondad del terreno; por lo común se dejan entre ellos dos pies y medio de distancia. Se tiene cuidado de escardar las hierbas que crecen alrededor por temor a que sofoquen las nuevas plantas.

Cuando se juzga que las raíces han logrado todo el grosor y la madurez que pueden conseguir de acuerdo a la calidad de la mandioca que las ha producido, se las arranca de tierra a medida que se tiene necesidad de ellas, lo que se hace arrancando la planta toda entera, con lo cual las raíces no dejan de salir, y en caso de que alguna se separe, lo que es fácil de notar, se la excava con la azada. No se necesita gran fuerza para arrancar este tipo de plantas, pues además de que los terrenos no son extremadamente duros, las raíces no están muy adentro de la tierra. Una vez que se han sacado estas raíces, los negros destinados a esta tarea rascan o raspan la corteza con un cuchillo mellado, como se hace con los nabos, y las arrojan a una batea llena de agua donde se las lava bien, después de lo cual se las ralla, es decir, se las reduce a una especie de harina muy húmeda que parece un aserrín grueso de madera, lo que se hace pasando fuertemente la raíz sobre un rallador de cobre, como se pasa el azúcar. Estos ralladores de cobre se llaman rallos y el trabajo que se hace por medio de ellos rallar, y tienen de quince a dieciocho pulgadas de largo por diez o doce de ancho. Se los sujeta con clavitos a una tabla de tres pies y medio de largo y un pie: ancho, colocados no en toda su anchura, sino en el centro. El negro que ralla pone un extremo de la tabla con el rallador en una batea o cuba de madera y apoya el otro contra su estómago; tiene a su lado un cesto donde están las raíces bien raspadas y lavadas, y toma una en cada mano y las pasa y repasa sobre el rallo, apoyándolas fuertemente hasta que las ha reducido a harina.

boinayel

Después que se han rallado todas las raíces arrancadas, se toma la harina que está en la batea y se la lleva a la prensa para exprimirle todo el jugo de que está llena. Se considera este jugo como un veneno, no solamente para los hombres sino también para los animales que lo beben, o comen las raíces antes de que el jugo le haya sido exprimido. El padre Du Tertre y los otros que han hablado de este jugo dicen que no es un veneno malsano lo que causa la muerte, sino que al tener demasiada sustancia, el estómago de los animales no lo puede digerir y con ello se asfixian. Lo que se manifiesta en que los animales que mueren de ello no tienen alteradas las partes nobles, sino solamente el pecho hinchado.

Los diferentes experimentos que he hecho con este jugo me han convencido de que, además de esta abundancia de sustancia alimenticia, una parte de su malignidad consiste en su frialdad, que detiene la circulación de la sangre, entumece los humores y al final causa la muerte sin atacar las partes nobles del animal; la razón en la que me baso es que el mejor remedio que se ha encontrado hasta el presente para salvar la vida de los animales que de él han bebido es excitar en ellos violentos movimientos, haciéndoles correr lo más rápido que se pueda, calentándolos al hacerles tragar el ron más fuerte con la teriaca después de haberles hecho tomar aceite para excitarles a vomitar lo que han tomado; en una palabra, activando los humores y poniendo la sangre en movimiento.

El padre Du Tertre da tres remedios para impedir los malos efectos del jugo de la mandioca. El primero es hacer beber aceite de oliva con agua tibia, y eso excita el vómito y no puede dejar de dar alivio.

El segundo es beber gran cantidad de jugo de piña con algunas gotas de limón.

Yo sé que el jugo de piña es muy incisivo y muy frío, tal como el de limón, y es esto lo que me hace dudar de la bondad de este remedio, aunque él lo da por infalible.

El tercero es el jugo de la hierba de las culebras.

Comentario:

El primer apunte valioso del texto es el hecho de que hacia el siglo 18, el consumo de yuca y casabe se había generalizado en las Antillas y que era un alimento común de “los europeos, los negros y los salvajes”. Su lenguaje demuestra que, en la jerarquía de las etnias locales, los naturales ocupaban la posición más baja.

De inmediato hace una descripción de la planta propia de un naturalista, y de la forma en que la misma de reproduce: mediante plantones o espeques. Para hacer comprensible a un público europeo su información, compara la hoja de la yuca con el trébol y la vid, y el tamaño de la planta con el arbusto de remolacha, elementos conocidos por su público lector.

Los métodos de siembra, cosecha y preparación del producto ocupan buena parte del texto. El equipo para preparar el producto es reducido: un rallador o guayo de cobre y una batea, similares a los que se usaban para moler la pasta de azúcar moscabada con el fin de producir un granulado dulce.

La explicación de los efectos del veneno de la yuca puede ser de utilidad para comprender algunas prácticas de los aruaco-taínos comentados en las crónicas de Indias en especial sus prácticas de suicidio. La preocupación por encontrar un remedio para los efectos de la ingestión del veneno y los antídotos sugeridos, demuestra la forma en que la ciencia europea enfrentó realidades desconocidos con el fin de controlarlos y ponerlos a su servicio.

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

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