Puerto Rico: su transformación en el tiempo

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Historia



Desnudando la historia: Nuevas perspectivas históricas en Anti-Figuraciones: Bocetos puertorriqueños de Mario Cancel

Dr. Hugo Ríos-Cordero

bocetos puertorriqueños

En las últimas décadas hemos sido testigos de cómo lentamente se ha derrumbado el discurso historiográfico tradicional y éste, ha cedido el paso a nuevos discursos, a nuevos análisis de los procesos literarios; a una nueva luz que se arroja sobre los textos y figuras del pasado. Ciertamente la historia es una ficción. El escritor argentino Jorge Luis Borges va más allá de este enunciado casual y declara a la teología y a la filosofía como ramas de la literatura fantástica. Es precisamente, gracias a esos procesos de descentralización, como el que realizan literatos como Borges, filósofos como Foucault e historiadores como Mario R. Cancel, donde el aura del discurso a una sola voz es disuelve dejando paso a una polifonía, a un nuevo escrutinio. La labor que realiza el distinguido profesor Cancel en su libro Anti-Figuraciones: Bocetos puertorriqueños refleja este nuevo pensamiento y de cierto modo abre un campo de exploración, investigación y rescate dentro del devenir histórico de las letras puertorriqueñas. Los planteamientos de Cancel no caen en el revisionismo como bien señala el profesor Alberto Martínez-Márquez:


“No se trata de una visión revisionista de la historia y de la cultura. El revisionismo, lamentablemente, intenta rescatar una contra-imagen de las cosas, recurriendo por lo regular a la inversión de los opuestos […] Cancel recurre a la reevaluación; es decir, a proponer una comprensión distinta de los fenómenos que refiere en los nueve ensayos que forman parte de su libro.”


El proyecto del doctor Cancel comparte rasgos con algunos trabajos en otras disciplinas que de igual modo cuestionan los fundamentos básicos de los acercamientos a ciertas figuras y momentos históricos que se han empañado por los enfoques parcializados a los que han sido sometidos durante décadas de investigación histórica. Por ejemplo, en Historia universal de la infamia, Borges restituye a la historia de la literatura y por ende a la historia oficial, una serie de personajes marginales y marginalizados. Cancel en sus antifiguraciones lleva a cabo un proceso similar. El rescate de algunas figuras descuidadas por la historia como en “Puerto Rico y el proyecto independentista de Antonio Valero Bernabé y la “Teosofía y modernización : el caso de Olivia Paoli Braschi”; o la vindicación de textos excluidos del canon como en la “De Kalila a la literatuira nacional o el oprobio del cosmopolitanismo” donde estudia la obra Kalila de Francisco Mariano Quiñones; y la exploración de temas tradicionales pero desde una perspectiva fresa que responda al discurso actual como es el caso de como el abolicionismo de Ruiz Belvis, el Plattismo en la política exterior y el primer independentismo del siglo XX. Además, también trata de manera en ocasiones iconoclasta y en otras conciliadora, de la transfiguración biográfica de figuras establecidas de manera rígida en el canon histórico de Puerto Rico como el caso de Lola Rodríguez de Tió y Luis Muñoz Marín son solo algunos de los interesantes casos trabajados en este libro.


Por ejemplo, en el ensayo titulado “Politización de la poesía: una propuesta interpretativa” Cancel presenta la figura de Muñoz Marín desde ángulos diferentes manteniéndolo como una figura de tránsito mientras presenta y a la vez cuestiona el rol de la poesía dentro de la retórica muñocista con ecos del dictamen del poeta romántico Percy Shelley cuando éste habla de que los poetas son los “unacknowledged legislators of the world” (los legisladores no reconocidos del mundo). Cancel presenta a Muñoz como una especie de Wordworth político que evoca el uso del lenguaje poético para llegar al hombre común, “para hablarle a sus jíbaros según el los concebía y definía, metáfora y forma eran ideales.” Cancel investiga el rol de la poesía y de la llamada renuncia que supuestamente realiza Muñoz para adentrarse en terrenos exclusivamente políticos aunque manteniendo algunos aspectos útiles de la poesía. El cuestionamiento de Cancel que expone dos caras de Muñoz queda demostrado en la siguiente idea: “Muñoz Marín como poeta dijo cosas inesperadas y tradujo situaciones de un modo verdaderamente sorprendente” […] también como político hizo cosas sorprendentes y fue un traductor inusitado de su tiempo” y más adelante concluye “el poeta que había en Muñoz Marín tomó posesión de la casa de la palabra y no parece haberla abandonado en toda su vida. Eso para mí es suficiente.”


En el ensayo “De Kalila a la literatura nacional o el oprobio del cosmopolitanismo” Cancel esboza varios asuntos de gran importancia para la literatura puertorriqueña. En este ensayo, se plantea la construcción del canon literario de un pueblo basado en determinados preceptos políticos nacionalistas vigentes en la época y cómo resulta interesante estudiar las obras que fueron excluidas y las razones por la cual fueron excluidas. Como menciona Salman Rushdie en Satanic Verses la gran estrategia del discurso hegemónico de cualquier imperio es crear una imagen del colonizado y hacer que estos crean que ésta los representa: “They describe us. That’s all. They have the power of description, and we succumb to the pictures they construct” (168) (Nos describen. Eso es todo. Ellos tiene el poder de describir y nosotros sucumbimos a los imágenes que construyen.”) Del mismo modo Cancel cuestiona la función del jíbaro como símbolo nacional y la incorporación de este como icono de la realidad puertorriqueña:
“La concepción de la jibaridad como definición de lo puertorriqueño nacería desde adentro del régimen casi colaborando con él, a través del cedazo español y transformaría lo insular en una de las mejores expresiones de lo que puede llamar un […] color local inofensivo.


Cancel investiga la narrativa de Francisco Mariano Quiñones y como ésta, en especial la novela Kalila, fue rechazada por el canon por no ser espejo de los temas que según la escuela liderada por Zeno Gandía, mejor representaban los intereses de la puertorriqueñidad. Kalila, parte de una trilogía persa que presenta temas que muy bien se acoplaban a las necesidades puertorriqueñas solo que relocalizado a un espacio y tiempo “exótico” típico de ciertas literaturas fantásticas y góticas. Esta novela quedó prácticamente olvidada por la historia oficial, ya que no llenó las expectativas de los diferentes grupos a cargo de la historia de la literatura, los cuales al negarse a reconocer la validez de la misma la desterraron al terreno de “obra de juventud.” Cancel presenta una petición de reevaluación para una novela que a pesar de no incorporarse al lenguaje nacional tradicional si presenta temas relevantes para el tiempo y que además, trasciende la época llegando a nosotros como una invitación a explorar el lado oscuro del canon.


El libro Anti-figuraciones: Bocetos puertorriqueños de Mario Cancel presenta un panorama diverso e interesante de la investigación histórica. En este Cancel asume la responsabilidad de reconstruir el pasado, rebuscando en los márgenes de la historia oficial para encontrar algunas figuras y movimientos olvidados o maltratados por el descuido y en otros casos observa con una luz crítica diferente e innovadora a ciertas figuras con un lugar establecido y fijo dentro del marco histórico del País con el propósito de trastocar las ideas preconcebidas e iniciar una reconsideración de las mismas. Me parece que este libro abre muchas puertas e invita a debates futuros sobre la relación entre los diferentes campos del saber de las letras puertorriqueñas.

Presentación del libro de Mario R. Cancel, Historias marginales: otros rostros de Jano. Mayagüez: Centro de Publicaciones Académicas, 2007.

“En el territorio de la historia, el lenguaje y la traición son elementos que van de la mano. Toda recuperación del pasado es una versión parcial de una totalidad inaprensible”
Mario R. Cancel

Dr. Carlos Mendoza-Acevedo

Historias marginales: otros rostros de JanoUn libro puede engendrar múltiples lecturas, de acuerdo al imaginario que uno trae en cada momento que se acerca a él. En el texto de ensayos que hoy presentamos titulado Historias marginales: otros rostros de Jano de Mario R. Cancel reviví a través de su lectura varios momentos fantásticos de la cátedra que el profesor Cancel impartió en este Departamento de Humanidades hace varios años atrás. En aquella época los temas discutidos en el libro eran una cosa, hoy después de haber leído el texto con otra mentalidad mi supuesto sobre la obra es otra.

Cuando yo era estudiante de este colegio logré tomar tres clases de historia con Mario Roberto Cancel y llegué a conocer sobre el pasado de la nación puertorriqueña y a dudar de ese pasado. Pero lo más significativo para mí fue el hecho de que el profesor Cancel conseguía ilustrarme sobre historiografía puertorriqueña y despertó en mí mucho interés por interpretar lo interpretado por otros historiadores.

Tomar clases con Mario era como vivir y sentir ese pasado pero a la vez conocer de las múltiples interpretaciones de otros historiadores sobre ese pasado que posiblemente nunca fue. En esos cursos me instruí sobre varios de los asuntos que este libro pormenoriza. Ahora como maestro se me invita a que presente esta publicación, supongo que con la esperanza de que interprete lo interpretado, y comente sobre las preocupaciones de Cancel y la de los protagonistas del pasado. Tarea difícil porque no es fácil hablar de las deconstrucciones que Mario hace de esa otra construcción del pasado que han generado historiadores positivistas y los que han incursionado en la nueva historia social, entre otras escuelas historiográficas.
El libro se compone de ocho ensayos que visitan y reflexionan el imaginario de la modernidad y la nacionalidad puertorriqueña entre 1880 y 1910. El título general del texto fue bien pensado porque hace alusión a la capacidad del autor de plantear las voces alternativas de la historia mirando e interpretando críticamente el pasado sin nunca dejar de observar el futuro con cautela.

Con esta obra, Mario supera por mucho las interpretaciones de historiadores escépticos que intentan manejar el enfoque postmoderno y semiótico marginal. El trabajo del autor es un ejemplo de que no hay que educarse fuera de Puerto Rico para teorizar con autoridad crítica el pasado que, e insisto, posiblemente nunca fue. De hecho, a través de Historias marginales: otros rostros de Jano, Cancel reafirma lo importante de examinar y re-examinar la relación entre la teoría y la historia. Sitúo sus interpretaciones en post-modernista afirmativa porque siempre en sus trabajos, desde su célebre libro Segundo Ruiz Belvis: el prócer y el ser humano, elabora una crítica de la teoría y anima a los historiadores jóvenes como yo a que se cuestione y continúe buscando más sobre las verdades históricas y a no erradicarla sino a innovarla; planteando a su vez la revisión del lenguaje y elaborando nuevos enfoques teóricos y metodológicos. Porque ciertamente como decía, Fernando Picó: “existen muchas formas de hacer y armar la historia, pero dejará de ser historiador quien considere completa la historia”.

Aunque el pasado nunca esté completo, o quizás porque el pasado nunca está completo, no debemos aficionarnos a coleccionarlo en nuestras mentes para después repetírselo a alguien, ya que hay una diferencia entre estudiar y narrar historia e investigar e interpretar la historia. En el primer ensayo titulado: “Historiografía puertorriqueña hoy: una meditación y una crítica”, Cancel atina bien lo anterior en un trabajo sobre historiografía puertorriqueña donde reafirma lo importante de examinar y reinterpretar las relaciones entre las teorías y la historia e insiste en investigar, analizar y narrar historia crítica; porque a fin de cuentas esta disciplina se compone de investigar y nutre a la historiografía porque esa interpretación será objeto de otra interpretación. Mario invita a pensar y criticar el pasado, los documentos y al propio historiador, debido a que alrededor de los tres giran las dudas históricas. Creo, a igual que el historiador puertorriqueño Francisco Moscoso, que la historia que complace tiende trampas y hay que aprender a desconfiar de la explicación demasiado simétrica, demasiado estética. Y creo también que hay que cuestionar el planteamiento de la dificultad por la dificultad.

En este ensayo sobre la historiografía puertorriqueña se incita a los novísimos historiadores a examinar los temas de la historia y a no esconderlo ante la mirada del otro porque un tema se puede ver desde diferentes enfoques y metodologías. Invita también a examinar el pasado de modo contingente y causal y a cuestionar el documento porque como él mismo señala, hay que “reconocer que no hay archivo inocente lo que implica aceptar que tampoco hay fuente pura” (p.50). Concuerdo con el autor cuando concluye que los novísimos historiadores deben evitar la confianza excesiva en sus propias conclusiones y más aún de hacer del curso de historiografía puertorriqueña uno obligado en los currículos de historia. Es decir siempre por ahí debe estar la crítica histórica.

En los otros ensayos nos muestra un continente sin explorar de posibilidades historiográficas. Lo que al autor le interesa documentar es ciertas apreciaciones sobre la construcción de la nacionalidad y sobre las transiciones a la modernidad puertorriqueña con las que se ha intentado formar el imaginario puertorriqueño. Enfatiza en sus ensayos el punto culminante en la historia puertorriqueña del año 1898 donde se da una ruptura entre un pasado y un supuesto futuro de progreso. A través de la reiteración de sus advertencias, Mario ha logrado lo que pocos han conseguido, o sea detener, sin acceso al freno, una motora que él no conducía. Es más bien el historiador que recupera para nosotros, a través de su detallado análisis las repetidas reconvenciones a un proyecto de modernización.

En sus ensayos demuestra que el estudio del documento, a través de sus múltiples acepciones, nos puede revelar aspectos del pasado que los textos habitualmente ocultan. Creo que se necesita mucha disciplina de observación y rigor de expresión que no se encuentran habitualmente entre los historiadores adictos a la crítica de la exégesis de documentos municipales y Mario sí la tiene. En los trabajos del libro que nos ocupa, titulados “Flores de la noche: las mujeres públicas y el orden a fines del siglo 19” y en “Vida ciudadana y apoderamiento: la invasión de 1898 en Mayagüez” el autor se ocupa de examinar e interpretar el reglamento de prostitutas de 1893 o de cuestionar la prohibición de la mendicidad en Mayagüez y crear irresoluciones cuando se pregunta ¿hasta qué punto el reglamento o los reglamentos podían ser puesto en práctica? Y yo me pregunto ¿por qué prohibir la mendicidad? O voy más lejos, por qué crear las llamadas cocinas económicas como quedaron constituidas en las actas municipales para repartir comida a precios módicos en las calles de la ciudad en 1898 meses antes y durante la invasión. Acaso el orden español buscaba erradicar elementos sociales que afearan la ciudad y crearan una imagen negativa ante la opinión pública estadounidense.

Evidentemente el autor interpreta la vida urbana y las reglamentaciones impuesta por el poder pasado y el mando de turno desde el examen minucioso de lo escrito en los documentos primarios de archivo. Es interesante señalar que los otros rostros de Jano se ven en las relaciones de poder del nuevo invasor. Hago alusión a cómo el Ayuntamiento de Mayagüez de aquella época valoraba más el trabajo policial que el del maestro, tanto es así que ganaban más que estos últimos. O es interesante señalar cómo a las personalidades del “moderno” poder le aumentaban los sueldos por simplemente dar órdenes mientras que a las clases que hacía el trabajo sucio casi ni se les aumentaba. Es decir, creo que el pasado y el futuro de otra época pueden ser parecidos aunque no idénticos.

Los ojos de Mario observan más allá de los enunciados formales del poder, y recaban los ecos, las asociaciones, las complicidades y los silencios en las representaciones. Cancel investiga los elementos de poder de Mayagüez antes y después de la invasión de 1898, encontrando nubes cómplices de portentos o de ominosos presagios. Repasa la vida en la ciudad y su domino sobre la rural esbozando los paisajes urbanos, viendo en distancias o en cercanías apreciaciones de promesas y decisiones políticas en torno a la modernidad antes y después de la invasión de los Estados Unidos. Es cierto que las practicas de poder continuaron siendo las mismas antes y después de la invasión. La documentación primaria existente en el Archivo Histórico Municipal de Mayagüez, y como usuario de ese Archivo doy fe de esto, confirma que existían aires de modernización de la ciudad antes y después de la invasión y que están expresadas como lo interpreta Mario en la educación, las ciencias, la tecnología y la justicia social.

Esa habilidad en propiciar segundas y terceras lecturas a las fuentes primarias y secundarias supone también la capacidad de ubicar el comentario perspicaz dentro de un contexto historiográfico y de una discusión metodológica. Esto supone una metodología que defina el alcance de los juicios del historiador tal y como lo hace Mario en sus ensayos de este libro titulados: “Los Estudios literarios de 1880. el sueño de la modernidad en tres intelectuales marginales” y “La historiografía del 1897 y la reconstrucción de la idea de la España benévola”. En estos dos ensayos se hace alusión a la construcción de la nacionalidad y a la idea de una España humanitaria luego de haberse eliminado la Carta Autonómica de 1897 y experimentar el mandato de los nuevos invasores de 1898.

A través del estudio de la obra de tres intelectuales marginales puertorriqueños del siglo 19: Francisco Mariano Quiñones, Vicente Pagán y Enrique Soriano Hernández, Mario R. Cancel visualiza la evolución del pensamiento nacional puertorriqueño y la actitud del imaginario cultural de la casa letrada del siglo 20. Tres eruditos puertorriqueños europeizados que a través de sus letras establecían la cultura europea occidental en Puerto Rico y cocinaban lo que deseaban que fuera lo nacional y lo moderno. El estudio de estos tres autores por parte de Mario demuestra que Puerto Rico no estaba tan retirado o aislado de Europa y que ese continente se configuraba en la intimidad de los intelectuales puertorriqueños marginados.

Las durezas de la política colonial Española se fueron atendiendo con la Carta Autonómica de 1897 que para Mario se convierte en el protagonista de otro examen historiográfico que sobre el tema se recopiló en la conmemoración del centenario de la Carta Autonómica de Puerto Rico en 1997. Creo que para el autor, más allá de si la Carta fue por concesión o por presión política estratégica, la misma representó para diversos sectores de la casa letrada de las clases media dentro de la historiografía de 1910 a 1930 un instrumento hispanófilo y una España benévola. No obstante, dentro del período entre siglos, otros sectores anexionistas con fe en la modernidad elaboraron un discurso completamente opuesto para los cuales aquella hispanofilia no tenía sentido. Estas ideas se fueron transformando en el nacionalismo cultural propio del movimiento populista de la década de 1930. Es así, como Cancel observa dentro de la historiografía cómo “la soñada modernidad estaba a la vuelta de la esquina vestida con el ropaje de metal y plástico de la sociedad industrial que los modelos historiográficos europeos del siglo 19 tanto habían celebrado.”(p.147). La clase alta de la generación del 30 aceptaron la imaginada americanización como la modernización material y progreso económico.

Un ejemplo de lo antes dicho se visualiza en el análisis que Mario hace en el ensayo que lleva por nombre “Invasores e invadidos: el 1898 en la literatura no canónica puertorriqueña”. En el mismo se interpreta que en el período entre siglos, la conciencia insular evolucionó del más acendrado hispanismo a un americanismo desabrido y acomodadizo de las voces de la literatura no-canónica.

Estos trabajos de Mario nos permiten entrar en contacto con una verdadera revisión crítica, y enfatizo la palabra crítica, de las relaciones entre Puerto Rico, España y los Estados Unidos. En varios ensayos Mario nos recuerda los poemas de la hispanofilia entre muchos intelectuales al modernismo y progreso de los que tomaron la batuta. Las letras de este texto evidentemente hacen poesía en historias marginales y el autor es un vivo ejemplo de lo que señaló Marc Bloc “la historia nunca debe olvidar la poesía”. En fin Mario rechaza poéticamente una visión espeluznante de esos tiempos e invita a reexaminar los límites y potencialidades de la representación histórica y del conocimiento historiográfico.

Enhorabuena al autor en esta exitosa inclusión de su obra en la historiografía puertorriqueña. Además, felicitaciones por provocar la iniciación de la discusión de los fundamentos teóricos de la práctica de la historiografía entre los historiadores puertorriqueños. Francamente vale reexaminar los límites y potencialidades de la representación histórica y del conocimiento historiográfico puertorriqueño para enfrentarnos, como dice Mario: “a estos tiempos de incertidumbre” que caracterizan nuestra historiografía.

Cancel, Mario R. 2007. Historias Marginales: Otros Rostros de Jano. Mayagüez: CePA.

Dr. José Anazagasty Rodríguez

Historias marginales: otros rostros de JanoEl orden establecido en la historiografía tradicional, uno encauzado por la ciencia, ha luchado asiduamente contra la ficción, instituyéndola como la narración de lo quimérico, en el antónimo de una alegada narración verdadera. En la historia, tanto a nivel de procedimientos analíticos—el examen de documentos—como a nivel de interpretaciones—los productos de operaciones historiográficas—el lenguaje técnico capaz de determinar los errores característicos de la ficción ha sido autorizado a hablar en nombre de lo real, un evento criticado por Michel de Certeau en Heterologies. La historia-ciencia se ha acreditado entonces una relación especial con la realidad histórica, proponiendo no sólo la posibilidad del saber absoluto acerca de la historia sino también que es precisamente su modo de hacer historia el único capaz de lograr ese conocimiento. Para de Certeau ésta es una tendencia dogmática en la disciplina de la historia, una a la que se refiere como la “institución de lo real,” pues convierte representaciones en leyes impuestas por el estado de las cosas.

La historia-ciencia ha asumido entonces la responsabilidad de velar la entrada y salida a la realidad histórica; es el rostro imperioso de Jano, el numen de las puertas a la realidad histórica, aquel rostro salvaguardando lo que Mario R. Cancel en sus Historias Marginales llama el “sueño miserable de los historiadores,” es decir, la ficción del saber absoluto acerca de la historia. Despertándolos, Cancel les recuerda que Jano—la historia—cuenta con otros rostros, semblantes marginados pero sin duda capaces de echar ojeadas alternativas a nuestra historia. Historias Marginales, sin lugar a dudas, es un texto sublime y rebelde, es una mirada fascinante y provocadora a estos otros rostros de Jano, una mirada insurgente por la cual Cancel, ese fisonomista de los rostros de Jano, reta las pretensiones de verdad de la historia tradicional.

Historias Marginales, ofrece reflexiones críticas acerca del discurso historiográfico puertorriqueño, en particular sobre la escritura histórica en estos tiempos de incertidumbre que algunos han llamado la post-modernidad. Claro, en Puerto Rico como reconoce Cancel, la post-modernidad no solo resultó traumática sino que tomó una forma especial por el hecho de que la isla “nunca cumplió con los destinos inalienables de la modernidad.” La post-modernidad se convirtió entonces en lo que Cancel describe como “un Jano multiplicado que apostaba por una diversidad de códigos oscuros o inciertos.” En Puerto Rico nunca paseamos los caminos de la modernidad. Sin embargo, esto, si aceptamos la tesis de Bruno Latour en su libro We Have Never Been Modern, podría ser cierto para Occidente también. Lo axiomático es que la post-modernidad rara de la isla tuvo un impacto profundo en la historiografía puertorriqueña, una que llevó a muchos historiadores a repensar los fundamentos teóricos y metodológicos de la historia. Cancel es uno de ellos. De hecho, a través de Historias Marginales, Cancel reafirma lo importante de examinar y re-examinar la relación entre la teoría y la historia. Como él mismo explica:

Discutir la naturaleza del discurso historiográfico es un ingrediente inseparable del oficio de historiar. Sin la evaluación consciente y cuidadosa de los artefactos que se utilizan para construir una imagen del pasado, la discursividad corre el peligro de llenarse de anomalías. Lo mismo sucede cuando no se establecen las debidas conexiones entre el imaginario del fluido presente y el que se elabora de un pasado no menos voluble. La ausencia de reflexión teórica puede incluso conducir a que se presuma que la interpretación elaborada sea considerada un territorio definitivo y válida en sí misma. El problema de la metáfora de la meta en la historia es que ésa es una convención equívoca que desemboca con facilidad en un callejón sin salida o con el proverbial Lecho de Procusto. (17)

Esta atención a la teoría convierte a Historias Marginales en un texto necesario, sobre todo porque en la actualidad existe muy poca disposición para la discusión de los fundamentos teóricos de la práctica de la historiografía entre los historiadores puertorriqueños. Además, su interés por la relación entre la historia y la teoría sitúa a Cancel entre aquellos historiadores que enfrentados con los “tiempos de incertidumbre” que caracterizan nuestra historiografía rechazan una visión apocalíptica de esos tiempos a favor de una visión que viabiliza, como sugiere Carlos Pabón, reexaminar los límites y potencialidades de la representación histórica y del conocimiento historiográfico. De esta manera, y si aceptamos la distinción de Rosenau entre “posmodernistas escépticos” y “posmodernistas afirmativos” debemos situar a Cancel entre estos últimos pues, aunque crítico de la teoría y su búsqueda de la verdad, nunca sugiere su abolición sino su transformación, planteando a su vez la elaboración de nuevos marcos teóricos, metodológicos y epistemológicos.

Historias Marginales se redacta entonces desde la perspectiva de la novísima historia, formando parte de la historiografía post-estructuralista y post-modernista, una que surgió en respuesta a la vieja y nueva historia. Como señala Cancel, la nueva historia había significado una apertura cuyos logros más significativos se podían asociar al campo de las ciencias sociales y al de la crítica literaria con los artefactos de la historiografía social. Sin embargo, le faltaba un largo camino por transitar al lado de la literatura creativa, del arte y de la estética en general, y en el vasto y extraño mundo de la cotidianidad y de una cultura popular moldeada por la industria cultural y los medios masivos de comunicación. Es por ello que los novísimos historiadores solicitaban una mayor apertura a los nuevos historiadores. Como explica Cancel:

Lo único que se solicitaba era una mayor apertura y el reconocimiento de la historicidad de una gama de aspectos que incluso la nueva historia había ido dejando de lado respaldada por un academicismo tan insípido como el de la historia tradicional. La función de la novísima historia, “la que escribirá la generación del ’90,” consistía en enfrentar los problemas históricos con menos restricciones y mas perspectivas. El proyecto consistía en apropiar la totalidad con la actitud del historiador cultural que ha demolido las fronteras dentro de las jerarquías culturales. (34)

Desde la perspectiva de la novísima historia la nueva historia no contaba con las herramientas teóricas y metodológicas para entender con precisión la historia cultural de la tardo-modernidad y/o la post-modernidad. Crítica de la nueva historia y armada con nuevas herramientas teóricas y metodológicas, inspiradas en los estudios culturales y la crítica literaria y en perspectivas tales como el post-modernismo, el post-estructuralismo, el post-colonialismo, los estudios subalternos, y el feminismo, entre otras perspectivas, la novísima historia enriqueció, indica Cancel, el campo de lo investigable. Pero Cancel va más allá, incitando la radicalización de la novísima historia, su transformación en lo que él llama X-treme history:

La novísima historia o la historiografía postestructural reevalúa los significados del comprometedor adjetivo social. A través de su práctica el ámbito social se nutre de significaciones que, como ya he sugerido, enriquecen el territorio de lo investigable. Con una actitud que algunos denominan postmoderna, esta promoción maximiza lo nuevo en novísimo, transformándose en algo así como una historiografía extrema o X-treme history. Desde mi punto de vista de lo que se trata es de retar la idea de la totalidad heredada de una ilustración que hace tiempo se cuestiona. En el proceso, los novísimos historiadores se apropian de los espacios olvidados por las otras historias desde perspectivas renovadoras. Pero no se trata sólo de rescatar lugares relegados, sino de historizar territorios que ni la historia tradicional ni la nueva habían observado. (39)

Y es precisamente la historización de aquellos espacios invisibles a la historia tradicional y a la nueva la meta de Historias Marginales. Enfocándose en la transición entre el siglo 19 y el 20, el texto examina los espacios, figuras, discursos e historias relegadas en el imaginario puertorriqueño en general y en el imaginario historiográfico puertorriqueño, en particular. Es por ello que Historias Marginales, se escribe, como señala el propio Cancel “desde el margen del margen.” El texto mira varios espacios culturales alternativos y varias historias marginadas, los rostros olvidados de la historia puertorriqueña. El libro mismo se escribe desde el espacio alterno de la novísima historia, dedicándole al mismo un capitulo en Historias Marginales. A este le sigue un capítulo sobre tres “intelectuales marginales” de las últimas décadas del siglo 19: Vicente Pagán, Francisco Mariano Quiñones y Enrique Soriano Hernández. Cancel examina además, en el capítulo próximo el espacio alterno e historia marginada de la prostitución empresarial en el Mayagüez de a fines del siglo 19. En el capítulo sucesivo Cancel revisa y rescata el canon historiográfico de 1897 y la Carta Autonómica para examinar la invención discursiva de una España benévola. Luego, Cancel explora la vida citadina y el progreso urbano en Mayagüez poco después de la invasión de 1898, un tema rara vez estudiado en Puerto Rico. En el capítulo siguiente ojea y discute una muestra de las voces alternativas de la literatura no canónica puertorriqueña con respecto a su construcción de la invasión de 1898 incluyendo, entre otras, obras tales como La Llegada de José Luis González y Seva de Luis López Nieves.

Luego, quizás en uno de los capítulos más interesantes de Historias Marginales, Cancel comenta el espacio cultural alterno del espiritismo científico en particular el caso de Rosendo Matienzo Cintrón. Y en el último capítulo Cancel examina la posición de las elites puertorriqueñas y estadounidenses con respecto a la relación de aquella con el canal interoceánico en las primeras décadas del siglo 20. En fin, el libro constituye una colección de historias alternas redactadas desde la hipermarginalidad. Como sugieren sus temas, Historias Marginales enriquece el territorio de lo investigable estudiando, rescatando e historizando aquellos territorios que ni la historia tradicional ni la nueva han observado aún. Esto lo convierte en un libro de vanguardia escrito por un magnífico y creativo hacedor de nuevas historias, por un rescatador de historias olvidadas.

Puesto que Historias Marginales se redacta desde la perspectiva de la historia post-estructuralista no debe sorprendernos su preocupación por los discursos, sobre todo por el discurso historiográfico. Sin embargo, y contrario a muchos historiadores post-estructuralistas, Cancel dirige también su atención al artificio, ejecución, montaje o performance, en inglés, de los historiadores, a su quehacer o a lo que el historiador intelectual Dominick La Capra, llama inspirado en Heiddegger, worklike, lo obrado del texto. Esta distinción es similar a la de J.L Austin entre lo constative y lo performative, entre lo comprobado y lo obrado. Lo primero se refiere a aquellos pronunciamientos descriptivos de un documento evaluados en términos de los criterios de verdad y falsedad y en su relación a una realidad empírica. Lo obrado se refiere al hacer de cosas con palabras que provocan cambios en el contexto situacional. Para La Capra ambos son aspectos más o menos pronunciados de un texto o documento.

Según La Capra el aspecto documental del texto lo sitúa en términos de dimensiones literales o de hecho que implican referencia a la realidad empírica y que comunican información sobre esa realidad. Lo obrado de texto, su dimensión worklike suplementa la realidad empírica agregando a, y restándole a la misma. Envuelve entonces las dimensiones del texto que no son reducibles a lo documental, incluyendo en especial los roles de lealtad, interpretación, e imaginación. Lo obrado en el texto es crítico y transformativo puesto que deconstruye y reconstruye lo dado, en un sentido repitiéndolo pero también trayendo al mundo algo que no existía antes en esa variación, alteración, o transformación significativa. Como sugiere La Capra, simplificando la distinción entre lo documental y lo obrado, podríamos decir que mientras lo documental establece una diferencia, lo obrado hace la diferencia—una diferencia que involucra al lector en un diálogo recreativo con el texto y los problemas que suscita.

La interacción entre lo documental y lo obrado de un texto, plantea La Capra, debe ser estudiado por la historiografía crítica. Y ese es el llamado de Cancel en Historias Marginales. Para él, como para La Capra, el artificio historiográfico se convierte en un elemento importante al momento de leer un documento o enfrentar un archivo para hacer historia. De ahí la preocupación de Cancel por el archivo y el montaje detrás del mismo, invitándonos a revisar la naturaleza tanto del archivo y como del documento, partiendo de la premisa de que uno y otro son una construcción y ensamblaje selectivo del historiador y del autor, respectivamente. Cancel afirma y demuestra que no hay archivo inocente ni tampoco fuente pura.

En la historiografía puertorriqueña, a pesar de los avances de la historiografía post-estructuralista, predomina el análisis documental. Esto explica el porqué los textos literarios, como aquellos atados a la literatura no-canónica del 1898, son excluidos de los archivos históricos o leídos en formas reduccionista de acuerdo a criterios de hecho. Cancel, como muchos otros historiadores post-estructuralistas, rechaza esta discriminación entre tipos de textos y con ello la distinción de la historia tradicional entre lo ficticio y lo auténtico que, como indiqué antes mientras me refería a los planteamientos de De Certeau, responde a una tendencia dogmática entre los historiadores. En este sentido, la novísima historia es profundamente anti-dogmática, pues rechaza la “institución de lo real”. Para los novísimos historiadores no existe entonces una división clara y absoluta entre la historia y la ficción. Así que refiriéndose a la literatura no canónica puertorriqueña Cancel, un historiador anti-dogmático, afirma que toda recuperación del pasado, en la historia o en la literatura, no es otra cosa que una versión parcial de una totalidad inaprensible.

Esa parcialidad demuestra que la historia es también performative o montada porque al pretender contar la historia real, fabrica esa realidad. Como plantea De Certeau ésta hace creíble lo que dice y genera acciones correspondientes a eso que dice. Así que con la historia post-estructuralista la atención a lo performative, al artificio del historiador, se ha convertido en un elemento importante al momento de discutir la naturaleza del discurso historiográfico pues para ellos, como plantea Cancel en Historias Marginales, el oficio de historiar es un ingrediente inseparable de esa discusión. Y la novísima historia está hoy al frente de esa discusión, llevando los artificios y montajes de la historia al centro de ese debate. El Pasado ya no es lo que Era: La Historia en Tiempos de Incertidumbre, editado por Carlos Pabón, e Historias Marginales son muestra de ello.

La atención al artificio historiográfico, el movimiento a una historia reflexiva y meditabunda, es quizás una de las contribuciones mas importantes de la novísima historia. Pero como plantea Cancel los novísimos historiadores no deben confiar demasiado en sus propias conclusiones, no deben crear su propio Lecho de Procusto. Irónicamente la atención a lo obrado y montado de un texto lleva consigo lo que podría ser una crítica devastadora para la historiografía post-estructuralista, una dirigida a aquello con lo que hoy monta su Lecho de Procusto, es decir, el monismo lingüístico y/o el universalismo discursivo que le caracteriza. Esto es así porque, como nos lo recuerda Karen Barad, un acercamiento a las prácticas discursivas desde el punto de vista de su montaje o artificio desafía la fe de los representacionalistas en el poder de las palabras para representar cosas preexistentes. Para Barad la performativity, construida correctamente, no es una invitación para convertirlo todo (incluyendo cuerpos materiales) en palabras. Al contrario, la misma representa un reto al poder excesivo concedido al lenguaje para determinar lo que es real. Por lo tanto, en contraste irónico con la idea falsa que iguala la performativity con una forma de monismo lingüístico que acepta el lenguaje como aquello que constituye la realidad, la performativity es realmente un desafío a los hábitos no examinados de la mente que conceden al lenguaje y otras formas de representación más poder en determinar nuestras ontologías que el que éstas merecen. Y he ahí el gran desafío a la novísima historia.

También es cierto que la atención al montaje dirige el interés hacia las prácticas, procedimientos y operaciones, es decir a la praxis. Si hablar y escribir son los modos ejemplares de la existencia humana en la historia post-estructuralista, hacer y sentir son los modos implícitos de la historia que se avecina. Si bien es cierto que podría tratarse de una mera cuestión de énfasis, dado que en realidad la acción y la representación no son mutuamente excluyentes, no podemos obviar las implicaciones epistemológicas y hasta ontológicas de la crítica a los representacionalistas levantadas por intelectuales como Barad.

La atención al performance tiene entonces el potencial de ser la puerta a una Xtra-novísima historia. Pero, ¿qué implicaciones tendría esa crítica para la escritura histórica venidera? No lo sabemos con exactitud pero la consecuencia lógica son los performance texts, algo que ya hemos visto en la escritura etnográfica. Se trata de textos convertidos en poesía, libretos, cuentos, y dramas que son leídos, recitados y actuados para una audiencia. Estos textos experimentales poseen narradores, drama, acción, y puntos de vista cambiantes. Estos hacen de nuestra experiencia algo concreto atado al aquí y ahora. Es dramaturgia creando espacios para combinar diversas voces y experiencias. ¿Ocurrirá algo semejante con el texto histórico? ¿Se convertirá el historiador en artista, dramaturgo, poeta, novelista, y cuentista? ¿Son Seva y La Llegada precedentes de una nueva escritura histórica convertida en teatro, cuento, novela y poesía? No lo sé. Tendremos que esperar.

No me sorprendería que así como hoy Cancel escribe sobre la escritura histórica y la novísima historia él, genial estudiante de estas dos cosas, también escriba sobre el avenimiento de una Xtra-novísima historia mañana. Aprovecho entonces para invitarlo a reflexionar sobre las posibilidades que ello implica para la escritura histórica en nuestros días. Después de todo Jano como toda puerta es también entrada y salida, el comienzo o el final de muchas otras historias. Pero eso será mañana. Hoy, el rostro soñador de la vieja historia y algo de la nueva es desplazado por aquello rostros marginados que alguna vez olvidaron. Historias Marginales es parte de ese movimiento, uno que además de crítico ofrece a los novísimos historiadores la frescura de nuevas direcciones y posibilidades para hacer historia desde el margen. Rescatemos pues nuestras historias marginadas por nuestra propia historia.

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