Puerto Rico: su transformación en el tiempo

Historia y sociedad

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Economía de Puerto Rico durante el siglo 16

Publicado por Mario R. Cancel en 6 diciembre 2011

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

    Minas de plata del Potosí

En términos generales, la situación colonial favorece, primero, la intervención del Estado, la Corona en este caso, en el Mercado. La idea del Estado como un artefacto todopoderoso y sagrado domina. La meta es proteger los beneficios de la Monarquía, actitud que se traduce en altas tasa de impuestos. En segundo lugar, se estimula el monopolio de la riqueza de las colonias y su explotación en beneficio de la Monarquía. El Mercantilismo se opone al mercado libre y a la competencia con terceros, por lo que consideran el Atlántico un Mar Cerrado. En tercer lugar, las fuentes más confiables de riqueza son el comercio con ganancia que se traduce en una balanza comercial favorable para la Monarquía, y la acumulación de oro y plata. Por eso se promueve la explotación minera y el comercio regulado por el Estado con el fin de que se venda más de lo que se compra en el marco del tráfico internacional. Por último, la ética laboral dominante desprecia el trabajo manual por lo que  garantizan que el mismo sea ejecutado por vasallos Aruaco-Taínos, o Esclavos negros, moros o indios, o Peninsulares pobres.

Los ciclos económicos: la minería (1509-1535)

En una primera fase los esfuerzos se concentran en la recuperación de minerales metálicos con un interés particular en los metales preciosos. La extracción de oro ofrece una diversidad interesante de escenarios. Se obtiene el mismo de los placeres o bancos de arena de los ríos en la conocida minería de ribera; se recolectan manualmente pepitas de oro de las zonas de desbordamiento de los ríos en la minería de sabana; pero también se extrae de ciertos filones  aunque en menor cuantía. El producto se enviaba en bruto a Santo Domingo para ser fundido (1508-1510), pero luego de aquella fecha, se creó una fundición en la aldea de Caparra. El producto final eran lingotes o barras de relativa pureza que  se enviaban a la Península en barcos artillado.

Adjunto también se extrajeron metales como plata, estaño, azogue y plomo, también en menor cuantía y volumen. La crisis de la minería, generalmente marcada hacia el año 1535, ha sido explicada de diverso modos.  Me parece que las más confiables fueron la competencia de México y Perú en los reglones de la plata y el oro, superproducción que produjo una caída del precio de aquellos bienes y redujo los rendimientos del producto. El otro elemento crucial parece haber sido el encarecimiento de la mano de obra por la “escasez de indios” y los precios ascendentes de los esclavos negros.

Producción de minerales no- metálicos

En este renglón resulta notable la producción de sal de piedra en las áreas de Salinas, Guayama, Guánica y Cabo Rojo, elemento esencial para producir salazones. Las sales debían trasladarse a Caparra y su Puerto Rico con todas las dificultades que ello implicaba. España no autorizó la producción de salazones locales, con el fin de asegurar la venta de salazones de Sevilla y, más tarde, de la Araya en Venezuela, política que demuestra la naturaleza del proteccionismo mercantilista dominante. El otro factor limitante durante el siglo 17 fue la competencia de Bonaire, San Martín y la Tortuga , islas que terminaron en manos de poderes extranjeros.

Los ciclos económicos: la agricultura (1535-1650)

La agricultura de subsistencia en estancias familiares en tierras realengas fue una práctica necesaria y por lo tanto común. Las mismas eran trabajadas por labradores que cultivan los consumos básicos. La mesa del colono  incluía productos aruaco-taínos tales como yuca, yautía, lerén, maíz, piña y maní; productos africanos como guineo, plátano, gandul; y productos euro-asiáticos como arroz, habichuela, cebolla, naranjas.

La agricultura experimental se practicó con el fin de adaptar productos no tropicales al clima local. Era un modo de ajustar la naturaleza y la producción a la cultura alimentaria del europeo. Con ese fin se fundaron  granjas experimentales equivalentes a laboratorios agrarios.

Ponce de León auspició en El Toa o Río la Plata y La Mona una de ellas, la más conocida. Asencio de Villanueva administró otra en Utuado. En aquellos centros se domesticaron plantas aromáticas y especias como el comino, el anís y el culantro, viandas como plátanos y guineos, y la caña de azúcar. Los experimentos fracasados más notables fueron con el trigo, la vid y el olivo. Lo que no s epodía producir localmente, se importaba de Santo Domingo y Sevilla y luego también de Costa Firme.

La agricultura comercial se apoya en la caña de azúcar para exportar azúcar moscabada a Sevilla. Los cañamelares o ingenios azucareros aparecieron  en el panorama desde que en 1523 Tomás de Castellón fundó el suyo en la Villa de San Germán de Añasco. También hubo interés en producir tabaco para  fumarlo o mascarlo. Se reconocía que la hoja tenía valores terapéuticos dado que se usaba como antídoto del curare o anti-infeccioso o anti tetánico. La Iglesia Católica lo asociaba a los ritos religiosos de los aruaco-taínos por lo que su consumo de placer se interpretó como signo de herejía o hechicería en el siglo 16 y se prohibió su producción.

También se estimuló la cosecha de jengibre, arbusto y raíz originaria de la India. El jengibre se daba silvestre, no requería mucha inversión, y se usaba como condimentoestimulante en bebidas, y como  remedio expectorante en tisanas. Su producción fue prohibida porque competía con la caña de azúcar, política que favoreció que sus productores lo vendieran de contrabando a los enemigos de España. No fue hasta 1620 que se legalizó la producción y tráfico de tabaco y el jengibre .

La industria favorecida fue la caña de azúcar. La Corona la incentivó: en 1537 autorizó préstamos a bajo interés para los dueños de ingenios. También se autorizó a los Cabildos a repartir tierras reales gratis para los inversionistas. El panorama industrial estaba dominado por los ingenios de sangre, fábricas que usaban animales y esclavos como fuente de energía. Durante el siglo 16 se introdujeron nuevas técnicas o  fuentes de energía alternativas. Desde 1549,  Diego Lorenzo utilizó los ingenios hidráulicos en la colonia. En general, el crecimiento de la industria azucarera fue lento hasta el siglo 19. Las razones fueron diversas, como se deduce de la lista que sigue:

1)                  La ausencia de un régimen de propiedad

2)                  Las altas tasas de impuestos al producto

3)                  La ausencia de un mercado libre pleno

4)                  Los costos de la mano de obra esclava

5)                  La violencia de los esclavos y los taínos y caribes

6)                  El contrabando con poderes extranjeros

7)                  El atraso tecnológico

En 1582 sólo había 11 ingenios funcionando, los cuáles producían 15,000 arrobas o 375,000 libras de azúcar morena. En 1644,  López de Haro menciona 7 ingenios; y en 1647  Torres Vargas menciona 7 ingenios en funciones.

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Proyecto para la Abolición de la Esclavitud de 1867

Publicado por Mario R. Cancel en 17 marzo 2011

Capítulo VIII: Debe abolirse la esclavitud en Puerto Rico, aunque sea sin indemnización. Debe abolirse también, aunque sea con reglamentación del trabajo. La abolición debe ser radical e inmediata. ¿Es objeción para que se mantenga la esclavitud en Puerto Rico la proximidad de esta Isla a la de Cuba?

Como anteriormente dejamos expuesto, la indemnización, que es fácil y llevadera repartida entre el Estado y la Provincia, considerada en sus fundamentos y en su utilidad, es de equidad, de buena política, de justicia y de reconocida conveniencia para los esclavos, tanto al menos como para los propietarios.

Segundo Ruiz Belvis

Supongamos, sin embargo, que esta indemnización no sea posible; supongamos que por un conjunto de dolorosas circunstancias no hay otro medio sino optar entre la abolición sin indemnización o la continuación de la esclavitud: en este caso, hemos dicho al contestar a la primera parte del interrogatorio primero y repetimos ahora, “suprímase la esclavitud en Puerto Rico y olvídese, si se quiere, que hay un gran número de propietarios a quienes se priva de una propiedad hasta aquí considerada como legítima”. En cualquiera de los casos, con indemnización o sin ella, la esclavitud no debe durar ya un solo día. La conciencia de los hombres honrados y la del mismo Gobierno deben sentir como el peso de una acción criminal cuando, pudiendo borrar con facilidad y en un momento hasta los vestigios de esa institución, aplazan, sin embargo, indefinidamente su resolución, unos por temores que la razón desecha, pero que la imaginación agiganta; el otro, por consideraciones cuyo valer no podemos en estos instantes calificar.

Puede suceder que la indemnización, imposible al principio, sea posible en un plazo más o menos largo; en este caso, y con mayor razón, proclámese desde luego la emancipación, échense las bases y fíjense los plazos.

Esto que decimos de la esclavitud decimos igualmente en lo que al trabajo de los emancipados se refiere. Creemos, y así lo hemos sostenido en otra ocasión, que la economía política, la conveniencia pública y la más estricta justicia reclaman la completa libertad del trabajo en todos y cada uno de los individuos de una sociedad; hemos dicho también, concretándonos a la clase libre de color en Puerto Rico, compuesta en parte de ingenuos y de libertos, que no deben, en bien propio y del país, estar sujetos a reglamentación alguna en el trabajo; pero si esto, por temores también exagerados, se cree que puede ser dañoso a la prosperidad de Puerto Rico, venga enhorabuena la reglamentación, con tal que no exceda de un período de cinco años.

En suma: queremos y pedimos en nombre de la honra y del porvenir de nuestro país la abolición inmediata, radical y definitiva de la esclavitud; en cuanto a los medios para llevar a cabo este gran acto de justicia, aunque señalados por nosotros aquellos que estimamos más fundados en una política prudente y elevada, los encomendamos siempre a la ilustrada iniciativa del Gobierno y a la recta conciencia de la opinión pública.

Esta petición nuestra, que, aun siendo individual, fuera digna de ser tenida en cuenta, recibe aquí autoridad ilimitada, porque con más honra que merecimientos, somos en esta ocasión los elegidos por el voto de algunas poblaciones y además los representantes, no tan elocuentes como fieles, de las opiniones, sentimientos y doctrinas de la mayor parte de los naturales de Puerto Rico.

Una objeción, de la cual es bien hacerse en este punto cargo, se opone por algunos a la abolición en nuestra Antilla: su proximidad a Cuba y el precedente que desde luego establecería. No desconocemos lo que este argumento vale, pero a nuestra vez podríamos preguntar: ¿creen los que tal dicen, cree el mismo Gobierno que es posible sostener ese sistema de inmovilidad y petrificación en la cuestión social de la esclavitud? ¿Creen que esta terrible iniquidad, borrada ya de todas las naciones del mundo, condenada por todas las conciencias, rechazada por los más elevados intereses se estancará y durará mucho tiempo en las Antillas españolas? No es posible que lo crean; y si esto es así, la política más trivial y ligera aconseja que se debe empezar a abolir allí donde todas las circunstancias brindan a la reforma, donde la población esclava es corta, donde hay una población libre, densa y numerosa, donde la riqueza no necesita de aquella institución y donde, en fin, la tranquilidad no puede turbarse porque desaparezca en un día próximo y determinado. Si esto se hace, no solamente se dará cumplida satisfacción a las necesidades de Puerto Rico —que, al fin, tiene pleno derecho para ser escuchado y atendido independientemente de la isla de Cuba—, sino que, además, y ésta es una consideración muy importante, España, que nada ha hecho en la abolición de la esclavitud y cuyos sentimientos en este punto son, en concepto de algunos, un tanto sospechosos, dará, suprimiéndola en nuestra isla, un ejemplo al mundo de la sinceridad de sus protestas, de su política en lo porvenir y de la rectitud de sus intenciones.

No necesitamos resumir lo que llevamos dicho. Hemos procurado determinar los orígenes de la esclavitud en Puerto Rico, lo hemos examinado después en alguna de sus más importantes relaciones y en todos casos hemos llegado a una conclusión verdaderamente consoladora, a saber: que lo que está condenado por la justicia y por la moral lo está también en rigor por la historia, por la riqueza y por la conciencia pública. La abolición, por lo tanto, es de todo punto necesaria. Los medios que, por cumplir con un propósito tan honroso como satisfactorio, hemos propuesto para aboliría, serán más o menos acertados, más o menos fáciles de llevar a cabo: en este punto nos sometemos de ahora para siempre a lo que con los ojos puestos en el bien del país y en prin­cipios de justicia, se resuelva y determine.

Lo que hemos querido dejar asentado es que la institución de la esclavitud es un hecho perturbador, inmoral y preñado de peligros que conviene alejar inmediatamente y .sin levantar mano del seno de nuestra hermosa Antilla.

¿Qué no ha corrompido, en efecto, en nuestras sociedades de América el hecho de la esclavitud? En el orden material ha envilecido el trabajo, ley necesaria para que el hombre realice las aspiraciones de su propia naturaleza; en el orden económico, al convertir al hombre en propiedad, ha provocado la depreciación de las demás propiedades; en el orden civil, al violar la personalidad del esclavo, al negarle hasta el consuelo de la familia, ha llevado la corrupción hasta el seno mismo de las familias privilegiadas; en el orden administrativo ha hecho necesaria, imprescindible, la omnipotencia del poder, porque allí donde las relaciones de derecho están sacrílegamente perturbadas, el orden no puede nacer sino del miedo de los que sufren y de la violencia de los que mandan; en el orden político ha entronizado un estado de cosas en que la energía del individuo se extingue y las virtudes se acaban y la virilidad en el carácter es casi imposible, porque estas grandes prendas necesitan para vivir del aire de la libertad; en el orden social, la esclavitud ha creado una especie de aristocracia sin más tradición que el color y sin más poder que la riqueza; y en el orden moral y religioso ha arrojado aquella sociedad a una vida pasiva sin ideal y a un estado de cosas basado sobre la injusticia y la iniquidad.

Así, por esta funesta y universal trascendencia, la esclavitud, que no fuera en un principio más que un elemento obligado de producción, ha llegado a ser el origen y la causa permanente de todos los males que hoy pesan sobre las colonias españolas. La cuestión social, por lo tanto, al reducirse entera a la institución de la esclavitud, ha ganado en intensidad todo lo que ha perdido en extensión.

Al lado de este peligro, cuya importancia no procuramos amenguar, la institución de la esclavitud ofrece para su resolución, y una vez realizada, un gran número de ventajas que no podemos sino rápidamente indicar. El carácter único con que refleja la cuestión social, es la primera.

Francisco M. Quiñones

En Europa, las mejores inteligencias se pierden cuando quieren descubrir en ese conjunto de grandes cuestiones sociales —el proletariado, la propiedad, el impuesto, etc.—, un principio superior, una solución única que remedie todos los males y concierte en armonía superior todos los derechos. En las Antillas, por el contrario, el problema social, vario y múltiple en sus partes, se ha concentrado en una sola institución: en la esclavitud. Resolver este problema es resolverlos todos. ¿Quién puede apreciar la nueva vida que se desenvolverá en esas sociedades, hoy castigadas por la esclavitud, el día en que esta institución desaparezca tranquila y satisfactoriamente para todos? La filosofía enseña que allí donde la acción y reacción de dos razas libres son más enérgicas, el progreso es más rápido y la organización social más vigorosa; la historia prueba que con medidas prudentes y previsoras, colonias como las islas Mauricio, Las Barbadas, Martinica y Antigua llegan a ser más ricas y felices. La moral, en fin, la fe profunda que debemos abrigar en todas las grandes causas, nos dicen que devolver en una sociedad una buena parte de su población a los goces de la familia y de la libertad; que consagrar la igualdad de todos los hombres ante el Estado como está consagrada por la religión ante Dios; que ampararles en su personalidad, en su trabajo y en su propiedad, es una empresa grande, digna de ser llevada a cabo aun a costa de algunos sacrificios.

Podemos, pues, asentar como cierto que si todos los males que hoy se dejan sentir en las Antillas españolas nacen directa e inmediatamente de la institución de la esclavitud, todos los bienes, en cambio, todo el progreso con que aquella sociedad sueña, sin poderlo conseguir jamás, lo debe esperar de la emancipación de sus esclavos.

La historia comprueba esta verdad. No ha habido un solo colono, ni existe un solo partidario de la esclavitud, como dice un distinguido escritor, que no haya anunciado con una convicción profunda que la emancipación produciría estos tres resultados:

La cesación del trabajo y la ruina completa de las colonias.

La vuelta de los negros a la barbarie.

El robo y el asesinato.

Los hechos han, felizmente, desmentido tan fatales augurios.

“El resultado de la emancipación llevada a cabo en las Islas Occidentales —decía en 1842 Lord Stanley, Ministro de las Colonias en Inglaterra— ha sobrepujado hasta las más lisonjeras esperanzas de aquellos más ardientes partidarios de la prosperidad colonial; no solamente ha aumentado la riqueza material de cada una de las islas, sino que, lo que es mejor, ha habido un gran progreso en las costumbres industriales, un perfeccionamiento en el sistema social y religioso y un desarrollo en los individuos de esas cualidades intelectuales y morales que son más necesarias a la dicha que los objetos materiales de la vida. Los negros son hoy felices y viven satisfechos; entregados al trabajo, han aumentado su bienestar, y, al mismo tiempo que han disminuido los crímenes, han llegado a ser mejores las costumbres. El número de matrimonios ha crecido, y, merced a la influencia de los ministros de la religión, la instrucción se ha propagado. Tales son las consecuencias de la emancipación; su éxito ha sido completo en cuanto al fin principal de la medida.”

Estas ventajas, acreditadas por la historia, no pueden faltar en Puerto Rico si la abolición se lleva a cabo. Suprimida la esclavitud y destruida, por lo tanto, la causa de tantos y tan graves males como antes hemos enumerado, aumentará la población porque las relaciones entre los individuos serán muy libres y naturales, vendrán capitales extranjeros, hoy completamente retraídos, y, por consiguiente, aumentarán las transacciones y se desarrollará la industria; movilizada la propiedad territorial, hoy punto menos que estancada, se desenvolverá el valor de la riqueza y el crédito dentro y fuera de la isla; la mayor demanda de trabajo y la baratura de los artículos de primera necesidad mejorarán la condición material de las clases obreras; reducido el interés del dinero, se desgravará la propiedad, y, como consecuencia de todas estas inmensas ventajas, se desarrollará el espíritu de asociación, se crearán instituciones de ahorro y de crédito, de que ahora carecemos; se perfeccionarán los procedimientos agrícolas e industriales y, últimamente, la sociedad ganará en vida moral, que es la fuente suprema de donde nacen el respeto a los derechos y garantías individuales.

En cuanto al tránsito de la esclavitud al estado libre, en otras partes tan temido por lo radical, en Puerto Rico carece, afortuna­damente, de importancia. La población de color libre, tan numerosa en Puerto Rico y uno de los elementos que más coadyuvan al porvenir de aquella sociedad, hace allí las veces de una clase intermediaria entre la raza esclava y la población blanca. Dios sólo sabe lo que tenemos que agradecer a esa clase honrada y laboriosa que, por un lado, aumenta la riqueza, ayuda a la población blanca, y, por el otro, se ofrece como un eterno y brillante ideal a los ojos de la raza africana. El esclavo en Puerto Rico no envidia al blanco: la degradación de su estado de una parte y su ignorancia de otra, impiden que su ambición raye tan alto: lo que el esclavo allí contempla con amor y con envidia es el desenvolvimiento de la clase de color libre, porque conoce que ése es el estado inmediato al de su redención y que en él ha de vivir para llegar un día al término de sus esperanzas.

Esto constituye un elemento de orden y una segura garantía de que se puede resueltamente proceder a la abolición inmediata de la esclavitud.

Tal es, al menos, nuestra más profunda y sincera convicción. ¡Ojalá que el Gobierno, ojalá que la opinión pública de España acojan este nuestro voto, que es también el voto de todas las buenas almas de nuestra nación, porque de esta suerte se alejarán para siempre las complicaciones y peligros de que está preñada esta institución aborrecible.

De cualquier manera y sea cual sea el resultado de este nuestro humilde trabajo, lo que no se podía menos de reconocer, y esto basta para la satisfacción de nuestra conciencia, es que defender los fueros de la justicia, intentar la desaparición de una iniquidad que deshonra nuestro nombre, romper para siempre las cadenas de la esclavitud y todo esto sin perjudicar los intereses creados y sin perturbar la vida general del país, es un propósito honrado y fecundo, que podremos no alcanzar, pero que de seguro merecerá de todos los buenos consideración y respeto.

Junta Informativa de Reformas, Madrid, 10 de abril de 1867. — S. Ruiz Belvis, José Julián Acosta, Francisco M. Quiñones

Comentario:

El documento que antecede resume la posición de los Comisionados de Puerto Rico a la Junta Informativa de Reformas (1866-1867). Se trata del alegato más visible por “la completa libertad de trabajo” en el siglo 19 puertorriqueño. En el mismo se solicita la “abolición radical” de la esclavitud, entendida en el principio de que debía ser “inmediata” pero “con indemnización o sin ella”. Pero también sugiere la necesidad de desregular el “trabajo de lo emancipados” porque la economía política requiere la más “completa libertad del trabajo”. La esclavitud negra, sostiene los Comisionados, es un crimen y un acto aborrecible.

El otro punto interesante es que los Comisionados alegan ser los representantes legítimos de “las opiniones, sentimientos y doctrinas de la mayor parte de los naturales de Puerto Rico”. El argumento se esgrime por el hecho de que en aquel entonces se posponía la abolición por el peligro de la “guerra de razas” que presumiblemente aquella reforma podía producir en Cuba. Los puertorriqueños aspiran a que la situación de Puerto Rico sea tratada de manera separada de la de Cuba. La razones para ello son tres. Primero que acá “la población esclava es corta”, que en esta isla hay “una población libre, densa” y que “la riqueza no necesita de aquella institución” para crecer. En Cuba ocurría todo lo contrario. En el proceso trata de seducir a la Corona alegando que mediante la abolición en Puerto Rico, la imagen internacional de España mejorará, en la medida en que demostrará “la sinceridad de su protestas” o compromiso con el cambio. Los pensadores puertorriqueños piensa que la esclavitud está condenada, lo mismo por la justicia, la moral, la historia, la riqueza y la conciencia pública.

En la parte final de alegato precisan que, mientras en Europa, el problema o la cuestión social se centra en “el proletariado, la propiedad, el impuesto”, en las Antillas “se ha concentrado…en la esclavitud”. En ambas esferas se trata de asuntos relacionados con el modo de producción social que era una preocupación de la economía política de la época. La idea de que resolviendo uno y otro, se resolvían todos los demás problemas es comprensible pero fantasiosa. Por último los autores tratan de convencer a la Junta de lo inapropiado de ver en la abolición de la esclavitud un estímulo a la barbarie y a la violencia. Por el contrario, en su propuesta la reforma estimularía la reactivación de una economía que, en 1867, daba la impresión de estar empantanada y ausente de algunos de los signos determinantes de una economía de libre mercado moderna. En cierto modo, esta es la síntesis de la filosofía de una revolución burguesa y liberal que nunca se dio del todo en el Puerto Rico del siglo 19.

El documento que antecede resume la posición de los Comisionados de Puerto Rico a la Junta Informativa de Reformas (1866-1867). Se trata del alegato más visible por “la completa libertad de trabajo” en el siglo 19 puertorriqueño. En el mismo se solicita la “abolición radical” de la esclavitud, entendida en el principio de que debía ser “inmediata” pero “con indemnización o sin ella”. Pero también sugiere la necesidad de desregular el “trabajo de lo emancipados” porque la economía política requiere la más “completa libertad del trabajo”. La esclavitud negra, sostiene los Comisionados, es un crimen y un acto aborrecible.

El otro punto interesante es que los Comisionados alegan ser los representantes legítimos de “las opiniones, sentimientos y doctrinas de la mayor parte de los naturales de Puerto Rico”. El argumento se esgrime por el hecho de que en aquel entonces se posponía la abolición por el peligro de la “guerra de razas” que presumiblemente aquella reforma podía producir en Cuba. Los puertorriqueños aspiran a que la situación de Puerto Rico sea tratada de manera separada de la de Cuba. La razones para ello son tres. Primero que acá “la población esclava es corta”, que en esta isla hay “una población libre, densa” y que “la riqueza no necesita de aquella institución” para crecer. En Cuba ocurría todo lo contrario. En el proceso trata de seducir a la Corona alegando que mediante la abolición en Puerto Rico, la imagen internacional de España mejorará, en la medida en que demostrará “la sinceridad de su protestas” o compromiso con el cambio. Los pensadores puertorriqueños piensa que la esclavitud está condenada, lo mismo por la justicia, la moral, la historia, la riqueza y la conciencia pública.

En la parte final de alegato precisan que, mientras en Europa, el problema o la cuestión social se centra en “el proletariado, la propiedad, el impuesto”, en las Antillas “se ha concentrado…en la esclavitud”. En ambas esferas se trata de asuntos relacionados con el modo de producción social que era una preocupación de la economía política de la época. La idea de que resolviendo uno y otro, se resolvían todos los demás problemas es comprensible pero fantasiosa. Por último los autores tratan de convencer a la Junta de lo inapropiado de ver en la abolición de la esclavitud un estímulo a la barbarie y a la violencia. Por el contrario, en su propuesta la reforma estimularía la reactivación de una economía que, en 1867, daba la impresión de estar empantanada y ausente de algunos de los signos determinantes de una economía de libre mercado moderna. En cierto modo, esta es la síntesis de la filosofía de una revolución burguesa y liberal que nunca se dio del todo en el Puerto Rico del siglo 19.

Los interesados pueden también consultar Segundo Ruiz Belvis: política y modernidadSegundo Ruiz Belvis: una aventura de la memoria

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

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La Economía de Hacienda Azucarera

Publicado por Mario R. Cancel en 5 marzo 2011

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

 

Las Haciendas Azucareras fueron un tipo peculiar de empresa. Eran complejos de producción que controlaban la fase agraria y la fase industrial de la generación de un bien social. Su ingerencia en el mercado terminaba al momento de colocar el producto en el mercado internacional, momento en el que cedían el poder a los agentes de negocios y a los comerciantes. La fase agraria incluía la siembra, cultivo, cosecha y corte de la caña de azúcar. La fase industrial envolvía la molienda, procesamiento y empaque del producto. Los productos generados incluían azúcar y sus derivados, tales como miel de purga, alimento para animales, ron y abono. Se trataba de una empresa compleja que convirtió a los Hacendados en un signo interesante de poder social. En términos muy generales estaban estructurados como los Ingenios del siglo 16 y 17 en la medida en que integraban una finca de gran extensión y una fábrica.

Casa Grande de Hacienda la Esperanza en Manatí (1977)

Una característica de las Haciendas Azucareras usaban tecnologías baratas y simples por lo que  producían azúcar moscabada o morena. Muchas no tenían  capacidad para producir azúcar refinado o blanco por lo que su capacidad para competir en un Mercado que ya producía azúcar de remolacha o de resina de arce, era poca. Durante la época de oro de la Economía de Hacienda Azucarera en Puerto Rico, la superproducción del azúcar abarató el producto limitando los márgenes de ganancia de los empresarios.

Otra característica determinante fue que dependían de la mano de obra esclava importaba del extranjero o reproducida localmente. El Estado y la Iglesia apoyaban la reproducción del sistema esclavista. El primero toleraba el tráfico negrero a pesar de la campaña internacional contra el mismo y de los tratados que había firmado el reino de España para abolirlo. Por otro lado, el Derecho Civil y Eclesiástico actuaban en connubio y aceptaba la validez de lo que denomino la Doctrina del Vientre Esclavo: el hijo de una mujer esclava crecería como esclavo independientemente de la condición jurídica del padre. El encarecimiento de los esclavos, favoreció la integración de mano de obra libre o jornaleros en las tareas de las haciendas. Se trataba de un mercado laboral mixto.

Debo llamar la atención sobre el hecho de que las Reformas Económicas en la colonia  dependieron de la subsistencia de la esclavitud para funcionar e incluso, ratificaron su valor social. En 1834 había 41,814 esclavos activos. En  1846 había 51,256 suma que representa el  tope en la estadística. Desde aquel momento en adelante, su presencia física comenzó a disminuir.

La geografía de la Economía de Haciendas Azucareras ofrece pistas sobre el desarrollo urbano de Puerto Rico en la primera mitad del siglo 19. Como se sabe, proliferó en la zona costanera: Mayagüez, Ponce y Guayama fueron tres de los más significativos grandes centros del dulce. Hacia 1850 había 789 Haciendas Azucareras registradas en el país. El territorio llegó a producir  el 5% del azúcar del mundo, y a ser el segundo proveedor de azúcar a Estados Unidos, detrás de Cuba. Ello explica que cerca del 60 % de la producción local se destinara a aquel mercado y es un factor que hay que tomar en cuenta a la hora de evaluar el 1898.

 

Las debilidades de la Economía de Haciendas Azucareras

Aquel espacio de producción fue un foco de intensas contradicciones de clase. Los choques entre amos y esclavos, patronos y jornaleros, esclavos y jornaleros, unidos a las competencias entre hacendados extranjeros, españoles y puertorriqueños, y entre la clase de los hacendados  y los comerciantes-prestamistas, fueron a su vez el  fermento de importantes luchas políticas.  Una de las más relevantes fue el debate sobre la necesidad y la moralidad de poseer esclavos. Los jornales de hambre que recibían los trabajadores  por una tarea de sol a sol, las malas condiciones de vida de los esclavos y los jornaleros, las mismas ventajas fiscales que por mucho tiempo disfrutaron los inversionistas españoles y los extranjeros fueron cuestionados. Eran debates que se podían politizar con facilidad. El  Estado y la Iglesia la censuraron por el peligro que representaba ponerla sobre la mesa categorizándolas como inconvenientes o subversivas.

Mercedita en Ponce hacia 1908

Otra fragilidad fue, como se ha sugerido, la ausencia de un sistema crediticio moderno en la colonia no había una banca comercial activa. El crédito agrario se obtenía de los comerciantes mediante el Sistema de Refacción en el cual los Hacendados sin dinero debían hipotecar la producción y las propiedades inmobiliarias para garantizar el pago de sus gastos a un comerciante-prestamista. El comerciante prestamista  pagaba los gastos de la cosecha por adelantado, pero facturaba entre un 12 y un 36 % de intereses, además de una comisión por vender el producto en el mercado internacional. Los comerciantes-prestamistas eran vistos por los hacendados como un adversario. Todo parece indicar que el sector estaba dominado por  españoles y extranjeros. La ausencia de crédito comercial fue un problema de largo alcance en el siglo 19. El primer banco comercial apareció en 1877: la Sociedad Anónima de Crédito Mercantil cuando ya la industria estaba en problemas.

La otra debilidad era que los precios del producto no se fijaban en Puerto Rico y dependían  de un mercado incontrolable y de los precios que se establecieran en la Bolsa de Londres. Puerto Rico fue un socio menor en la economía mundial. La combinación de todos esos factores fue la base de la crisis de la Economía de Haciendas Azucareras.

 

La esclavitud negra en la Economía de Haciendas Azucareras

Entre 1815 y 1850 la Trata Negrera y la Esclavitud fueron condenadas por la comunidad internacional, pero el crecimiento económico de Puerto Rico, dependía de la esclavitud. En 1817 España e Inglaterra acordaron abolir la Trata Negrera hacia 1820. Dado que no se podían sustraer esclavos del  África al norte de la línea del Ecuador, los consumidores de la isla los compraban al sur de la línea ecuatorial y en Estados Unidos. En 1835 se firmó un nuevo tratado entre España e Inglaterra el cual creó un sistema de registro bilateral y se dispusieron buques de guerra para la vigilancia del tránsito marítimo sospechoso. El acuerdo facultó la creación de tribunales hispano-ingleses que juzgaran a los violadores y estableció que las sentencias eran inapelables.

En noviembre de 1839, la Iglesia Católica Romana se expresó sobre el asunto. El Papa Gregorio 16 emitió Bula condenando la Trata Negrera y condenó a excomunión a los traficantes. Se trataba de una expresión moderada y simbólica: la Bula no condenó la esclavitud.  Por fin en 1845,  se firmó un nuevo tratado de abolición de la Trata Negrera extensivo a Puerto Rico. A partir de ese momento, la propuesta de Abolir la Esclavitud, tomó fuerza. El efecto de todo ello había sido que los precios de los esclavos subieron dramáticamente. La Economía de Haciendas Azucareras se encontraba en una incómoda situación. El reto era que había que modernizar la industria, comenzar a producir azúcar refinada y a la vez revisar los métodos de producción a la luz del cambio en el mercado laboral. Se hizo imperiosa la necesidad de maquinaria moderna y de instituir el trabajo libre. Cuando en 1848, en medio de la rebelión social en Europa, los precios internacionales del azúcar moscabado cayeron, la crisis económica azotó a la industria.

En  aquel ambiente maduraron otras ideologías políticas y sociales amenazantes. El pensamiento abolicionista, junto a las propuestas identificadas con el liberalismo, el constitucionalismo, el anexionismo y el separatismo polarizaron el debate público. La reacción de Estado fue afirmar el autoritarismo y el control sobre las clases subalternas y estrechar la vigilancia sobre los ciudadanos considerados subversivos.

 

Publicado en Cédula de Gracias de 1815, Crisis económica, Esclavitud negra, Historia de Puerto Rico, Industria azucarera, Jornaleros, Puerto Rico en el siglo 19, Tráfico negrero | Etiquetado: , , , , , , , | 2 Comentarios »

 
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